Poemas desde el silencio
* Erich Arendt
Versiones de Elisabeth Siefer
Aus dem Schweigen

aller Herzen

erdenkahl

und

weiten Augen

lauschen Vögel

lang...

und neigt

von Baum zu Baum

in

Schweigen

dunkler Sterne tiefer Wald.

Horchen

schreiend auf

und reißt die Augen…

Verstummen

reckt

im starrwilden Entsetzen

reckt sich hohl

zwischen Stämmen Stämmen

klaffend Sterne

Hocken Drohen!

und

tiert Erschrecken hellweißer Mond

im Sand.

Blut lickten Furcht!

Grauen stickt

die Finsternis 

um!

und flüchtend

vor

eiener Hand

klammern alle Schatten

Gott

voller Angst

zu

Boden.

Desde el silencio

de los corazones

todos

calvos de tierra

y

los ojos abiertos

escuchan

mucho tiempo

unos pájaros...

y de árbol en árbol

en silencio

inclina

profundo bosque

de oscuros astros.

Irrumpen en gritos

escuchan y

abre los ojos...

el enmudecer

se yergue

en rígido feroz pavor

se yergue hueco

entre troncos troncos

haciendo hueco

astros en cuclillas

¡amenaza!

y

susto animalea luna clara blanca

en la arena.

¡Sangre aclarecen temor!

¡Pavor gris tras — borda

la oscuridad!

huyendo

ante

una mano

las sombras todas

presas de temor

fijan

con grapas

a dios

en el suelo.

(1926)

   
Karibische nacht

Grüner Mond,
dünn wie ein Blatt
über Karibischer See —
fremd schwimmt er und
still.

Im Dämmergrund unten
strecken
Gespenster-Kakteen bettelnd
die mageren Schattenarme
zum toten Himmel empor.

Schwarze Mädchen
liegen schlafend
auf erdnackter Erde.
Knisternd zerfällt die Hütte
um sie. Und ihre Hände,
wie aus Kindertagen
vergessen, bleiben
lange im Dunkel stehen,
wenn sie träumen.

Um die Hütten
haucht
vergifteter Sand
siene Fieberhitze in
den Sterngrund.

Die Bleifläche
um die Insel
liegt unbewegt
wie
vor tausend Jahren.

Oben,
vor dem mondbeschienene
Weissmetall der Öltanks
des Don Maduro,
Herrn der Insel und der Fluglinein,
wandert ruhelos rastlos,
eine Handvoll Reis im Bauch,
einsam
in der schlafenden Welt,
ein Mulatte.

Noche caribeña

Luna verde,
delgada como una hoja
sobre el mar Caribe —
ajena anda nadando la luna
y tranquila.

En el tenebroso fondo abajo
extienden
mendicantes cactos fantasmas
los magros brazos de sombra
hacia el cielo muerto.

Muchachas negras
duermen acostadas
sobre la tierra desnuda de tierra.
Crepitando se deshace
la choza alrededor. Y sus manos,
como de días infantiles
olvidadas, duran
mucho tiempo en lo oscuro,
cuando sueñan.

Alrededor de las chozas
sopla
arena envenenada
su febril calor
hacia el fondo estrellado.

El área de plomo 
alrededor de la isla
yace inmóvil
como 
hace mil años.

Arriba
delante el blanco metal
de los depósitos de petróleo
iluminados por la luna
de Don Maduro,
señor de la isla y de las líneas aéreas
sin descanso sin reposo
anda, en la plaza un puñado de arroz,
y solitario
por un mundo que duerme,
un mulato.

(1943)

   
Prager Judenfriedhof
Für Paul Celan


 Abgestorben
die Wurzeln innen. Am Ölberg
der Schatten des Todes
entsamt. Kreuzweg:
nie endend: Deines
und Meines — aber
noch irrt
der Meeresflügel
des Worts.

Hier, Tagjahre grau,
das Gespinst, das
Entlaubte, oben
ein Lauschen. Unhörbar
ein Wind. Tagjahre
grau, die klagende
Düsenspur. Wind.
alt die Erdunkeln
von Rinden.
 

Unter dem Taglid doch
sinnen — 

tief       
aus dem Boden, Stein längst
wachsen die Stirnen
der Toten: Gesetzestafeln
ungebrochen, Stirn an Stirn,
geschleudert, gebogen
vom Zeitgott, von
seinem Wind. Zu lesen darauf
die harte

Lineatur, herzgrau das Alte:
des Leids unlöschbares

Testament, das gilt noch,
nach ihm wird
gezählt, auch das Grau
deiner Schläfe,
letztes
sediment des Worts.

Augen ihr Münder
Augen! Mirjam
Jehudi, der Sand
eurer Füße! Verjagte,
 
Verbrannt!

Augen Münder
der Schrift,
Schattenzug eines
Erinnerns, eingegraben,
auglos hier mundlos.
Dem Staub verschwistert
unsre Finger,
lesen die Namen.

Panteón judío de Praga
Para Paul Celan


Muertas
las raíces por dentro. En el monte de los olivos
des-semillada la sombra de la
Muerte. Viacrucis
que nunca termina: de lo tuyo
y de lo mío — pero
aún yerra
el ala de mar
de la palabra.

Aquí, días año grises,
el tejido, lo
desfoliado, arriba
un escuchar. Inaudible
un viento. Días año
grises, la quejumbrosa
huella del
tubo capilar. Viento,
antiguo como el oscurecer
de las cortezas.

Y meditar debajo del
párpado del día —

hondo
desde el suelo, piedra, desde hace tiempo
crecen las frentes de los
muertos: tablas de mandamientos
cumplidos, no rotos, frente a frente,
arrojadas, encorvadas
por el dios tiempo, por
su viento. A leer encima de ellas
la dura
lineatura, gris corazón lo viejo:
el testamento imborrable
del dolor, aún rige.

Según éste se
cuenta, también lo gris
de tu sien,
último
sedimento de la palabra.

¡Ojos oh bocas
ojos! Miriam
Jehudi, ¡la arena
de vuestros pies!
¡Desterrados


Quemados!

Ojos bocas
de la escritura,
rasgo de sombra de
un acordarse, enterrado,
sin ojo aquí sin boca.
Hermanados al polvo
nuestros dedos
leen los nombres.

(1961)

   
Meerfern

Hauteinsam.

Staub frißt
der Fuß,
Jahrtausendher
Stundenstaub.
Kein Staubsohn
gilt:

Von unten, aus dem, was
Brust war,
Steinplitter
mannshoch.

Die da,
vergessen,

kennen das Schweigen
im Stein,
Auge des Alten.

Lichtwärts
die Muscheltriade
singt,
bergweiß:
Meerloses Weitersterben.
Wundwunde.

Staub
der Fuß.

Lejano de mar

Solitario de piel.

El polvo come
el pie.
Desde milenios
polvo de horas.
Ningún hijo de polvo
rige:

Desde abajo, desde lo que
era pecho,
astillas de piedra,
altas como un hombre.

Aquellos,
olvidados,
conocen el silencio
dentro de la piedra,
el ojo del viejo.
Hacia la luz
la tríada de la concha
canta,
blanca montaña:
continuo morir sin mar.
Herida de herida.
Polvo
el pie.
(1967)•
   
* Erich Arendt nació en 1902, en Neuruppin, y murió en 1984, en Berlín.