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Sabemos la identidad de la modelo de Herrán, por una nota a la segunda

edición de

La sangre devota

, volumen preparado por el propio autor y que no llegó

a concretarse mientras vivía.

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En poco más de una cuartilla, amén de manifestar su

credo sobre “la inmutabilidad” de los textos publicados en libro, el poeta nos hace

dos revelaciones femeninas: la de Josefa de los Ríos (1880-1917), mujer que en vida

encarnó el nombre poético de Fuensanta y el de Angelita Díaz de León, ¿la mu-

chacha enlutada con la iglesia de Churubusco de fondo? El párrafo final del texto

velardiano, leído una y otra vez, me deja dudas y ambigüedades; lo reproduzco aquí

para una mejor disección:

En la portada de la edición anterior, Herrán copió una figura femenina y la

iglesia de Churubusco. Paréceme de justicia, dentro de la recta continuidad

espiritual de que he hablado,

mencionar

aquí a Angelita Díaz de León, para que

viva lo que mis versos puedan defenderse de la capa del polvo del tiempo.

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He consultado aquí y allá alguna noticia sobre esta mujer. El apellido compuesto,

“Díaz de León”, tiene origen y asiento en las regiones convergentes de los estados

de Zacatecas, Aguascalientes y Jalisco. Vacilé por un momento con la posibilidad de

que podría ser hermana o pariente del reconocido pintor y grabador hidrocálido

Francisco Díaz de León (1897 - 1975). La lectura de un artículo suyo en honor a su

mentor Herrán no me dio elementos para estructurar mi supuesto.

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Revisando los

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El libro tardaría 24 años en publicarse bajo el sello de Editorial Cvltura con tiraje de dos mil ejemplares

y con colofón del 2 de junio de 1941, en la víspera del vigésimo aniversario de la muerte del poeta. Cubierto con

una camisa traslúcida de papel de china, la elegante segunda edición de

La sangre devota

, tributo de su viejo

amigo de andanzas tipográficas, Agustín Loera y Chávez, añadía a modo de frontispicio una de las mejores

fotografías de Ramón López Velarde. El retrato oval en cuestión se ha reproducido, en infinidad de ocasiones,

con un pie de foto equívoco o vago; Guadalupe Appendini lo ubica “en la adolescencia” mientras Elena Molina

y Guillermo Sheridan anotan 30 años de edad. Vía el cotejo fisonómico de otra fotografía de 1913, tomada

durante su estancia de varios meses en San Luis Potosí, es dable ubicar también ese retrato ovalado en esta

época cuando el poeta contaba con 25 años. Es una foto de estudio, con el retoque de rigor, ideal para que una

novia la guarde en su libro de catecismo o en su tomito de octavo de

Imitación de Cristo

.

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Esa cuartilla y media, el poeta la escribió de su puño y letra, subrayando algunas cursivas que se

reproducen en las ediciones de 1941 de Cvltura y en el apartado de

La sangre devota

de

Obras

(FCE) de 1991;

en esta última, el editor José Luis Martínez deshizo —creo que correctamente— un mínimo entuerto de la

redacción del texto del párrafo aquí citado; tal situación me hace suponer que el texto no estaba del todo con-

cluido. Ese ese papel manuscrito, dudaba el bardo anotar “por” en lugar de “dentro” y seguramente el adjetivo

“recta” no lo convencía cabalmente y fue sólo dejó anotado “rec.” Por otra parte, el verbo “copió” me lleva

a pensar que Saturnino Herrán no realizó el retrato del natural con la modelo en su estudio de Mesones. ¿La

retrataría a partir de una fotografía? Por lo que refieren alumnos y visitantes del taller, el maestro gustaba de

dibujar y pintar con modelos posando y vistiendo atuendos específicos. ¿Para este caso haría una excepción?

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Este artista vendría a la Ciudad de México, en marzo de 1917, para continuar sus estudios en la

Escuela Nacional de Bellas Artes donde tomaría clases de dibujo y óleo con su paisano Saturnino Herrán.

En el artículo “Saturnino Herrán. Recuerdos de un discípulo”, Díaz de León recuerda su trato con un ya

debilitado artista que agotaba su energía vital en la enseñanza y en la pintura; y por supuesto, en esos re-

cuerdos sale a cuento el poeta de Jerez a quien conoció precisamente en el estudio de Herrán, en compañía

de los escritores de la revista

Pegaso

. En ese texto publicado en el número 7 de la revista

México en el