Las doce princesas danzarinas


*Anne Sexton
Traducción: Patricia Rivas
Presentación
Kurt Vonnegut, Jr.

"La muerte empieza como un sueño, lleno de objetos y la carcajada de mi hermana", dice Anne Sexton en otro de sus libros. "Somos jóvenes", continúa, "y vamos caminando y recogiendo arándanos salvajes durante todo el recorrido a Damariscotta".

Dios la ame.

Una vez le pregunté a un amigo poeta qué es lo que hacen los poetas. Lo pensó por un momento y me respondió: "Extienden el lenguaje". Pensé que esto era hermoso, pero en el fondo eso no me hizo sentirme agradecido de corazón con los poetas. A los extendedores del lenguaje podía tomarlos o dejarlos solos.

Anne Sexton me hizo un enorme favor: ella domesticó mi terror, lo examinó y lo describió, enseñándome algunos trucos que me divertirían, después dejó que galopara en mi bosque una vez más.
 

Me imagino que esto lo hizo también para ella misma. Bien por ella.

No la conocí muy bien. La encontré en una fiesta para Dan Wakefield, un amigo en común. Dan acababa de publicar una novela sobre la obsesiva y expuesta vida amorosa de un joven en Indianápolis después de la guerra de Corea. Yo sabía que ella había escrito muchos poemas de amor. Uno de ellos empezaba así:
 

Esta es la llave para eso.
Esta es la llave para todo.
Preciosa.

Soy peor que un cuidador de niños,
recogiendo polvo y pan.
Aquí estoy tamborileando perfume.

Déjame ir debajo de tu tapete,
tu colchón de paja —lo que tengas a mano
porque el niño que está en mí está muriendo, muriendo.

No es que sea una vaca para ser comida.
No es que sea una especie de calle.
Pero tus manos me encontraron como un arquitecto.

¡Recipiente de leche! Era tuyo hace años
cuando vivía en el valle de mis huesos,
tontos huesos en el pantano. Pequeños juguetes.


Y así sigue. No había una sola mujer tan vital y apreciativa y todo eso en el libro de Dan sobre Indianápolis. Yo también era de Indianápolis.

Por otro lado, Indianápolis es la ciudad más grande que no se encuentra en las cartas de navegación.



Así que traté de ser agradable con Anne Sexton, y un amante de la vida (lo cual no soy), y dibujé para ella este diagrama de la historia de Cenicienta:

"G" era buena suerte. "I" era mala suerte. "B" era el principio. "E" era el final. Cenicienta era lenta al comienzo. Ella reaccionó lentamente, incluso cuando sus corrompidas hermanastras se fueron a la fiesta y ella se quedó en casa.

Entonces su hada madrina apareció, le dio un vestido y zapatillas de cristal y una carroza y todo eso. Los escalones en mi diagrama representan esos regalos de gran valor. Cenicienta fue a la fiesta y bailó con el príncipe. Todo se rompió a medianoche, pero ella ya no era tan lenta como solía serlo —puesto que recordaba la fiesta.

Entonces la zapatilla le ajustó, y se casó con el príncipe. Ella se volvió infinitamente feliz para siempre —lo que incluye ahora.

Y acabo de aprender ahora de una enciclopedia, que mi esposa compró volumen por volumen en el supermercado, que hice la gráfica a partir de la versión en inglés de la historia, que fue traducida de la versión de Charles Perrault en francés. Aprendí algo más de la enciclopedia y podría haber encantado a Anne Sexton y a todos en la fiesta con ello, si hubiera sabido esto: en el proceso de traducción, la palabra vair se había mal entendido por verre y así las zapatillas de piel de Cenicienta se volvieron de cristal.

Demasiado para la fortuna poética.

Anne Sexton encontró sorprendente que quisiera hablarle de Cenicienta, puesto que ella estaba absorbida por una oscura y singular versión de dicha historia —de los hermanos Grimm. De hecho, ella estaba rehaciendo en poesía varios de los cuentos de hadas de los Grimm.

Y aquí están.

Demasiado para la telepatía. Demasiado para nuevos amigos.

¿Podría explicar estos poemas? En lo más mínimo. Dejé la enseñanza en las escuelas porque me parece criminal interpretar obras de arte. La crisis en mi carrera como profesor llegó, de hecho, cuando enfrenté a un público que me esperaba para que explicara Dubliners de James Joyce.

Estaba acabado. Había leído el libro. Pero cuando abrí mi enorme boca, no salió ningún sonido.

 
 
   
If you danced from midnight 

to six A. M. who would understand?

The runaway boy 

who chucks it all 

to live on the Boston Common 

on speed and saltines, 

pissing in the duck pond, 

rapping with the street priest, 

trading talk like blows, 

another missing person, 

would understand.

The paralytic's wife 

who takes her love to town, 

sitting on the bar stool, 

downing stingers and peanuts,

singing "That ole Ace down in the hole," 

would understand.

Si bailas desde la medianoche

hasta las seis a.m., ¿quién lo entendería?

El muchacho fugitivo

que rechazó todo

por vivir en la comuna de Boston

a base de anfetaminas y galletas saladas,

orinando en el estanque de patos,

robando con el profeta callejero

traficando plática como puñetazos,

otra persona perdida,

lo entendería.

La esposa del paralítico

que lleva a su amante a la ciudad,

sentándose en el banco de un bar,

comiendo stingers y cacahuates,

cantando "That ole Ace down in the hole",

lo entendería.

   
The passengers 

from Boston to Paris

watching the movie with dawn 

coming up like statues of honey

having partaken of champagne and steak

while the world turned like a toy globe, 

those murderers of the nightgown 

would understand.

The amnesic 

who tunes into a new neighborhood, 

having misplaced the past, 

having thrown out someone else's 

credit cards and monogrammed watch, 

would understand.

The drunken poet 

(a genius by daylight) 

who places long-distance calls 

at three A. M. and then lets you sit 

holding the phone while he vomits 

(he calls it "The Night of the Long Knives") 

getting his kicks out of the death call, 

would understand.

The insomniac 

listening to his heart 

thumping like a June bug, 

listening on his transistor 

to Long John Nebel arguing from New York,

lying on his bed like a stone table,

would understand.

The night nurse 

with her eyes slit like Venetian blinds, 

Los pasajeros 

de Boston a París

mirando la película con el amanecer

acercándose como estatuas de miel,

habiendo participado de la champaña y la carne

mientras el mundo gira como un globo de juguete,

esos asesinos de piyamas

lo entenderían.

El amnésico

que se ajusta dentro del vecindario nuevo,

habiendo extraviado el pasado,

habiendo arrojado las tarjetas de crédito

y el reloj con monograma de algún otro,

lo entendería.

El poeta borracho

(un genio durante el día)

que hace llamadas de larga distancia

a las tres a.m. y entonces te deja sentado

deteniendo el auricular mientras vomita

(él le llama "La noche de los cuchillos largos")

excitándose con el llamado de la muerte,

lo entendería.

El insomne

escuchando su corazón

golpeando como un insecto de junio

escuchando en su transistor

a Long John Nebel discutiendo desde Nueva York,

acostado en la cama como una plancha de acero,

lo entendería.

La enfermera de noche

con sus ojos abiertos como persianas venecianas,

   
she of the tubes and the plasma, 

listening to the heart monitor, 

the death cricket bleeping, 

she who calls you "we" 

and keeps vigil like a ballistic missile, 

would understand.

Once

this king had twelve danghters,

each more beautiful than the other.

They slept together, bed by bed

in a kind of girls' dormitory.

At night the king locked and bolted the door.

How could they possibly escape?

Yet each morning their shoes

were danced to pieces.

Each was as worn as an old jockstrap.

The king sent out a proclamation

that anyone who could discover

where the princesses did their dancing

could take his pick of the litter.

However there was a catch.

If he failed, he would pay with his life.

Well, so it goes.

Many princes tried, 

each sitting outside the dormitory, 

the door ajar so he could observe

what enchantment came over the shoes. 

But each time the twelve dancing princesses 

gave the snoopy man a Mickey Finn 

and so he was beheaded. 

Poof! Like a basketball.

ella la de los tubos y el plasma,

escuchando el monitor cardiaco,

el grillo de la muerte cantando,

ella que te llama "nosotros"

y está en vigilia como una bala de misil,

lo entendería.

Había una vez

un rey que tenía doce hijas,

una más bella que la otra.

Dormían juntas, cama con cama

en una especie de dormitorio para niñas.

Por la noche el rey cerraba y pasaba el cerrojo de la puerta.

¿Como era posible que escaparan?

Cada mañana sus zapatos

estaban desgastados por el baile.

Tan usados como un suspensorio viejo.

El rey envío la proclamación

de que cualquiera que pudiera descubrir

dónde iban a bailar las princesas

podría tomar a la que quisiera de las literas.

De cualquier modo había un detalle.

Si fallaban, pagarían con su vida.

Bueno, así pasó.

Muchos príncipes probaron,

sentándose fuera del dormitorio,

la puerta entreabierta para poder observar

qué encantamiento se desprendía de los zapatos.

Pero cada vez las doce princesas danzarinas
 

daban al hombre sabueso una Mickey Finn

y así era degollado.

¡Puff!, como un balón de basquet.

   
lt so happened that a poor soldier 

heard about these strange goings on 

and decided to give it a try. 

On his way to the castle 

he met an old old woman. 

Age, for a change, was of some use. 

She wasn't stuffed in a nursing home. 

She told him not to drink a drop of wine 

and gave him a cloak that would make 

him invisible when the right time came. 

And thus he sat outside the dorm. 

The oldest princess brought him some wine 
 

but he fastened a sponge beneath his chin, 

looking the opposite of Andy Gump.

The sponge soaked up the wine, 

and thus he stayed awake. 

He feigned sleep however 

and the princesses sprang out of their beds 

and fussed around like a Miss America Contest.
 

Then the eldest went to her bed 

and knocked upon it and it sank into the earth.

They descended down the opening 

one after the other. The crafty soldier

put on his invisible cloak and followed. 

Yikes, said the youngest daughter, 

something just stopped on my dress. 

But the oldest thought it just a nail.

Next stood an avenue of trees, 

each leaf made of sterling silver. 

The soldier took a leaf for proof. 

The youngest heard the branch break 

and said, Oof! Who goes there? 

Entonces sucedió que un pobre soldado

escuchó sobre estos extraños sucesos

y decidió hacer la prueba.

En su camino al castillo

se encontró con una vieja vieja mujer.

Por una vez, envejecer servía de algo.

Ella no había sido embutida en un asilo.

Le dijo que no tomara una gota de vino

y le dio una capa que lo volvería

invisible cuando llegará el momento justo.

Entonces se sentó fuera del dormitorio.

La princesa de mayor edad le trajo un poco de vino

pero él amarró una esponja detrás de su barba

pareciendo lo opuesto a Andy Gump.

La esponja chupó todo el vino

y así él se mantuvo despierto.

Sin embargo fingió dormir

y las princesas brincaron de sus camas 

agitándose alrededor como en un concurso de Miss América.

Entonces la mayor fue a su cama

golpeó encima y ésta se hundió dentro de la tierra.

Ellas descendieron por la apertura

una tras otra. El astuto soldado

se puso su capa invisible y las siguió.

¡Ups!, dijo la princesa más joven,

algo traspasó mi vestido.

Pero la mayor pensó que había sido un clavo.

Llegaron a una avenida de árboles,

cada hoja hecha de plata sterling.

El soldado arrancó una hoja como prueba.

La más joven escuchó el crujido de la rama

y dijo: ¡Uf! ¿Quién anda ahí?

But the oldest said, Those are

the royal trumpets playing triumphantly.

The next trees were made of diamonds.
 

He took one that flickered like Tinkerbell 
 

and the youngest said: Wait up! He is here! 

But the oldest said: Trumpets, my dear.

Next they came to a lake where lay 

twelve boats with twelve enchanted princes 

waiting to row them to the underground castle.
 

The soldier sat in the youngest's boat 

and the boat was as heavy as if an icebox 
 

had been added but the prince did not suspect.
 

Next came the ball where the shoes did duty. 

The princesses danced like taxi girls at Roseland
 

as if those tickets would run right out.

They were painted in kisses with their secret hair 

and though the soldier drank from their cups 

they drank down their youth with nary a thought.

Cruets of champagne and cups full of rubies.
 

They danced until morning and the sun came up

naked and angry and so they returned 

by the same strange route. The soldier

went forward through the dormitory and into 

his waiting chair to feign his druggy sleep. 

That morning the soldier, his eyes fiery 

like blood in a wound, his purpose brutal
 

as if facing a battle, hurried with his answer
 

as if to the Sphinx. The shoes! The shoes!
 

The soldier told. He brought forth 

the silver leaf, the diamond the size of a plum.

Pero la mayor dijo: Son

las trompetas reales tocando triunfalmente.

Los siguientes árboles estaban hechos de diamantes.

Él arrancó uno que refulgía como una campana de latón 

y la menor dijo: ¡Esperen, él está aquí!

Pero la mayor dijo: Trompetas, querida.

Más tarde llegaron a un lago donde flotaban

doce botes con doce príncipes encantados

esperando para conducirlas al castillo subterráneo.

El soldado se sentó en el bote de la más joven

y la lancha estaba tan pesada como si una hielera

hubiera sido añadida, pero el príncipe no sospechó.

En seguida vino el baile donde los zapatos hicieron lo suyo.

Las princesas bailaban como taxi girls en Roseland

como si esos boletos pudieran agotarse.

Estaban pintadas con besos en su cabello secreto

y pensando que el soldado estaba borracho

ellas bebieron su juventud sin pensarlo siquiera.

Ampolletas de champaña y copas llenas de rubíes.

Bailaron hasta el amanecer y el sol salió

desnudo y enojado y entonces regresaron

por la misma ruta extraña. El soldado

fue de regreso al dormitorio y hacia su

silla de espera para fingir su narcótico sueño.

Esa mañana el soldado, los ojos encendidos

como la sangre en una herida, su propósito brutal

como si enfrentara una batalla, corrió con la respuesta

como si fuese con la esfinge. ¡Los zapatos! ¡Los zapatos!

El soldado habló. Trajo consigo

la hoja de plata y el diamante del tamaño de una ciruela.

He had won. The dancing shoes would dance
 

no more. The princesses were torn from 

their night life like a baby from its pacifier. 

Because he was old he picked the eldest.

At the wedding the princesses averted their eyes 

and sagged like old sweatshirts.

Now the runaways would run no more and never
 

again would their hair be tangled into diamonds,
 

never again their shoes worn down to a laugh,
 

never the bed falling down into purgatory

to let them climb in after

with their Lucifer kicking.

Había ganado. Los zapatos danzarines no bailarían

nunca más. Las princesas fueron arrancadas 

de su noche como un bebé de su chupón.

Puesto que era un anciano, escogió a la mayor.

En la boda, las princesas desviaban los ojos

doblegadas como sudaderas viejas.

Ahora las fugitivas no escaparían de nuevo y nunca 

jamás su cabello estaría entretejido con diamantes,

nunca jamás sus zapatos consumidos por una risa,

nunca más la cama conduciría al purgatorio

para dejarlas subir después

con la patada de Lucifer.

* Anne Sexton (Newton, Massachusetts, 1928-1974) vivió toda su vida en o cerca de Boston. Publicó su primer libro de poesía en 1960: To bedlam and part way back. En 1967 obtuvo el Premio Pulitzer por Live or die. Gustaba de llamarse a sí misma Señora Perro. Se suicidó en 1974, tras repetidas reclusiones en clínicas mentales.


Patricia Rivas es dramaturga y actriz. Ha traducido a Paul Eluard, Elizabeth Bishop, Cioran, Jankelevitch y Bulgakov.