Una materia atemporal Gabriela Gutiérrez
fija sobre la tela de sus cuadros actuales una cuadrícula suspendida
sobre el espacio, visible y algo esfumada a un tiempo, que crea al espacio
convirtiéndolo en un lugar de ficción y de tumultos secretos,
asomos de convulsiones cerrados al observador por el trazado cuadricular
que no obstante se sospechan, emergen entre líneas, entre la trama,
apenas perceptibles, contenidos por y debajo de la trama. Esa ordenada
trama de cuadrados en sucesión horizontal y vertical, como sintagma
y sucesión de sintagmas no develados, de frases que al no dejar
leer nada descubren todo y nada, red formada por ese elemento esencial
de la geometría (y detrás de la geometría el cosmos,
aprehendido e inapresible) que es el cuadrado, posee otra función:
actúa como superficie, volátil, móvil y simultáneamente
estática, como plano sobre el que se apoya, o también se
suspende, gravitante, el núcleo principal del cuadro que es único
núcleo y es otro momento de ficción, una ficción entrelazada
con lo real, pero con una realidad intangible que la pintura transforma
en visibilidad y en una extensión táctil. Y allí,
en uno de los cuadros, copia la forma de un objeto de su taller, una regla,
para a partir de ahí desplegar, mediante la propia invención
formal, una parodia de investigación alquímica. Que no es
parodia, son cosas esenciales brotadas de la vieja sabiduría oriental,
puestas ahí para recrear, volver a crear las formas nacidas a partir
del sismo de la modernidad y traducidas en una articulación pictórica
tan clásica como contemporánea, pero sobre todo contemporánea
y, sustancialmente, atemporal. Todo ello a partir de la ausencia de cromatismo
engarzado por el blanco y el negro, que es otra forma de atemporalidad,
o de sustracción de lo real para enlazar una realidad otra, detenida
y en continuo desplazamiento, que se hace más nítida, insoslayable,
llevada al punto de silencio de su máxima síntesis, que es
decir todo y nada, el todo a través de la nada, gracias a ese continuo,
no dicho por el sistema icónico pero puesto ahí, desplazamiento.
Esa fijación y desplazamiento simultáneos, que en uno de
sus múltiples recodos, o en la tela completa hacer ver sin decirlo
al secreto, ubica a las pinturas recientes de Gabriela Gutiérrez
en un sólido sitio, que parte de y vuelve a una experiencia intransferible.
Lelia Driben
|
||||||