Inauguración
UNIDAD AZCAPOTZALCO

Palabras pronunciadas por el Arq. Pedro Ramírez Vázquez, Rector General.


Palabras pronunciadas por el Dr. Juan Casillas García de León
Rector de la Unidad
11 de noviembre de 1974

Arq. Pedro Ramírez Vázquez
Rector General de la Universidad Autónoma Metropolitana
Ing. Víctor Bravo Ahuja
Secretario de Educación Pública
Sres. Miembros de la Junta Directiva
Sres. Miembros del Patronato
Sres. Invitados de Honor
Sres. Profesores y Miembros del Personal Administrativo
Sres. Alumnos.

Era indispensable la presencia de ustedes, jóvenes estudiantes, para que, después de varios meses de trabajo preparatorio, se integrara este nuevo centro de enseñanza. La preocupación fundamental de los grupos de profesores que han venido colaborando durante los últimos meses, ha sido la planificación y la organización de la estructura de nuestra universidad y la elaboración de sus planes de estudio. A la par de esta labor, se ha trabajado en este lugar, que hasta hace poco tiempo era un vasto terreno inhabitado, para utilizarlo como el lugar físico donde hemos de convivir, donde se llevará cabo la verdadera confrontación de los programas con la experiencia de la vida académica.
En nombre de todos los que hemos venido realizando estos trabajos, profesores, autoridades, funcionarios y empleados administrativos de la Unidad Azcapotzalco, doy a ustedes jóvenes estudiantes, la más cordial bienvenida.

Hoy ha sido iniciada la labor docente en este centro de estudios. La fortuna nos ha permitido emprender juntos este compromiso. Los resultados dependerán de nuestros esfuerzos, porque la vida de estudio debe realizarse diariamente, remontando condiciones a veces adversas, y enfrentando los problemas personales y comunitarios que cada día se presenten. Tengamos la convicción de que nuestro trabajo en sus aulas y laboratorios, como miembros iniciales de esta comunidad, tendrá un especial significado para la futura tradición de nuestra institución.

Quienes más adelante concurran a este plantel encontrarán que sus bases se forjaron en el deseo de contribuir a un desarrollo democrático del país . La dedicación mostrada por los profesores al elaborar los planes y programas académicos, y la presencia de quienes buscan obtener aquí la preparación adecuada para enfrentar los problemas de su tiempo, demuestran la confianza con que nace esta institución universitaria.

La Universidad Autónoma Metropolitana no ha surgido como una ínsula apartada de su medio. Físicamente, aparece enclavada entre las contradicciones socioeconómicas de la gran urbe. Ideológicamente, emerge comprometida con esa misma realidad, lo que nos impide considerarla como objetivo solo de fines personales; su naturaleza es social, comunitaria. Todo lo que nos rodea al entrar hoy en la Universidad, no podría haber existido sin la sociedad. No olvidemos nunca que somos parte del esfuerzo total del país.

Los títulos universitarios no deben ser ya distintivos de alcurnia social, sino, más bien, documentos que acrediten nuestra capacidad de servir. Esto debe entenderse como una forma de enaltecer al individuo y de vincularlo a la marcha social de la humanidad.

El esfuerzo que nos es común, debe desarrollarse dentro de un orden que permita el ejercicio diario de la autonomía y de la libertad creadora. Estudiar es, en gran medida, aprender a ser libres. La universidad se propone formar conciencias críticas, que se ocupen más por buscar la aplicación de sus conocimientos en la resolución de los problemas de la sociedad, que por acumular información indiscriminadamente; más por la búsqueda de nuevas soluciones que por la aplicación rutinaria de las ya establecidas; más por comprometer su esfuerzo en el logro de una sociedad libre y justa que por cuestionar sus valores en una crítica intelectual impotente.

Nuestro proyecto se integra en la continuidad de la tradición universitaria de México. Los profesores e investigadores que aquí trabajamos, obtuvimos nuestra formación en instituciones educativas que han estado llevando el peso de formar profesionalmente a la juventud del país. Nosotros venimos ahora, también, a intentar la misma tarea, con nuevos enfoques, con nuevas ideas.

No puede, ni debe haber disociación entre las ramas del saber. La dimensión humana se minimiza y empobrece cuando el hombre parcela el conocimiento a fuerza de especializar en exceso. La universidad ideal sólo se concibe con la presencia de lo humanístico al lado de lo técnico. Sólo un enfoque interdisciplinario puede ayudarnos a comprender la realidad. Todo nuestro esfuerzo, en cuanto a estructura, organización, planes de estudio, instalaciones, ha sido orientado para obtenerlo.

Nuestra época se ve amenazada por graves antinomias, por la desigualdad social y por un desequilibrio ecológico de repercusiones inesperadas. El conocimiento científico y técnico no puede desarrollarse como un poder autónomo ni separado del marco humano y social, que hace posible su existencia.

Un adelanto en una rama del saber favorece de inmediato a otra; todas se interelaciona, se comunican en un movimiento vital y continuo. Esta unidad del conocimiento y su vinculación estrecha con el medio en que debe actuar, afirma una conciencia del equilibrio humano que toda cultura necesita.

En la universidad se conjuga el esfuerzo de todas las épocas y todas las latitudes. La naturaleza de esta casa de estudios hará posible la participación en ella de toda corriente del pensamiento, de toda ideología, en un marco de respeto recíproco, cimentado en el estudio y en la preocupación por servir al país.

La Ley Orgánica ha dotado a nuestra universidad de una estructura dinámica y flexible que permite una participación intensa y responsable del profesor y del estudiante, en la permanente tarea de renovar los criterios generales y de mejorar y mantener actualizados los planes de estudio.

Toda idea que tienda al mejoramiento de nuestra universidad, que busque un mayor rendimiento, la ampliación de nuestros objetivos y una interrelación más efectiva, será siempre acogida. Es además necesario, para que sea fecunda nuestra vida universitaria, mantener un ambiente académico adecuado que asegure el más alto nivel educativo.

Señores Profesores:

Compañeros Estudiantes:

Iniciemos, pues, nuestras actividades, conscientes de que una auténtica universidad, sólo existe con el paso del tiempo, con una práctica responsable, diariamente afirmada y sin desconocer el especial significado de esta fecha.