| En la nueva colección de la
editorial Séptimo Sello (Settimo Sigillo) —colección que
tiene el significativo título de Contra— que el editor Carlo Gambescia
ha dedicado a la difusión del pensamiento antieconomicista y antiutilitarista,
se editó hace poco el volumen Smith (Roma, Settimo Sigillo,
2000, 64 pp.), cuyo autor, Othmar Spann, notable exponente de la
llamada revolución conservadora, analiza la teoría del inglés
Adam Smith (1723-1790), fundador de la escuela clásica liberal.
El texto —acompañado de una puntual introducción de Giuliano
Borghi— está tomado de una edición italiana anterior más
voluminosa del pensador austriaco, publicada por la editorial Sansoni en
1936, y titulada Breve historia de la teoría económica,
que merecería publicarse en su totalidad.
En los años treinta Othmar Spann (1878-1950) fue conocido en
Italia gracias a Julius Evola, quien lo invitó a escribir en su
Diorama filosófico —la página cultural que aparecía
en el diario que dirigía Farinacci, Régimen Fascista—
y en la revista Lo Stato, dirigida por el jurista Carlo Costamagna.
Aunque fueron numerosos y poco difundidos sus ensayos traducidos al italiano,
ningún otro libro, aparte del anteriormente citado, apareció
en Italia en ese periodo. Sólo hasta los años ochenta, y
gracias a las ediciones Di Ar, se publicó por primera vez uno de
los textos fundamentales de Spann, El verdadero Estado, mientras
que la editorial Séptimo Sello ha recogido en un solo libro las
contribuciones de su discípulo Walter Hein-rich (1902-1983)
en la revista Lo Stato. También debemos recordar el volumen
Diorama filosófico (Ediciones Europa, 1974), antología
de ensayos aparecidos en el suplemento homónimo del diario de Farinacci,
que contiene algunos escritos de Spann y de Heinrich.
Antes de señalar el mérito específico en este libro,
es oportuno hacer una breve semblanza de la figura de Spann, poniéndola
en el contexto de su época. Hijo de un pequeño empresario,
estudió economía y sociología en Viena, Zurich y Tubinga,
donde se graduó en 1903 en ciencias del Estado. De 1909 a 1918 enseñó
en la Universidad de Brünn, que tuvo que dejar después de la
derrota del Imperio Austro-Húngaro. En 1919 fue llamado a la cátedra
de economía política y ciencias sociales en la Facultad de
Leyes de la Universidad de Viena.
En los años veinte su fama se acrecienta notablemente, y con
rapidez se convierte en el principal teórico de las posiciones nacional-conservadoras
católicas en el mundo de lengua alemana. Eric Vœgelin, en su memorial
autobiográ-fico, al recordar sus años de estudiante en la
Universidad de Viena entre 1919 y 1922, observaba que, aparte de Hans Kelsen,
los jóvenes se sentían atraídos por la figura del
economista y sociólogo Othmar Spann, debido a lo fascinante de su
pensamiento que trascendió los límites y la aridez de las
concepciones utilitaristas, muy en boga entonces.
Es significativo recordar que Friederich A. Hayek —quien siguió
las lecciones de Spann— fue expulsado de su seminario. Igualmente es muy
conocida la violenta oposición de Von Mises y de Rœpke a las ideas
de Spann (y también de Sombart), a quien acusaban de "irra-cionalista"
y de ser enemigo de la cultura y la civilización occidental.
Opuesto a la ideología marxista y demo-liberal, el teórico
conservador austriaco sostuvo, en todos sus libros, la concepción
que él llamaba "universalista", que se puede definir en términos
más actuales como holista y organicista, y que se
traduce —en el ámbito político-social— en el concepto de
Standestaat. Se trata de una versión particular del Estado
corporativo, sumamente adversa a cualquier centralismo devorador,
caracterizada por la importancia fundamental que desempeña la totalidad
social (¡no el Estado burocrático!) respecto de las partes
—y de los individuos también— y por el concepto de la naturaleza
radicalmente comunitaria del ser humano entendida en un sentido integral.
En la visión de Spann, esto último realiza su máximo
valor intrínseco cuando se inserta armónicamente en la macrocomunidad
nacional, que comprende e incluye todos los aspectos de la vida humana,
sin que por ello se transforme en una estructura totalitaria.
El Estado tiene su origen y justificación histórica propia
en la relación concreta de este aspecto específicamente típico
del hombre; un Estado que es fruto de la necesidad humana de vivir comuni-tariamente,
y no del temor hobbesiano del homo homini lupus o de la conveniencia
de tipo contractual. En el vértice de tal ordenamiento comunitario
nuestro autor sitúa, entonces, la estructura estatal que resulta
asimilable a una corporación sui generis, jerárquicamente
subordinada a otras, y dentro del cual reside una figura espiritualmente
superior, la de los "sabios" liberados interiormente de los condicionamientos
materiales. Su ideal, pues, era netamente antiindividualista y estaba permeado
por una fuerte tensión espiritual, también antiutilitaria,
lo que para un estudioso de la economía era entonces una anomalía
respecto del pensamiento corriente.
Lo que Spann proponía —acompañado de un riguroso replanteamiento
que no era ajeno la crisis de la posguerra, pero en términos filosóficamente
nuevos— era la idea tradicional y un poco idealizada del Imperium.
Las referencias principales de su pensamiento eran la doctrina de Platón
y Aristóteles, la espe-culación escolástica medieval
y —para citar un nombre más cercano a nuestros días— la teoría
del filósofo romántico Adam Müller, amigo y colaborador
del príncipe Clement von Metternich.
Con estas premisas, era natural que Spann desempeñara también
un rol "político" en su país, que iba de la nostalgia habsburguesa
a las aspiraciones pangermanistas y los fermentos socia-lizantes. De hecho,
durante cierto tiempo asume el papel de doctrinario del movimiento político
de la derecha conservadora austriaca, la Heimwehr. En la Universidad de
Viena, desde los años treinta existían sectores de resistencia
liberal-individualistas contra cualquier forma de pensamiento de tipo "comunitario",
como el que representaban Spann y sus discípulos, e incluso el representado
por un teórico pangermanista como el jurista
Alfred Verdross, quienes eran vistos como los verdaderos enemigos infiltrados
en la ciudadela de la ciencia humana de matriz iluminista.
Tampoco las relaciones entre Spann y los nacionalsocialistas fueron
idílicas. De hecho, solo al principio fue tolerado y apenas soportado
por los secuaces de Adolf Hitler. Posteriormente, más o menos después
de 1935, sus ideas fueron constantemente atacadas en tanto se les consideraba
expresión de un pensamiento clerical, reaccionario y nostál-gico,
perdido en la densa neblina del sueño de un imperio medieval y que
estaba tutelado por la diferencia y la especificidad, promovida a veces
ante litteram como "lo pequeño es bello", auténtica
blasfemia para la megaloma-nía elefantiásica del Reich
milenario. Además, los nacionalsocialistas no le perdonaban
su edulcorada indulgencia hacia el racismo antihebraico, de sello católico
tradicional, muy lejano a la virulencia antisemita del movimiento hitleriano.
Así, después de la anexión de Austria a Alemania,
en marzo de 1938, Spann, su hijo Rafael y también Walter Heinrich
fueron arrestados y hechos prisioneros en el campo de concentración
de Dachau, donde permanecieron varios meses sometidos a los duros interrogatorios
de la Gestapo. Después de ser liberado junto con su hijo, Spann
regresó a Viena, pero los maltratos sufridos en la prisión
le inflin-gieron graves daños a su salud. Murió el 8 de julio
de 1950, sin haber sido reintegrado a su puesto de docente universitario,
a diferencia de Heinrich, quien después de la guerra pudo regresar
a la enseñanza.
En este punto se pueden hacer algunas puntualizaciones a la introducción
de Giulia-no Borghi al libro Smith de Spann, donde el estudioso
italiano critica cáusticamente la sociedad monocéfala,
típica de nuestro tiempo, animada por "una conciencia práctica,
que es producida en virtud de la interiorización de una lógica
de los comportamientos individuales y sociales de carácter tecno-económico".
Estamos ante la presencia de una caja negra carente de propósito
y significado, aprisionada entre las redes del utilitarismo, según
la cual todo aquello que no pueda ser traducido en términos de "eficacia
instrumental y de utilidad" resulta "incomprensible e inaceptable". Por
nuestra parte, queremos enfatizar en particular la imposibilidad
de comprender —esgrimida por los promotores de la perfecta buena fe de
la ideología moderna— que también puedan existir opciones
de vida reales y concretas radicalmente diversas a las que se conciben
dentro de los horizontes del utilitarismo (y que, en una perspectiva de
cambio epocal, radical, nos hacen pensar...).
Justamente, Borghi observa que la "actividad económica... se
caracteriza por deshacer continuamente la igualdad sobre la que se funda
la idea pura" y que, debido a esto, una sociedad basada en la racionalidad
calculadora y en el interés individual desenfrenado abre fatalmente
la puerta al totalitarismo, entendido éste como el único
remedio, en su propio plano, al deterioro social provocado por haber
renegado de la calidad en nombre de la cantidad. Podríamos
concluir que para ser coherentemente antitotalitarios es necesario combatir,
en primer lugar, la concepción economicista de la vida, que tiene
en Adam Smith a uno de sus más coherentes animadores.
Spann sitúa adecuadamente al teórico inglés dentro
de su época y de su país, donde se origina "ese género
de vida más activa, más complicada y más opaca que
es la vida de la libre economía de mercado". Smith —anota también
Spann— se formó en un ambiente cultural permeado por el iluminismo,
el derecho natural, el racionalismo y el individualismo. Afirmó
"lo que su tiempo quería sentir", y dio una formulación racional
a una serie de impulsos difusos en la sociedad británica del siglo
XVIII. Encontramos en el pensamiento del estudioso inglés la afirmación
de que lo útil constituye la causa primera de todos los fenómenos
de la vida económica, y que la vida económica se realiza
en la forma más perfecta cuando los individuos pueden perseguir
sus intereses sin ningún obstáculo, mientras que el Estado
debe limitarse a mantener el orden jurídico. La concurrencia de
todos contra todos es vista como la base y como el nutrimento de la armonía
social.
Spann, después de haber expuesto sintéticamente la teoría
de Smith, le hace una crítica radical, en la que evidencia lo erróneo
que es colocar al mercado como el lugar central del fenómeno económico
correctamente entendido. De hecho, en este ámbito, el estudioso
austriaco se basa en una concepción holista que "presupone siempre
una totalidad preexistente". Así es como define la economía
orgánica o universalista, como "un sistema de prestaciones de medios
para determinados propósitos": emerge, también en este campo,
la preeminencia de la acción común, más que comunitaria,
vuelta hacia una finalidad no-individualista.
Spann también denuncia la llamada "concepción abstracta
de la economía... concebida como algo rigurosamente aislado, contrapuesto
a todos los demás elementos de la sociedad y de la vida humana:
Estado, política, moral, religión, etcétera... mientras
en la realidad los fenómenos económicos están indi-solublemente
ligados a los fenómenos morales, religiosos, éticos, políticos",
por lo que es imposible considerar abs-tractamente la economía.
A esta parte, dedicada a la teoría de Smith, sigue un breve capítulo
sobre el tema individualismo-universalismo, donde Spann sintetiza muy bien
los puntos fundamentales de su pensamiento, sobre los que ya nos detuvimos
anteriormente. |
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