Hablar de arte joven, por supuesto mexicano,
en nuestros días resulta sumamente ambiguo y engañoso, además,
insuficiente, si consideramos algunos aspectos. Enumerando un poco al azar,
¿no es joven hasta rabiar el bisonte de Altamira ?, ¿no es
contundente en su plenitud vital una figurilla de algún capitel
románico, el tímpano de Vézelay, la Muerte de San
Francisco, de Giotto; la bóveda de la Sixtina, las ninfas con sátiros,
de Tiziano; las mujeres de espesa carne de Rubens, la obra de Goya, los
paisajes de Cézanne, el cubismo de Picasso, la abstracción
de Pollock, De Kooning, etc.? En nuestro arte ¿no son y serán
jóvenes por su vigor inaudito y trascendencia histórica,
artística e ideológica la Coatlicue, un cuadro de Villalpando,
un retrato de García Bustos, un paisaje de Velasco, el dibujo esplendoroso
de un Herrán, muchos momentos de la obra de Siqueiros, Orozco, Rivera
y tantos y tantos otros artistas de nuestro siglo; Michel, Castellanos,
Cuevas, Gironella, Carrillo, Nieto, Morales, Zenil, Alamilla, etcétera
?
El arte hecho por un muchacho de 20 ó 30 años es
joven en el sentido de ser el fruto de una mente y una sensibilidad biológicamente
nuevas, desbordantes de energía física y, supuestamente mental
. Puede ser joven también porque maneje conceptos y tendencias de
hoy por hoy, o porque sus materiales sean absolutamente del día.
Sí, en verdad, todo eso es "joven"; es decir, reciente, vital, con
su propia plenitud, su inmediatez, pero el sentido artístico, estricto
de este término y realidad es del todo probabilístico; y
de su arte se espera lo no visto hasta el momento, o lo ya visto pero manejado
con métodos diferentes a los del pasado, más la posibilidad
de un oficio que se espera bueno y que, a veces, resulta excelente o, en
la mayoría de los casos, un potencia] prometedor pero perfectible.
Pareciera que todo está por llegar, "madurar", aunque su presente
sea muy contundente. Ahí todo se relaciona con actualidad y porvenir.
También es cierto que un cuadro, escultura, dibujo u otro proyecto
hecho por un artista maduro o muy maduro, que está quizá
más allá de los 60 años, puede ser contundentemente
joven. En este caso, el concepto de juventud es metafórico, alude
a una especie de vitalidad "perpetua" debida a la riqueza de códigos
(la expresión, el contenido) de la obra, a su autotelia1 y, sobre
todo, a 1as diversas 1ecturas de su universo cerrado en cada época
histórica y del estudio de los nexos que ella guarda con lo social
y lo individual. En este segundo caso, la "juventud" es tanta como la envergadura
que pueden tener los conceptos que se acuñen para ofrecer la interpretación,
observaciones y otros aspectos de la obra.
El material enviado por muchachos al XXXI Encuentro Nacional de Arte
Joven (mil trescientas y tantas obras), cuya selección se llevó
a cabo en el Distrito Federal, y se expuso y premió en Aguascalientes
en abril y mayo pasados, presentó, en general, salvo excepciones,
un panorama muy desigual en propuestas, objetivos y calidades. La pintura
dominó en cantidad, le siguieron la fotografía, la escultura,
la gráfica, la instalación, el arte objeto y sólo
dos videos. No faltó cantidad de obra, pero el oficio, la claridad
conceptual que lleva a un esplendor imaginativo, que se despliega en consecuente
fantasía, dejaron mucho que desear. En lo referente a la pintura,
hubo muchos trabajos en acrílico, óleo, acuarela y otros
materiales, manejando, algunos, una técnica estupenda, pero confusos
en su concepción de contenido, fuesen figurativos realistas o surrealistas,
abstractos o de raigambre conceptual. Los trabajos de gráfica fueron
variados, hubo piezas estupendas por su ingenio y buen terminado, fuesen
tendientes a lo conceptual o a los trazos veloces que manchan con diversos
espesores el plano.
De las "nobles artes", la escultura fue la menos socorrida. No hubo
realismo (salvo un caso) sino variadas piezas cinetistas, altorrelieves
como emblemas, columnas de cerámica y piezas minimalistas, una de
madera y otra de bronce, todas de nivel técnico bajo, si bien sus
conceptos eran , a veces, notables. En arte-objeto e instalación
hubo ejemplos ingeniosos y brillantes.

Los miembros del jurado, del cual tuve a bien formar parte al lado de
Patricia Álvarez, Kyioto Otta, Pablo Amor y Gilberto Chen, elegimos
57 obras, de las cuales se premiaron seis con primer lugar y ocho fueron
señaladas con mención honorífica; es arduo el hecho
de seleccionar para premiar.
La selección que llevamos a cabo como jurado fue el resultado
de varios días de trabajo, discusiones, confrontaciones, escucha
de meras opiniones, tras lo cual están implícitos múltiples
factores: la enriquecedora desigualdad de formaciones de los jueces (una
museógrafa, un escultor, un pintor, un fotógrafo y una historiadora
y crítica del arte), sus gustos y las apasionadas preferencias de
ciertas tendencias, métodos, formaciones y obra en concreto, además
del reconocimiento ya dado a algunos creadores. Todo eso hace dificilísima,
y no menos interesante, la tarea de elegir. Además, esa labor se
llevó a cabo con el criterio de premiar por la obra en sí
(niveles técnicos, metodológicos, manejo de significaciones
en casamiento con otras dimensiones de la pieza), no por el farragoso y
agotado criterio de galardonar por artes.
En la selección definitiva, montada en el Instituto Cultural
de Aguascaliente hubo de todo, pero quizá lo más rico por
su calidad, nivel de búsqueda de códigos e impacto proyectivo
en el espectador, fueron la fotografía, la gráfica y el arte
objeto, si bien la pintura tuvo fehaciente presencia por cantidad y, en
calidad, un muy pequeño porcentaje.
Como exposición, el conjunto de trabajos denotó una gran
fuerza expresiva , así como muchas"ganas" de hacer las cosas, a
pesar de lo difícil que es la vida social e individual en nuestro
país.Sea ésta una coyuntura para decir que un sentido trágico,
de tácita catástrofe, de disolución y muerte, inundaban
el espacio de la muestra, si bien los chispazos de la búsqueda de
nuevos materiales (El Nietzsche A la goma, de María del Carmen Arvizu
Berdejo), y el manejo de la imagen en nuevos contextos de enfoque y significación,
por demás ricos en su fuerza comunicativa (las fotografías
Soleda 3, Tenedores y Sin título, de Israel Esaú de León,
Mauricio Alejo y José Luis Rosales, respectivamente) como gozo pleno
del hacer, propiciaban una atmósfera contradictoria entre dura realidad
fehaciente, ineludible y creación. La conciencia de la realidad
es fuerte no sólo social (sentido crítico político)
sino de la realidad como plano exterior en el que los objetos de la vida
cotidiana, la naturaleza, los animales, los hombres y mujeres resultan
deslumbrantes fragmentos de vida e hitos de investigación en lo
moral y en lo estrictamente plástico y estético para el artista;
es decir, los sentidos y la elaboración conceptual están
abiertos de par en par, en diverso grado, en los artistas.
Las fotografías antes mencionadas, Naturaleza muerta II, de
Patricia Henríquez Bremer (un acrílico goitiano monocromo,
que muestra cinco cuervos ahorcados certeramente resueltos, con trazo veloz
y pincelada muy libre), Encapsulamiento I, de Emilio Said, y Estructura
ventilada, de Jimena Piedra Miranda, contaron entre las mejores producciones
en oficio, decisión y seguridad en la elección de sus contenidos,
así fuesen éstos de estirpe meramente plástica.
Si se trata de ver hasta donde los "ismos" clásicos y otras
tendencias fueron terreno de investigación para los jóvenes
de la muestra, es posible afirmar que el expresionismo, la pintura acción
(vía Hoffman), la abstracción lírica, el realismo
(vuelto crítico al insertarle la inmediatez de imagen y palabra
del cómic, el caso de Diálogo, ciudad D.F. y Los retratos
y sus juicios, de Alejandro Pintado y Pilar Ramos respectivamente), y sobre
todo el inagotable aliento renovador del pop-art, sus anchos umbrales abiertos
a la investigación artística y a la factura de la obras,
con todos los conceptos y materiales posibles,nutren su trabajo a fondo.
Como bien expresó Jorge Alberto Manrique en su magnífico
escrito "Artistas en tránsito. México, 1980-1995",2 en el
arte actual mexicano hay hilos de abstracción pero, sobre todo existe
la recuperación del objeto artístico por diversos medios,
la inserción de lo "extrartístico" en su seno y un margen
de posibilidades, de "permiso" de época (finisecular, posmoderna-altamente
sensible y abierta), que propicia una pluralidad de tendencias y, al mismo
tiempo, un no saber cómo será el objeto artístico
en el fututro.

Nuestro arte joven es nuevo y viejo a la vez; nuevo por su edad y, en algunos casos, por sus propuestas, "viejo" porque retoma métodos, técnicas, contenidos no sólo del pasado, sino de siempre: el esplendor de la realidad como naturaleza naturante, el amor, la muerte, la agresión a la libertad y a la dignidad humanas