El anarquista de las
bengalas
|
| Recuérdalo
Mejor es perder todo, ya
al principio perder
y perder siempre: sin duda
es mejor no ser ya daño
por estúpidamente
creer de nuevo capaz al hombre
de disfrazarse con un mínimo
de éxito
de luna o de paloma: recuérdalo
y que así no te sorprenda
que se hace en extremo difícil
vivir
donde no es ni pobre el
sueño. |
|
Intermedio
Hablo de pasados y de sueños,
simplemente
hablo de lo que fui y ya
no me creo
pero al mismo tiempo sé
que una muchacha
me espera en cada calle
y de par en par
su alma abierta, que una
muchacha me espera o me soporta
fingiendo que son nada
las ciegas mordazas de mi
sombra
y participando voluntariosa
en el teatro
del hacer ver que es muy
común
este vivir entre agujeros.
Sobre acechos de lluvia,
en cualquier impensable intermedio
recuerdo eso y también
me acuerdo de decirle
si ve este pan pobrísimo,
este pan o vino
que a ningún sueño
alimenta, este pan por la muerte tan roído,
de pronto me acuerdo y le
repito si lo ve, di,
¿no me oyes?, ¿lo
estás viendo?, pues aunque no sirva
y no te baste tómalo,
ten, te lo regalo,
que mío es, nada
me cuesta y además
muy fácil me resulta
compartirlo
por saber desde hace tiempo
que es menos que poquísimo
lo que tengo y lo que espero.
|
|
El anarquista de las
bengalas
Yo soy el anarquista de las
bengalas,
el anarquista único,
el que permanece y pasa:
he tenido nombres en los
que dormían las frutas
de los corazones raros.
A todas horas trabajo,
y en especial cuando la
gente afirma
que no hago nada. Sé
lavarme el alma
sobre papel y nada, colocar
bombas de relojería
en las ciudades que siento
en las espaldas,
buscarle y con olvido las
cosquillas a un amor
que prefiguro con distancia
y a través de todo eso
seguir estando en todas
partes habiéndome
marchado.
Porque yo soy
el anarquista de las bengalas.
Cada vez
que enciendo una tu corazón
y mi corazón se apagan. |
|
| Absurdos principios verdaderos
Todo esto sucedió
en el pasado, el sueño o la mentira
o simplemente todo esto
sucedió en el tiempo o mar
en que la vida hasta tal
punto era la vida
que el amor nada tenía
que ver con el ocaso.
Absurdos principios verdaderos
me resultan obligados
si quiero recordar ciertas
miradas, algunas de las tenues risas
con que trazaba sobre habitaciones
y jadeos
fantasiosos mapas del tesoro
y más absurdos y
verdaderos deberían lograr ser
si estuviera dispuesto a
comentar
cómo a las palabras
para retratar al amor les
nacían manos
que acuchillaban y danzaban.
Sí, creo que era así,
o que al menos
era algo parecido; que,
a ver si lo recuerdo,
sobre sombra y musgo yo
limpiaba
sus ojos de ceniza
o que ella me esperaba o
descubría
con secretas fiestas de
lenguaje.
(A veces a diario las mañanas
nos exarninan
y a veces no son suficientes
para vivir los cantos
igual que una calle es muerte
o acogida
según cómo
en sus labios se balancee una despedida).
Sí, así lo
recuerdo o creo y así a veces
nombres o cinturas o historias
sin esquinas,
a veces así paloma
o paloma y sueño
de agua a veces.
Pero silencio ahora.
Ahora, por favor, silencio.
Porque ustedes
desde el principio muy bien
saben
cuándo ha sucedido
todo esto.
Y a los adioses aún
les sienta bien
explorarse de puntillas. |
|
|
|
| Para una teología
del insomnio
Minuciosamente sueño
a Dios durante el día
para por la noche poder
creer que me perdona.
Desde la culpa de no ser
feliz, de no haberlo sido,
desencuaderno mis ojos huecos
y de sobras sé
que no dormir es un rastro
del infierno.
Praga
Yo nunca he estado en Praga,
pero le sueño jardines,
escaparates llenos de temblorosos
misterios y también
que los tranvías
se alejan justo con la extraña forma
que cursi como soy siempre
me ha hecho
llorar por los falsos recuerdos.
Si llega la noche populoso
soy y la atravieso
o me pierdo en una fiesta
y no entiendo
por qué estoy ante
las ventanas
que se esconden en las anónimas
piernas
preguntándome con
insistencia cómo fue
que le crecieron a nuestro
amor tantos nenúfares
y a la vez dándome
por fin perfecta cuenta
de que la soledad siempre
ha sido una flor seca
que alguien se dejó
olvidada en un ojal.
Y es que aunque yo nunca
he estado en Praga
le sueño —ya lo ves—
jardines, tranvías,
baile y despedida y cosas
parecidas;
y sueño también
que con tan frágil materia
un día hago un poema,
que tú lo lees
y que con cualquier motivo
me traes —sorpresa—
dos billetes de tren para
el sitio
que me ha dado por llamar
de esta manera
y que entonces yo tengo
que aunar
afecto y paciencia para
decirte aquello
de no despertéis
al amor con vuestros pasos,
aquello que no sé
ahora quién lo ha escrito
pero sí que dice
distinto según el ánimo o el día
y que quizá simplemente
es —¿lo entiendes
ya, estúpida mía?—
aquello mismo.•
|
| *Santiago
Montobbio (Barcelona, 1966) es licenciado en derecho y en filología
hispánica por la Universidad de Barcelona. Ha publicado: Ética
confirmada y Tierras (Francia, 1996). Ocupa la vicepresidencia
de España en la Association pour le Rayonnement des Langues Européennes
(ARLE), de Neuilly-sur-Seine, y es corresponsal en Barcelona de su revista
Europe
Plurilingue, que publican las Éditions Université Paris
8 (París). |
|
| |
|
|