ANGELINA MUÑIZ: UNA VIDA, UNA OBRA


*Jenny Asse Chayo
Experiencias vitales y temas literarios

Los temas recurrentes que aparecen en la obra de un escritor pueden rastrearse a través de la literatura de todos los tiempos; pues los problemas y cuestionamientos que atañen y preocupan al hombre son universales. De ahí que podamos encontrar un fondo mítico en la expresión literaria que representa al fin y al cabo, la esencia humana. Esencia delimitada por la realidad interior y exterior del hombre, determinada por la naturaleza humana y por la historia, compuesta por la experiencia del ser frente al mundo.

Y, aunque la respuesta no sea una sola, las preguntas son las mismas. Hay una serie de cuestiones que el hombre quiere revelar para entenderse: el problema de la muerte, el misterio de la vida y de la Creación, el problema del bien y del mal, la relación del hombre con lo sagrado, su posición frente a Dios.

Al parecer, el hombre empieza a cuestionarse todas estas cosas desde los comienzos, porque, como vimos anteriormente, aun el hombre primitivo es ya un hombre fragmentado. Paradójicamente, al nacer el hombre, está condenado a perder el origen; cuando nace, y por ese solo hecho, es despojado de su unidad con el absoluto, y se enfrenta con un todo fragmentado, dividido en dos: una de las partes del todo es el hombre mismo, y la otra parte es lo perdido y sobre ello el hombre habrá de cuestionarse siempre. Pero no sólo eso, sino que también tratará de alcanzar y de recuperar, por medio del conocimiento, la otra orilla, la orilla donde se encuentra Dios, el paraíso, el origen, la inmortalidad perdida al nacer. Así, la fragmentación que vive el hombre desde que adquiere conciencia, se convierte también en uno de los problemas fundamentales que él debe resolver. La grieta en el todo debe ser restaurada.

Pero esa grieta, ese abismo que separa al hombre de la otra orilla donde descansa lo absoluto, se convierte en una preocupación que se manifiesta de distintas formas y que apunta hacia la experiencia de la ruptura primordial. Experiencia que provoca el dolor más profundo, un dolor mítico, diría yo, es decir, una nostalgia en el sentido más universal.

El exilio es ruptura, al igual que el nacimiento y la muerte. Estos temas son, por lo tanto, recurrentes en la literatura. Son los temas que surgen de esta orilla en la que se encuentra el hombre pero que apuntan hacia la otra orilla, a la orilla donde se encuentran inalcanzables e inefables: Dios, el paraíso, lo numinoso, lo sagrado, la fuente de la vida eterna.

Estos temas que, al parecer servirían para formular una serie de cuestionamientos filosóficos irrumpen también de pronto en lo cotidiano como vivencias reales y sorpresivas, hechos que marcan una vida, y que se convierten en experiencias que nos acercan a la otra orilla.

Este es el caso en la vida de Angelina Muñiz, una mujer cuya historia se halla atravesada por una temprana relación con la muerte y con el exilio. Muñiz crea una obra donde se cruzan y se entrelazan las teorías filosóficas con la experiencia, el conocimiento universal con la sensibilidad íntima, la especulación con el dolor, lo mítico con lo real, la búsqueda trascendente con la manifestación de lo cotidiano.

La muerte

Ya a una edad muy temprana Angelina Muñiz tiene un enfrentamiento real con la muerte: la muerte de su único hermano, mayor que ella:

La muerte es la primera experiencia de la que parto. Compañera mía desde la infancia. La muerte observada, la muerte hablada. "Cotidiana nuestra" como la he deno-minado en un poema. Que sentía pender sobre mí a la manera de sosegada condena. Absolutamente familiar. No angustiante. Plena. Fecunda. Con la que dialogué siempre.1


Muñiz relata que, a través de una foto, dialogaba con su "hermano-muerte". Este desdoblamiento interno apuntaba hacia un tú vivo mentalmente: "Mi secreto de la infancia fue tener a la muerte viva" (p. 7). Esto llevó a Angelina Muñiz a crear juegos en los que, por ejemplo, contaba hasta un determinado número para comprobar si aún seguía viva, o a experimentar el despertar en la oscuridad sin estar segura de estar en un ataúd, o sorprenderse al amanecer de que había abierto los ojos al nuevo día.

Menciono estas experiencias de la escritora porque pienso que el contacto con la muerte a tan temprana edad despierta, muchas veces, una sensibilidad especial y aviva la imaginación.

Aquellos juegos de evadir y retar a la muerte se desplazan hacia la literatura. La escritura es un juego, es un campo de batalla en donde la vida y la muerte se enfrentan constantemente, a veces vence una, a veces la otra, pero lo importante es la batalla, el enfrentamiento de estos contrarios que en realidad son las dos caras de una misma moneda. Es a través de las palabras como se va tejiendo el encuentro y la lucha. Los personajes de los cuentos de Muñiz se encuentran constantemente con la muerte, encarnada en personajes de otro mundo, que ofrecen al héroe la inmortalidad de su alma. ¿Y toda la búsqueda literaria no es al fin y al cabo esto? Trascender a la muerte, vencerla, quedar eternizado en el cuerpo del libro:

Yo buscaba trascender de algún modo. El silencio y el desconocimiento de una vida, su olvido perenne como ocurriría con mi hermano cuando ya no vivieran mis padres ni yo, me hacia soñar en una post-vida. Con ese raciona-lismo que fue muy típico de mi infancia pensé que sólo siendo escritora podría lograrlo (p. 9).


Otra de las cosas que provoca esta vivencia de la muerte es el cultivo de la memoria. La memoria como posibilidad de hacer presente una figura apenas esbozada, arrancada tempranamente del recuerdo de la tierra y de los hombres. La memoria como la eternización del instante, de los paisajes, de las gentes. La memoria combativa que se resiste a la muerte por olvido o por inconsciencia. La memoria, juego mental, plasmación de lo efímero. Y la consecuencia evidente: la búsqueda de una memoria eterna: la memoria del libro.

Muñiz habla de esta relación entre la memoria y la muerte que le fue revelada en una ocasión muy especial. Cuenta que en unas vacaciones a la playa, su madre le dijo que ella debería observar el mundo a su alrededor y grabárselo trazo por trazo. Que los seis años eran una edad suficiente como para no olvidar nada. Después entró al mar por primera vez y se sintió desfallecer:

Así los recuerdos del mar, de las dunas, del horizonte inabarcable, combinan belleza y tranquilidad con desvanecimiento y muerte. Pero de nuevo una muerte muy apegada a la vida que me proporcionaba cierta clase de felicidad (p. 10).


El mar de la memoria, la memoria de la muerte, son dos espacios inmensos en los que la escritora se sumergirá constantemente para después relatar con nitidez la experiencia de la profundidad y del hundimiento.

Ese penetrar en la profundidad de las aguas, puede funcionar además como un símbolo del sumergimiento en las zonas caóticas y oscuras del inconsciente y es el comienzo de una iniciación; iniciación que tiene que ver con el conocimiento profundo del yo, y más allá, a través de este conocimiento, la iniciación en el mundo de los mitos, en la revelación de un saber secreto que (si bien se halla difuminado en la memoria de los hombres y de las culturas) se encuentra en la memoria colectiva retenida, a través de generaciones, por el inconsciente colectivo.

El significado erra, como el sufrimiento humano o como el pecado, de texto en texto y, en el interior del texto, de figura en figura. Lo que gobierna este errar, este permanecer en el error, es la defensa, la estupenda necesidad de la defensa [...] el significado erra para protegerse.
Harold Bloom, Cábala y crítica

...defenderse permanentemente de la influencia es la única manera de hacer frente al vacío que deja un exilio anterior a la Creación.
Esther Cohen

Al penetrar en ese mar infinito, uno encuentra la memoria del paraíso, tan irremediablemente perdido, que el ser, indomable en su deseo de poseer una reminiscencia del Edén, revierte sus pasos y desde la orfandad de su hogar terreno se introduce en el paraíso de la memoria donde, posiblemente, encuentre al padre perdido, al Dios velado, al Edén como un rastro del hogar del que fue arrancado y al que se anhela volver aunque esto solamente fuese posible a través del recuerdo.

El aspecto lúdico de la literatura se relaciona también con la memoria. En ésta se hallan todas las impresiones vividas, se recogen los hechos, las personas, los diálogos, las palabras, para después armar, con infinitas posibilidades, historias donde se combinen, transformándose, todos aquellos elementos guardados en la memoria consciente y/o inconsciente. Sobre uno de sus libros de cuentos Muñiz comenta:

Los cuentos reunidos en Serpientes y escaleras provienen de algún recóndito juego de la memoria en donde ascender y descender no son opuestos. Cuentos que casi podrían denominarse testimonios, si no fuera por su estilo lúdico. O confesiones, si no fuera por su libre invención literaria. Recuerdos... Sueños de la creación. Irreverencias del humor y burlas del dolor. Una vía mística anhelada. Una irónica compasión por la pérdida del paraíso.2


La experiencia de la muerte tuvo otras consecuencias para Muñiz. Desde muy pequeña se sentía presionada a tener un comportamiento que le hiciera apreciar profundamente la vida. Desde temprana edad comenzó a cuestionar la exis-tencia de Dios: "Dios no existía. Lo discutía con mi hermano y yo ganaba: `No. Si Dios permitió tu muerte no existe'. Mis conclusiones eran radicales y zanjaban la cuestión de una vez" (p. 9).

Sin embargo, a lo largo de toda su obra el cuestionamiento persiste, de manera latente. La mayoría de los personajes van en busca de un sagrado perdido, de un Dios que ha abandonado a sus criaturas, que si se manifiesta es indirectamente a través del conocimiento.

Los personajes se relacionan con un Dios falible al que constantemente están retando; pues para ello existe también el diablo, (¿la otra cara de Dios?), la figura maligna que pro-pone a los personajes derrotar a la divinidad, crear una grieta en su omnipotencia, "romper el círculo infinito de Dios". ¿No es éste, en el fondo, un deseo de cobrarle las cuentas a un Dios injusto que se ha llevado al ser querido? Cuestionar a Dios, relacionarse con él negándolo, y a pesar de ello estar siempre buscando el conocimiento de lo sagrado, la experiencia mística por medio del conocimiento esotérico, es una de las paradojas fundamentales que encontramos en la obra de Muñiz.

A la manera de Job, Muñiz es tocada por una "apuesta", cuya consecuencia es la muerte de su hermano, y de esta misma manera la escritura surge como un largo y constante reclamo, como una argumentación en contra de la divinidad, un alegato que se niega a admitir la justicia divina y en cambio exalta al diablo que es, finalmente, el ganador de la apuesta, el que vence por dos razones: la primera porque se ha llevado al ser querido y la segunda porque afecta profundamente la fe en Dios. Sin embargo, en los mismos textos de Muñiz encontramos, de manera latente, la esperanza de la revelación; es decir, en el fondo se desea saber que Dios existe y por eso se le reta, se le enfrenta, para ver si, provocando su ira, aparece al fin. Es la escritura entonces una oportunidad que Muñiz le da a Dios de revelarse. De nuevo, así como los cabalistas buscan a Dios escondido entre las letras sagradas, así como, según se dice, el Nombre Inefable se halla extendido a lo largo y a lo ancho del Libro de los Libros, también Muñiz guarda en el fondo la esperanza de que en su escritura, a través de la narración de la búsqueda, Dios se le revele. Aquel Dios que es Nombre, Verbo, aquel Dios al que se le emula creando mundos a través de la palabra, esperando, a la vez, que en esos mundos Dios aparezca para explicar su abandono y justificar su falta.

El exilio

Otra de las experiencias que marca profundamente a Muñiz, es la experiencia del exilio.

Angelina Muñiz es hija de padres españoles. Al estallar la Guerra Civil Española viajan a Hyéres, Francia, donde nace la escritora. De ahí viajan a Cuba, donde están algún tiempo y de ahí a México. Aunque Muñiz no estuvo en España al estallar la guerra, el exilio de los padres y los viajes constantes de un país a otro hacen que su vida esté siempre marcada por el exilio: "Intensamente ligada a la muerte, la marca del exilio nunca ha podido abandonarme"(p. 10).

Cuando el exilio se ha vivido de manera profunda y constante, se convierte en una experiencia central alrededor de la cual se tejen las ideas, la forma de ver el mundo, los sentimientos y la propia identidad que se busca entre el mosaico de lenguas, lugares, costumbres y gentes distintas que van conformando y enriqueciendo al yo. Tal como lo declara Muñiz:

El exilio como centro de la vida es todo: una idea, un concepto, algo abstracto, algo concreto. Te modifica y te hace estar en situaciones límite: dar el paso para adelante o para atrás. No me quejo del exilio, te enriquece y te permite conocer cosas nuevas porque se han perdido otras.3


Y cuando todo gira alrededor del exilio, cuando éste ha sido una experiencia central, surgen una serie de procesos emocionales: encuentros y rupturas, desgarramientos y restauraciones, abrazos y pérdidas, que tendrán una influencia definitiva en la obra del escritor exiliado. Así, la obra de Muñiz está marcada por la experiencia del exilio con todo lo que éste implica.

La escritora, renuente a someterse a la pérdida absoluta, se niega a quedar en el limbo y, como todo el que ha sido desterrado, crea su propia tierra, el hogar donde habrá de habitar el alma extranjera.

Son dos las moradas que habrán de habitarse. La morada interior y el libro: "Ese ir de país en país creó mi propia morada interior"(pp. 10-11).

Quizá la primera lleve a la segunda; cuando la morada interior es tan profunda, cuando ha sido sobrepoblada con recuerdos, ideas, fantasmas y deseos, se desborda. Entonces es necesario mudarse a la tierra del libro que va a contener lo creado en ese primer hogar:

Podría vivir en cualquier parte del mundo: en cuanto llego a un lugar, así sea de paso, acomodo las calles, el paisaje, las casas, las paredes a mi mirada. Y las medidas se me acoplan... (Aun en el reducido espacio de un asiento de avión instalo mi cuarto propio y leo y escribo como en un palacio) (p. 11).


El libro es entonces la tierra, la tierra que se lleva a todas partes, la tierra donde los fantasmas interiores pueden habitar, la tierra donde mora el alma exiliada.

Pero el libro es también la tierra por donde se camina dejando huella, es la tierra de los signos y las puertas, de los caminos infinitos y las posibilidades inmensas. Es la tierra que acoge, que recibe, que dialoga.

Y sin embargo, la idea del exilio no abandona al escritor que, aun abrazado al libro, sabe que el destino del hombre es errar, ir de un lado a otro buscándose, transformándose, reinterpretando sus paraísos encontrados y perdidos cientos de veces a lo largo de su errancia.

El texto-tierra es el espacio donde los personajes habrán de buscarse, camino siempre distinto, de posibilidades infinitas. Los personajes de Muñiz son, en muchas ocasiones, personajes antiguos sacados de la historia y de la literatura. Muñiz los cambia de posición, es decir, los hace errar de un texto a otro. La inmortalidad de estos personajes tiene su causa en esta errancia interminable, en esta nueva vida que se adquiere por el hecho de reanudar las andanzas en la tierra del Libro. Esta interesante concepción nos hace pensar en la literatura como en un solo territorio interminable. Los cuentos o novelas modernas son una continuación de viejas historias; los personajes adquieren vida propia por su capacidad de moverse, de aparecer y reaparecer en la tierra infinita que les pertenece: la tierra del libro.

También el escritor ha acompañado a los personajes en su errancia; él mismo ha andado las tierras, vivido las aventuras y sufrido las congojas de sus personajes.

Muñiz, junto con sus viejos compañeros histórico-literarios, se da a la búsqueda de lo sagrado, a la búsqueda del conocimiento, de tal manera que escritor y personajes se funden en un solo cuerpo impulsados hacia un paraíso imaginado por el camino del libro, partiendo de la experiencia original de la ruptura y el exilio.

Por ejemplo, en su primera novela, Morada Interior, la escritora reinterpreta la vida de Santa Teresa. En una entrevista que le hacen a Muñiz, ella cita y comenta un capítulo clave de la novela que comienza así:
 

 
 

No es que me desespañolice, sino que busco las raíces, las verdaderas y profundas. Esas raíces que cuesta trabajo encontrar, que duele desenterrar y que temen la luz del día [...] Santa Teresa como personaje me permitió seguir buscando. Ella encuentra en el exilio y la mística algo no tangible que es una salida [...] Quizá por eso me acerco a los místicos, no por religiosa ni por mística, sino porque tuvieron la capacidad de encontrar algo que no necesariamente es la tierra.4


La vivencia central del exilio adquiere para Muñiz un carácter histórico (que la identifica con el exilio histórico del pueblo hebreo) cuando un día, su madre le confiesa que su origen era judío:

Mi familia materna había conservado esta tradición por los siglos de los siglos. Su judaísmo estaba ya muy diluido y lo compartía con formas también muy diluidas del cristianismo. Mi abuela Sebastiana sabía algunas palabras de hebreo castellanizado. Le había transmitido a mi madre, para que a su vez lo transmitiera a sus hijos, un signo que los identificara como judíos... A partir de ese descubrimiento, reforzado por las lecturas de la Biblia que me hacía mi madre, me di a la tarea de estudiar el judaísmo, las obras de Américo Castro estudiadas muchas años después me fueron aclarando el panorama de mis orígenes.5


De hecho, su primera novela, Morada interior, surge, como ella misma lo declara, de las ideas de Castro y de su búsqueda del judaísmo. Santa Teresa, el personaje central de esta novela, "pertenece a una familia de conversos, eso la lleva a crear un exilio interior. Mi propia situación de exilio me lleva a intuir situaciones de exilio. Esto es lo que ocurre en ésa mi primera novela".6

Pero hay algo más, la situación del exilio se expande y se transforma en un concepto, en una forma de vida, en una cosmovisión, cuando todos los aspectos de la vida de una persona se topan siempre con una ruptura. En Muñiz esta ruptura es histórica, social, religiosa, emocional. La propia experiencia del exilio, aunada a la búsqueda de sus propios orígenes judaicos crea en Muñiz una identificación con la experiencia central del pueblo judío que es también el exilio. Experien-cia milenaria que se va repitiendo a lo largo de la historia des-de los tiempos bíblicos, pasando por el exilio de los judíos de España, cuya consecuencia ideológico-religiosa fue la Cábala como una concepción que viene a dar respuesta a este exilio, hasta la diáspora, la dispersión de los judíos en la época actual.

José Ángel Valente relaciona la expulsión de los judíos de España con el exilio español provocado por la Guerra Civil Española; estos hechos crean en las jóvenes generaciones de la posguerra civil una conciencia de ese doloroso ritmo de exilios y expulsiones que obliga a una relectura de la historia.7 Ambos hechos están conectados en más de un aspecto. Lo curioso es que de alguna forma Muñiz es víctima de los dos. La ironía es que dos acontecimientos tan distantes en el tiempo puedan afectar de manera directa o indirecta a una persona.

Hay un hecho más que refuerza, en la escritora, la experiencia del exilio. Angelina Muñiz comienza a escribir desde chica, en un principio por imitación a su padre que era periodista, había escrito poesía e incluso le habían publicado obras de teatro en España.

A raíz de la muerte del hermano, el padre hace el voto de dejar de escribir, por lo tanto escribir quedó prohibido en la familia. Este hecho fue tremendo para Muñiz y significa la primera ruptura con su padre, ruptura absolutamente necesaria cuando escribir es realmente, como en el caso de Muñiz, una necesidad casi tan imperiosa como comer o respirar.

"Mi exilio es una suma de múltiples exilios: el de mis padres provocado por la Guerra Civil Española, el de mi hermano causado por su muerte, el dado por la prohibición de escribir, el exilio social..."8

La escritura

Pero más allá de la necesidad, escribir es un derecho gana-do a pulso, es, en palabras de Muñiz, "un privilegio que ni aun todas las palabras de todos los lenguajes pueden ex-presar" (p. 31).

Su actitud para con el lenguaje es ante todo de un profundo respeto, y de un absoluto compromiso con la palabra. Como ella misma lo afirma:

Es un oficio de tal responsabilidad y de tal sentido ético, que la única comparación posible que se me ocurre es con la del cabalista que reescribe los textos sagrados con la mayor perfección, porque equivocar una letra sería destruir el universo(p. 32).


Su estética es una ética del lenguaje; elegir la palabra precisa, la que va a dar el sentido exacto que se pretende y se requiere; se convierte en un deber, y esto se comprueba en sus textos de manera definitiva.

Alejada de las modas y las actitudes circunstanciales, Muñiz logra crear un estilo propio dirigiéndose "al meollo" y apartando "la corteza".

Es decir, hay una precisión en el uso del lenguaje y sin embargo hay un intento reiterado de trascender el uso habitual y desgastado de las palabras: "...renuevo, desgarro y reconstruyo. Pero sin perder nunca la armonía: aun dentro de la vio-lencia, de la crueldad o del sarcasmo. De igual modo el ritmo musical de la prosa es imprescindible para mi estilo" (p. 32).

Otro de los elementos que caracteriza la escritura de Muñiz es el uso "irregular" de los signos de puntuación. La escritora juega con la puntuación y establece sus propias reglas. Reglas que van de acuerdo con el especial ritmo de la frase. Rupturas que sirven para destacar parte de la oración que lo requiere. Fragmentar o entrecortar las frases ponen de relieve el sentido que es necesario resaltar.

Para Muñiz, tanto la puntuación, como los silencios y los espacios en blanco, tienen una importancia fundamental y una intencionalidad que reafirman su estética:

Los blancos que utilizo tienen el propósito de indicar una mayor pausa en la lectura: 0 bien, a la manera de los cabalistas, se pueblan de los infinitos significados que el lector sepa agregarle. Fuego negro sobre fuego blanco. Tinta sobre papel (p. 33).

Para Muñiz, la escritura no sólo es el espacio que sustituye la tierra, no sólo es la morada donde el exiliado puede arraigarse al fin; la escritura es una forma de conocimiento, el acto de escribir es una especie de exaltación mística o amorosa, en la que por un instante se encuentra la revelación:

Si escribir es la reunión de todos esos elementos tan preciosos y tan preciados, el acto de llevarlo a cabo es una unidad inseparable que se da de un solo latido: a la manera del éxtasis místico o del éxtasis erótico (p. 33).


Así, Muñiz nos habla de esta relación erótico-amorosa con la palabra, cuya consumación se lleva a cabo en la creación del texto literario, del poema o del cuento; escribir se convierte en un gozo de los sentidos y del alma, de la memoria y del tiempo:

[...]el cuento y sobre todo el poema me exigen. Debo entregarme a ellos. En el momento en que surgen son como el deseo y no cesan hasta su conclusión orgásmica. Van surgiendo y creciendo sin poder ser detenidos. Llegan a su clímax y necesitan luego el reposo del éxtasis. Verdadera unión erótica entre el poema y la autora. Llaman a mi mente y me despiertan a la madrugada, en la hora de la mayor lucidez y de la mejor entrega coital. Y aquí no empleo lenguaje figurado. Ese lenguaje figurado que por pudor se le atribuyó a los místicos y que no era sino certeza real. Cuando la Sulamita busca a su amado, en amores inflamada, por las calles de Jerusalén. O la noche oscura del alma de San Juan de la Cruz. No hay vuelta de hoja: en el más claro de los lenguajes: en el éxtasis amoroso ocurre el éxtasis poético [...] En la absoluta desnudez y conyugalidad del cuerpo y el alma que propicia el amor. Cuando las palabras son la revelación y la revelación sólo puede ser la verdad (pp. 44-45).


Revelación de la palabra, revelación de la verdad contenida en la palabra, develación de los misterios a través del éxtasis amoroso, de una relación carnal con el lenguaje amado, con el amado a través del lenguaje, a través del deseo, y a partir de la absoluta desnudez del alma y del despertar de los sentidos.

No es casual que los personajes de Muñiz encuentren también la revelación a través de la palabra; el éxtasis religioso y amoroso se produce en esta relación casi carnal entre el personaje y los textos sagrados y después como una prolongación de este acto de amor, los personajes derramarán todo el conocimiento y la revelación adquiridos, en la escritura. La tinta correrá cual semen que fecunda y germina en conocimiento revelado, conocimiento del alma, conocimiento sensual, conocimiento divino. Instancias que son una sola, experiencias que se funden en un instante extático en el cual el hombre, el personaje, el escritor van más allá, hacia los límites, trastocando la muerte para retornar abrazados al instante de la revelación que deberá ser transmitida y eternizada por medio de la escritura.

Por ello, ante los textos de Muñiz, los lectores nos encontramos también frente a un juego de desciframientos, dentro de un laberinto de claves cifradas, y de símbolos que hay que desentrañar si verdaderamente se quiere acceder a la revelación. Los textos de Muñiz nos obligan al juego de la memoria, a recorrer el tiempo histórico-literario, a recordar vidas de personajes para poder construir el significado del texto. La labor de reconstrucción a la que tiene que someterse el lector es también una estética, avalada por una concepción hermenéutica, donde tanto el escritor como el lector tienen que participar de manera activa en la construcción de los significados.

Reinventar los textos es una de las consignas de la escritora, pero también de los lectores a los que se nos abre una serie de posibilidades de interpretación; porque cuando el escritor se arriesga a reinterpretar, renovar, desgarrar y reconstruir, le da a sus lectores el mismo derecho; al que yo denominaría como el derecho a la transgresión. Porque una de las cosas que es evidente es que al reinterpretar un mito, un personaje o una circunstancia histórica, se está transgrediendo el canon establecido o la interpretación conocida y aceptada.

Así, el acto de la lectura tanto como el de la escritura se convierten en una forma de iniciación donde, tanto el escritor como el lector, se apartan de la vida cotidiana para adentrar-se en la zona oscura del texto, cargada de símbolos y misterios, los cuales si logran descifrarse, operarán un cambio profundo en el alma de ambos. El lector casi se convierte en el personaje, pues al igual que éste, tiene que develar los misterios y los enigmas que va ofreciendo el texto; y, si el personaje sale enriquecido por la experiencia de la iniciación, asimismo el lector adquiere un conocimiento que lo convierte en un iniciado.

Por ello los temas y los símbolos cabalísticos y alquímicos adquieren una importancia fundamental en la obra de Muñiz, además de que comprueban esta concepción de la lectura y la escritura como ritos iniciáticos.

En general este poder que tiene la literatura de transformar a quienes realmente penetran sus contenidos, adquiere en la obra de Muñiz una relevancia fundamental y aluden al fondo mítico del texto literario y convierten la lectura y la escritura en un proceso ritual, comparable en muchos sentidos con los ritos iniciáticos.

En una obra se pueden analizar las acciones rituales de los personajes, los ritos representados o la estructura ritual de las aventuras del héroe, pero cuando la escritura y la lectura significan también penetrar en un rito iniciático, entonces todo el texto, la forma, el contenido y la experiencia literaria adquieren un significado total y unificado.

Pero los textos de Muñiz tienen también un profundo sentido histórico. Paradójicamente, en el fugaz instante de la revelación, el tiempo se extiende, el presente se expande hasta tocar todos los espacios y todos los tiempos:

Tal vez el instante, ese pequeñísimo fragmento de revelación, sea la historia. El símbolo de lo que es la vida, el hombre. La vida es tan fugaz como el instante de revelación. La historia en ese sentido está unida a la muerte y a la temporalidad como instantaneidad.9


El utilizar los temas místicos también sirve a Muñiz para otro propósito: "En mis libros de relatos... sigo con la propensión mística como medio para reflexionar sobre el proceso de creación." Esto es más interesante cuando sabemos que la Cábala es también una filosofía del lenguaje o una mística de la Letra y la Palabra. Muñiz se adentra en esta tradición y retoma sus elementos esenciales para hacer una reflexión propia sobre el significado que para ella tiene la creación, la escritura y el lenguaje.
 

 
 

La obra

Angelina Muñiz ha incursionado en todos los géneros literarios. Su primer libro, Morada interior, es una novela cuya figura central es Santa Teresa. Sobre esta figura Muñiz declara: "...se me convirtió en un yo contemporáneo: sin raíces: sin fe: en busca de identidad: en el exilio y en la separación: en el centro de un erotismo silencioso".10

A Muñiz le interesa exponer en esta novela un mismo tema con dualidades de enfoque: la búsqueda de identidad religiosa entre cristiano nuevo y cristiano viejo: exilio español y México. Muñiz declara que ya desde esta primera novela, aunque parte de una estructura narrativa semejante a la novela, crea su propio género ad hoc que le permitiera absoluta libertad de movimiento en tiempo, espacio, personajes, formas, invenciones y reflexiones. Esta obra es realmente interesante por su contenido existencial pero sobre todo por la ruptura o la flexibilidad de los géneros, podemos encontrarnos en medio de la prosa, poemas o frases dispuestas en versos; el personaje va de su mundo interior al exterior con mucha libertad, de tal manera que los espacios llegan a fundirse o confundirse, esto hace que el lector realmente sienta el drama por el que está pasando este personaje. Morada interior, recibió el premio Magda Donato en 1972.

En Tierra adentro (1977) Muñiz sigue una forma narrativa clásica y elige el orden cronológico dentro de un suceso no contemporáneo.

Expone el tema de un personaje judío que debe abandonar España antes que ser forzado a cambiar su religión.

La novela La guerra del Unicornio es también interesante pues Muñiz utiliza el lenguaje y las formas de la épica castellana, con trasposición de la Guerra Civil Española a la Edad Media.

Alquimia y Cábala hacen su presencia en esta obra: la temática es un antecedente del interés por los temas esotéricos y medievales, que seguirá vigente a lo largo de las obras de Muñiz.

En Dulcinea encantada Muñiz expone el tema de la locura en la creación. Esta novela es un intento de esquizofrenia literaria: un mismo personaje escribe dos novelas: la acción se reduce al centro de su mente con tres voces en constante diálogo tácito. Se aborda el tema del exilio español a partir de los recuerdos de infancia de una niña, que es enviada por sus padres a Rusia para escapar de los peligros de la guerra civil, sin imaginar que en cambio le tocaría padecer la Segunda Guerra Mundial.

Sus libros de relatos Huerto cerrado, huerto sellado, agrupa relatos de 1960 a 1984. Esta obra recibió dos premios internacionales, el Xavier Villaurrutia de 1985, y el Harvey L. Johnson de 1988, por su traducción al inglés.

De magias y prodigios abarca el periodo de 1985 a 1987 y recibe el premio internacional de literatura Fernando Jeno.

En sus libros de relatos, Muñiz alterna dos líneas: la tendencia mística y las historias acumuladas, oídas y rehechas para poner de relieve sucesos únicos, entre la violencia y el humor.

Lo mismo sucede con los relatos que constituyen su libro Serpientes y escaleras, en donde además la idea de subir y bajar marca pequeños sucesos en las vidas de los personajes, en su mayoría refugiados españoles. En este libro es notoria la presencia de México.

En estos relatos, como comenta la misma escritora, el exilio y la memoria son dos temáticas paralelas. Historia y pasado surgen como un presente modificable. Existen para ser transgredidos. En ellos Muñiz mezcla, combina y opone los recuerdos que guarda en la memoria, que abarca no sólo la suya específica, sino la colectiva que ha ido recogiendo a lo largo de su vida. Luego conforma los recuerdos en un fluir de hechos. No transcribe la realidad sino lo que hay más allá o lo que pueda imaginarse que es la realidad.

Recientemente ha aparecido un nuevo libro, Narrativa Relativa, que es una antología de los cuentos que aparecen en los libros citados, junto con otros cuentos publicados en revistas y periódicos del país.

Muñiz ha escrito dos libros de poemas: Vilano al viento y El ojo de la creación.

En ellos aparecen los mismos temas que han interesado a la escritora. Aquí también rompe con las formas tradicionales del poema. Sobre su experiencia en el terreno poético Muñiz declara:

Paso por etapas de caos y orden. Una vez que encuentro el terreno poético, me da miedo quedarme encerrada en él y busco otra salida. Entonces reviso mis borradores, pienso que no sirven porque no son poéticos. Se trata de ir mezclando, hasta que llega un momento en que ya no importan estas cosas.11


Una de las consignas de la escritora es no encasillarse, no atenerse a las fórmulas ni a las reglas preestablecidas. Este hecho se deja ver en toda su obra y en los distintos géneros que explora, y que al explorar, rompe:

"Escribir, es difícil hablar de ello. No puedo ponerme en fórmulas, no quiero encasillarme. Por eso mis cuentos no son cuentos. Mis novelas no son novelas y mis poemas no son poemas".12

Tiene dos libros ensayísticos: La lengua florida, que participa de ensayo y antología. En esta obra, Muñiz recoge los textos poéticos, filosóficos y religiosos de la tradición literaria sefaradí, desde la Edad Media hasta nuestros días.

Las raíces y las ramas, que es una investigación histórica y temática sobre la cábala judía y su influencia en los marcos intelectuales exteriores al judaísmo, así como en la cábala cristiana.

Su labor crítica ha sido importante. Trató en varios ensayos a autores mexicanos que surgieron en las décadas de los sesenta y setenta como Fuentes, Paz, Castellanos, por mencionar algunos. Autores del exilio español como León Felipe, Cernuda y otros. Y autores de la literatura universal como Saúl Bellow, Samuel Beckett, Nelly Sach y varios más.

Recientemente recibió otro premio, el primero instituido para mujeres escritoras.

Corrientes e influencias

En toda la obra de Angelina Muñiz es evidente su interés por los temas esotéricos, tanto la cábala como la alquimia son parte fundamental de los temas abordados. En ese sentido la tradición cultural y literaria cultivada en la Edad Media y el Renacimiento forman parte del caudal de conocimiento e influencias que se manifiestan en la obra de Muñiz. De hecho, para abordar estos temas, aun desde una perspectiva moderna o postmoderna, la escritora se vale en sus narraciones de aventuras de caballeros o personajes que salen de la historia o literatura de aquellas épocas, y tal como ellos, sus personajes van en busca de un objeto o de una experiencia que les revele los secretos del conocimiento, no sin antes enfrentarse a los obstáculos y peligros de la búsqueda.

Otra de las influencias fundamentales es la Biblia. Muñiz retoma temas y personajes bíblicos y los reinterpreta, los reubica en circunstancias distintas.

En su obra también aparecen los mitos antiguos y los personajes de la mitología griega, sobre todo de la tragedia, a los que les da una interpretación renovada, un enfoque original, que redondea y enriquece la visión del personaje, las posibilidades de desarrollo y evolución que éste tiene. Así los arquetipos siguen teniendo una función importantísima en la obra de Muñiz, como fuente inagotable de conocimiento del alma humana. Como dice Pura López:

[...]Angelina Muñiz ha sufrido a lo largo de su vida y de su escritura un proceso de arquetipo junguiano, es decir, ha tendido cada vez más a explicar el mundo a partir del hombre. Sus textos han sido, son, manifestaciones espirituales, frutos de la vida interior que perpetuamente fluyen desde el inconsciente de una manera comparable al desenvolvimiento gradual de la creación.13


Todos estos personajes, mitos y corrientes antiguas son reinterpretados a la luz de los temas que interesan a Muñiz: el exilio, la muerte, la iniciación, el conocimiento, el problema del bien y del mal, Dios y lo sagrado. La originalidad en el planteamiento y la expresión de los temas hace que Angelina Muñiz se aparte de las formas corrientes que aparecen en la literatura mexicana de la época contemporánea. De hecho ella misma me comentó, en una entrevista, que cuando quiso publicar su primer libro, Morada interior (1972), tuvo dificultades y retardos, porque en aquel tiempo estaba de moda la literatura de la onda y a ella le interesaban temas totalmente distintos, que tenían que ver con la problemática del exilio interior y la búsqueda de la propia identidad.
 

 
 
La obra de Muñiz y el develamiento del ser

Angelina Muñiz es el ejemplo de una mujer totalmente comprometida con su quehacer de escritora. Si se hiciese dentro de la literatura mexicana una clasificación de literatura femenina, Muñiz estaría entre las más importantes representantes de la literatura famenina mexicana. Pero lo interesante de la obra de Muñiz es que si bien, como ella misma lo declara, es una escritora que inaugura el tema de la mujer en situaciones extremas y no exentas de humor cruel, Muñiz no se limita a los temas que tienen que ver con la mujer, sino que los trasciende para dar una cosmovisión personal que no se reduce a una visión "femenina" del mundo.

Al contrario, Muñiz trasciende los límites de su sexo (si es que estos límites existieran) para ofrecernos un mosaico de la cultura universal integrada en una obra que toca los problemas fundamentales del hombre, desde una perspectiva histórico-literaria. Muñiz retoma y reinterpreta la tradición, utilizándola para reflexionar sobre los problemas del hombre moderno. Y esto no es una contradicción, pues cuando realmente se respeta una tradición se sabe que en ella está la fuente de todo conocimiento y que por más antiguos que sean sus contenidos siempre podrán decirnos algo nuevo en cada relectura, aunque ésta se haga después de varios siglos.

Sus reflexiones sobre el acto de creación y sobre la participación activa del lector como cocreador son importantes y forman una estética cuyos principios están basados en la hermenéutica contemporánea.

Sus innovaciones en la forma nos hablan de esta búsqueda constante del escritor que quiere adecuar, lo mas perfectamente posible, el libre fluir de la psique y del alma con una escritura que refleje esa libertad, la complejidad del pensamiento, del sentimiento y de las pasiones humanas:

Lo que me interesa poner de relieve es la infinita variación textual: la lucha entre lucidez e irracionalidad: la constante ambigüedad de las emociones: las pasiones ocultas: la falta de ley en un mundo de leyes. En cuanto al aspecto formal, me rijo por la misma libertad e independencia. Aparto de mi vía todo lo que sea límite, regla, consigna. Uso los géneros de una manera flexible y según las necesidades de cada caso. Dentro de una concepción de claridades, tampoco me interesa el alarido estridente o el yo con mayúsculas. Creo en el trabajo sin medida: no en el reloj constante y sonante (p. 37).


En Muñiz no es menos importante su sinceridad al escribir. La escritora sabe que escribir consiste en ir despojándose de todas las máscaras, en ir exorcizando, a través de la escritura, a todos los fantasmas que pueblan la memoria.

"...Escribir es irte quitando tabúes... Lo importante es la confesión. No tener miedo a despojarte..."14

Escribir es desnudar el alma hasta tocar el fondo. Desactivar los mecanismos de defensa del pensamiento y la conciencia para penetrar en el mundo del inconsciente y tocar la médula que nos soporta.

 
 
   
Como bien apunta Pura López:

Lo cierto es que (Muñiz) ha llegado a desentrañarse literariamente. Ha desmontado por así decirlo, su ser hasta el último fragmento, de modo tal que ya se pierde de vista la literatura, la intención artística, quedando el ser al desnudo... Quien recorra su obra, la narrativa al menos, irá viendo desarrollarse a la criatura.15


Pero Muñiz va más allá, sabe que en el desentrañarse está también la responsabilidad de integrar después, a la conciencia, las esencias reveladas. Aventura no exenta de dolor y de riesgo. Penetrar en las profundidades del ser nos lleva a reconocer, en uno mismo, la locura, la muerte; sin embargo, quien logra salir cuerdo de esa aventura, sabe que en el interior están todas las posibilidades humanas, desde las más terribles hasta las más sublimes. Y entonces sólo es posible amar al hombre por la comprensión hallada a partir del conocimiento de uno mismo. De esta manera el escritor, al igual que sus personajes saben que su misión es relatar la aventura. Esa aventura que es búsqueda, iniciación, revelación, dolor y, consecuentemente, agradecimiento por la posibilidad de expresar lo entendido y gracias a ello poder despertar la conciencia de los hombres compañeros, que en realidad nos encontramos, como un solo ente, en esta aventura iniciática que se llama vida.

Muñiz sabe muy bien todo esto, pero también sabe dentro de su humildad que su verdad no es la única y que su visión del mundo no es una visión que se quiere imponer a los lectores. Pero por ello sabe también que lo más preciado que
tiene es su libertad para expresar tal como ella quiera la experiencia de su propia aventura existencial y literaria:

El escritor de esta época no tiene porqué dar razón de su escritura. Será porque no le adjudico a la literatura un papel específico. Como ya se ha dicho todo, quizá lo que interese es el proceso creativo para dar una visión del mundo. Tal vez eso quede. Tal vez no sea verdad. A los escritores no hay que pedirles su opinión, sino dejarlos escribir.16


La creación literaria es un acto de amor y de compromiso, una búsqueda constante que implica dolor pero también satisfacción, cuando se sabe que al fin lo escrito, lo creado, ha logrado penetrar en el corazón de un solo hombre para transformarlo. En ese sentido el trabajo de Angelina Muñiz se está viendo recompensado pues no somos pocos los que al penetrar en su obra hemos salido verdaderamente enriquecidos, renovados y transformados.

*Jenny Asse Chayo (ciudad de México, 1963) estudió la licenciatura en letras latinoamericanas en la Universidad Iberoamericana, así como cursos de maestría en pensamiento judío en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ha publicado un libro de poesía: Busco en mi carne el Nombre (México, Praxis, 1997). Imparte clases de literatura y talleres de creación literaria.
Notas

1 Angelina Muñiz-Huberman, De cuerpo entero, México, Corunda/unam, 1991, p. 7. En adelante todas las citas referidas a este libro autobiográfico estarán marcadas dentro del capítulo mismo.
2 Angelina Muñiz-Huberman, Serpientes y escaleras.
3 Mariana Bernárdez, "En el centro el Exilio", en La Jornada, septiembre, 1993, p. 28.
4 Ibid., pp. 29-30.
5 Ibid., p. 29.
6 Idem.
7 Idem.
8 José Ángel Valente, "Poesía y exilio", en Vuelta, 203, México, p. 16.
9 Bernárdez, op. cit., p. 30.
10 Ibid., p. 27.
11 Ibid., p. 31.
12 Idem.
13 Pura López Colomé, "Los frutos del peregrinaje", en Narrativa relativa, p. 12.
14 Bernárdez, op. cit., p. 27.
15 Pura López, op. cit., p. 12.
16 Bernárdez, op. cit., p. 31.