Los niños y las niñas institucionalizados.
Una perspectiva educativa

Carmen Leticia Alba Vega
Erica Fabiola Gómez Garibay



La presente descripción de la situación que atraviesan los menores institucionalizados surge del análisis cualitativo que se realizó en el Instituto Cabañas. Las condiciones socioculturales y de aprendizaje que tiene los internos no son exclusivas del lugar, son bgeneralizables a todos los niños y niñas que crecen y se desarrollan fuera del seno familiar.

El Instituto Cabañas fundado como La Casa de la Caridad y Misericordia en 1810 por iniciativa del Señor Obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo, hoy en día es un organismo público descentralizado del Gobierno del Estado de Jalisco que tiene a su cuidado 450 niños y niñas que carecen de padres y familiares que puedan sostenerlos y cuidarlos, o que aún teniéndolos se encuentran en situación económica precaria, de abandono o maltrato que les imposibilita vivir con ellos.

Esta Institución provee todo lo necesario en cuanto a salud física y emocional, alimentación, vivienda, vestido, recreación, educación escolar y valores morales; sin embargo con la finalidad de garantizar los derechos de los niños y niñas relativos a la formación de juicio, libertad de expresión y desarrollo de sus potencialidades se avoca a la tarea de detectar, analizar y definir ciertos problemas que requieren una solución certera y oportuna.


Análisis de la situación

Los niños y las niñas que viven en un ambiente comunitario son personas con especiales condiciones de atención, porque la manera de acceder a los estímulos y conocimientos que su medio ambiente les brinda, difiere mucho de los menores que participan en escenarios naturales, cotidianos y familiares como es acompañar a la mamá al mercado, cuidar al hermano menor, mirar al papá afeitarse la barba, ir juntos al parque, entre muchas otras actividades que distan mucho de ser fragmentos de una realidad.

Estas actividades vistas como totalidades inmersas en la cultura del niño, poseen un alto valor educativo y pedagógico porque es a través de la interacción con los otros que el niño logra construir su conocimiento. La participación del niño en tareas consideradas valiosas por la cultura en cuestión constituye el espacio idóneo para transmitir valores, habilidades, saberes y costumbres; y que sin duda son experiencias básicas e indispensables para lograr el desarrollo pleno de personas inmersas en una sociedad que exige cada vez más tener respuestas oportunas y veraces.

Los menores institucionalizados están al margen de beneficiarse de muchas de las experiencias que la educación informal ofrece y que las prácticas escolares no logran sustituir. Los niños y las niñas tienen privación cultural; además de no ser miembros activos de una sociedad plural, poseen pocas oportunidades de acceder a conocimientos plenos de sentido y significado dentro de un albergue.

En este contexto no es posible suponer que un niño domine ciertas nociones básicas, por simples y obvias que parezcan al saber común; al interactuar con niños y niñas desde 0 a 12 años de edad es posible constatar, en muchos de ellos, tres aspectos desde la perspectiva educativa

a. Nivel de desarrollo de pensamiento crítico
b. Nivel de desarrollo cognoscitivo
c. Educación inicial

a. Pensamiento crítico

El elemental desarrollo de pensamiento crítico, reflejados en una serie de indicadores, como son: la poca capacidad de elaborar preguntas, la dificultad de dar razones y fundamentar sus opiniones, hacer distinciones y establecer relaciones, usar analogías para entender, clasificar y categorizar, detectar supuestos e implicaciones y anticipar consecuencias; además de que no dominan algunas disposiciones sociales tales como escuchar a los otros con atención y con un intento auténtico de entender lo que el otro dice, hablar con confianza y estar abierto a escuchar otras posibilidades.

Todos estos aspectos determinan el bajo nivel de concepción de su experiencia, vivir en una institución, cumplir un horario, vestir igual, jugar con unos y pelear con otros, sentir alegría, orgullo, enojo, o tristeza en las trivialidades de cada día, saber o no el día que regresará con su familia o se incorporará a un nuevo hogar, someterse a lo que debe hacer y elegir cuando se puede hacer, discernir entre lo fácil y lo difícil, lo bueno y lo malo, son estas y muchas más cuestiones que ameritan ser re-significadas con estrategias específicas que facilitan la formación de un juicio propio y el enriquecimiento del sentido de la vida misma.

b. Desarrollo cognoscitivo

Desde otro punto de vista educativo, los niños y las niñas que viven en el Instituto son personas con particulares niveles de desarrollo cognoscitivo porque sus mismas condiciones de vida los exentan de conocimientos altamente significativos que se adquieren en el seno familiar. Por ejemplo: un niño pequeño puede saber que lo que come se llama piña, pero si se le muestran varias frutas en su estado natural como una sandía, un melón y una piña, y se le pregunta cuál de ellas saboreó y que dé el nombre de cada una de ellas, muestra notable dificultad de nombrar de manera precisa la etiqueta correspondiente, debido a que no ha tenido la oportunidad previa de conocer su forma, color y textura.

La privación a la que están expuestos los conduce a tener fallas en la adquisición de habilidades básicas de pensamiento; tales como: el autocontrol, establecer relaciones espaciales y temporales, elaborar hipótesis, observar y escuchar cuidadosamente, comparar, clasificar, evidenciar lógicamente, ser preciso y exacto, entre muchas otras funciones cognoscitivas que les dificulta acceder a nuevos y variados campos de conocimiento.

Las habilidades básicas de pensamiento deben enseñarse y ejercitarse de manera significativa, intencional y sistemática, es necesario brindar a los niños y niñas la ayuda necesaria, adecuada a su nivel de desarrollo intelectual y habilidades para que participen activamente en su medio ambiente y logren trascender más allá del aquí y del ahora.

c. Educación inicial

Esta tarea educativa lleva a actuar no solo en el presente sino de manera preventiva cuando se interviene de manera responsiva en los primeros años de vida. Un bebe debe recibir respuesta cuando sonríe y cuando balbucea retroalimentar sus emisiones, o un niño pequeño que a cierta edad debe caminar con equilibrio y coordinación y ser capaz de tomar piezas pequeñas con su dedo pulgar e índice, u otros niños que tienen la disposición de escuchar con atención un cuento durante 15 minutos, u otros más que saben nombrar cada parte de su cuerpo, dibujar un rectángulo o hasta un rombo, son algunas de las habilidades que las escalas de desarrollo estandarizadas refieren para cada edad y que los menores institucionalizados en algunas ocasiones no logran dominar en relación cronológica a la generalidad de los niños que crecen en un ambiente familiar; de ahí que desde los primeros meses o años de su vida empiezan a tener atraso significativo en su desarrollo.

Es del conocimiento general que la falta de estimulación también la padecen muchos niños y niñas que viven en sus hogares, sin embargo lo peculiar de esta situación es que los menores institucionalizados son privados de la mediación, intencional o no, que ocurre en escenarios naturales de convivencia social y que afectan y determinan su personalidad.

Los menores que por diversas circunstancias de su vida están destinados a permanecer dentro de una institución durante algunos días, varios meses y hasta muchos años; merecen que la Institución que los alberga les brindarles diversas estrategias para que se desarrollen íntegramente y sepan incorporarse productivamente y con pleno sentido, en el momento que les corresponda, a la sociedad a la que pertenecen.

Los niños y las niñas tienen derecho a una educación de calidad, donde sea importante dar nombre a cada sensación, a cada acción, a cada elemento que constituye su mundo y su cultura, además de tener espacios donde se sientan escuchados y respetados y donde juntos, niños y adultos, desarrollen un pensamiento crítico que los lleve a una mejor comprensión de su experiencia y al conocimiento auténtico de su propia identidad.

Justificación

La Convención sobre los Derechos del Niño (1989) entrada en vigor el 2 de septiembre de 1990. Establece que los Estados Partes garantizarán al niño el derecho de expresar su opinión libremente y de formarse un juicio propio; además los Estados Partes convienen en que la educación del niño deberá estar encaminada a desarrollar hasta el máximo de sus potencialidades, según el artículo 12, inciso 1; artículo 13, incisos 1 y 2; artículo 14 incisos 1 y 2; y artículo 29 inciso 1 apartados a, c y d.

En estos términos la infancia tiene derecho a cuidados y asistencia especiales pero también otorga responsabilidad a los menores para sumir una vida responsable en una sociedad libre y simultáneamente involucra a todos aquellos que conviven con los menores
a proveer los medios para hacer valer sus derechos.

Teniendo como marco de referencia la situación por la que atraviesan los menores institucionalizados; el derecho que tienen de ser atendidos de acuerdo a sus necesidades y la responsabilidad legal y moral que tiene la Institución para con ellos, se propone implementar 3 programas educativos extraescolares.

Se plantea la ejecución de programas educativos extraescolares porque si bien, la Secretaria de Educación Pública ofrece los servicios educativos formales en las instalaciones del Instituto, es preciso brindarles a los niños y niñas diversas estrategias antecesoras a los conocimientos académicos y de apoyo a la adquisición de nuevos saberes, con el afán de ayudar a la formación de personas más íntegras y transformadoras en el mundo que les ha tocado vivir.


Proyecto educativo

Objetivos específicos de desarrollo

1. Establecer el "Programa de filosofía para niños" para niños y niñas de 7 a 12 años de edad.

El Programa de Filosofía para Niños del Dr.Matthew Lipman propone como objetivo principal ayudar a que los niños piensen por sí mismos y que lo hagan bien, sobre aspectos que son significativos en su vida. Propone una metodología para generar una comunidad de indagación, donde los niños y las niñas desarrollen un pensamiento crítico, cuidadoso y creativo, que les permita construir, descubrir y re-formular significados.
No se trata de que el maestro de respuestas específicas a temas específicos. Se trata de que los niños puedan transformar en preguntas, las cuestiones que le son relevantes en su vida cotidiana, y que al escuchar diferentes puntos de vista puedan asumir una postura propia.

2. Establecer el"Currículum cognoscitivo para niños pequeños" para niños y niñas de 4 a 7 años de edad.

El "Currículum cognoscitivo para niños pequeños" de Haywood que forma parte del marco teórico sociocultural y de la enseñanza mediacional. Propone como eje principal el desarrollar habilidades básicas de pensamiento a través de las lecciones de trabajo que el profesor-mediador elabora de acuerdo a las necesidades de su grupo. El diseño de las lecciones debe incluir el nombre, definición y uso de funciones cognoscitivas en un contexto altamente significativo y procurando la transferencia de los conocimientos.
El objetivo de esta metodología es que el profesor haciendo uso de herramientas mediacionales favorezca en el niño su desarrollo cognoscitivo y lo posibilite a adquirir nuevos y variados conocimientos relativos a su cultura y medio ambiente.

3. Establecer el Programa de estimulación temprana para niños y niñas de 0 a 4 años de edad.

El programa de estimulación temprana tiene sus bases en la "Guía Portage de Educación Preescolar" además de estar enriquecido por diversos autores relativos a la educación inicial. Se consideran las áreas de lenguaje, cognición, autoayuda, motriz y socialización. El proceso de desarrollo de cualquier niño depende del estímulo y recompensa que recibe de los adultos con los que convive y no solamente de la influencia natural del medio ambiente. Este programa marca las pautas de desarrollo y la manera de prevenir problemas.



Resultados del proyecto educativo

Los objetivos de los programas están encaminados a generar procesos de desarrollo y no resultados cuantificados. Se trabaja bajo el supuesto de que al brindar planes de trabajo adecuados a las necesidades educativas, se tienen resultados favorables en el desarrollo integral de cada niño. Los efectos de esta intervención se aprecian en distintos niveles y tiempos de asimilación y uso de información, traducidos en la resolución de problemas de manera acertada y respuesta precisa a nuevas situaciones.