XXV ANIVERSARIO
Palabras del Rector General: José Luis Gázquez Mateos

Palabras del Secretario de Educación Pública: Miguel Limón Rojas

Estimados fundadores de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Distinguidos invitados.
Compañeras y compañeros universitarios.

Es para mi el más alto honor dirigirme a ustedes en esta ceremonia que celebra los veinticinco años de trabajo académico de la Universidad Autónoma Metropolitana.

En el aniversario de la UAM conmemoramos la continuidad del proyecto humanístico que está en el origen de la Universidad, como institución orientada al mejoramiento de la persona, a su formación y desarrollo.

En la historia de la institución universitaria podemos reconocer los valores cruciales de nuestra cultura, en sus transformaciones observar los hitos fundamentales del proceso de desarrollo de la civilización y en la continuidad plurisecular de la institución, explorar las tradiciones que conforman el horizonte occidental.

Ciertamente la Universidad contituye un fundamento clave de nuestra cultura, lugar de cultivo de las ciencias, depositaria del saber, espacio de realización del ideal ilustrado de que el conocimiento es superior a la ignoracia y hace mejores a los hombres.

Es justamente en la tarea de formación de los jóvenes donde se anuda el origen de la Universidad con el desarrollo de la modernidad. En los procesos de secularización que caracterizan a la modernidad aparece un nuevo papel para el conocimiento en el contexto del desarrollo social, primero como valor político y luego como fuerza que anima el crecimiento económico; ello vincula, desde entonces, a las instituciones de educación superior con los proyectos básicos de la sociedad.

Así el carácter de la universidad moderna se finca en el cultivo del conocimiento, en todas sus formas. Donde las tareas de investigación adquieren un lugar central como vehículos para asegurar la mejor calidad de la educación, pero también por el valor que la generación de nuevo saber implica para la sociedad.

La investigación en la universidad moderna se anima por dos polos fundamentales, que se resumen en las figuras de Newton y Pasteur. Uno representante de la ilustración escocesa y otro de la moderna ciencia europea del siglo XIX. Para ambos el conocimiento debía tener como consecuencia el mejoramiento de la vida de cada persona. En el horizonte de Newton, el conocimiento de la mecánica del universo abrió la experiencia humana a una perspectiva secularizada del destino del hombre. En la perspectiva de Pasteur, la microbiología fue, además de la apertura de una nueva dimensión del universo, un instrumento que impulsó los procesos de fermentación en el mundo industrial y el desarrollo de la farmacia.

En ambos casos el cultivo del saber no solo resulta un valor en si, contituye la fuente que trasciende la aventura del conocimiento y tiene impacto directo en la vida colectiva. La diferencia se sitúa en el ámbito de la forma como el conocimiento se vincula con el desarrollo de la vida social. En uno es valor que colabora con la mejor comprensión del sujeto, en el otro es una poderosa fuerza que directamente actúa en el bienestar de las personas.

Esta doble característica hace que la educación que ofrecen las universidades se nutra de un doble compromiso, por una parte en la habilitación de profesionales que reúnen las más altas destrezas de su disciplina y por la otra en la formación de personas cultas, que comparten un universo de valores, participan en la construcción de la vida social y colaboran con el bienestar colectivo. Ello se resume en la meta de formar profesionales cultos.

En el aniversario de la Universidad Autónoma Metropolitana se celebra la permanencia secular de la institución universitaria, por la fidelidad de nuestra casa abierta al tiempo con los valores y compromisos de la vida académica. Ello más allá del campo de las ideas, en el espacio de la costumbre del trabajo académico, que es donde se finca el carácter de nuestra institución.

Porque la UAM es el resultado del trabajo de una generación de mexicanos comprometidos con la enseñanza. En ella ha cristalizado el esfuerzo colectivo de una comunidad plural que finca el cultivo del conocimiento su convicción de que es posible un mejor futuro.

Nuestra universidad nace y se desarrolla como conjunción de esfuerzos colectivos. Encara sus desafíos mediante la constelación de los talentos que la pueblan. Por ello, es una obra humana que vive su tiempo de manera intensa y comprometida, y también sabe reconocer su pasado y atisbar en las señales del porvenir. La universidad, por lo tanto, es tiempo y es memoria, es compromiso con el presente y propuesta para el futuro.

Así la UAM nació con vocación de innovación y cambio, fiel a la tradición, pero alerta a la necesidad de establecer nuevos modelos institucionales que permitieran el mejor desarrollo del trabajo académico.

La fundación de la Universidad Autónoma Metropolitana implicó transitar por experiencias inéditas en México. La organización departamental, la desconcentración funcional y administrativa, la colegialidad del gobierno y la horizontalidad de las estructuras, la figura del profesor de tiempo completo que desarrolla simultáneamente actividades de docencia e investigación, la creación de ambientes académicos que propician la interacción multidisciplinaria en las funciones sustantivas, son sólo algunas de las características que representaron la novedad institucional.

Todo ello implicó construir la universidad desde nuevas bases, establecer líneas de desarrollo y modelos distintos a los existentes. La vocación y fuerza de los fundadores fue puesta a prueba y logró superar grandes dificultades. A todos ellos expresamos nuestra gratitud.

La Universidad Autónoma Metropolitana a lo largo de su historia ha acompañado grandes cambios en la vida nacional, en el plano político, economico y social. El horizonte de su desarrollo ha sido dinámico y ha implicado un gran esfuerzo de adaptación. Asegurar su viabilidad financiera en situaciones de crisis económica, fortalecer su autonomía y mantener su capacidad para autorregular su vida académica han sido logros importantes. Como también lo es la defensa de las facultades de sus órganos colegiados y la afirmación constante del valor de la educación pública.

Ha sido un proyecto exitoso en la Universidad, la profesionalización de sus actividades sustantivas. La consolidación de los cuerpos académicos forma parte de sus políticas fundamentales. Todo ello en un esfuerzo para la mejor formación de profesores capaces de realizar las labores de enseñanza, investigación, preservación y difusión de la cultura. En especial la habilitación para una docencia de mayor calidad, en el supuesto de que la mayor formación académica favorece el mejor desempeño docente.

Hoy es nuestro privilegio reconocer públicamente el esfuerzo de todos aquellos que participaron en la tarea de hacer de la UAM una sólida Universidad Pública en México.

Celebramos a los fundadores por la magnitud de la obra que enfrentaron, por el enorme esfuerzo y vitalidad invertida. Su compromiso fue fundamental para que la institución funcionara desde su arranque. En particular, en los difíciles primeros días, en que los servicios eran precarios, las comunicaciones deficientes y cuando día a día se presentaban nuevos retos prácticos que se debían de resolver en el momento.

El éxito de las tareas fundacionales de la universidad nos permite mantener una actitud optimista sobre el futuro de la institución, su capacidad para enfrentar los problemas y mantener su fortaleza académica.

Al encarar los retos del presente es imperativo que reconozcamos, la urgencia de mirar al futuro. La acelerada dinámica de la realidad nos obliga a organizar nuestro quehacer en las coordenadas del devenir de nuestra sociedad. Es fundamental que hoy nos demos a la tarea de construir una organización capaz de aprender de su historia y de sus condiciones, para establecer nuevas vías para su desarrollo.

Vivimos una época en que el conocimiento constituye una fuerza productiva que es fundamental para la generación de la riqueza de las naciones. Ello implica una nueva centralidad para las instituciones universitarias que han de ser capaces de participar activamente en el desarrollo de la sociedad. La tarea primordial es ciertamente la educación de los jóvenes profesionistas, el desarrollo de su talento y su formación. Pero también supone una mayor relación con los sectores productivos y una más fuerte colaboración en los procesos de generación, aprobación y adaptación de tecnología.

Sin lugar a dudas la docencia es la pieza clave del futuro de la universidad mexicana, ello no resulta nuevo, está en el origen de la institución. Lo novedoso es la trescendencia de las acciones educativas, su complejidad y la magnitud de las demandas de la sociedad.

La formación de los jóvenes constituye el objetivo inaugural de la institución universitaria, que a la vez le da forma y contenido. El encuentro generacional imprime desde el medioevo un sello particular a la vida de las universidades, cuya fuente la podemos rastrear hasta el gimnasio griego. Exponer a los jóvenes a la experiencia del conocimiento en sus formas superiores y participar en la configuración de su estructura moral resultan labores esenciales que definen los desafíos de la Universidad en el futuro.

Hoy la educación de los jóvenes presenta retos inéditos, vinculados con nuevas necesidades de formación moral y de proyectos de futuro, en un horizonte cultural que se caracteriza por la relativización de los valores y la crisis de los grandes discursos.

Fiel a su objetivo original la Universidad ha de ofrecer a los jóvenes de nuestra sociedad plataformas axiológicas, sustentadas en los valores propios de la vida académica, que les permitan un pleno desarrollo de sus potencialidades y los habiliten para un mejor desempeño de la vida social.

Ello implica reconocer y profundizar en la dimensión ética de la universidad. Son componentes básicos de la universidad valores tales como la libertad y la responsabilidad, que resultan ejes constitutivos de la persona, la crítica racional, la toleramcia ante lo diverso, la convivencia plural, el diálogo civilizado, la convicción de que el conocimiento es superior a los prejuicios y por encima de todo el respeto por la persona humana y su dignidad. La universidad no se puede excusar de esta responsabilidad formativa frente a los jóvenes, sin renunciar a su propia naturaleza.

El escenario de esta formación moral está situado en las prácticas que constituyen a la universidad, en el desempeño de los cuerpos académicos, en la intensa vida colegiada que la caracteriza, en la pruralidad de su conformación y en el ejercicio constante y reponsable de la libertad, en la cátedra y en la investigación.

Al formar a los jóvenes en los valores de la universidad se cumple una responsabilidad pública fundamental, al tiempo que se realiza una contribución significativa en el desarrollo de una mejor vida social.

Las tareas de la vida académica están sustentadas en la posición optimista de que el conocimiento, su constante crítica y revisión, es un vehículo del perfeccionamiento humano, un instrumento del proceso de civilización que hace posible constituir formas superiores de convivencia y de establecer una mejor calidad en la vida de la sociedad. Renunciar a este discurso, y los valores que le son propios, en aras de un escepticismo radical y excluyente, elimina el sentido histórico de la universidad y deja vacío de contenido su quehacer cotidiano. En este sentido, en la medida en que la universidad forma a los jóvenes en el cultivo del conocimiento, les ofrece la alternativa de considerar la contrucción del futuro, como un compromiso personal con la sociedad en su dimensión más amplia.

No sólo se trata de contibuir en la conformación de una sociedad más educada, sino de establecer las bases que sustenten el desarrollo nacional en los nuevos contextos. En nuestro país resulta cada vez más cierto que el futuro de la nación se resuelve en una carrera desigual entre la educación y la catástrofe. Puede parecer extrema esta observación, pero el desafío de ampliar y mejorar la educación superior de los mexicanos constituye el mayor reto que habremos de enfrentar como país en los próximos años. Del éxito que tengamos en tales labores dependerá el futuro.

En esta situación la defensa de la universidad pública constituye un valor fundamental. Defendemos la universidad pública con la fortaleza de la vida académica, con el desarrollo de una educación superior mejor y de mayor calidad, con excelencia en las tareas de investigación, con la ampliación y superación de las labores de difusión y preservación de la cultura.

México, vive una época de cambio, de grandes necesidades y tremendos desafíos.

Los invito a que celebremos el XXV aniversario de la Universidad Autónoma Metropolitana, renovando nuestro compromiso con nuestro país, desde los principios de la vida académica, en el trabajo cotidiano, donde se han forjado las mejores tradiciones de nuestra institución y con la certidumbre de que habremos de alcanzar nuestros más ambiciosos objetivos.

Muchas felicidades a los fundadores de esta gran institución. Muchas gracias.