Viar de la venada
*Guillermo Landa
Pese a la perdurabilidad 
de Carlos Martínez Rivas

Epitafio a manera de prólogo


Ante el inepto cuerpo desvaído
ante la mente exánime de este poeta
que un día se apoderó
del poder divino del Verbo,
vengo a renovar
las antiguas palabras de la Sibila:
"vivit non vivit"

I

Porque escalabas éter amoroso
y en cuerpo de mujer espiabas,
mirón del cielo,
constelaciones y planetas
queriendo entrar al Paraíso
del brazo de alguna Elvira
diste el último paso de la transfiguración.
Te pusiste a soñar.

Pero al volver la vista
sobre la veleidosa realidad
quelle mocheté!
tu sueño se volvió un enigma
nocturno, como en Hamlet,
a quien amabas tanto.

Peor todavía. Fuiste, a partir de entonces,
la auto-pieza de una occisión anímica, 
inevitable Macbeth, preguntando siempre
a tus larvas insomnes:
¿a qué hora vendrá el alba?

Porque miraste la tierra
te ganaste el derecho a cantar. 
Pero un día que romanceabas
Venus empezó a mirarte con triste mirar.
Mientras tu canto crece crédulo e irritado
te alejas del Príncipe 
y repudias la mediocridad 
del "homo quotidianus", 
aunque a veces cantas 
cosas que no valen la pena.

Ahora que el relámpago de la eternidad 
cegó tu retina sobre el abyecto mundo, 
comenzaremos a soñar nosotros 
con menor desamparo, pues tu arte poética y tu vida 
nos prescriben desdeñar el desamor, 
rebosar con sensual inteligencia
soledad, amargura, hosco destierro, 
y usar lápices y carboncillos 
cuando nos falten las palabras.
 
 

II

Fue tu lápida en junio 
que más allá de la esperanza te arrebuja 
sin tus felinos socarrones, 
ya no miañarán más 
ni te lamerán las orejas 
con su menuda lengua fálica.
No estarán más contigo 
los demonios benévolos y las diablesas ebrios 
que horadaban la hamaca de tus insomnios deshilados. 
Redobles funerales traspasaron de tu destierro 
ya la linde y tu silencio en Altamira D'Este, 
donde apurabas la copa arbórea 
al pie del Momotombo y con tus mares dulces 
empezaste a preparar tu mortaja de sales amoniacales 
entre el agave tequilana de Lowry, 
el absintio de Rubén et inter alia
la helada tumba que buscaste en el Red Label con soda.

A pesar de... y no por eso 
fuiste poeta y los serás perenne. 
Con tu desdén ya nos contemplas 
desde el Orco y nos guiñas el ojo
de tu pentecostés privado,
con palabra precisa nos invitas
n'est-ce pas?
a compartir tu soledad 
nueva y eterna.
 
 

El suicida
 

Seré noticia fétida y efímera
en la página roja del periódico diario
y en la voz sanguinosa
de locuaces "comunicadores".
Me reducirán a la pura cifra "escandalosa",
a una mera contabilidad,
batiré las marcas en los anuarios demográficos;
dirán que morí de cansancio de vivir
¡a los dieciséis años!
(anota mi biógrafo que a esa edad
Félix Mendelssohn Bartholdy compuso
el octeto en mi bemol Op. 20);
harán creer que, despechado, me condené a muerte
con el agroquímico homicida,
llamado "pastillas del amor",
para provocar remordimientos en mi novia rejega.
¿Mi madre? No tendrá qué opinar,
apenas tiene un puño de nixtamal
con que hacer un par de tortillas esta mañana,
mientras la televisión comenta mi suicidio anómico
y anuncia un plato lechero repleto de hojuelas de tlaolli
para que se empachen locutores
y publicistas del gallo madrugador Kellogg's;
el vecindario, que siempre anda sicologeando
a todos los de mi barrio, sentenciará:
"estaba mal de la cabeza";
el cura de mi parroquia,
ante la duda,
me absolverá;
los empresarios verán en mí una señal
de la histéresis del desempleo.
Mi autoinmolación 
hará de mi cuerpo
un cadáver barato,
la maquinaria judicial no se moverá
porque el culpable a perseguir soy yo:
ahorraré al Estado un mil trescientos veinte dólares
de gastos hospitalarios, diligencias de esbirros,
pesquisas ministeriales, averiguaciones y fiscalías,
y al patrón los salarios caídos y el pago de marcha.
Las pastillas hediondas de Fosfina
sólo cuestan tres córdobas:
el precio de mi muerte,
el menosprecio de mi vida.

El poeta, que sueña
en la amenidad de los parques
y en la floridez de los jardincillos,
me apellida por mis nombres deshojados:
súchil marchito,
lirio sin mocedad,
muguete malhadado,
pues sabe que el desamor y el odio
me convirtieron en efémero.
 
 

El poeta juega a las calendas candorosas y ahúsa los días Nemontemi

Adobar la placenta del didelfo ideográfico
para insacular un par de enigmas
que finalmente irán a parar
al cesto de los papeles
junto al abraxas fosilizado:
la oruga pétrea de Xaltocan
mirando el día solsticial de diciembre
y el pubis ofrecido de Iztac
al Sol muriente,
mientras el tecolote sube
su vuelo crepuscular
sobre la ciudad menguante
remedando a la lechuza de Minerva
que despierta a la conciencia y a la sabiencia,
aunque nadie entienda de paradojas hegelianas
en el Valle de México,
pues los atareados hombres de negocios
públicos y privados
(en mi pueblo los llamamos pochtecas
o simplemente mercaderes)
tienen puesta la mira
en el calendario de la Calle del Muro
y adelantan sus relojes durante el verano 
para estar a tiempo en la Bolsa ¿escrotal?
de todos sus afanes
anales, diría Freud.

Mientras pujan por el cremento de sus capitales escrementicios
aprovechemos, mi querido Holderlin, el migar numinoso
de libertad y de ocio que desdeñan
los herederos del banquero Gontard
para buscar "durante el invierno
las flores... el fulgor del sol
y las sombras del suelo".

Usar una libreta pautada
ahita de polisemias, ecos y logogrifos
con que, a despecho de la mercadotecnia,
ejercen sus oficios divinos
el vate y el hierofante.
Nunca las páginas de Internet
fueran lugar propicio
para esa parvada de recuerdos alocados
que papalotean como aspas de rehilete
hasta arrullarse en su púa.
Sea este amate de elección
su sitio de reposo.

Sobre el pupitre la jornada lúdica: 
deletrear, garrapatear, inscribir 
el lexicón en la cuadrícula, jugar 
con las palabras, liar el trabalenguas,
desembrollar la algarabía; 
en el patio de recreo 
la escolopendra escolar juega al balompié 
o con la espiga del trompo ¡rak! 
hiende coquitos de palma real; 
patolli: las manos de niños hombreados, 
cubiletes rijosos, ordenan el cosmos 
apuñando colorines y lapislázuli 
echados al azar sobre la traza del ollín
pero un día, inolvidable por funesto, 
llegan por el mar los impostores de otros cielos 
y, sin que podamos contrastarlos, 
nos cambian la jugada: 
los Alderetes, los Cortés, los Garayos, 
los Ponces de León, los Salcedas y otros porquerizos
entran a saco en nuestros reinos y señoríos, 
embrazando bombardas y arcabuces 
nos encajan "cruces" con guarnición y empuñadura 
haciendo "conquistas espirituales", 
trazan una balizada sobre la dominación azteca 
y vacían en nuestra paganía sus fardeles 
rebozantes de canicas vidriosas, agatideas y barriosas 
para que, tirando las bolitas que menciona Plinio 
el Viejo, 
hagamos "chiras pelas" cristianas con nuestro destino, 
y nuestros dioses no puedan esquivar 
el lance de mosquetes y camándulas, 
por lo que todos sucumbimos a la desolación.

Capturar papiliónidos para engendrar 
a nuestras diosas venerandas Xochiquetzal e Itzpapálotl:

Ehécatl resopla la agitada techumbre 
de flores voladoras, que párvula caterva
con ramajos derriba corriendo sobre el empedrado
a la caza de la Mariposa Cuatro Espejos 
y de la codiciada Kirby.

 
 
 
 
 
 
 
 
   
Resembrar en el conjuro de las viejas memorias
el xochitlicocan, el árbol siempre erguido
cuyo floraje tiene el embrujo de atar toda la vida,
como el juramento de amor de su juventud 
juntó a los abuelos de nuestros trasabuelos 
indios en dicha y felicidad con sólo tocar sus flores.

Convocar a los tlacuilos para que nos descifren
estos glifos icásticos y estos sonantes iconos 
y dejarse llevar por su pincel y su voz
que sobre hojas de papel europeo
relatan nuestra historia y nuestros mitos
antes de la hecatombe indígena.

Volver al afelpado refugio de los sueños, 
como cálida bolsa de mapache, 
nido lactario, guarida memoriosa 
donde están arrumbados los misterios preteridos 
que durante siglos han guardado 
la inefable sustancia del futuro 
que el poeta desvela.

*Guillermo Landa (Huatusco, Veracruz, 1935) es egresado de la Facultad de Derecho de la UNAM. Pertenece a la Asociación del Servicio Exterior Mexicano. Poeta bilingüe en español y francés. Ha publicado, entre otros libros, Este mar que soy yo (1964), Cahier d'amour (1979), Treintañal. Obra poética, 1964-1994 (1994) y Frutero y yo (2001).