Tiempo en la casa No. 50 Marzo 2018

9 patrullajes frecuentes, las murmuraciones, la indignación sin palabras en el rostro de la gente—. Todas las tiendas y restaurantes cerraban, las multitudes rezaban en las iglesias mientras que las campanas doblaban a duelo. Incluso los corresponsales extranjeros, que en general formaban un grupo alegre, deambulaban por el bar del Ledra Palace 1 con las caras largas. El jardín del hotel se veía extrañamente tranquilo, sus músicos hacían huelga y los meseros trajinaban silenciosos y atribulados. En una ocasión la espera me había parecido insoportable, y este recuerdo se une al de Alexis. Era la víspera del día en que iban a ahorcar a tres miembros de la Organización Nacional de Combatientes Chipriotas, eoka, chicos jóvenes de entre diecinueve y veintiún años. Ya no recuerdo cuál había sido su falta —había tantas que se castigaban con la muerte—. Era un anochecer tibio, en la primavera de 1956, y estaba sentado en el jardín del Ledra Palace, en donde Alexis estaba hospedado entonces. A pesar de que a nuestro alrededor las mesas estaban llenas, la gente se encontraba aletargada y las conversaciones no se elevaban por encima de un murmullo apagado.De repente se escuchó un clamor lejano, algo como una salmodia polifónica que parecía llegar de un lugar muy distante y, pese a todo, retumbaba clarísima en el pavonado aire vespertino. Al principio no comprendimos de qué se trataba y nos miramos interrogantes. Después, alguien que estaba próximo a nosotros dijo: “Viene de la cárcel”, y entonces un silencio absoluto se extendió por el jardín. Los clientes se olvidaron de lo que habían ordenado, los camareros se quedaron inmóviles, como si hubieran echado raíces en el lugar donde estaban, todo movimiento se detuvo como por arte de magia y todos aguzamos el oído. Poco a poco, por entre el clamor comenzamos a distinguir las palabras que centenares de voces repetían al unísono rítmicamente: “¡Va-lor, her-manos!” “¡Liber-tad o muer- te!”“¡Viva eo-ka!”. 1 El Hotel Ledra Palace, construido entre 1947 y 1949, en el centro de Nicosia, era el más lujoso de la ciudad. En él se hospedaban todas las personalidades, así como los visitan- tes ricos y famosos que recibía la isla. Su jardín, conocido como Jasmine Garden, era el punto central del edificio, y en el verano se reunían en él los huéspedes para tomar alguna bebida. Hoy día está en la llamada zona muerta, junto a la línea de Atila que divide a la ciudad en dos partes; fue entregado a las Fuerzas Pacificadoras de Chipre de la Organización de las Naciones Unidas para que establecieran en él su cuartel [N. de la T.].

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