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* Hugo Gutiérrez
Vega
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A Guillermo Landa, otro ilustre de Huatusco, peregrino por el mundo que hizo altos en sus viajes (o, su viaje, para ser más preciso) para vivir París, Varsovia, Panamá, Paraguay, el país de los serbios y más y más, le gustan, sobre todas las cosas, las palabras; juega con ellas, con sus tamaños, texturas, sonidos y colores; las coloca en el caleidoscopio del poema y deja que se acomoden, desacomoden y reacomoden a su aire y su antojo; las acaricia y estruja para que saquen todos sus significados y se regocijen con esa historia que partió de los labios y las manos de don Gonzalo de Berceo, nuestro gran abuelo siempre merecedor de "un vaso de bon vino", y recorrió mares, planicies, selvas y montañas para convertirse en patrimonio y cosmovisión de muchos pueblos y también, justo es decirlo para no caer en la demagogia "de charanga y pandereta", en cultura occidental cristiana y "reserva espiritual del mundo", instrumento de dominación imperialista y de liquidación de otras culturas y de otras maneras de mirar al mundo, a lo sagrado y a lo profano. Por eso, Guillermo, tan alto castellano en este Viar de la venada, se asombra y admira a los vencidos y se conmueve ante esa red de agujeros que fue y sigue siendo su herencia; por eso, en otros libros de este palabrero en español, los vocablos indígenas y los nombres de los dioses de los panteones mesoamericanos brillan con su propia luz sin necesidad de traducción o, lo que es peor, de cristianización o de adaptación lograda a base de empellones y de hogueras por esa visión del mundo establecida por el eurocentrismo y todos sus mecanismos de dominación y de adoctrinamiento. El personaje, el principio, el nudo y el fin de este libro de poemas
es la palabra y sus muchos y casi siempre polivalentes significados y aventuras.
Por eso en el título se juntan el camino y la facilidad para componer
versos y armonizar los sonidos y los temas. En fin... caminar por los senderos
de Berceo, el Marqués de Santillana, Gil Vicente, los romances,
Ruy Díaz de Vivar, don Jorge Manrique, los cancioneros... y lograr
que los versos recorran la boca y salgan al mundo para regocijo de los
lectores audaces, pues su sabor es tan intenso y refinado como el de un
taco de chicatanas o un pocillo de aromático y sápido café
crecido
Guillermo nos habla en este libro de imaginación, pasiones y
cetrería de palabras que nacen en las aurículas, vuelan raudas,
se elevan o caen, pues en eso consiste el ejercicio de la poiesis,
aunque se corra el hermoso y casi calculado riesgo "de volver al puro sentido
romántico", retorno que a este poeta no le disgusta sino que, por
el contrario, le parece culminación de una aventura con imágenes,
emociones y palabras buscadas con minuciosidad de joyero, y evaluadas con
precisión de balanza de botica con fórmulas magistrales y
aromas de bosques o de cápsulas llenas de misterios curativos. Digamos,
por todo lo antes elucubrado, que la poesía de Guillermo nada tiene
que ver con las medicinas de patente. Es una fórmula magistral bien
balanceada, bien preparada en el mortero, bien olfateada y, después
de un breve reposo, convertida en una variación de fórmula
magistral o, más bien dicho, en una nueva fórmula que muy
pronto será objeto de nuevas variaciones:
Cuando el corazón deja de golpear,
Godofredo Guillermo de Leipzig
Reflexiona sobre los espacios líricos y su lista es ilustre y variopinta: el véspero clásico y su nombre en otra lengua clásica, el náhuatl: Tlahuizcalpantecuhtli y sus colores violeta y anaranjado (Borges los vio con sus ojos ciegos desde la torre con reminiscencias "miteleuropeas" de Santa Rosa de Viterbo en la ultramontana y hermosa ciudad de Querétaro), las flores de Proust para el príncipe Grimaldi; la glorieta Dehesa, los zanates y los aromas de todos los continentes. Se cuestiona (así se dice ahora) las razones de su quehacer poético y, con humor erudito, observa al poema buscando, entre "las pluvias torrenciales" del Huatusco natal, su preciso lugar, ese que Leopardi encontró en la terraza de la casa paterna, bajo la mirada de las "vagas estrellas de la osa mayor". Tal vez una de las más ricas y originales (siendo todo naturalmente
original) secciones del libro es la titulada "Pase a la perdurabilidad
de Carlos Martínez Rivas". Se trata de un homenaje que abre un epitafio
escrito a manera de prólogo:
Ante el inepto cuerpo desvaído,
En el homenaje participan los temas, los emblemas y las admiraciones
del gran nicaragüense:
Fue tu lápida en junio
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Entremos de lleno al mundo que se agita en el fondo
de este libro que junta ironías, humoradas, citas cultas, modernidades,
erudiciones europeas, nahuas y veracruzanas, amores locales y cosmopolitas.
Ya lo decía don Alfonso Reyes: "para amar el todo hay que conocer
la parte". De esta mezcla opípara escojo un ejemplo y con él
terminó este divagar admirativo sobre las puntuales divagaciones
de Guillermo Landa de Huatusco:
Confundido con el aulladero nocturno |
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