La Universidad Autónoma Metropolitana tiene 
el honor de invitar a usted a la exposición 
Primera Impresión de Julio Farell
 
 


Calle sin nombre, técnica mixta, 100 x 70 cm.


  Algo primordial en la obra de Julio Farell es que se despliega en el tiempo. En las capas de color de las descarapeladuras de un muro se condensa el transcurrir, la vida de sucesivas generaciones. Por las puertas solitarias de Julio entran y salen historias; por ello su pintura escultórica no necesita la figura humana: ésta se encuentra implícita en los hechos estéticos desnudos. No puede uno eludir pensar en las posibles gentes que atravesaron las puertas. El espectador pone en las piezas de Farell sus figuraciones humanas. 
 

Con esta ya larga etapa del registro de las cosas de edificios y casas, Farell ha conseguido dos intereses: su inevitable abstraccionismo y el realismo testimonial. En un acercamiento -close-up- a medio tubo oxidado que baja como desagüe sobre la pared húmeda, se pierde la referencia realista. El trozo de metal, el fragmento de pared, el óxido y el musgo, siguen ahí pero el cuadro se lee de manera abstracta. Al fusionar abstracción y realismo, el artista satisface su íntimo, impulso creativo. 

Otra mezcla importante en Julio Farell es la de la pintura con la escultura. Sus altos y bajorrelieves dan una especie de cuerpo sin perder la planicie. Este arte podría denominarse esculto-pintura, o más justamente pintura escultórica. Por ello, en el trasfondo de la estética farelliana, se encuentra la visión arquitectónica, tanto en sus piezas monumentales como en las de menor formato. No es ajena al pintor la influencia de la escuela catalana, en especial los registros de Tàpies. Tampoco niega la de Picasso ni la de Mondrian. Este reconocimiento implica una nueva combinatoria entre la abstracción y los testimonios rugosos de las calles de Cataluña. Pero lo importante es que Julio Farell ha logrado construir su propio lenguaje, sus muy propios recursos.


Myconos, técnica mixta, 
152 x 102 cm.

La obra de Farell depende de la elaboración precisa y diversa de texturas, lo que habla de la amplia y profunda habilidad del pintor. Semejar las betas de la madera desgastada, el desgarrón en un muro, la planicie de la vieja puerta metálica, todo ello está soportado en la textura. Ante un cuadro de Julio Farell no se puede rehuir reflexionar o imaginar. Al encontrarse ausente la figura humana, el espectador está en soledad frente a la pieza. Ya solitario, ensimismado, puede comenzar el diálogo interior y suponer las historias condensadas en la pintura escultórica. Ante la puerta, a uno le vienen deseos de entrar, o tiene la sensación de que en el recodo donde está una escalera acaba de subir alguien. La relación entre espectador y pintura se convierte así en un vínculo orgánico.

Guillermo Samperio


 

Jueves 14 de octubre
a partir de las 19:30 horas en
la Casa de la Primera 
Imprenta de América
Vino de honor.
Primo Verdad No.10, 
esquina con Moneda, 
Centro Histórico