GRADO
CERO
Ery Camara
Enero 2001
Punto y aparte es el título
de una de sus obras ¿Que hay aparte del punto? Hacia allá
nos lleva esta exposición de Ambra Polidori. La exploración
inteligente de la vasta red simbólica que constituye el lenguaje
artístico, abre itinerarios cuyas fronteras desaparecen cuando la
necesidad de un auténtico diálogo se hace sentir. En
su lugar, el pensamiento creativo y la sensibilidad se hacen presentes
y promueven transformaciones en la naturaleza como en lo más profundo
de los seres humanos. Las escalofriantes realidades que mudan en la obra
de Ambra, nos obligan a una nueva toma de conciencia acerca de las sutilezas
y los obstáculos situados por imperceptibles que sean, en la confrontación
de la violencia y la paz, la vida y la muerte, la memoria y el olvido,
la indiferencia y el compromiso.
Su insistencia en la reformulación
y la transgresión de actitudes, conceptos y parámetros para,
a través del arte, adentrarnos en esta cruda realidad que incumbe
a todos, desenmascara los turbios maquillajes que opacan la fluidez de
la elocuencia de los sucesos. La configuración del espacio
que ella explora como medio de expresión, representa una simbolización
de nuestras relaciones con signos, objetos, hechos y mitos que pueden llegar
a colmar nuestras ausencias o nos sirven de pautas de valoración.
Nuestras aproximaciones a sus significados dependen de qué tan conscientes
estamos del contexto en el que tienen vigencia y con qué creatividad
facilitamos su discernimiento y su mayor expresividad a través del
arte.
A nadie conviene ser el
heredero o el testigo pasivo de una memoria impuesta, por eso, transitando
por esta exposición, cabe preguntarse ¿Desde que referencias
o enfoque interpretamos los mapas, las ideas recibidas, las guías,
las estructuras institucionales y las noticias que nos informan acerca
de los sucesos locales o de los fenómenos globales? Importa mucho
saber desde donde y quien emite los contenidos y cuales son los intereses
que motivan a notificar los hechos. Con el monopolio de la información
en una sociedad de consumo como el nuestro, la sofisticación mercadotécnica,
desecha lo que la artista recupera y trastoca para alumbrar las huellas
catastróficas que despiertan perplejas paradojas ante los ideales,
las utopías y las contradicciones. En sus obras, las yuxtaposiciones
y los contrastes son grietas o márgenes cuyo substrato estimula
confrontaciones que evidencian la vulnerabilidad, la brutalidad, la fragilidad
de la supuesta racionalidad que nos distingue o la atrocidad de tantos
padecimientos. El peligro que representa la parálisis de la
sucesión vertiginosa de hechos y acontecimientos o la fosilización
que no pasa desapercibida por negar el porvenir y los sueños, aparece
frecuentemente en este recorrido.
No seria atrevido de mi parte comparar
la belleza de estas imágenes con el despertar de una conciencia
o el destello de una satisfacción. Ambra revela con
sus intervenciones estratégicas, los secretos que ocultan el exceso
y el abuso que de manera abrumadora, acaparan hasta el tope el escenario
bélico, el soporte de muchas represiones y las fronteras del deterioro.
Ella teje afinidades ubicadas de manera sutil en las asociaciones de imágenes,
aforismos, fragmentos, signos y otros recursos que reconfiguran hechos
reales en reclamos originales. De esta manera, se nos manifiesta el derecho
de cuestionar las actitudes frente a tragedias que empañan lo que
nos ha prometido el modelo de progreso y así poder reconsiderar
a partir de estas intervenciones e interacciones, la resistencia y la vulnerabilidad
del testimonio que nos procura intuiciones e indagaciones cautivantes en
esta secuencia que nos propone la exposición.
El impulso de las libertades artísticas
siempre ha subvertido muchas formas de percepción, lo cual ha permitido
mutaciones de relaciones y espacios prefigurados antaño por ideas
heredadas, expropiaciones arbitrarias, medidas hoy caducas o por sabias
reflexiones no fácilmente neutralizables que inducen las revisiones
ineludibles. A su vez la tecnología ha permitido a los medios masivos
la posibilidad de explotar las imágenes, valiéndose a menudo
de los recursos artísticos más vanguardistas. El sentido
opuesto también ocurre en las técnicas que han adoptado
los artistas para contrarrestar la anestesia del aburrimiento o del mal
gusto.
¿Hasta donde llegaremos
con la mediatización y la estetización de los hechos o la
espectacularización del drama humano en su forma más violenta
que presencian con indiferencia millones de seres gracias al maquillaje?
La disolución de fronteras entre la ficción y la realidad
hace que la saturación obstruya la percepción sensible de
lo que revelan estas imágenes. Entrampado entre la intimidación
y la glorificación, el modelo modela la cultura solo a favor del
consumo. ¿Y quien dicta este modelo? Una ínfima minoría
que se reparte el botín de las masacres perpetrados, mientras la
mayoría acumula tristeza y frustaciones dolorosas.
¿Cómo reciclar las
noticias para rescatar de la saturación lo que asociado con
una máxima o sin más, y a partir de una recontextualización,
desate una interacción con quien las restaure conceptualmente? Las
delimitaciones provocadas por las manipulaciones especulativas, trivializan
o simplemente disfrazan la crudeza de situaciones agobiantes. Provocar
y combatir la incertidumbre en estas circunstancias, es sacudir violentamente
con crudeza inigualable una realidad mediatizada, notificada en las pantallas
o en las primeras planas o en los discos. Esta operación permite
cruzar obstáculos y permanecer integro y comprometido en la experiencia
que vivimos. Nos motiva a superar sentimentalismos para ubicarnos en el
terreno de muchos cuestionamientos que acompañan nuestro encuentro
con la obra de Ambra polidori.
Perder la oportunidad de
restaurar el orden, la paz y el bienestar social, aniquila crecientemente
nuestra capacidad de detenernos ante la singularidad que no se generaliza,
ni se agota como un hecho consumado. Al someter la reproducción
del sonido o de la imagen a lecturas que trasciendan lo circunstancial
de sus detalles, arranca en el espacio de la exposición, un proceso
creativo contagioso que invita a reubicar lo percibido en un registro consciente
que plantea otras medidas ante lo terriblemente presente. Punto aparte
no es una sentencia radical, ni es lo absoluto, es la evidencia de hondas
discrepancias ante el modo de transcurrir de los hechos que archivan
las agencias noticieras.
Los reacondicionamientos que elabora
Ambra tienen el privilegio de exhibirse en una galería, un catálogo
o un CD rom, esta situación trae a la discusión esta red
o encrucijada de versiones que discuten los procesos o los espacios de
legitimación del arte y las polémicas en torno al lugar
especifico que ocupa, no importa de que lado de la frontera impuesta. Son
temas que incursionan en el discurso del arte contemporáneo con
la conquista de una atención más concentrada en lo que artísticamente
se desprende de su insoslayable realidad. Sacuden los prejuicios que pretenden
inhibir la libre circulación de las ideas.
Entre la percepción y la
interpretación, se articulan traslapes que se recorren en este intercambio
atento a un constante cuestionamiento que atraviesa la sala irrumpiendo
por las obras. ¿Quién une el sentido de tantas coyunturas?
¿Son suficientes las grietas resanadas, las cicatrices resarcidas
o las huellas recogidas? ¿Cómo se repara el accidente? ¿A
poco restituye este intento lo perdido? Asomarnos al abismo que desentrañan
los abortos de todo tipo y los aciertos que los resaltan, libera de la
enajenación avasallante. Descender al grado cero, al filo de un
peligro desbordante que acecha la vida en la tierra. La insatisfacción
no da la espalda, al contrario se evidencia. Su presencia no muestra ni
color ni forma, las convierte en el clamor de los reclamos silenciosos
pero no quietos, sabe distanciarse de las noticias para volverse un espacio
de transmutación, un proceso que cataliza reinterpretaciones centrífugas.
Concurren en ella, aspiraciones que se diseñan en circunstancias
contrastadas por las sugerencias propias más que por las atmósferas
de estos escenarios.
Pero cuando la inestabilidad y
la intolerancia nos cambian el patrón de vida, nuestra realidad
adquiere una nueva geometría, cuyos linderos improvisados o espontáneos,
rompen esquemas e innovan estrategias que sacuden los usos y costumbres
superados. Perseguidos, refugiados y emigrantes son cicatrices que difícilmente
la cirugía globalizadora o la red cibernética pueden restañarle
a la humanidad, La urgencia de soluciones menos drásticas en cambio,
nos evitaría tanto suplicio. ¿Cuantos reclamos de los que
aquí oscilan en el halo de estas miradas víctimas, siempre
amenazadas por la explotación, podrían haberse evitado sin
derramar tanta sangre?
Lo árido y estéril
de rastros y ríos surcados por seres abatidos por la impunidad
de tantas dictaduras blandas o rígidas, enmarca seres vivos con
ensueños cuyo pulso apenas late en la duda. Las víctimas
amputadas, desplazadas o humilladas en sus migraciones forzadas, generan
mapas ignorados por la voracidad de ciertos globalizadores. Despojos, huérfanos
con vidas truncas a quienes ninguna respuesta resucitará los padres
o los hermanos inquietan nuestra tranquilidad y confianza ¿Por qué
todo esto? La reverberación de los círculos concéntricos
no es el blanco que no hemos atinado sino la mirada inocente de los niños
a quienes no hemos podido contestar acerca del carácter beligerante
de nuestra civilización.
Al fomentar una cultura de resistencia
frente a las tentaciones perversas o la ceguera virtual a la que
nos acostumbramos peligrosamente, la exposición se desenmarca
al igual que las obras y su autora, para establecer correspondencias en
el exilio de estas vivencias. La energía traslúcida que anima
su recorrido arroja propuestas irresistibles al intelecto y a la sensibilidad.
Espero que al final, nadie pueda justificar las limpiezas étnicas,
los genocidios, la guerra, la pobreza creciente de la mayoría de
la población planetaria y el poder de la violencia que niega paz
y bienestar social a todos.
La Crónica
25 de marzo de 2001
Punto y aparte
Miriam Mabel Martínez
rado
cero es un llamado de atención. Es, también, un cuestionamiento
sobre la postura del observador que vive cotidianamente la violencia sin
percatarse de ella o quizá asumiéndola como un sino natural
—sin entrever cómo el manejo de ésta oscila entre los límites
de la realidad y la ficción. Los medios de comunicación,
en buena parte, se han encargado de convertir muchos acontecimientos en
espectáculo. Esta exposición es la respuesta de la artista
Ambra Polidori a la banalización creciente de los hechos sociales.
¿Qué sabemos de cierto de los conflictos bélicos?
¿Cómo diferenciar el juego de la tragedia?
Esta muestra está
montada de una manera tal que rodea (o abraza) al espectador. No se puede
huir, una vez adentro no queda más que continuar. Aquí es
imposible accionar el control remoto y cambiar de canal. No queda más
remedio que la confrontación.
La
primera parada es una invitación a escuchar. Del techo penden audífonos
y ahí empieza parte de la historia. El audio es una plática
entre unos periodistas y unos soldados (“¿Sólo lo interrogará,
verdad?”). En esta sala, los sentidos empiezan a afilarse, ¿quiénes
son los protagonistas? ¿A qué le temen?
La
siguiente parada es la proyección de un video (Punto y aparte)
dividido en dos. Al principio aparecen imágenes de una pelea
de box con unos subtítulos fuera de lo común. Le sucede una
secuencia sin sonido: un rehén, unos soldados y unos periodistas...
La violencia invade la mirada y entonces el espectador conecta estas dos
primeras paradas en una misma vivencia.
Después,
fotografías digitalizadas que retoman escenas de acontecimientos
brutales (en especial retoma las matanzas de Bosnia y Chechenia) y arma
rompecabezas y hace unas especies de analogías o contraposiciones
con la cotidianidad y con referencias literarias (particularmente de Jean
Baudrillard, Charles Baudelaire y Víctor Hugo). Los brazos de una
mujer convertidos en troncos... Lo más interesante de esta parte
de la exhibición, no es la técnica, ni los aciertos formales
en la composición, ni en el uso de la tecnología, sino el
equilibrio entre lo emotivo y lo conceptual, y la precisión de la
imagen que existe justo en el borde de lo real y lo ficticio. El espectador
es quien finalmente decide qué creer. Las piezas denuncian situaciones
concretas pero también hacen una alegoría a la mediatización.
¿Cómo reconocer la verdad?
En
la actualidad, la realidad virtual, la globalización, la mediatización
de estrategias, afectan directamente el concepto de verosimilitud. Hemos
logrado que cualquier suceso sea simultáneamente posible e imposible,
como si la vida se hubiera convertido en una cita perpetua de Ángel
González: “Yo sé que existes porque tú me imaginas”...
De la misma manera pareciera los conflictos, los brotes de violencia, las
guerras, fueran simplemente parte de un show.
Grado
cero es un desafío, es una crónica de lo indecible, una
crítica a la actitud de los medios de comunicación y del
espectador, hace evidente la relación simbiótica enfermiza
entre éstos. Recurre a los mismos vehículos informativos
(fotografía, video, audio) para darle un enfoque que toque más
que el morbo, la sensibilidad. Esta muestra es fuerte, golpea al espectador
que no puede dejar de ver ni oír lo que está ahí.
La realidad montada en una enorme instalación para conocimiento
de los que la niegan, y dividida (para la digestión visual) en la
instalación sonora Este lado, la videoinstalación
Cuatro milímetros, 33 segundos, el video Punto y aparte
y diez fotografías digitalizadas en gran formato. Además,
Grado cero también podrá consultarse en un CD-ROM
realizado ex profeso.
Para
Ery Camara, el curador de la muestra, una de las búsquedas fue el
conseguir “una secuencia que modulara y dosificara las intensidades...
Grado cero no es un laberinto con un sentido unilateral o unívoco.
El visitante podrá experimentar una ‘inmersión total’ que
lo lleve a dilucidar sobre el contenido de las imágenes”..
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