|
Las interpretaciones de la frivolidad Rocío Cerón
|
||
|
|
¿Quién
dijo que la frivolidad no podía suscitar arte? De las revistas Hola
o Paris Match no sólo nos enteramos de la vida, romances,
divorcios y escándalos de celebridades y nobleza, también
ha sido el punto de partida de Alonso Mateo, artista cubano afincado en
México, para su instalación Héritage Familial
inaugurada en días pasados en la Galería Metropolitana. Desde
una perspectiva irónica, Alonso Mateo cuestiona el hecho de la herencia
familiar (defectos y taras) y de la sangre “azul”. Integrada por dos instalaciones,
en la primera atmósfera el espectador encontrará una larga
alfombra roja de bienvenida, a los lados como personajes vivos, es decir,
orgánicos, cinco sillas nos muestran sus defectos biológicos:
jorobas, sillas siamesas, alargamientos desmesurados, dobles antebrazos,
patas de distintos estilos y malformaciones. El autor nos presenta piezas
agredidas en su morfología; como un dador supremo de vida les otorga
destino y cuerpo. De frente, unas y otras participan de un diálogo
en silencio, tiñendo el espacio del clásico encanto de los
dorados de los muebles estilo Luis XV y sus particularidades grotescas.
Mateo también ha incluido espejos alrededor, lo cual crea un espacio
en el que no sólo se multiplican las imágenes de sus personajes-sillas,
de igual manera, los espectadores se integran al cautiverio de la imagen.
En la segunda parte una amplia sala presenta varias tablas, apoyadas sobre paquetes con ejemplares de revistas del “corazón” bien amarradas, dispuestas como bancas de iglesia, en las que el espectador puede sentarse y deleitarse con los mejores videos de la boda de la fallecida Lady Di, las bodas de las infantas de España y otros tantos acontecimientos que, por medio de la televisión, se han transmitido por todo el mundo. Un majestuoso muro nos muestra el árbol genealógico de la Reina Isabel II, padres, abuelos, nietos, etcétera nos harán repasar mentalmente sobre nuestra propia herencia. Alonso Mateo, en ésta su Héritage Familial se permite y nos incita a una lectura a profundidad sobre las jerarquías y su legado, sobre nuestra propia afectividad, sobre los restos de los valores. Haciendo uso del juego, Mateo propone al espectador hacer balance de la transmisión de conceptos como status, apellido, belleza, fealdad, etc. heredados y que marcan la vida de las personas. Si el mundo se ha vuelto el universo de las apariencias, Mateo lo reinterpreta, lo clarifica y, a través del guiño y de la sugerencia, realiza un discurso crítico como vía purgativa hacia lo esencial. |
|
|
|
||