Crisis de legitimidad y violencia política

* Raúl Rodríguez Guillén

Si la Historia enseña algo sobre las causas de la Revolución - y la Historia no enseña mucho pero si considerablemente más que las teorías de las ciencias sociales- es que a las revoluciones preceden una desintegración de los sistemas políticos que síntoma revelador de desintegración es una progresiva erosión de la autoridad gubernamental y que esta erosión es causada por la incapacidad del Gobierno para funcionar adecuadamente, de donde brotan las dudas de los ciudadanos acerca de su legitimidad.

Hanah Arendt.

La crisis de legitimidad se expresa de múltiples maneras, una de ellas, que es la que nos interesa es la violencia social, referida al ámbito de la política. Primero, porque la violencia sólo se expresa allí donde la autoridad ha dejado de funcionar; segundo, la acción colectiva, desde la sociedad, con carácter violento expresa una forma de poder; y tercero, la violencia expresa, irremediablemente, todo aquello que significa anti-poder. De ahí que toda forma de violencia social esté referida a la crisis de las instituciones, los mecanismos y los valores, que han funcionado y son puestos en cuestión por fragmentos de la sociedad.

La violencia política se expresa en los motines en las cárceles, los linchamientos en diferentes regiones del país, o bien en rebeliones como las que tienen lugar, hoy día en Chiapas, Guerrero, Oaxaca. Violencia social que grupos indiferenciados de ciudadanos llevan a cabo para poner coto a la negligencia de las autoridades gubernamentales, a la corrupción de funcionarios (jueces, policías, secretarios de estado, gobernadores, etc.).

Violencia, poder y acción colectiva.

En el presente artículo se aborda un fenómeno nuevo en el contexto de cambio socio-político del país: la acción colectiva y la violencia social de grupos heterogéneos que pretenden restituir el orden social y político, cuyas características principales son: un alto grado de organización; hacer justicia por propia mano, "espontaneidad" y cohesión social. Acción colectiva y violencia social referidos al poder, concebido éste como: la capacidad humana de actuar concertadamente. El poder nunca es propiedad de un individuo;  pertenece a un grupo y sigue existiendo mientras que el grupo se mantenga unido. Cuando decimos de alguien que está "en el poder" nos referimos realmente a que tiene un poder de cierto número de personas para actuar en su nombre1

Poder es, a decir de Hannah Arendt, "la aptitud humana para actuar en conjunto, y de ahí deriva la importancia decisiva del derecho de asociación para una comunidad política, puesto que es la asociación lo que genera el poder del que se valen los gobernantes"2 . Son los gobernados los que generan el poder, de ahí que el poder no necesita justificación, pero sí requiere legitimidad.

José Barbeito, nos dice que:  “El Poder aparece referido a la voluntad de una conciencia colectiva que, al reducir la violencia a razón, implementa su búsqueda de sentido, en el proyecto de un orden social deseable. Esta voluntad de una conciencia colectiva es la esencia de lo que citamos al hablar de autoridad política"3

Al respecto, podemos decir que Max Weber no se equivocaba al pensar poder y autoridad como dos formas que tienen como sustento, el primero la violencia cruda, y el segundo el consentimiento de los gobernados, es decir la legitimidad, de ahí que su concepto de Estado exprese o bien sintetice violencia y poder con carácter legitimo. Podemos afirmar que tanto Hobbes como Locke y Marx entendían el problema del poder en cuanto su origen social, necesario para imponer el orden, en el caso del primero; como garante de la paz, la propiedad y la libertad, a decir del segundo, y como instrumento de opresión en manos de una clase social para explotar a la otra , según el tercero.

Poder y autoridad son fenómenos plurales, colectivos, distintos, por su naturaleza de la fuerza, del vigor y de la violencia, que se ubican en el singular. La violencia tiene un carácter instrumental y en el mundo contemporáneo su alcance se vio multiplicado por la técnica. A la violencia, Sorel le atribuía el carácter de un "acto mesiánico, purificador", cuyo origen, a decir de los marxistas, son las estructuras de la sociedad; o bien como señala Hobbes, es producto de la libertad que no tiene límite o freno de algún poder superior.

Violencia y poder forman una díada inseparable y complementaria, con múltiples raíces, que sólo se hace comprensible a la luz del conjunto de relaciones sociales, económicas, culturales y regionales que se establecen en y entre grupos, individuos e instituciones. "Una de las distinciones más obvias entre poder y violencia es que el poder siempre precisa  el número, mientras que la violencia, hasta cierto punto, puede presindir del número porque descansa en sus instrumentos.(...) La extrema forma de poder es la de Todos contra Uno, la extrema forma de violencia es la de Uno contra Todos."4

 
 
Nuestra reflexión es sobre la acción colectiva con carácter violento en ámbitos diferenciados y con actores anónimos que invaden o se apropian del espacio público (frente a la crisis de las instituciones públicas entre las cuales se encuentran los aparatos encargados de impartir justicia, los cuerpos policiacos, las instituciones carcelarias, etc. entre otras) por periodos más o menos cortos, lo cual les confiere identidad y coherencia. Para nuestros fines podemos mencionar que es necesario recuperar viejos conceptos y dotarlos de nuevos sentidos, tal es el caso de: el motín, la revuelta y la rebelión, conceptos que expresan y/o dan cuenta de fenómenos diferenciados, y al mismo tiempo interrelacionados, en donde la injusticia juega el papel de ordenador, cohesionador y detonante de sentimientos tales como la indignación moral, que orienta y dota a la acción colectiva de un alto contenido emocional, y al mismo tiempo explica el papel de la venganza (como una expresión de la crisis de legitimidad).

Siendo el motín,  la revuelta y la rebelión tres formas de acción colectiva con organización e intensidad diferentes y con capacidad de transformación sobre ámbitos de extensión menor o mayor, según sus motivos, son la espontaneidad y el sentimiento de venganza elementos característicos con los que se pretende la transformación parcial o localizada del orden, a diferencia de la revolución, que busca una transformación global.

El orden político de cualquier sociedad tiene como fundamento un código moral que sirve de vínculo entre las instituciones y la sociedad. Dicho código expresa el consentimiento por parte de la sociedad de las reglas y valores que han de regir el comportamiento social, así como el de cada  autoridad. Es así que los conflictos y formas de solución de los mismos requieren de la aplicación rigurosa y justa de las reglas para mantener o restituir el orden social y político.

En ambas situaciones mantener o restituir el orden, la existencia del consenso popular es una necesidad, en cuanto a qué prácticas son o no legítimas y cuáles ilegítimas. Particularmente en el segundo caso, la acción colectiva es provocada por prácticas incorrectas de los representantes de las instituciones públicas y/o privadas, por autoridades que violan la ética de sus funciones, o bien por la negligencia que provoca agravio y reactiva la memoria popular después de muchos años de aparente calma, poniendo en juego la imaginación, en busca de un mejor futuro, con la participación de aquellos que han visto violada, engañada, frustrada o reprimida su esperanza del mañana.

Lo anterior nos lleva a plantear la siguiente hipótesis: La crisis de legitimidad que se expresa como ruptura del código moral conlleva la ruptura del orden político y social y ésta suele expresarse de múltiples maneras (motín, revuelta, rebelión, o revolución), todas éstas, bajo el signo de la acción colectiva que pretende restituir o cambiar el orden y resarcir la indignación moral.

Dicho de otra manera, el agravio genera encono, la injusticia provoca ira, y cuando los principios de cohesión de la sociedad son reiteradamente violados por uno o varios de sus miembros, o bien por alguna autoridad estatuida, se rompe el principio de la convivencia pacífica, alterando el desarrollo de la vida cotidiana para dar paso al rechazo con el silencio, el comentario incisivo, la organización social y la acción colectiva, muchas veces violenta.

La acción colectiva se guía regularmente por el deseo de venganza, la cual significa: represalia y significa también la reafirmación de la dignidad y del valor humanos luego de que se les ha hecho algún daño o lesión. Ambos son los sentimientos básicos que están detrás del agravio moral y del sentimiento de injusticia. La venganza es una forma de emparejar las cosas, que por supuesto nunca funciona completamente.5

Tanto la represalia, como la reafirmación de la dignidad, son en síntesis expresión de la subjetividad de la renovación de la identidad o bien la recuperación de la identidad perdida, que orienta la acción, y da sentido a la violencia al vincularla con el agravio sufrido, adquiriendo el carácter de violencia justa.

La identidad funciona como soporte unificador de grupos cuya pretensión es la convivencia pacífica, y en la medida en que se logra tal objetivo la acción colectiva sintetiza el sentimiento de orden, de cambio, o bien, de cambio con orden. Pero la identidad también se expresa como negación de actitudes y valores que violentan la convivencia pacífica, sean éstos realizados por autoridades o miembros de la colectividad.

La acción colectiva presenta características similares con diversidad de modos de operar que requieren ser aclarados para su mejor comprensión, por lo cual creemos conveniente distinguir el motín de la revuelta y ésta a su vez de la rebelión, y ambas de un movimiento social, dando por sentadas las diferencias con una real revolución.

Motín, revuelta y rebelión son estallidos espontáneos, coherentes, organizados y generalmente de origen popular, aunque no exclusivamente, ya que estas acciones colectivas suelen generar inmediata o mediatamente lazos de solidaridad entre distintos estratos sociales, como se puede apreciar en los motines en las cárceles, los linchamientos, y las rebeliones.

Una primera diferencia es la intensidad y duración de las acciones colectivas; otra la constituyen los objetivos que se persiguen, así como la forma y grado de organización e impacto sobre instituciones y participantes.

El motín es con regularidad de carácter local; aunque éste tiende a repetirse, no se generaliza, pues en cada caso adquiere su propia expresión. Esto no quiere decir que no exista acumulación de experiencia, por el contrario, la experiencia le da su propia identidad y mayor fuerza al introducir elementos novedosos que se ven reforzados por el carácter de espontaneidad que le es propio.

La revuelta, en cambio, opera en un espacio mayor, por expresar intereses de conjuntos sociales más grandes, lo que le permite ir rápidamente más allá de la frontera local y suele abarcar simultáneamente distintas comunidades de interés e introduce mecanismos de acción que expresan sentimientos compartidos por periodos largos, pero activados en forma simultánea bajo el signo de la "venganza", que expresa ira y malestar acumulado, suele constituirse en memoria colectiva.

En el motín, lo mismo que en la revuelta, la acción colectiva tiene como elementos constitutivos la espontaneidad y el anonimato, motivos que imprimen un carácter altamente violento y pasional, generando un sentimiento compartido del "deber cumplido", del hacer justicia por propia mano.

En dos de las tres modalidades de acción colectiva que hemos descrito se encuentra como elemento recurrente la presencia de un actor anónimo,6 que no podemos encontrar en escenarios previamente construidos, sino sólo en aquellos que adquieren unidad en la espontaneidad, pero carece de unidad cuando la acción se prolonga por periodos largos.

La tercera forma, rebelión, combina dichos elementos con una mayor participación de elementos racionales que dotan de sentido las acciones y configuran un actor pasional-racional que se convierte en elemento decisivo de la prolongación y posible extensión del conflicto, es decir, la rebelión constituye y se constituye en acción consciente, en donde los medios suelen ser calculados y el tiempo opera como articulador del actor anónimo con el actor-interlocutor,7 del interés público, que puede manifestarse por medio de la "voz" y la "mirada" creando un mito capaz de constituirse en escenario de los que nada tienen.

La inteligencia y sentimiento populares actúan y expresan el "sentir oculto", recuperando la nitidez de lo popular: "Todo para todos, nada para nosotros". Devolver la voz a aquellos que la han perdido, guardado, olvidado, o bien a los que han sido obligados a callar. La voz actúa como medio de cohesión de todos los que nada tienen, dando forma al actor-interlocutor, constructor de escenarios y de identidad, que hace público lo olvidado, lo oculto, y logra vincular al actor anónimo con otros actores anónimos, para que ocupen el espacio público, la tribuna en la cual puedan generar consenso, en torno a demandas justas, luchando con métodos no violentos, adquiriendo presencia y reconocimiento de actores racionales e instituciones, así como de otras comunidades y gobiernos que no dejan de opinar sobre su existencia, con sorpresa y un dejo de simpatía.

La rebelión moderna la hacen los olvidados por la modernidad, los que no tienen rostro, es decir, la mayoría de la población anónima de los países, que expresan en los medios modernos de comunicación que existe la injusticia y que el Estado de Derecho es, hoy por hoy, un mito de los modernos, un Dios sin rostro. El Estado de Derecho-Dios racional, crea irracionales y los excluye de su mundo perfecto, pero no logra extinguirlos, suprimirlos y cuando toman por asalto el escenario de la vida pública, para decir: "heme aquí, soy yo, el olvidado, el fuera de la ley, transgresor por tanto de las reglas del olvido.

Tipología de acción social colectiva

Motín actor anónimo temporalidad limitada; espacio localizado
Revuelta actor anónimo temporalidad limitada; espacio regional
Rebelión actor anónimo y racional temp. de mayor duración;espacio regional-nacional
Revolución actor racional larga duración;espacio nacional
 
  
La tipología anterior es incompleta si no consideramos los objetivos de los actores, sean éstos anónimos o no: motín y revuelta se proponen restituir el orden, mejorar dentro del mismo marco de acción; sirven para curar el "mal" con el "mal", la violencia con la violencia, mientras que la rebelión busca restituir el orden con cambios de fondo y suele ser el paso natural en la búsqueda del cambio de orden; mientras que la revolución es por naturaleza cambio en sí misma, destrucción del orden anterior y construcción de un orden nuevo.

Injusticia e indignación moral.

En las sociedades en vías de modernización, consideramos que la distancia entre la paz social y la violencia colectiva pende de un hilo, el no cumplimiento por parte de la autoridad en forma recurrente, la expectativa de la sociedad no satisfecha, la violencia policiaca en forma sistemática, un asesinato no esclarecido, un robo con violencia, la omisión recurrente a atender demandas de justicia; etc. en síntesis, la alteración de prácticas y valores de la sociedad en cuestión.

Hoy día, en México, una serie de acontecimientos (linchamientos, motines en las cárceles de los diferentes estados de la República, enfrentamientos de cuerpos policiacos con pobladores de un pequeño municipio, derrumbamiento del helicóptero del gobernador en un estado del país, huelgas de hambre, la toma de alcaldías y destrucción de éstas en algunos de los casos; la oposición de una enardecida comunidad a la construcción de un campo de golf en Tepoztlan, Morelos; la masacre no esclarecida de un grupo de campesinos en Aguas Blancas, Guerrero; la masacre, tampoco esclarecida, de 45 indígenas, en su mayoría mujeres y niños, en Acteal, Chiapas; la captura-desaparición y ejecución extrajudicial, llevada a cabo por policias de la ciudad de México, de 4 jóvenes de la colonia Buenos Aires;  el levantamiento del EZLN en Chiapas, etc.) nos llama a reflexionar, no sólo los hechos en sí mismos, sino las causas y consecuencias de estas acciones colectivas cargadas de violencia social, que no son privativas de los casos a que haremos referencia, pero que tocan las fibras más sensibles del orden político vigente.

Injusticia e indignación moral son una díada inseparable que nos permite explicar la crisis de la impartición de justicia, el abuso de los cuerpos policiacos, así como la acción colectiva de una enardecida comunidad que hace justicia por propia mano con el fin de restaurar el orden. Expresando "la extraordinaria pretensión de que la fuerza y el espíritu del populacho son necesarios para poner en vigor las leyes".8

A decir de Barrington Moore “una determinada acción violenta se puede convertir en la base de una nueva legalidad, agregaríamos, cuando dicha acción se acompaña de la idea de restituir o cambiar el orden y se convierte en justa, legítima y portadora de un código de valores que cohesionan a los actores del drama”9; o como bien señala Hannah Arendt: "La ley puede, desde luego, estabilizar y legalizar el cambio, una vez que se haya producido pero el cambio es siempre resultado de una acción extra-legal "10. Acción extra-legal que cuenta porsupuesto con el consentimiento de una parte significativa de la sociedad en cuestión, lo cual le confiere un carácter de legitimo.

La cohesión social puede explicarse por la armonía de las instituciones con la sociedad, o bien, por un creciente rechazo de ésta a las  instituciones o a sus representantes; en ambos casos no se trata de una expresión  de anomia (en el sentido utilizado por E. Durkheim), sino más bien de un principio de cambio con la conservación de los valores, cuyo fin es la restitución del orden quebrantado.

Consideramos, asimismo, que la acción colectiva y las distintas formas que ésta adquiere nos remiten a una reflexión acerca de los grupos, actores o sujetos que actúan y los motivos de la acción. Ante esto propongo que existen dos tipos de actor: uno anónimo y otro racional, ambos tipos de actor se aproximan y separan en la medida en que la acción es o no "espontánea", y en el grado de violencia y explosividad, así como en la forma de dirección que adopta y la capacidad para mantener cohesionado al colectivo indiferenciado que expresa un alto grado de igualdad.

La igualdad a que nos referimos tiene como referente específico el actuar en masa, bajo el manto que da el anonimato, pero que tiende a perderse en la medida en que la acción colectiva se prolonga y extiende.

Los motivos del fenómeno permiten conocer la profundidad de la acción y prever la duración, e incluso la posibilidad de su extensión en el tiempo y el espacio. Permiten al mismo tiempo explicarnos el grado de cohesión, las formas de organización y dirección que cada forma de acción colectiva adquiere en cada caso concreto.

Es así que nosotros consideramos el actuar colectivo en relación al orden como una acción específicamente política, y en tal sentido, lo político está referido a la capacidad que se tiene para reformar, mantener o transformar los principios y valores bajo los cuales se organiza una determinada sociedad y sus formas particulares de convivencia pacífica.

El número creciente de motines en penales, en los diferentes estados de la República mexicana; los linchamientos en Morelos, Oaxaca, Estado de México, Veracruz, Guadalajara, Hidalgo, Guerrero, Chiapas, Puebla, etc.; las rebeliones en Chiapas, Guerrero, Morelos y Oaxaca, en las cuales comunidades enardecidas deciden hacer justicia por propia mano, son el objeto de mi reflexión, considerando que: Primero, son actos violentos en los cuales fragmentos de la sociedad deciden poner un coto a los abusos de autoridad, la negligencia de jueces, policias y funcionarios públicos. Segundo, la violencia social, tiene carácter político en la medida en que se cuestiona el orden político y social existentes. Tercero, La acción social-colectiva pretende reestablecer el orden, aunque sea por medios violentos.

Tres de las preguntas que guían la presente reflexión son las siguientes: ¿Por qué las instituciones públicas son cada vez menos eficientes para la solución de los conflictos?, .¿Por qué en México, en los años recientes han crecido el número de linchamientos, motines en las cárceles y rebeliones en distintos estados ?, ¿Por qué la forma de solución de los conflictos es cada vez más violenta?.

La búsqueda de la paz por medios violentos parece ser la característica de nuestros días, no sólo en México, pues la acción de la minoría negra en Los Ángeles, Estados Unidos, también se inscribe en la tipología de las revueltas. Una enardecida comunidad actúa violentamente en contra de instituciones y propiedades ante un fallo judicial injusto que puso en tela de juicio la imparcialidad de las autoridades y el aparato judicial, lo cual reactivó la memoria de la minoría negra que vio en dicho fallo un acto de discriminación racial. Lo mismo puede decirse del Caracazo, cuando una comunidad enfurecida por los aumentos a los precios de los productos básicos y transporte actúa violentamente, quemando camiones de transporte público y bloqueando las calles de la ciudad. En en Brasil, numerosos grupos de pobladores anónimos saquean las tiendas, frente a la situación de impotencia de los individuos aislados, entre otros casos no menos significativos.

El espíritu de Fuente Ovejuna, o hacer justicia por propia mano, evidencia los cruciales momentos de crisis por los cuales atraviesa el aparato judicial, y policiaco en el país, al mismo tiempo de mostrar el alto grado de inconformidad de la sociedad ante la impunidad, el abuso, y la prepotencia policiaca.

* Raúl Rodríguez Guillén ( Edo. de México, 1955) Profesor-investigador del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. Candidato a doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México. Algunos artículos publicados: "Del Estado de Derecho al espíritu de Fuenteovejuna", en Excelsior, sección Ideas, octubre de 1994. "Subjetividad y acción colectiva", en Sociológica, NUM. 27, enero-abril de 1995.
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Notas

1 1. Arendt, Hannah. La crisis de la República. Madrid, Taurus ediciones.  p. 146

2. Ibidem. p. 27.

3.- José Barbeito. "La violencia y la politíca", en Violencia y politíca de Guillermo Yepes (coord.),Venezuela, Monte Avila editores, 1972. . p. 71.

4. Arendt, Hannah. Op. Cit. p.144.

5 Moore, Barrington. La injusticia: Bases Sociales de la Obediencia y la Rebelión. México, Instituto de Investigaciones Sociales/UNAM. p. 29.

6 Entendemos por actor anonimo al colectivo indiferenciado que se organiza y actúa espontáneamente en un motín, una revuelta, una rebelión, o cualquier otra forma de acción colectiva, en donde se oculta la identidad individual de los participantes, y se revalora la identidad de la comunidad fundiendo memoria popular y restitución del orden en la acción y ejecución de la justicia por propia mano.

7 El actor-interlocutor se caracteriza por organizar y contruir, a partir de intereses parciales, los intereses colectivos y recuperar para los actores anónimos la voz y el espacio público, dandoles así presencia en la ecena nacional, a la vez que da cáracter político a hechos, procesos y acontecimientos que antes eran tratados como casos de violencia común.

8 Cf E.P. Thompson.Tradición, revuelta y conciencia de clase. Barcelona, Editorial Crítica.1979.

9 Véase Moore, Barrington. Los origenes sociales de la dictadura y de la democracia, España, Editorial Peninsula, 1976.

10. Arendt, Hannah. Op. Cit.p.87.