XXXI Encuentro
Nacional de Arte Joven
Elia Espinosa
 

Hablar de arte joven, por supuesto mexicano, en nuestros días resulta sumamente ambiguo y engañoso, además, insuficiente, si consideramos algunos aspectos. Enumerando un poco al azar, ¿no es joven hasta rabiar el bisonte de Altamira ?, ¿no es contundente en su plenitud vital una figurilla de algún capitel románico, el tímpano de Vézelay, la Muerte de San Francisco, de Giotto; la bóveda de la Sixtina, las ninfas con sátiros, de Tiziano; las mujeres de espesa carne de Rubens, la obra de Goya, los paisajes de Cézanne, el cubismo de Picasso, la abstracción de Pollock, De Kooning, etc.? En nuestro arte ¿no son y serán jóvenes por su vigor inaudito y trascendencia histórica, artística e ideológica la Coatlicue, un cuadro de Villalpando, un retrato de García Bustos, un paisaje de Velasco, el dibujo esplendoroso de un Herrán, muchos momentos de la obra de Siqueiros, Orozco, Rivera y tantos y tantos otros artistas de nuestro siglo; Michel, Castellanos, Cuevas, Gironella, Carrillo, Nieto, Morales, Zenil, Alamilla, etcétera ?
 
 
                                                                   
 
 
 El arte hecho por un muchacho de 20 ó 30 años es joven en el sentido de ser el fruto de una mente y una sensibilidad biológicamente nuevas, desbordantes de energía física y, supuestamente mental . Puede ser joven también porque maneje conceptos y tendencias de hoy por hoy, o porque sus materiales sean absolutamente del día. Sí, en verdad, todo eso es "joven"; es decir, reciente, vital, con su propia plenitud, su inmediatez, pero el sentido artístico, estricto de este término y realidad es del todo probabilístico; y de su arte se espera lo no visto hasta el momento, o lo ya visto pero manejado con métodos diferentes a los del pasado, más la posibilidad de un oficio que se espera bueno y que, a veces, resulta excelente o, en la mayoría de los casos, un potencia] prometedor pero perfectible. Pareciera que todo está por llegar, "madurar", aunque su presente sea muy contundente. Ahí todo se relaciona con actualidad y porvenir.
También es cierto que un cuadro, escultura, dibujo u otro proyecto hecho por un artista maduro o muy maduro, que está quizá más allá de los 60 años, puede ser contundentemente joven. En este caso, el concepto de juventud es metafórico, alude a una especie de vitalidad "perpetua" debida a la riqueza de códigos (la expresión, el contenido) de la obra, a su autotelia1 y, sobre todo, a 1as diversas 1ecturas de su universo cerrado en cada época histórica y del estudio de los nexos que ella guarda con lo social y lo individual. En este segundo caso, la "juventud" es tanta como la envergadura que pueden tener los conceptos que se acuñen para ofrecer la interpretación, observaciones y otros aspectos de la obra.
El material enviado por muchachos al XXXI Encuentro Nacional de Arte Joven (mil trescientas y tantas obras), cuya selección se llevó a cabo en el Distrito Federal, y se expuso y premió en Aguascalientes en abril y mayo pasados, presentó, en general, salvo excepciones, un panorama muy desigual en propuestas, objetivos y calidades. La pintura dominó en cantidad, le siguieron la fotografía, la escultura, la gráfica, la instalación, el arte objeto y sólo dos videos. No faltó cantidad de obra, pero el oficio, la claridad conceptual que lleva a un esplendor imaginativo, que se despliega en consecuente fantasía, dejaron mucho que desear. En lo referente a la pintura, hubo muchos trabajos en acrílico, óleo, acuarela y otros materiales, manejando, algunos, una técnica estupenda, pero confusos en su concepción de contenido, fuesen figurativos realistas o surrealistas, abstractos o de raigambre conceptual. Los trabajos de gráfica fueron variados, hubo piezas estupendas por su ingenio y buen terminado, fuesen tendientes a lo conceptual o a los trazos veloces que manchan con diversos espesores el plano.
De las "nobles artes", la escultura fue la menos socorrida. No hubo realismo (salvo un caso) sino variadas piezas cinetistas, altorrelieves como emblemas, columnas de cerámica y piezas minimalistas, una de madera y otra de bronce, todas de nivel técnico bajo, si bien sus conceptos eran , a veces, notables. En arte-objeto e instalación hubo ejemplos ingeniosos y brillantes.

                                         
 

 

Los miembros del jurado, del cual tuve a bien formar parte al lado de Patricia Álvarez, Kyioto Otta, Pablo Amor y Gilberto Chen, elegimos 57 obras, de las cuales se premiaron seis con primer lugar y ocho fueron señaladas con mención honorífica; es arduo el hecho de seleccionar para premiar.
La selección que llevamos a cabo como jurado fue el resultado de varios días de trabajo, discusiones, confrontaciones, escucha de meras opiniones, tras lo cual están implícitos múltiples factores: la enriquecedora desigualdad de formaciones de los jueces (una museógrafa, un escultor, un pintor, un fotógrafo y una historiadora y crítica del arte), sus gustos y las apasionadas preferencias de ciertas tendencias, métodos, formaciones y obra en concreto, además del reconocimiento ya dado a algunos creadores. Todo eso hace dificilísima, y no menos interesante, la tarea de elegir. Además, esa labor se llevó a cabo con el criterio de premiar por la obra en sí (niveles técnicos, metodológicos, manejo de significaciones en casamiento con otras dimensiones de la pieza), no por el farragoso y agotado criterio de galardonar por artes.
 

                      
 

En la selección definitiva, montada en el Instituto Cultural de Aguascaliente hubo de todo, pero quizá lo más rico por su calidad, nivel de búsqueda de códigos e impacto proyectivo en el espectador, fueron la fotografía, la gráfica y el arte objeto, si bien la pintura tuvo fehaciente presencia por cantidad y, en calidad, un muy pequeño porcentaje.
Como exposición, el conjunto de trabajos denotó una gran fuerza expresiva , así como muchas"ganas" de hacer las cosas, a pesar de lo difícil que es la vida social e individual en nuestro país.Sea ésta una coyuntura para decir que un sentido trágico, de tácita catástrofe, de disolución y muerte, inundaban el espacio de la muestra, si bien los chispazos de la búsqueda de nuevos materiales (El Nietzsche A la goma, de María del Carmen Arvizu Berdejo), y el manejo de la imagen en nuevos contextos de enfoque y significación, por demás ricos en su fuerza comunicativa (las fotografías Soleda 3, Tenedores y Sin título, de Israel Esaú de León, Mauricio Alejo y José Luis Rosales, respectivamente) como gozo pleno del hacer, propiciaban una atmósfera contradictoria entre dura realidad fehaciente, ineludible y creación. La conciencia de la realidad es fuerte no sólo social (sentido crítico político) sino de la realidad como plano exterior en el que los objetos de la vida cotidiana, la naturaleza, los animales, los hombres y mujeres resultan deslumbrantes fragmentos de vida e hitos de investigación en lo moral y en lo estrictamente plástico y estético para el artista; es decir, los sentidos y la elaboración conceptual están abiertos de par en par, en diverso grado, en los artistas.
Las fotografías antes mencionadas, Naturaleza muerta II, de Patricia Henríquez Bremer (un acrílico goitiano monocromo, que muestra cinco cuervos ahorcados certeramente resueltos, con trazo veloz y pincelada muy libre), Encapsulamiento I, de Emilio Said, y Estructura ventilada, de Jimena Piedra Miranda, contaron entre las mejores producciones en oficio, decisión y seguridad en la elección de sus contenidos, así fuesen éstos de estirpe meramente plástica.
Si se trata de ver hasta donde los "ismos" clásicos y otras tendencias fueron terreno de investigación para los jóvenes de la muestra, es posible afirmar que el expresionismo, la pintura acción (vía Hoffman), la abstracción lírica, el realismo (vuelto crítico al insertarle la inmediatez de imagen y palabra del cómic, el caso de Diálogo, ciudad D.F. y Los retratos y sus juicios, de Alejandro Pintado y Pilar Ramos respectivamente), y sobre todo el inagotable aliento renovador del pop-art, sus anchos umbrales abiertos a la investigación artística y a la factura de la obras, con todos los conceptos y materiales posibles,nutren su trabajo a fondo.

Como bien expresó Jorge Alberto Manrique en su magnífico escrito "Artistas en tránsito. México, 1980-1995",2 en el arte actual mexicano hay hilos de abstracción pero, sobre todo existe la recuperación del objeto artístico por diversos medios, la inserción de lo "extrartístico" en su seno y un margen de posibilidades, de "permiso" de época (finisecular, posmoderna-altamente sensible y abierta), que propicia una pluralidad de tendencias y, al mismo tiempo, un no saber cómo será el objeto artístico en el fututro.
 

 

Nuestro arte joven es nuevo y viejo a la vez; nuevo por su edad y, en algunos casos, por sus propuestas, "viejo" porque retoma métodos, técnicas, contenidos no sólo del pasado, sino de siempre: el esplendor de la realidad como naturaleza naturante, el amor, la muerte, la agresión a la libertad y a la dignidad humanas


. 1 La autotelia es uno de los atributos fenomenológicos del arte. Consiste en la incesante e inevitable referencia de la obra hacia sí misma como universo autónomo y pleno de leyes y sistemas propios a nivel de significación y de significantes. Es el universo cerrado respecto del cual el espectador va a elaborar el resultado de sus observaciones. 2 Jorge Alberto Manrique. "Artistas en tránsito. México, 1980-1995", en Boletín de Filosofía y Letras, UNAM, México, noviembre-diciembre 1996, núm. 11.
 
Regresa al índice de la revista julio-agosto 1998
Regresa a la página de Difusion Cultural  
© Universidad Autónoma Metropolitana
Diseño de página: Fermín Suárez Rodríguez