Lola Casanova y Coyote-Iguana: 
metáfora fundante de un nuevo orden social

*Anna M. Fernández Poncela

Los relatos, historias y leyendas de la época de la Conquista, con sus recreaciones e invenciones posteriores, son un cuerpo discursivo que iluminan la concepción de la etapa histórica del momento en que se crean o recuerdan, más que al que se refieren, la ideología de sus autores —cuando los hay— o del colectivo anónimo y popular de ese momento, y por qué no, la visión del mundo que a veces poco o nada tiene que ver con la realidad, pero que aparece como verosímil entre los sectores sociales que la hacen circular. Son también, como objeto de estudio, una rica fuente de análisis en varios aspectos, entre ellos el discurso que subyace, los mensajes que contienen y la intencionalidad o función sociocultural y política del relato en cuestión.

El prototipo de las leyendas: mujer india y hombre español

En general, las historias de encuentro y relaciones entre hombres y mujeres de las antiguas culturas de México y de las procedentes de España en la denominada época de la Conquista y Colonia, se centran en amores y desamores —especialmente estos últimos— entre una mujer india y un soldado español. Casi siempre se trata de joven hija de cacique principal, noble y rica princesa —además de bella— y de apuesto capitán español —o hijo de cacique de otra etnia,
cuando es el caso—. Es el prototipo que impera en este tipo de leyendas (Fernández Poncela, 2000).

Por ello se puede aventurar la hipótesis de que la clase social prima sobre la etnia, o lo que es lo mismo, los prejuicios raciales entran en escena cuando se habla de pobres de otra etnia, pobres extranjeros o supuestamente enemigos. Esto es, se trata de una refuncionalización del desprecio hacia los otros, siempre en relación con su rango social, no por cuestión de diferente procedencia étnica. Las uniones mixtas eran habituales y al parecer deseadas, pero mucho dependía del origen social de la mujer; las hijas de caciques y principales eran muy apreciadas en el mercado matrimonial (Gonzalbo, 1994), por su rango social y la hacienda que aportaban al español, no siempre noble ni rico.

Las excepciones al prototipo: Lola Casanova y Coyote-Iguana1

Si bien en su mayoría las narraciones respecto del tema son creaciones legendarias sobre las que poco se conoce en relación con un posible o supuesto origen histórico, a pesar de la recreación contextual que las eleva a un escenario aparentemente creíble, hay excepciones. Existe una leyenda que a pesar de no haber sido estudiada a fondo cuenta con más trazos de verosimilitud que las otras. Curiosamente, y para efectos de este estudio, se trata de la unión de una mujer blanca con un indio, esto es, otra excepción. Hay una inversión de sentido, en tanto se trocan los papeles. Mucho tiene que ver en lo primero y en lo segundo el hecho de situarse el relato hace poco más de un siglo o siglo y medio, no quinientos años atrás, como acontece con las leyendas de amores entre parejas mixtas de la época de la Conquista.

Esta historia parte de un hecho violento, un secuestro; ella se enamora de él y acepta su convivencia en las nuevas circunstancias que rodearán su vida, a pesar de la hostilidad de los indios —por supuesto, la narración es desde los blancos—, de los abismos culturales, pero, eso sí, desde una posición de clase, pues él no es cualquier indio, es un jefe indio, estatus superior de seguro al que habría obtenido de unirse en matrimonio a un blanco. Además, ella, junto con él, darán lugar a un nuevo linaje de jefes indios —que en realidad son mestizos—, a una nueva dinastía. Toda una parábola simbólica del futuro —pasado desde la actualidad— de México, que se relaciona más con una representación ideal barnizada con un halo de romanticismo, que posiblemente con una historia real, en el espacio geográfico del norte del país, zona que de alguna manera puede considerarse de conquista tardía.

No obstante, es preciso aclarar que los hechos que supuestamente dan cuerpo a esta leyenda se sitúan a mediados del siglo xix; si bien algunas versiones afirman no conocer la fecha, hay quien se atreve a ubicarla hacia 1850 o 1857 (Gálvez, 1999). Es importante insistir en que se trata de una época donde existe una efervescencia de la literatura nacionalista, con la clara intención de crear y recrear la patria (Martínez, 1994).

 
 

Sobre las versiones legendarias

El resumen que sobre ella presenta la Enciclopedia de México (2000, p. 1392) es el que sigue:

Casanova, Lola. En el siglo XIX eran frecuentes las incursiones de indios seris en el estado de Sonora. En una de ellas se apoderaron de Dolores Casanova (Velasco),2hija de una familia prominente de Guaymas. Según la tradición, el jefe seri Coyote-Iguana la convenció de que viviese con él y se convirtiese en la "reina de los seris". Lola aceptó, tuvo tres hijos con él y se transformó, en aspecto y modales, en una mujer seri. A pesar de las disputas que tuvieron lugar entre ella y su marido por la jefatura de la tribu, Lola siguió con los seris, pues en ese grupo hallaba su vocación y plenitud. De este modo se logró la síntesis de dos formas de entender el mundo.3

Lola Casanova había nacido en Guaymas, hija de padre español,4 de mediano acomodo, y de madre mexicana, muy bella y virtuosa. Tenía 18 años cuando un día, en unión de algunos de sus familiares, hizo un viaje a Hermosillo (De Parodi, 1998, p. 831).5


En un lugar denominado La Palmita la caravana sufrió un ataque de los indios seris. El encuentro se describe como encarnizado.6 Y

…cuando Lola recobró el sentido, después del combate, se encontró en los brazos de un indio alto y fuerte, de fiera aunque no desagradable mirada; el terror que sintió la inocente muchacha le privó de la voz... Él era el jefe de la nación seri; era hijo de un gran guerrero pima que murió en rudo combate cuando él era un pequeño que quedó cautivo de los seris; su valor, sus naturales conocimientos en asuntos de guerra, le hicieron captarse la confianza y el cariño de la tribu, hasta que un día delegaron en él el mando, y fue obedecido y querido como jefe... Tenía una isla de tesoros, era el rey de la nación más valiente y temida del mundo (de su mundo al menos) y todo lo ofrecía a Lola para que no le abandonara; él se hundiría en las aguas misteriosas para arrancar al fondo de los mares sus más bellas perlas, y arrancaría a los leones las pieles sedosas para cubrir su bello cuerpo, aquel blanco cuerpo de estatua con que el indio había soñado en sus noches de fiebre y ambición... (De Parodi, 1998, pp. 834-835).


Recuérdese que se trata de una leyenda popular, seudohistórica, pero además expuesta por la pluma literaria.

Como vemos, el aliciente material para conquistar a la joven es puesto en bandeja de plata en la versión de la leyenda aquí citada —donde se volvería a demostrar la hipótesis anterior: la clase social es más importante que la diferencia étnica—. Si bien en cierta ocasión la narración recoge los pensamientos de la joven al imaginarse: "La mujer del jefe de los seris, la mujer de un indio, no por hermoso y fuerte, menos salvaje" (De Parodi, 1998, p. 835).

Coyote-Iguana también se llamaba Jesús Ávila Sánchez —nombre menos apropiado para una leyenda— y era hijo de los seris Juan Ávila y Mariana Sánchez (Lowel, citada por Gálvez, 1999).

Lola se unió con el jefe indio y fue la "reina blanca". Nótese que se habla de reina, monarquía entre los indios. Pero en todo caso y más allá de la mitificación de las leyendas cuando aluden a la formación de una dinastía, tras el matrimonio de Lola y Coyote-Iguana hay otra lectura: la fundación de una nueva población mestiza, producto de uniones entre blanca e indio, o más común, entre india y blanco en la generalidad de las leyendas y, posiblemente, la realidad histórica. Esto es de seguro lo más importante del mensaje: la unión interétnica y la procreación mestiza, la creación de un nuevo orden social. Si bien en el relato se muestra el desprecio de las otras mujeres de la tribu, ella vence y es querida.
 

 
 

Diez meses después del encuentro nació el primer hijo: "fue entonces, según propia confesión, cuando ella comprendió que el pasado había muerto definitivamente; el amor hacia su hijo, y también hacia el padre de su hijo, la ligaban a la suerte de la tribu seri" (De Parodi, 1998, p. 835).

El hijo es símbolo de unión, es mestizaje genético y cultural.7 Y como mujer hace declinar la balanza de la elección teniendo en cuenta el simbólico poder del hombre en la sociedad y la supremacía del linaje patrilineal. Además del amor que ella supuestamente sentía, de su posición de reina y de las riquezas que podía llegar a tener. "Otros hijos vinieron a separarla más del mundo de los suyos", tercia la narración legendaria (De Parodi, 1998, p. 835).

Este relato de amor se ve ensombrecido con algunos datos de carácter histórico que afirman que ella vivía en la isla "infeliz y lloraba" y que "finalmente aceptó a Coyote-Iguana por esposo" (Morse, citado por Gálvez, 1999). La versión literaria ensalza el amor y el estatus social. La perspectiva histórica aparece menos romántica y pretenciosa socialmente hablando, y más pragmática.

Dicen que al morir el jefe los indios lanzaron su cadáver a los perros, pues no olvidaron que éste tuvo que imponer a Lola como su mujer —y seguramente, aunque no se menciona, él era al fin y al cabo de otra tribu, como alguna que otra versión supone—. Ella esperó a que su hijo tuviera edad para vengar el desprecio sufrido tras la muerte del padre y gobernar en su lugar, como legítimo heredero. Lola seguía siendo insultada en su calidad de extranjera, y era ahora su hijo quien se encargaba de defenderla. Cuando éste murió, le siguió otro hijo en el cargo, a pesar de la oposición de la tribu:

Quizá la sangre de viejos guerreros hispanos que corría por sus venas floreció en admirables planes de organización que dieron como resultado que todo intento de sublevación fracasara, conservando el poder y dando a su madre todas las satisfacciones que pudo, y el respeto a que tenía derecho (De Parodi, 1998, p. 836).


Aquí, al contrario de las narraciones tradicionales, el poder del jefe no viene dado por la autoridad que se gana ante la comunidad y que se suma a la herencia en su caso; se trata de la herencia impuesta por medio de la fuerza. Otro fragmento dice: "amante de su madre hasta el fanatismo, y continuador de los viejos designios de su raza" (De Parodi, 1998, p. 837). ¿Cuál raza?... El texto resalta la sacralización de la figura materna, la madre. Y es al fin y al cabo un descendiente de extranjeros —por parte de padre8 y madre—; es, además, un símbolo de mestizaje contra el enemigo real —los colonizadores de la zona: españoles y mexicanos—, y de ahí la causa de su repudio, mismo que es apagado por la fuerza del valor, y cómo no, de la dominación del hombre —y de la mujer, en este caso— blanco. En este punto, igual que las leyendas coloniales, es donde puede fracasar el amor, pero el hombre blanco se impone políticamente hablando.

Concluye la narración con un claro etnocentrismo y desprecio hacia lo indio y entroniza el modelo de perfección en una mujer blanca fundadora de una dinastía supuestamente india; además, el romanticismo lo justifica prácticamente todo y semioculta el mensaje profundo, la descripción densa que diría Geertz (1987):

...la tribu seri sigue en su peregrinaje hacia la nada, porque tendrá que extinguirse un día; ningún esfuerzo, ningún ejemplo, nada ha sido suficiente para dominar su rebeldía, su indolencia, su pereza legendaria. Quizás en la existencia larga y penosa de esta tribu, lo mejor, lo más bello, lo que encierra una página de belleza y romance, de amor y de fuerza, ha sido la historia de Dolores Casanova; el forzoso entronizamiento de la dulce Reina Blanca, fundadora de la dinastía de los Coyote-Iguana (De Parodi, 1998, p. 837).

Lo cual muestra cierta inversión de valores de género, no sólo porque la blanca en este caso es mujer, como ya se ha dicho, sino porque en la hondura del mensaje ella es la fuerza de su marido e hijos, la fundadora de la dinastía, la que realmente parece tener el poder tras el trono: el poder de la mujer, aunque, eso sí, blanca, que sin noble raigambre, ante los indios se la crea y de paso se las crea a ellos también. Así las cosas, es posible pensar que la clase social es importante, como se afirmó, aunque en este caso también la etnia, y finalmente el género, como tercera variable, con, al parecer y según este relato, mayor libertad de opciones y más posición social y poder de decisión debido a su origen étnico —blanca— y de su parentesco —matrimonio con jefe indio—, que la eleva a un alto estatus social.

 
 
   
En torno de las perspectivas desde la historia

Sin embargo, y lejos de las versiones románticas y novelescas del asunto, los estudios históricos indican que Lola dejó la tribu seri embarazada y se fue a Hermosillo —se dice que para proteger a los indios de un ataque por su causa—, perdió el hijo que esperaba y abandonó a su primogénito, Víctor Ávila Casanova, con los indios, temiendo el conservadurismo de la sociedad hermosillense y su no aceptación. Sin ánimos de romper el encanto de la literaria novela, Coyote-Iguana se volvió a casar con una seri. Después, tras una disputa entre indios, se exilió entre los pimas en las colinas cercanas a Guaymas; de ahí la confusión que se tiene acerca de su supuesto origen (Córdoba Casas, citado por Gálvez, 1999). Otros testimonios (Astorga, citado en Gálvez, 1999) aseguran que Lola tuvo tres hijos e insisten en que jamás regresó con su familia de origen y que prefirió quedarse a morir con los indios. La verdad, no hay una investigación seria y rigurosa sobre el asunto, sin embargo, y a efectos de este trabajo, nos interesa más el relato legendario que la verdadera historia.

Por lo general, casi todas las leyendas mexicanas de amor —o desamor, que es lo más usual— entre dos etnias son entre español e india (Fernández Poncela, 2000). La anterior —mujer blanca con hombre indio— es una excepción, como también lo es el hecho de que esta historia parece tener un fondo real, más allá de la distorsión de las versiones de los relatos existentes. Otra excepción sería el hecho de que hay inversión de relaciones de género, ella domina o llega a hacerlo, porque la etnia tiene el valor más preciado, o se le otorga, sobre el estatus social y el hecho de ser hombre y mujer. Es mujer con poder, pero es poder atribuido por los y las narradores de la historia, por un lado, y de otro derivado o justificado por su origen —blanca y mestiza— y su relación matrimonial con el jefe de los seris, que la eleva al más alto rango de prestigio social y que según algunos relatos la llegan a calificar como reina.

Si se profundiza se puede elaborar la explicación siguiente: se trata de una de las múltiples imágenes del mestizaje, del encuentro de dos culturas, aunque se dé ya en la etapa del México independiente; una metáfora fundante del nuevo orden social, como la historia-mito de Malinali, pero con características diferentes. Aquí ella parece dominar, no es el arquetipo de mujer inteligente pero que desarrolla el papel de sumisa y además traidora —más bien representa o es equivalente al soldado español en las leyendas coloniales tradicionales—. En su calidad de blanca —o mestiza—, de descendiente de españoles y mexicanos, unida a un jefe indio —versión de la hija del cacique con prestigio, riquezas materiales y estatus social—, ella crea una familia de procreación que son los habitantes de las tierras mexicanas. Así, no sólo hay hijos e hijas de Malinali y Cortés, también la descendencia de Lola Casanova y Coyote-Iguana recorre la geografía del México de hoy, con sus historias a cuestas y con sus leyendas que inventan el pasado, lo explican, exorcizan, acompañan y alivianan el caminar de cada día.•

* Anna M. Fernández Poncela (Barcelona, 1963) es doctora en antropología social por la Universidad de Barcelona. Pofesora-investigadora del Departamento de Política y Cultura de la uam Xochimilco, donde coordina el área de investigación Mujer, identidad y poder. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores. Entre sus libros destacan Hombres, mujeres y política. Una mirada desde la óptica pública y sus protagonistas (1997), Testimonio y cifras. Mujeres en la elite política (1999) y Mujeres, revolución y cambio cultural (2000).
Notas

1 En el estado de Sonora la historia tiene gran popularidad y ensayistas, novelistas, poetas, periodistas y escritores en general la han recogido y recreado. Quizás el vacío esté en los estudios de ciencias sociales. "Destacan Fortunato Hernández, en 1902, quien fue el primero que se registra abordando extensamente este tema. Le siguieron Federico García, en 1907; Eduardo W. Villa, en 1937; Carmela Reyna de León, en 1943; Enriqueta de Parodi, en 1944; Francisco Rojas González (la versión más conocida), en 1947; Armando Chávez Camacho, en 1948; Edith Lowel, historiadora norteamericana, en 1971; el doctor Gascón Cano, en los años ochenta, y en los noventa, el abogado e historiador por afición Sergio Córdova Casas, quien es autor del ensayo más completo con testimonios bibliográficos, referente a Lola Casanova" (Gálvez, 1999, p. 67).

2 Añadido de la autora.

3 El citado texto prosigue: "El escritor Francisco Rojas González narró la historia en la novela del mismo nombre aparecida en 1947. Un año después, Matilde Landeta adaptó la novela para el cine y la filmó. Éste fue un acontecimiento de gran relevancia para la cultura nacional: era la primera vez que una mujer dirigía una película en México".

4 Algunos autores afirman que se dedicaba al comercio relacionado con la minería, que no era de origen español y que no era tan próspero como la leyenda y la literatura recogen.

5 Al parecer, en realidad la historia fue al revés, pues iba de Hermosillo a Guaymas.

6 De las 26 personas que viajaban fueron secuestradas varias de ellas; algunas escaparon y otras fueron sacrificadas por los indios (Gálvez, 1999).

7 Algunas versiones afirman que en ocasiones, al visitar Hermosillo con otras mujeres, no se atrevió a ver a su familia, por temor al repudio que podría causar. Según algunos datos de carácter histórico, se ofreció recompensa por su rescate y se le buscó durante algún tiempo. También se afirma que en una ocasión ella se presentó de manera voluntaria en tierra firme, para demostrar que estaba con los indios por su voluntad y que los colonizadores no invadieran la Isla del Tiburón, refugio indio, como planeaban (Gálvez, 1999).

8 Como ya se dijo, hay dos versiones sobre el origen de Coyote-Iguana; una de ellas lo sitúa como seri y otra como hijo de un guerrero pima en cautiverio por éstos, que al destacarse entre ellos llegó a ser jefe.
 

Bibliografía

Enriqueta de Parodi, "La dinastía de Coyote-Iguana", en José Rogelio Álvarez, Leyendas mexicanas, La Coruña, Éverest, 1998.

Encliclopedia de México, IX, Tauton Mass, Sabeca International Investment Corporation, 2000.
Anna M. Fernández Poncela, Protagonismo femenino en cuentos y leyendas de México y Centroamérica, Madrid, Narcea, 2000.

Myrna Lorena Gálvez, "Del mito a la historia. Lola Casanova y su tragedia", en Avante, núm. 1, Hermosillo, diciembre de 1999.

Clifford Geertz, La interpretación de las culturas, Barcelona, Gedisa, 1986.
Pilar Gonzalbo Aizpuru, "De huipil o terciopelo", en Margo Glantz (ed.), La Malinche, sus padres y sus hijos, México, UNAM, 1994.

José Luis Martínez, "México en busca de su expresión", en Varios autores, Historia general de México, vol. 2, México, El Colegio de México, 1994.•