Inauguración
RECTORÍA GENERAL

17 de noviembre de 1998.


Palabras pronunciadas por el José Luis Gázquez Mateos, Rector General

Por considerarlo de interés para la comunidad universitaria se reproduce el discurso del doctor José Luis Gázquez, rector general de esta Universidad, en la ceremonia de inauguración de la Rectoría General, el martes 17 de noviembre de 1998.

Es para mí un grato honor darles la bienvenida a este acto de inauguración que resulta muy significativo para la comunidad universitaria. La construcción de la Rectoría General fue pospuesta durante más de veinte años para dar prioridad a las necesidades académicas de las unidades y hoy, después de un esfuerzo financiero y constructivo que ha durado más de un lustro, podemos disfrutar de los espacios correspondientes a las necesidades de gestión, que deben servir al conjunto de la Universidad.

Es por ello que hoy celebramos la coherencia y consistencia de la comunidad con los valores que constituyen la vida académica, donde las actividades de docencia, investigación y preservación y difusión de la cultura tienen primacía en el desarrollo de la institución. Ciertamente esto responde a la mejor tradición universitaria de nuestro país.

Porque la UAM es una Universidad moderna que se mantiene fiel a los valores que han forjado la vida universitaria mexicana: en la visión científica e ilustrada que funda la Escuela Nacional Preparatoria, que forma parte de la renovación liberal de las instituciones nacionales y que desemboca en la fundación de la Universidad Nacional; en la perspectiva humanista que anima al Ateneo de la Juventud y que da vida a la Escuela de Altos Estudios.

La universidad pública del México contemporáneo es una de las instituciones que encarna con mayor fuerza los ideales de justicia, de generosidad y de construcción de una nación renovada donde todos los mexicanos tienen un lugar, oportunidad vital de desarrollo personal y de promoción de los más altos valores de nuestra cultura.

La universidad pública, con sus tres funciones características, donde la difusión de la cultura está vinculada con una misión de compromiso y servicio directo a la sociedad, en la noción de fraguar una mejor vida colectiva, más tolerante, educada, con acceso a los más altos valores de nuestra cultura. Donde su docencia es vehículo para formar a la juventud y preparar a los profesionistas que el desarrollo nacional demanda; docencia que es vocación de servicio y eslabón permanente con el conjunto de las clases sociales que alcanzan un lugar de encuentro en las aulas y laboratorios. Donde su investigación, es condición necesaria para la existencia de estudios de posgrado de calidad, la reflexión y el desarrollo de conocimiento nuevo.

Sin investigación de calidad la Universidad no tiene capacidad para atender las demandas de una sociedad que enfrenta los desafíos de una nueva época y no termina de resolver las viejas carencias que lastran el bienestar de la población. Sólo con investigación de calidad podrá la sociedad satisfacer sus requerimientos de especialistas altamente calificados, de efectiva participación en los procesos de internacionalización, de la constitución de espacios competitivos para el desarrollo tecnológico y la generación de nuevos saberes.

La investigación científica y humanística es la plataforma mínima para que la nación mantenga su soberanía y desarrolle la capacidad para decidir sobre su futuro, en el actual contexto en que vemos surgir la época de la sociedad del conocimiento y sufrimos la crisis de las viejas formas de operación de los estados nacionales. En esta situación las labores de docencia y difusión y preservación de la cultura, adquieren una dimensión de urgencia política y social.

Ante los retos del presente y los desafíos del futuro inmediato la sociedad cuenta con la labor y el compromiso de la universidad pública, que a lo largo de las últimas décadas ha realizado una contribución importante para la vida nacional.

Sin duda, las tareas que ha desarrollado la universidad pública en México a lo largo de su historia conforman un legado importante para la nación. De hecho constituye un patrimonio de la sociedad que toca a nuestra generación, preservar y enriquecer, para sentar los fundamentos del desarrollo futuro del país.

Ciertamente es responsabilidad de nuestra generación cuidar la preservación de la universidad pública y dotarla de los recursos necesarios para satisfacer las necesidades de una sociedad que tiene urgencia de participar de los saberes científicos, tecnológicos, artísticos y humanísticos que en ella se cultivan y difunden. Faltar a esta responsabilidad implica comprometer el futuro de la nación y esto no lo consentiremos.

Preservar y proteger el legado de la universidad pública no supone detener su desarrollo o contemporizar con sus problemas; por el contrario, es necesario mantener una actitud crítica sobre su funcionamiento y de alerta ante las demandas sociales. Ello implica asumir nuevas responsabilidades y someter al juicio de la sociedad los resultados y el balance de su actividad. En una perspectiva que preserve la autonomía de las instituciones; autonomía que tiene por tarea garantizar la libertad de cátedra e investigación.

Conciliar la libertad con la responsabilidad constituye una labor prioritaria para fundar una más sana relación entre la Universidad, la sociedad y el Estado. Es en esta tarea que la evaluación de las actividades académicas ocupa un lugar central.

Mediante la evaluación pública, la sociedad ha de calibrar el valor y la importancia de las tareas de investigación que realizamos.

A través de la evaluación la sociedad ha de reconocer el nivel y la calidad de la docencia con que se atiende a sus jóvenes y se prepara a los profesionistas que la sirven.

Con una evaluación adecuada la sociedad ha de ponderar las aportaciones y trascendencia de las actividades de preservación y difusión de la cultura.

Ello implica fórmulas de evaluación capaces de reconcocer las especificidades de cada actividad, la diversidad disciplinaria y la pluralidad que conforma la Universidad. Estos mecanismos nos habrán de permitir rendir cuentas cabales de los recursos que la sociedad destina a la realización de actividades universitarias.

La comunidad universitaria está comprometida con la sociedad y es responsable ante ella, la sirve al límite de su capacidad y quiere el reconocimiento de su quehacer. Pero tal ejercicio ha de cuidar de la libertad que nutre la efectiva realización de los objetivos universitarios.

La responsabilidad y el compromiso de la comunidad universitaria ante la sociedad va más allá de la adecuada valoración de sus actividades. La Universidad ha de atender, con una clara visión de futuro, las necesidades de una comunidad cada vez más compleja que requiere de mejores servicios en todas las esferas de las actividades académicas. Ello implica conjuntar recursos suficientes para responder efectivamente a tales demandas, en un momento en que el país sufre nuevamente un periodo de recesión económica y de fuerte restricción en las finanzas públicas.

Ante esta situación es fundamental que los diversos actores de la sociedad y el Estado reconozcan que el gasto en educación constituye una inversión necesaria para la creación de la riqueza nacional. Y que se observe con claridad que el costo de oportunidad de las inversiones que no se realicen hoy en educación, se multiplica exponencialmente ya que no es posible su reposición en el corto o mediano plazo. De hecho las experiencias del pasado nos muestran que las carencias del presente sólo podrían reponerse con inversiones futuras de magnitud muy superior. En las propias instituciones, el soporte y restitución de los recursos humanos y materiales que se requieren en la educación superior tienen ciclos muy largos de formación y constitución, donde la restricción actual tiene consecuencias que lastran el futuro. Es por ello que las universidades sufren de una gran vulnerabilidad ante los fenómenos económicos.

Ante la circunstancia económica la Universidad Autónoma Metropolitana habrá de desarrollar una política que proteja su viabilidad institucional y garantice el desempeño académico de calidad. A la par de una intensa gestión ante las diversas agencias del gobierno y la sociedad para el fortalecimiento de las finanzas institucionales.

La situación de la economía nacional agrava las necesidades de la sociedad de mejores servicios de las universidades públicas. En especial, imprime una mayor importancia a las actividades de enseñanza, que requieren de mayor esfuerzo y atención.

En este sentido en la UAM, habremos de desarrollar diversas estrategias de mejoramiento docente que fortalezcan nuestra capacidad de respuesta. En especial hay dos aspectos que requieren de atención, uno es el incremento de la demanda de educación superior y otro el mejoramiento del profesorado.

En la medida en que la Universidad ha logrado la permanencia, madurez y consolidación de efectivos cuerpos académicos, tiene una mayor capacidad para generar nuevas iniciativas para la educación superior del país, muestra de ello es el proceso de expansión de nuestros programas de posgrado, que crecientemente gozan de prestigio y reconocimiento.

En este sentido se están desarrollando acciones para que el posgrado de la Universidad presente a los profesores de educación superior del país programas de calidad, adecuados a sus necesidades y en condiciones apropiadas, de forma que la UAM participe en el esfuerzo que se realiza a nivel nacional por mejorar la habilitación de los docentes.

La Universidad Autónoma Metropolitana tiene su origen en la voluntad del Estado mexicano de atender el crecimiento de la demanda educativa en los años setenta. Hoy habremos de buscar fórmulas para contribuir a satisfacer las necesidades educativas de los jóvenes, de acuerdo a las potencialidades de nuestra planta académica para desarrollar alternativas de formación mediante el uso de nuevas tecnologías. En las tareas de gestación y desarrollo de nuevos modelos educativos la Universidad ha de ser fiel a su impulso original.

La UAM tiene una vocación innovadora desde su nacimiento. El rector Pedro Ramírez Vázquez, a quien esta Institución debe los sólidos fundamentos que la sustentan e impulsan, desarrolló fórmulas educativas de vanguardia. Ejemplo de su voluntad para promover y mejorar la educación superior ha sido la concepción y el desarrollo de las divisiones de Ciencias y Artes para el Diseño, que distinguen a nuestra Universidad y han sido modelo para otras instituciones.

Ciertamente, el rector Juan Casillas García de León dio forma y carácter al diseño original de nuestra Universidad, lo que permitió la rápida consolidación de los programas docentes. El indudable y permanente compromiso del doctor Casillas con la educación de los jóvenes mexicanos forma parte ya del patrimonio de la educación superior de nuestro país.

La Universidad Autónoma Metropolitana ha sido honrada por la presencia del doctor Fernando Salmerón Roiz en su rectoría, la solidez y convicción que caracterizaron su gestión constituyen un poderoso legado que afirma cada día la capacidad de la Institución para dirigir su destino con autonomía y capacidad de gestión. El rector Salmerón está siempre presente y su ejemplo es fuente permanente de aprendizaje para todos nosotros.

Tocó al rector Sergio Reyes Luján formalizar en la reglamentación los mecanismos de ingreso, promoción y permanencia que rigen la vida académica y establecen una plataforma de impulso a la docencia.

El rector Oscar González Cuevas sentó las bases para asegurar la viabilidad de la Institución en el contexto de la crisis económica durante los años ochenta. En tal situación se logró garantizar la continuidad de los planes de estudio y se impulsó la mayor habilitación de los profesores mediante el programa de becas para estudios de posgrado, que constituye una vía para fortalecer la planta académica y contribuye a la mejor docencia en la licenciatura.

Promover y apoyar la permanencia de los profesores y dotar a la Universidad de un sistema de planeación fundado en la participación de los cuerpos académicos constituyó una parte relevante de la labor realizada por el rector Gustavo Chapela Castañares. Durante su gestión se estableció la beca a la docencia como un mecanismo de fomento, se instauró el concurso de libros de texto, que hoy conforma una importante colección que atiende las características específicas de los cursos que se ofrecen en nuestras aulas y se estableció el premio a la docencia.

El rector Julio Rubio Oca, académico convencido de que en la Universidad las actividades de investigación sólo tienen sentido en cuanto fomentan una docencia de calidad, impulsó la reforma y renovación de los planes y programas de estudio, promovió la multiplicación de los programas de posgrado y dio un fuerte impulso a la beca de docencia. Durante su gestión se establecieron las políticas de apoyo y promoción de los cuerpos académicos.

Este breve e incompleto recuento muestra la constante preocupación de la UAM por desarrollar y mejorar la docencia en la licenciatura y el posgrado. Ciertamente ha sido la labor y el compromiso de la comunidad universitaria, la que con su trabajo cotidiano realiza la mayor contribución institucional en la educación de los jóvenes, a ella corresponden nuestros logros más relevantes. Hoy es necesario avanzar en las tareas de docencia, impulsar su calidad y lograr mejores resultados. Esto implica establecer mecanismos más adecuados de reclutamiento y selección de aspirantes, lograr formas de integración de los estudiantes a los programas de estudio que prevengan la deserción y mejoren el rendimiento escolar en los primeros ciclos de estudio. Es necesario que nuestros egresados cuenten con una mejor formación básica, que les permita un desarrollo profesional en un espectro más amplio de actividades. Al mismo tiempo es importante entrenar a los estudiantes en el ejercicio de las destrezas necesarias para un mejor desempeño profesional, en este sentido resulta crucial el dominio de una lengua extranjera y la adquisición de las habilidades específicas de la informática para cada campo.

Es la comunidad universitaria la que habrá de enfrentar con su compromiso y responsabilidad los grandes retos del mejoramiento de la docencia en la Universidad. Para ello será necesario dotarla de las mejores condiciones posibles y establecer mecanismos específicos de fomento y apoyo al desarrollo de las actividades docentes.

La organización departamental de la Universidad constituye una ventaja importante para impulsar el mejoramiento de la docencia pues permite que los especialistas de cada campo converjan en las necesidades de aprendizaje de los estudiantes. Es necesario ampliar la flexibilidad de los planes y programas para permitir primero y luego fomentar que los estudiantes enriquezcan su formación y aprovechen cabalmente las ventajas de la Institución. En el mismo sentido es importante desarrollar iniciativas para que los profesores distinguidos de la Universidad tengan una mayor presencia en la formación de nuestros estudiantes en la licenciatura.

Mejorar la organización de la docencia para ofrecer a los estudiantes condiciones óptimas de aprendizaje ha de ser un objetivo permanente, cuya realización debe involucrar los esfuerzos de todo nuestro profesorado.

Es fundamental generar ambientes académicos más ricos en las unidades; la formación de nuestros estudiantes se ha de acompañar del acceso y contacto constante con los más altos valores de las artes y las humanidades, para ello es necesario coordinar y concentrar esfuerzos, para lograr escalas de acción de mayor impacto y oportunidad. Ciertamente al enriquecer la oferta cultural en las unidades estamos generando un impacto en las comunidades inmediatas a cada uno de los campus, con lo que ampliamos la diversidad de públicos que se benefician de nuestras acciones de difusión.

Estamos convencidos de que es necesario alcanzar una mayor desconcentración de las actividades de Difusión Cultural, al mismo tiempo que las instalaciones y espacios administrados por la Rectoría General han de ser ocupados con mayor intensidad por las iniciativas de las divisiones, los departamentos y las áreas.

Esta política de desconcentración no está limitada a los temas de la difusión de la cultura, es fundamental que las unidades logren una mayor capacidad de gestión, en un modelo donde la Rectoría General realice actividades de planeación, evaluación, coordinación y fomento.

Es por ello que las instalaciones que hoy inauguramos tienen dispuestos espacios para las actividades académicas de las divisiones y los departamentos. En la medida en que las políticas anteriores se desarrollen estos sitios tendrán mayor importancia. Con ello mantendremos nuestra coherencia original de dar prioridad a las actividades académicas. En este sentido este edificio cumplirá su objetivo cuando esté lleno de vida académica, de la vida que ocurre y se gesta en las unidades.

Muchas gracias.