El otro día vi un ensayo de "La
Luna en Escorpión", la nueva obra de Carmina Narro. Mientras la
veía trataba de elaborar una idea en mi cabeza, ya que iba con la
consigna de escribir este texto. No pude pensar en nada, porque, afortunadamente,
uno no puede reírse a carcajadas y pensar con claridad. Y tampoco
es posible analizar algo mientras se está asustado o conmovido.
Sin embargo, minutos después de que concluyó el ensayo, vino
a mí la siguiente idea: el ser humano es ridículo por naturaleza.
Tal vez porque es el único animal capaz de concebir el ridículo.
Y el simple hecho de concebir algo que nos hace sentir tan mal respecto
a nosotros mismos ya es, de por sí, ridículo. Unos días
después, vi a un tipo tropezarse con una cadena y caer de bruces.
Entonces recordé la primera obra de Carmina, "Recuerdos de Bruces".
Han pasado muchas obras desde entonces y creo haberlas visto todas, lo
cual es un privilegio, ya que me ha tocado presenciar el desarrollo de
quien yo considero, página tras página, montaje tras montaje,
como la mejor dramaturga de mi generación.
La primera impresión que causa Carmina
es miedo. Tiene' una mirada muy intensa y una voz grave y habla golpeadón,
como buena norteña (es de los Mochis, Sinaloa).
Pero basta oírla reír para darse
cuenta de que se está ante una mujer adorable. Su primera obra era
exactamente como es ella. Pero conforme ha pasado el tiempo, sus textos
se han vuelto su espejo, es decir, la retratan al revés. Primero
es la risa y después la intensidad y el miedo. Y así es "La
Luna en Escorpión".
Para su autora, el tema de esta obra es la envidia.
Tiene razón, empezando porque la brillantez de sus diálogos
me dio envidia. Pero además de la envidia, "La Luna en Escorpión"
también se trata de la autocompasión, de la dignidad -o más
bien de la pérdida de la misma -y de otras mezquindades que todos,
sin excepción, somos capaces de sentir.
Cada vez que veo una obra escrita y dirigida
por Carmina Narro pienso que sus personajes quisieran ser sofisticados
como franceses y civilizados como suecos, pero, pobrecitos, no pueden.
Siempre vemos sus aspiraciones caer de bruces, irse al suelo al tropezar
con la cadena de sus propias limitaciones. Son algo y creen ser otra cosa
muy distinta y eso es ridículo. Y como en todas las obras de Carmina
Narro, es muy, pero muy divertido.
Damas y caballeros, si ahora mismo están
leyendo este programa de mano, los astros están de su lado, porque
quiere decir que están a punto de ver "La Luna en Escorpión".
Si la disfrutan la mitad de lo que yo la disfruté,
van a pasarse una velada inolvidable.
Sergio Zurita