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*Mariana
Housková
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Introducción
Vivimos en una época de comunicación y a nadie se le ocurriría dudar de la importancia del estudio de las lenguas extranjeras. Pero este estudio puede llevarnos un día a la revelación de que las lenguas son más que medios de comunicación. Es el momento en que descubrimos la poesía y nos damos cuenta de que el lenguaje es "también una música, una pasión y un sueño", como lo sentía el joven Borges al oír a Evaristo Carriego recitar unos versos.1 Parece difícil de entender la poesía y lo parece aún más si está escrita en una lengua extranjera. Además, la poesía es un género casi imposible de traducir, de llevarlo de una lengua a otra. Sin embargo, la poesía nos ofrece un contacto íntimo con el idioma y con el mundo de este idioma, basado en una comprensión intuitiva y emotiva, más que racional. Por medio de la poesía se nos comunica un mundo nuevo, pero, de algún modo, cercano y conocido; en ella podemos descubrir cosas que traspasan los límites de los mundos, tanto los geográficos como los temporales. La poesía escrita en la lengua castellana es un continente enorme, con un pléyade de autores gracias a cuyas obras podemos experimentar aquellos sentimientos. Basta recordar a Octavio Paz, Jorge Luis Borges, César Vallejo, José Martí, José Asunción Silva y tantos otros en todo el mundo hispánico. Yo escogí la poesía de Vicente Huidobro, un poeta chileno y vanguardista por excelencia, para buscar en ella lo que me parece universal o, por lo menos, lo que es actual y bello en ella para una estudiante que vive en el centro de Europa a principios del siglo xxi. He dividido mi ensayo en tres partes: la primera está dedicada al concepto del poeta en la obra de Huidobro; la segunda trata de analizar sus ideas sobre poesía y la tercera comenta la relación del poeta con Dios. I And all should cry, Beware! Beware! Una de las frases más citadas de toda la obra de Vicente Huidobro es, sin duda, el último verso del poema "Arte poética", publicado en el libro El espejo del agua, en 1916: "El poeta es un pequeño Dios". La idea del poeta como un autor supremo, creador de mundos nuevos, aparece muchas veces tanto en sus trabajos teóricos —lecturas, manifiestos, prefacio, como en la poesía de Huidobro. La repite con las mismas palabras en un fragmento incluido en la antología de René de Costa2 bajo el título "Yo he recorrido todas las escuelas...": "el poeta debe ser un pequeño Dios"; en el artículo "La creación pura"3 dice que "toda la historia del arte no es sino la historia de la evolución del Hombre-Espejo hacia el Hombre-Dios"; el prefacio a Altazor nos presenta a Altazor, "el gran poeta", como un ser superhumano, casi divino, con un inmenso poder creativo: De cada gota del sudor de mi frente hice nacer astros que os dejo la tarea de bautizar como a botellas de vino. Lo veo todo, tengo mi cerebro forjado en lenguas de profeta... Aquél que todo lo ha visto, que conoce todos los secretos... el día se levanta en su corazón y él baja los párpados para hacer la noche del reposo agrícola. Lava sus manos en la mirada de Dios, y peina su cabellera como la luz y la cosecha de esas flacas espigas de la lluvia satisfecha...4 |
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| Tenemos aquí
una imagen del poeta divino dotado de poderes excepcionales que percibe
cosas de una manera distinta del hombre común y que, además,
tiene la capacidad de crear cosas. Es el ideal del creacionismo: un Hombre-Dios
que, a diferencia del Hombre-Espejo, no copia las obras de la naturaleza
(o de Dios) sino que las crea de nuevo. Es el poeta rebelde del manifiesto
Non
serviam,5 la autoproyección
del mismo Huidobro, que una mañana "se levanta y grita a la madre
Natura: Non serviam" y después le dice: "Yo tendré
mis árboles que no serán como los tuyos, tendré mis
montañas, tendré mis ríos y mis mares, tendré
mi cielo y mis estrellas... mis cielos y mis árboles son los míos
y no los tuyos y no tienen por qué parecerse". Es el representante
del ideal creacionista y como todos los vanguardistas se rebela contra
los órdenes establecidos, rompe con toda la tradición artística
anterior al momento de su aparición.
Sin embargo, este creador
destructivo no logra ocultar su parentesco con toda una línea de
poetas imaginados y cantados por los escritores a lo largo del siglo xix.
Encontramos en él el exaltado Kubla Khan de Coleridge que aparece
en nuestro mote con "sus ojos relucientes, su cabellera flotante" y que
es quien "ha comido el rocío de miel y bebido la leche del Paraíso";
también nos vienen a la mente los "unacknowledged legislators of
the world" (legisladores no reconocidos del mundo) de Shelley, el Poeta
de Emerson que es llamado "liberating god... true land-lord! Sea-lord!
Air-lord!" (un dios liberador... el verdadero señor de la tierra,
señor del mar, señor del aire),6
o la voz profética de Walt Whitman cantando de sí mismo.
Todos esos poetas surgen del mismo concepto del hombre-mago poderoso cuya
capacidad imaginativa le permite ver cosas nuevas y ocultas y cantarlas,
expresarlas por las palabras y, de este modo, hacerlas existir. "... el
poeta nombra las cosas y su nombrar es hacer vivir. Las cosas empiezan
a existir. Yo no pretendo que no existieran antes, pero el poeta las hace
existir para el hombre..."7
Unos noventa años antes podemos leer (escrito de manera más
caótica y extática, propia del autor) en Emerson que:
The poet, by an ulterior intellectual perception, gives them [the names given to the things] a power which makes their old use forgotten, and puts eyes, and a tongue, into every dumb and inanimate object... the poet is the Namer, or Language-maker... [he] names the thing because he sees it, or comes one step nearer to it than any other.8
El poeta nombra a los dioses y a todas las cosas en lo que son. Este nombrar no consiste en que sólo se prevé de un nombre a lo que ya es de antemano conocido, sino que el poeta, al decir la palabra esencial, nombra con esta denominación, por primera vez, el ente por lo que es y así es conocido como ente. La poesía es la instauración del ser con la palabra.9
...[los vanguardistas] sabían que su negación del romanticismo era un acto romántico que se inscribía en la tradición inaugurada por el romanticismo: la tradición que se niega a sí misma para continuarse, la tradición de la ruptura... al negar al pasado, lo prolongaban y así lo confirmaban; ninguno advirtió que, a diferencia del romanticismo, cuya negación inauguró la tradición, la suya la clausuraba. La vanguardia es la gran ruptura y con ella se cierra la tradición de la ruptura.10 |
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| Claro que lo nuevo cambia
y por eso hay diferencias entre las cosas que son proclamadas por los autores
de distintas generaciones, y claro que se puede observar cierta evolución
del concepto de la figura del poeta desde el romanticismo hasta la vanguardia;
pero la idea esencial del poeta-mago o, de modo más radical y más
moderno, del poeta-dios, siempre se mantiene. Es interesante lo que dice
el propio Huidobro sobre cómo se le ocurrió lo anterior:
"Esta idea de artista como creador absoluto, del Artista-dios, me la sugirió
un viejo poeta indígena de Sudamérica (aimará), que
dijo: `El poeta es un dios; no cantes a la lluvia, poeta, haz llover'."11
Huidobro usa casi exactamente las mismas palabras en Arte poética,
su manifiesto en verso: "Por qué cantáis la rosa, oh Poetas!
/ Hacedla florecer en el poema".
Se podría, quizá,
dudar si la historia del viejo indígena es verdadera o si es pura
autoestilización de Huidobro, al que le encantaba crear mitos alrededor
de su persona. En todo caso, lo que me parece significante es el hecho
de que Huidobro no declara el concepto de poeta-dios su propia invención
ni menciona la tradición romántica europea, sino que se refiere
al mundo de la tradición indígena, a los conceptos de los
pueblos primitivos. En eso está de acuerdo con el interés
de los artistas vanguardistas por el arte primitivo que, por una parte,
representa para ellos una actitud distinta frente al arte que abre nuevas
posibilidades para el arte occidental agotado y, por otra parte, se puede
ver en él lo básico, lo esencial del arte, purificado de
los clichés, convenciones y prejuicios de la larga tradición
occidental.
II
Aparte de la significación gramatical del lenguaje, hay otra, una significación mágica que es la única que nos interesa... En todas las cosas hay una palabra interna, una palabra latente y que está debajo de la palabra que las designa. Ésa es la palabra que debe descubrir el poeta... La Poesía es el lenguaje de la Creación. Por eso sólo los que llevan el recuerdo de aquel tiempo, sólo los que no han olvidado los vagidos del parto universal ni los acentos del mundo en su formación, son poetas. Las palabras tienen un genio recóndito, un pasado mágico que sólo el poeta sabe descubrir, porque él siempre vuelve a la fuente.
En el fondo de esta idea vive todavía la antigua creencia en el poder de las palabras: la poesía pensada y vivida como una operación mágica destinada a transmutar la realidad. La analogía entre magia y poesía es un tema que reaparece a lo largo de los siglos XIX y XX, pero que nace con los románticos alemanes.14
Alhaja apoteosis y molusco |
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El último canto es sólo una serie de interjecciones, fragmentos de palabras y sonidos: Lalilá(Canto vii, vv. 7-12) y todo el poema termina con un grito final: Ai a i ai a i i i i o ia.
III
Oh, ardo en impaciencia esperando Detrás del experimento de los vanguardistas y su ruptura con la tradición poética precedente hay una búsqueda de la esencia de la poesía. Desde una perspectiva parecida intentaré enfocar otro rasgo significativo de la obra poética de Huidobro, que es su eterna negación de una tradición más: la cristiana. Aquí Huidobro también pertenece a la tradición romántica con su tema de la muerte de Dios.18 No procuro analizar en detalle la relación de Huidobro con el cristianismo sino concentrarme sólo en algunos aspectos de la presentación de Dios en Altazor, relacionados con lo dicho sobre el concepto de la figura del poeta. "Nací a los treinta
y tres años, el día de la muerte de Cristo" (p. 55).19
Así comienza Altazor y así el poeta relaciona de manera
explícita su persona con Cristo, se presenta como un sucesor de
Cristo. Una página más adelante aparece el Dios Padre o,
mejor dicho, no aparece porque es "un simple hueco en el vacío",
es sólo una voz creadora. No es tratado con desprecio sino con cierta
ironía: Dios es "hermoso como un ombligo" y bebe cognac para crear
la hidrografía. Esto es más un ataque contra la imagen tradicional
de Dios que contra Dios mismo. Y lo mismo puede decirse sobre la Virgen,
que es presentada con admiración pero de manera no tradicional:
sus manos "son transparentes como las bombillas eléctricas" y su
aureola "tiene algunas saltaduras, lo que prueba su ancianidad"; se sienta
en el paracaídas del poeta y él recita sus más hermosos
poemas. La Virgen tiene el poder inspirador, lo cual tiene que ver con
el hecho de que es de cierto modo una encarnación del principio
femenino y está relacionada de manera estrecha con el amor: "Ámame,
hijo mío, pues adoro tu poesía y te enseñaré
proezas aéreas. Tengo tanta necesidad de ternura, besa mis cabellos...
Ámame" (pp. 57-58).20
Después de que se aleja la Virgen, el narrador queda solo en el
espacio y en ese momento se presenta por vez primera como "Altazor, el
gran poeta" y crea la imagen mencionada en la primera parte de este ensayo,
la de sí mismo como poeta visionario superhumano:
Y heme aquí, solo, como el pequeño huérfano
Abrí los ojos en el siglo
Solo Estoy solo parado en la punta del año que agoniza |
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El Poeta-dios está
solo en su divinidad. Es un dios abandonado cuya soledad abarca todo el
cosmos. Es un dios perdido, dios sin dios. Y detrás de sus ataques
contra la religión y su negación de Dios y del orden y de
las leyes del universo ("No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza",
Canto I, v. 12) podemos encontrar una búsqueda de todos estos valores.
La ruptura con el cristianismo es de hecho un anhelo por una religión
esencial y pura, y detrás de las blasfemias hay una religiosidad
profunda. Una blasfemia incluso puede servir de un medio en la búsqueda
de Dios:
Desafiaré al vacío
El único momento en que aparece un rayo de esperanza es el Canto II, donde la mujer parece traer consigo una confirmación de la existencia de un orden, de un Dios. La mujer da una posibilidad de interrumpir la caída, de dejar de caer. En Alta-zor la mujer es entendida de una manera parecida a la "Séptima elegía" de Jirí Orten, en que se dice: "Jedenkrát na zene, milostné ze vsech stran, / pád zdál se nepadat" (una vez una mujer, llena de encantos, / la caída parecía un no-caer).21 En la mujer amada se puede encontrar la eternidad e inmortalidad: Lejos de ti todo es mortal
En este trabajo he intentado destacar algunos rasgos de la obra de Vicente Huidobro que parecen incluir a este gran representante de la vanguardia en la tradición, porque, en mi opinión, es en estos rasgos donde la poesía de Huidobro alcanza su mayor belleza y fuerza, y en ellos se revela su calidad de gran poeta y no en el experimento y la lucha por lo nuevo. Como dice Óscar Hahn: "las teorías pasan y la poesía queda",22 o como sabía el mismo Huidobro: "La Poesía está antes del principio del hombre y después del fin del hombre".• |
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Notas 1Jorge Luis Borges, "Prosa y poesía de Almafuerte", en Prólogos con un prólogo de prólogos, Madrid, Alianza, 1998. 2Vicente Huidobro, Poesía y poética(1911-1948), antología comentada por René de Costa, Madrid, Alianza, 1996, p. 43. Este fragmento es identificado por René de Costa como una parte del texto leído en el Ateneo de Buenos Aires en julio de 1916. 3Ibid., pp. 85-93. 4Vicente Huidobro, Altazor. Temblor de cielo, edición de René de Costa, Madrid, Cátedra, 1998, pp. 58-59. 5Vicente Huidobro, Poesía y poética, op. cit., pp. 40-41. 6Ralph Waldo Emerson, "The Poet", en The Norton anthology of american literature. Shorter Edition, W. W. Norton & Company, Nueva York, 1980, p. 352. Una parte extensa de este ensayo de Emerson es citada con admiración por Huidobro en su prefacio a Adán. 7"Interrogación a Vicente Huidobro", en Poesía y poética, op. cit., p. 236. 8Ralph Waldo Emerson, op. cit., pp. 342-343. 9Martin Heidegger, "Hölderlin y la esencia de la poesía", en Arte y poesía, México, Fondo de Cultura Económica, 1988, p. 137. 10Octavio Paz, Los hijos del limo, Barcelona, Seix Barral, 1987, pp. 147-148. 11Vicente Huidobro, "La creación pura", en Poesía y poética, op. cit., pp 88-89. 12Vicente Huidobro, "La Poesía", en Poesía y poética, op. cit., pp. 94-97. Este texto fue publicado por vez primera como prólogo a la edición española de Temblor de cielo y se encuentra también en Altazor. Temblor de cielo, op. cit., pp. 177-179. 13Vicente Huidobro, "La Poesía", en op. cit., p. 95. 14Octavio Paz, op. cit., p. 94. 15Véase Óscar Hahn, "Altazor y el canon de la vanguardia", en Vicente Huidobro o el atentado celeste, Santiago, lom Ediciones, 1995, pp. 50-51. 16René de Costa, "Introducción a Altazor", en Temblor de cielo, op. cit., p. 39. 17Véase Hedvika Vydrová, "Sobre la comicidad en la poesía de Vicente Huidobro", en Ibero-Americana Pragensia, año ii, 1968, pp. 41-50, donde la autora analiza una parte del Canto III de Altazor y llega a la conclusión de que el juego verbal puede interpretarse como "un intento de volver el idioma poético a su potencia creadora, a su don de fundamentar el ser humano" (p. 50). 18Véase Octavio Paz, op. cit., cap. III. 19Los números de las páginas refieren a la edición citada de Altazor. 20La importancia dela figura mariana en la poesía de Vicente Huidobro es tratada en detalle por Óscar Hahn en el ensayo "Vicente Huidobro, poeta mariano", en Vicente Huidobro o el atentado celeste, op. cit., pp. 52-63. Me parece que el autor exagera la importancia de la dimensión religiosa de esta figura y suprime el significado del ideal femenino que la Virgen, sin duda, tiene en la obra de Huidobro. 21Jirí Orten, "Séptima elegía", en Cinco poetas checos, traducción de Clara Janés, Madrid, 1993, p. 253. 22Óscar Hahn, Vicente Huidobro o el atentado celeste, op. cit., p. 9.• |
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