|
MIGUEL PRIETO,
ARTISTA HISPANOMEXICANO
Entre los españoles
que llegaron durante el exilio republicano a México, Miguel Prieto
ocupa uno de los lugares capitales; a él le corresponde cabalmente
la fundación del arte y del diseño tipográficos de
la segunda mitad del siglo XX mexicano. Su mejor discípulo, Vicente
Rojo -que en 1950 entró como su asistente y aprendiz y luego le
superaría- así lo reconoce:
Manejaba las letras, los colores, los distintos
papeles y las imágenes con
gran elegancia y sencillez y sabía darle
el mismo valor a cada publicación
que diseñaba, lo mismo si se trataba de
un importante libro de arte que de
un simple boleto de entrada al Palacio de Bellas
Artes, es decir, que
practicaba una especie de democracia visual.
Miguel Prieto nació en 1907, en Almodóvar
del Campo, Ciudad Real; estudió en la Academia de San Fernando de
Madrid, de tanta prosapia secular en las artes plásticas; en los
años treinta participó en el teatro guiñol de La Tarumba
y en la fundación de La Barraca con Federico García Lorca.
Durante la Guerra Civil Española, combatió a favor de la
República, padeció en un campo de concentración en
Francia y luego emigró con su familia a México en 1939.
Cuauhtémoc Medina afirma: "puede decirse que Prieto fue el
fundador de la tipografía de la segunda mitad del siglo XX, y a
pesar de su muerte prematura en 1956, fue el diseñador más
importante de los años cuarenta y 50 en el campo de la prensa cultural".
Romance
(1940-1941), Revista popular hispanoamericana dirigida por el poeta Juan
Rejano, fue elaborada gráficamente por Miguel Prieto. En ella convivieron
intelectuales españoles e hispanoamericanos, como han estudiado
Francisco Caudet y James Valender entre otros. Romance también
heredaba de Letras de México y El Hijo Pródigo,
los afanes y sentidos de una cultura universal que cuajaría sin
precedentes en el único ejemplar de Ultramar (1947), en el
que apareció un comité de redacción de primera línea:
Julián Calvo, Rodolfo Halffter, Miguel Prieto, Juan Rejano, Ramón,
Rodríguez Mata, Arturo Sáinz de la Calzada, Adolfo Sánchez
Vázquez, Arturo Suoto, Daniel Tapia y Carlos Velo.
Igualmente
Prieto diseñó las distintas publicaciones culturales -las
más
notables- que surgieron del exilio español en México. Obras,
dice Medina,
"de pocos números pero mucho brío".
Admirable
su labor al frente del Departamento de Ediciones del INBA de 1947 a 1954.
En todos los impresos aparecían incluso letras hechas a mano con
extrema minuciosidad, así la cuadratura y procelosa diagramación
en todos los detalles de Diego Rivera, Cincuenta años
de su labor artística (1949), o también sus impecables
faenas en México en el Arte, Revista de la Universidad de
México y en el mítico México en la Cultura
de Novedades. La impronta gráfica de Miguel Prieto sigue
siendo indiscutible. "Su influencia rebasa la fecha de su muerte",
establece el mencionado Medina, quien a su vez afirma que: "Su obra
mayor es, sin duda, la edición de lujo de Canto general
(1950), de Pablo Neruda, de la que se sentía especialmente orgulloso.
En ella adecuó los medios puramente tipográficos a las necesidades
del poema. Prieto se apega en sus páginas a soluciones intuitivas,
más que componer mecánicamente las secciones de la obra.
Pocos libros tan cuidados y hermosos se han dado en México.”
El propio Neruda había escrito antes para
nuestro artista:
Prieto, pequeño árbol de ojos azules,
nutre sus raíces en el terreno
pedregoso y polvoriento de la soledad castellana, y de pronto es todo ramas
y flor, primavera incandescente y palpitante, por entre los azules pasa
el crepúsculo frío, el fuego de las aldeas, los solitarios
costados del mar. Joven pintor acendrado y devorador, árbol de mucha
miel, hay en su ser la armonía y la furia: las dos sales del mundo.
Miguel Prieto, perfil de latitudes y horizontes, fraterniza en las distancias
leales la cercanía de los afectos y odios, el cumplimiento de la
esencia humana y la cabalidad de sus legítimas preferencias. En
cuanto al pintor propiamente, Carlos Pellicer supo advertir con certeza:
"La expresión clásica no es el lenguaje adecuado a los
desahogos poéticos de Prieto. Su verbo plástico es más
bien romántico. Es un evocador.” A su vez, Luis Cardoza y Aragón
sentenciaba: "España, con su presencia honda y sombría,
en la pintura de Miguel Prieto. No la España alegre y clara, sino
la España de fervor dolorido? Pintar así, con el recuerdo,
con la nostalgia, con el lodo y la luz que mueve el alma es merecer la
tristeza y conquistarla.” Afirmaciones precisas y eternas."Espejo
de aguas profundas", le dijo Antonio Rodríguez, quien expresaba:
"Emocionados por el lirismo de su obra; por el espíritu austero
que envuelve la figura de sus personajes." Entre los retratos que
pintara. Miguel Prieto se encuentran los de Angelita (esposa del artista),
Alfa Henestrosa, Melibea, Fernando Benítez, Antonio Machado, Miguel
Hernández, Juan Rejano, Ana María Cano y Luis Fernández.
Obra singular de Prieto es el mural pintado en uno de los pabellones del
observatorio de Tonanzintla. Para Juan Rejano este trabajo fue "la
concepción poética del hombre", y hablaba de "la
sustancia lírica capaz de transmutar en imágenes todo lo
que toca”.
El 30 de octubre de 1949, apareció en
México en la Cultura
esta Calavera Anónima:
Miguel Prieto
Si, como decirse suele
según populares normas,
Miguel ya no se las huele;
murió viendo a Tongolele,
por su respeto a las formas.
|