Tiempo en la casa No. 68 • mayo-junio 2021

13 Wendy miró a Campanita revolotear alrededor de El Cocodrilo y supo que ella lo había llamado. Fue la primera y última vez que hada y niña se sonrieron. El resto fue pura celebración y aquí sería nuestro deber decir que todos fueron felices para siempre, pero no sería preciso. Digamos pues la verdad: todos hicieron cuanto estuvo en sus manos para ser felices. El pueblo necesitaba tiempo para sanar sus heridas y Wendy quiso regresar junto a su madre para ayudar a curarlas. Así que la despedida tuvo que llegar. —¿Vas a recordarme, Peter? —preguntó Wendy con una impertinente lágrima bajando por su mejilla. —Siempre —respondió el niño quien, igual que el resto de los niños perdidos, aceptó la invitación de El Cocodrilo para convertirse en pacificadores como él. Eso sí, con la condición de que nunca, jamás, serían obligados a crecer. Por otro lado, Wendy sí creció y se olvidó de las hadas. Incluso llegó a pensar que el Garfio había sido una pesadilla porque, en aquel apacible pueblo, ya nadie recordaba los días de guerra. Wendy se olvidó de casi todo, menos de Peter. ¿Y él? ¿La recuerda? Mejor no preguntarle. Los niños son los más valientes pero tienen mala memoria. Y así sucederá siempre, siempre, mientras los niños sean alegres, inocentes… y un poquito egoístas. 3 1 J. M. Barrie, Peter Pan y Wendy , ilustraciones de Mabel Lucie Attwell, Ed. Juventud, vigésimo segunda edición. Barcelona, 2000.  2 Ídem . 3 Ídem .

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