Alternativas hipertextuales: la versatilidad de
lectura y de producción escrita
* Tatiana Sorókina
El modus vivendi cibernético ya echó sus raíces en la vida contemporánea, determinando un nuevo paradigma, el de la posmodernidad.1 Lo afirmamos sin apología alguna y conscientes de que aún hay generaciones educadas y formadas con principios y arquetipos de los medios precomputacionales y, antes que nada, del libro impreso. Sin embargo, puesta en el centro del debate mundial, la cibernáutica en su totalidad es criticada con severidad y desde diferentes enfoques:
• "Una revolución que está cambiando las relaciones entre los individuos y alterando por completo el modo de producción del valor y de los beneficios" (Martine Bulard, p. 33).

• "Hace ya mucho tiempo que abandonamos la civilización de lo oral y estamos en camino de abandonar la de la escritura, simplemente. [En Internet] como hemos visto, la universalidad sólo es postulada, la transparencia opaca y la igualdad de acceso muy desigual" (Lucien Sfez, pp. 81 y 85).

• "La información nos vuelve más eruditos o sabios sólo si nos acerca a los hombres. Pero con la posibilidad de acceder de lejos a todos los documentos que necesitamos, el riesgo de deshumanización aumenta. Y de ignorancia" (José Saramago, p. 11).

• "Calificadas incluso de `inteligentes', en razón de su capacidad de procesar la información de modo autónomo, estas bombas [bits] estaban, sin embargo, dotadas de un poder muy clásico, el de destrucción" (Francis Pisani, p. 57).

• "La comunicación, que durante mucho tiempo fue un factor de apertura y acercamiento entre las ideas y los pueblos, puede actualmente dar lugar a antagonismos, incluso odios, ya que pone en evidencia las diferencias" (Dominique Wolton, p. 56).

• Tampoco faltan "modernistas" quienes buscan armonizar los medios diferentes exponiendo sus propuestas: "...creo que es útil para el buen desarrollo de los nuevos medios de comunicación establecer entre ellos y los antiguos medios una especie de feed-back loop (circuito de retroacción)" (Kenzaburo Oé, p. 15).


Todo indica que el tema sigue motivando, pues durante los últimos años se ha escrito mucho y las opiniones son muy distintas.

Uno de los trabajos recientes que abunda en la bibliografía y en la diversidad de los aspectos de análisis pertenece a Christian Vandendorpe: Del papiro al hipertexto. Ensayo sobre las mutaciones del texto y la lectura.4 El volumen, interesante e íntegro, versa en forma amplia sobre la escritura que, a su vez, se relaciona con el concepto de texto que se describe en diferentes ambientes. A grandes rasos, el texto se coloca en dos dimensiones: como acontecimiento histórico y como objeto materializado. Sería difícil competir con este autor en cuanto a la magnitud de los elementos que aborda. Es fácil darnos cuenta de esto con sólo revisar el índice. En el Ensayo aparecen capítulos, por mencionar algunos, sobre: 

• el signo escrito y la oralidad 
• las normas de legibilidad 
• la linealidad y la tabularidad 
• el contexto y la textualidad 
• la sintaxis de la hiperficción 
• la lectura de la imagen
• el control de los textos por parte del escritor y del lector
• el libro, sus representaciones y fronteras


Parece que es poco lo que se puede añadir a este cuadro. Sin embargo, nos enfocaremos en algunas cuestiones que faltaron o fueron omitidas (intencionalmente o no) por Vandendorpe e intentaremos precisar los factores que nos provocaron desacuerdo y son de interés común. Además, nos centramos en el tema de lectura y escritura enfatizándolo como un proceso íntegro y transformador de los modelos tradicionales, ya que el ambiente cibernético hipertextual abre nuevas posibilidades. 

El hipertexto puede ser comprendido de dos maneras diferentes.5 Un concepto se refiere a una estructura específica que tiene un potencial enorme al incluir datos de cualquier índole: lo verbal, lo visual y lo sonoro incrustados en el mismo espacio como un sistema semiótico integral. La organización hipertextual se manifiesta abierta, no lineal, "caótica", sin centros ni periferias; ni siquiera puede ser descrita en términos de configuraciones rediales, lo que con frecuencia se usa para explicar el fenómeno del hipertexto. 

En este primer sentido se parece mucho a la organización de la mente, lo que permite encontrar paralelismos entre mente humana y computacional, con una diferencia: la humana guarda toda la información y sólo exterioriza circunstancial o requeridamente una parte (mínima, en comparación con lo almacenado). En cambio, el "cerebro" cibernético puede visualizar en la pantalla —por lo demás, a una velocidad vertiginosa y en cualquier momento— grandes cantidades de información que formaliza ideas verbalizadas, imágenes visuales o percepciones sonoras. El hipertexto, así, muestra sus cualidades combinatorias y transformables, lo que permite comprenderlo como un todo, como un sistema incluyente. 

Por otro lado, y es una noción más divulgada y casi perteneciente al sentido común, el hipertexto se relaciona directa —y únicamente— con un sitio o página electrónica. En definitiva, tal idea manifiesta y restringe el concepto con las consecuencias perniciosas. La estructura de una página se percibe, a fin de cuentas, como lineal (el autor construye las rutas de navegación por su propio territorio informativo), con un centro subordinante y las periferias subordinadas. La información, entonces, se presenta en forma determinada y con jerarquías de prioridad (la manita de ligas muestra los nodos "preferentes", establecidos por el autor o seleccionados por el lector dentro de la página). La idea de hipertexto aquí se reduce a una representación particular (una parte del todo) y puede ser equivalente a un texto del medio impreso. A su vez, el conjunto de las páginas electrónicas y la Internet se comparan —con toda la razón— con el libro tradicional y más aún se denomina como libro electrónico. Sólo desde este particular punto de vista (genérico) tienen una explicación las afirmaciones de que "no existe un modelo único de hipertexto, así como tampoco existe un modelo único de códice" (Vandendorpe, 2003, p. 202). Claro está que las páginas de Internet (con frecuencia denominadas hipertextos) varían y se modifican a lo largo de su existencia. A pesar de esto, los sitios electrónicos siguen el mismo modelo hipertextual con sus principios normativos, al igual que la variedad de formatos y tamaños de libros tienen el mismo arquetipo, el de codex.

Es sustancial distinguir los dos conceptos desde el punto de vista de un todo o como una parte del todo, atribuidos al mismo término hipertexto. El autor, igual que el lector, entonces, tienen que trabajar en el medio computacional de manera consciente y no intuitiva, lo que con frecuencia pasa en la creación y la percepción de los discursos hipertextuales. La producción de las páginas electrónicas implica dominio de un sistema de técnicas y éste, a su vez, debe ser subordinado a un principio teórico que no es sino su sustento interpretativo y aclaratorio. Asimismo, el análisis y el manejo de una unidad informática, como la de los sitios virtuales, por ejemplo, no deben basarse nada más en la práctica de examinar lo existente y desde ésta establecer los modelos de imitación. Por el contrario, es necesario determinar, en primer lugar, un esquema conceptual basado en un conocimiento previo del medio en general: las expectativas de la lectura y la composición se cumplen si el producto (discursivo) corresponde al ambiente y a las condiciones de su desempeño. De la exactitud teórica dependen las consecuencias empíricas. Un ejemplo aquí sería la reproducción de páginas electrónicas como si fueran las páginas impresas, donde la idea de hipertexto y del medio computacional se ve muy alterada.

En lo que se refiere al proceso de lecto-escritura en las condiciones del uso cotidiano de la herramienta cibernética (eléctrica, diría McLuhan), éste también puede ser visto desde los mismos enfoques: a partir del horizonte teórico, que implica la comprensión de la estructura hipertextual en su totalidad, o desde la pragmática y las producciones particulares (las páginas electrónicas concretas). Lo mismo se puede referir a los conceptos de autor y lector.

La lectura está vinculada de manera directa con la naturaleza material del texto, entendida ésta como el medio de su producción. Entonces, el problema de disminución de la lectura (tan masificado y pregonado en los círculos educativos) pertenece en realidad al ambiente del discurso impreso: cualquier educador puede afirmar que ahora los adolescentes y jóvenes leen poco. Quizá si nos referimos a los libros empresos, no nos equivocamos mucho. 

Es cierto que la cultura tradicional9 (basada en la letra impresa) pierde poco a poco su exclusividad y, con ésta, su fuerza anterior. Los medios nuevos se apoderan de los espacios de la imprenta. Aparte, se hizo obvio que la herramienta computacional empieza a dominar10 en el campo de la comunicación y los demás ambientes. A pesar de esto, no es correcto afirmar de forma tajante que en la actualidad la gente no lee o lo hace en cantidades insignificativas. El proceso de lectura, más bien, se realiza a través de cuerpos materializados de otra índole y no necesariamente atañe al libro en papel. 

Desde el punto de vista histórico el medio ambiente de la lectura no se restringe al libro impreso. La escritura misma no tiene que reducirse a un solo tipo alfabético expandido por todo el mundo (¿con conquistas de diferente índole?), ni se separa del lenguaje como lo trataron de mostrar varias teorías del siglo xx.11 Tal parece que es aquí donde se puede encontrar el desenlace del problema teórico sobre la escritura y lectura. Todavía en los años sesenta Derrida, en su tratado De la gramatología,12 propuso repensar el concepto de la escritura, alejándolo de la influencia de la fonética, fonología, de la linealidad espacial y temporal y, por último, de la teoría del signo: 

Se trataba nada menos que de las distinciones entre escritura fonética e ideográfica, silábica y alfabética, entre imagen y símbolo, etcétera. Lo mismo ocurre con el concepto instrumentalista y tecnicista de la escritura, inspirado por el modelo fonético... este instrumentalismo está formulado, con todas sus consecuencias, por M. Cohen: siendo el lenguaje un "instrumento", la escritura es "la prolongación de un instrumento" (Derrida, 1971, p. 109).
La escritura, afirma Derrida —y es difícil no coincidir con su tesis—, es el lenguaje mismo. Citado con más exactitud: "el lenguaje es, en primer término... escritura" (ibid., p. 49). Esta idea de la escritura se interpreta en un sentido diferente de las teorías lingüísticas modernas. La escritura per se, según ellas, no formaba parte de las abstracciones teóricas, en su ejercicio analítico se contemplaba sólo uno de los tipos de escritura, el alfabético o fonético que se organiza linealmente. La noción de escritura fue casi eliminado (¡qué curioso!) de las teorías lingüísticas y el estudio se realizó sobre el lenguaje, una noción abstracta y diluida entre lo oral y escrito.

En la actualidad el concepto de la escritura se ha generalizado y ha adquirido un significado más ámplio. Derrida intuyó a mediados del siglo pasado:

haya o no límites esenciales, todo el campo cubierto por el programa cibernético será un campo de escritura. Aun suponiendo que la teoría de la cibernética pueda desprenderse de todos los conceptos metafísicos —hasta del concepto de alma, de vida, valor, elección, memoria— que anteriormente han servido para oponer la máquina al hombre, tendrá que conservar... la noción de escritura, de huella, de grama o de grafema (ibid., p. 15).


Así, la huella13 de escritura obtiene un rasgo de suma importancia y empieza a incluir las destrezas y técnicas de distinta semiosis:14 no sólo las verbales aceptadas por tradición, también las de imagen y sonido. 

El libro tradicional con su estructura cerrada y lineal no permite integrar esta variedad semiótica:15 los naturales límites tecnológicos influyen de manera sustancial en el modo de expresión. Con la invención y el desarrollo de la tecnología cibernética, que permite espacializar y variar la escritura, se hizo posible combinar (coordinar y no subordinar) las distintas formas discursivas dentro del acto de escribir. En efecto, el medio computacional crea posibilidades y también competencias nuevas tanto para la lectura como para la producción de discursos.

Es importante liberar la escritura, a nivel de la abstracción epistemológica, en primer lugar, de los postulados tradicionales. En esta condición del desdoblamiento conceptual se amplía su potencial utilizable. Giorgio Cardona, desde un enfoque antropológico, ilustra con muchos ejemplos las diferentes manifestaciones de la escritura no lineal, en los hábitat nuevos y no necesariamente de índole gráfica.16 También la noción de discurso se extiende y se vincula con la naturaleza tecnológica del espacio donde aparece. 

En el entorno impreso, el texto encuadernado y en papel se fija y se presenta de modo diferente en comparación con un documento producido y tratado mediante la herramienta electrónica. La escritura ya no se materializa en una forma fija como antes (la inscripción en la piedra o el texto impreso en el papel). Por el contrario, se convierte en un objeto virtual, impalpable y constantemente fluido, y ya no puede ser definido con términos tradicionales: el escrito está plasmado (materializado) en la pantalla de computadora y percibido a través de ésta.

Desde hace tiempo se hizo tradición escribir en la computadora. Inclusive los autores más conservadores (en lo que se refiere a la mecánica de escribir, por supuesto) usan la máquina digital. Las consecuencias son significativas no sólo para el proceso creativo, también para la edición. Es suficiente conectarse a Internet y "subir" la obra en una página virtual sin ningún apoyo de intermediarios, de las editoriales. Como mencionamos, el espacio del hipertexto permite incluir fácilmente un texto en su estructura abierta y transmitirlo en tiempos reales. El autor dirige su discurso escrito, de manera directa e inmediata, al público. 

El autor que pretenda trabajar con Internet tiene que conocer las posibilidades del medio y saber manejarlo. Es semejante a la formación de las habilidades de mecanografiar o utilizar otras herramientas en épocas anteriores: la pluma de ganso, el estilo, el lápiz o la máquina de escribir. Ahora no se trata sólo de aprender a mover el ratón o saltar por el menú de comandos en la barra de herramientas; la pericia va más allá de las prácticas manuales. Las aplicaciones que ofrece la computadora son muy variables: desde las funciones sencillas de transcribir un texto hasta las funciones interactivas e "inteligentes", programadas para auxiliar muchos pasos rutinarios en el trabajo de los usuarios. Por otro lado, el escritor (e-escritor) tiene que tener una idea general del medio para explotarlo de manera adecuada.

Varias generaciones se encuentran en la disyuntiva tecnológica, pues su cultura se basa en arquetipos técnicos y procedimentales distintos. Para estos círculos surge la alternativa de adaptarse —o no— al contexto actual. La aceptación de la tecnología computacional progresa, dejando cada vez menos personas hostiles o indiferentes al nuevo medio. Sin embargo, este proceso aún no ha terminado: las transformaciones del nivel paradigmático implican más tiempo. Debido a esto es importante seguir experimentando. El papel decisivo pertenece aquí a los estudios teóricos correspondientes; no sólo las conjeturas sobre la escritura, también el desarrollo de la noción de la "industria" discursiva entera. 

Mencionamos que el proceso de la creación discursiva, sostenida por la herramienta computacional, se modifica sustancialmente. Para producir, el autor de e -obras está obligado a desarrollar las nuevas habilidades tecnológicas. En primer plano aparece la destreza de seleccionar la información y transmitirla de tal manera que los e-lectores puedan generar ideas (con base en los datos ofrecidos) y darles una forma terminada, es decir, coherente y cerrada, al igual que un texto impreso. Entonces, el autor no tiene el objetivo de presentar los textos acabados para su interpretación, ni con un único punto de vista (el de su "ideología"),17 ni estructurarlo "correctamente" (con las reglas de cohesión y coherencia). 

En el proceso de lectura ya no hay un libro acogedor en las manos. La computadora es un objeto distinto: un aparato conectado a la red eléctrica. El manejo del cuantioso sistema hipertextual de información o de una de sus partes (un sitio o una página) difiere sustancialmente de la utilización de un cuaderno de papel. ¿Qué se transforma, entonces, en la lectura de las e-obras? 

El lector tiene dos opciones: descubrir y decodificar la idea del autor18 o exteriorizar la información, almacenada en la mente computacional, para generar sus ideas y discursos posteriores. En el segundo caso usa la información del otro como un impulso para reflexionar y crear lo propio. En la lectura de un texto tradicional esta secuela de producción obligatoria no es determinante; el esmero y la hazaña —una actitud diligente y emprendedora— del lector subsiste en la interpretación y acotación de lo leído.19 Claro está que algunos espacios electrónicos también pueden contener textos de autor; en estos casos no cambia mucho la actividad del lector-intérprete tradicional. Sin embargo, en el contexto cibernético es indispensable descubrir el potencial del sistema hipertextual y utilizarlo para fines intelectuales, emotivos, de inspiración y estímulo.

En términos generales, afrontando el material electrónico el usuario tiene que estar dispuesto a la empresa de realizar adecuadamente la lectura y producir discursos para el medio computacional. Es un principio fundamental de la navegación por Internet que no es sino el procedimiento de lectura vinculado con el de la escritura. (Vandendorpe, p. 199: "la dinámica de los enlaces asociativos, indiscutiblemente, puede favorecer en el lector una toma de conciencia aguda de sus necesidades de información y una actitud más activa").

Dicho sea de paso, es una tarea de la educación contemporánea que se tiene que colocar en primer lugar y fomentar el desarrollo de las habilidades hipertextuales, que consisten en un proceso simultáneo de lecto-escritura. Además, en la situación actual es necesario aprovechar el momento. Si se pierde, aunque paulatinamente, la propensión y el hábito de la lectura en el medio impreso tradicional, ¿por qué no recuperarlos en el medio nuevo?

Con frecuencia se busca todavía —parece que de modo inconsciente— escrutar la información de la manera aprendida en el medio de la imprenta, se aplican —también inconscientemente— los métodos de lectura establecidos por el libro. Es sorprendente leer en Van-dendorpe sobre las "mutaciones del texto y la lectura": "En principio, debería ser posible encontrar en un documento electrónico todos los elementos de que dispone el lector de un libro y un poco más" (Vandendorpe, 2003, p. 152). Estaríamos de acuerdo con esta afirmación siempre y cuando el texto electrónico, transformándose, pase a otro medio y se imprima, se lea en esta forma (tradicional) y no directo en la pantalla.

Con todo, también será difícil aceptar como "derecho" (así lo puntualiza ese autor) conocer la cantidad de información en una página electrónica. Se afirma que el desconocimiento de los límites visibles de la información, más bien la imprecisión de las fronteras equivalentes al comienzo y al final de texto, perjudica al lector:

Invocar "el espíritu de descubrimiento" inherente a la tecnología del hipertexto para justificar el hecho de que el usuario sea mantenido en la oscuridad más absoluta equivale a infantilizar el lector, negándole el acceso a informaciones esenciales para administrar su lectura y el tiempo que le dedicará (ibid., p. 153).
Parece que el especialista no confía en las habilidades del lector como un agente productor creativo20 y también sigue reconociendo incondicionalmente la suprema figura del autor, quien, según la tradición centenaria libresca, está encomendado y se responsabiliza por el escrito, asimismo de su percepción y del impacto que produce sobre el usuario. 

Sin embargo, será injusto no mencionar una excepción que anota Vandendorpe: "Por cierto, la opacidad de la navegación puede ser justificada en el caso de una hiperficción y de literatura de enigmas" (ibid., p. 156). Respondiéndole, se puede decir que desde el punto de vista estructural y genérico todos los discursos electrónicos comparten los mismos rasgos distintivos a nivel formal-estilístico,21 por lo tanto se puede aplicar esta defensa de la "opacidad de la navegación" a todos los tipos genérico-estilísticos. Con esto, el autor, entonces, se contradice a sí mismo y, además, a su modelo teórico.22 

A grandes rasgos, el proceso de estructuración del material fáctico coincide con una reflexión instantánea, aunque tal vez superficial, sobre lo leído (Vandendorpe: "la atención y la comprensión no son movilizados sino durante un tiempo muy breve", p. 198). Es, a fin de cuentas, comparable con la primera lectura de cualquier tipo de texto: antes de que el lector profundice su comprensión y análisis, tiene que aprehender el contenido de manera íntegra, sin detalles (la llamada lectura global). Lo mismo ocurre durante el trabajo en Internet; la diferencia está en que la información electrónica:

• se presenta en cantidades mucho mayores 
• está dispersa, es decir, no se encuentra en una sola página, ni pertenece a un solo autor (con su "ideología" predominante)
• los bloques (o nodos) informativos son cortos,23 lo que produce el efecto de fragmentación y, todo en conjunto, el del caos


Así, la navegación por el universo de información comprende elementos especulativos, reflexivos y analítico-sintéticos.24 

Además, la navegación tiene que fusionarse con el proceso de selección inmediata del material y su fijación. A veces la información vista y no conservada (en un disco o en papel) "desaparece": en Internet es fácil "perder" una página o su dirección. (Algo semejante se observa con los fragmentos, que de pronto se hacen difíciles de encontrar en un libro voluminoso). La selección del material y su almacenamiento, inseparables del proceso de leer en Internet, comprende la fase embrional de la creación discursiva. El e-lector (el usuario) se apropia de las ideas escogidas de los otros, inclusive las guarda y las aprovecha para generar ideas propias. En la segunda o tercera lectura, el material escogido sirve para comprensión más profunda y, al fin, puede motivar producir un escrito nuevo. 

Desde la perspectiva del libro impreso, el escritor tampoco trabaja en un vacío informático: se basa en los escritos y sus interpretaciones ya publicadas, lo que, de hecho, determina su obra como un fenómeno histórico-cultural. Debido a que la obra de autor siempre tiene esta naturaleza intertextual,25 la originalidad de sus ideas se presenta como algo cuestionable26 y nace el paralelismo entre la lectura "preferencialista" electrónica, por un lado, y la intertextualidad que alimenta al autor tradicional, por el otro. En lo que respecta al espacio cibernético, el alcance informativo en tiempos reales hace más evidente el carácter intertextual de la escritura electrónica. (Mencionamos que las ideas nuevas son muy escasas, y no en vano se repite en los dichos de varias culturas que lo nuevo es lo que está bien olvidado).

La exclusividad, por el contrario, puede ser descrita en términos diferentes. La misma manera de exteriorizar las percepciones de distinta semiosis (verbal, visual o sonora), armonizando y enlazando los elementos entre sí, es lo que puede ser apreciado como algo especial y novedoso de una obra. Aquí no se trata sino de la estructuración y formalización de las ideas, de los estilos de la expresión. El hipertexto, en este sentido, ofrece posibilidades novedosas: su estructura es expandible e incluyente, lo que permite crear e interpretar las obras electrónicas de modo original. 

Lo novedoso de la lectura electrónica también se encuentra en la "liberación" o independización de lector y autor (con sus derechos de autor). La red de Internet conserva y suministra la información de cualquier autor-usuario, quien puede proporcionar elementos para observar y conjeturar, lo que muy acertadamente proclamó Umberto Eco en su concepto de la humildad científica.27 En esta circunstancia puede surgir el problema de plagio que no vamos a desarrollar en estas páginas. Sólo recordamos que el mundo se encuentra en la etapa de transición, cuando el medio impreso convive con el cibernético, mezclándose y sustituyéndose uno con el otro.

La lectura en Internet no es navegación-sin-sentido, ni similar a un veloz cambio de canales de televisión en búsqueda de algo satisfactorio. La intención del usuario no es pasar de una página a la otra. El e-lector por lo general tiene un objetivo concreto y éste es el mismo que tiene el tradicional lector capacitado: resolver algún problema, enriquecer su conocimiento, satisfacer sus necesidades artísticas, entretenerse, entre otros. Los procedimientos, sin embargo, son distintos: las enormes cantidades de información en tiempos extraordinariamente veloces obligan al usuario a acudir a las costumbres nuevas, como, por ejemplo: guardar la información en discos flexibles, hacer impresiones de textos o fragmentos necesarios, etcétera.

La producción discursiva se entiende —en esta etapa— como copiar y pegar diferentes bloques de información sobre el mismo tema28 en el mismo archivo. Luego se someten a un arreglo en busca de errores graves y, por último, a la mejoría de redacción. Como resultado surge un texto que corresponde a los arquetipos del libro impreso. Este texto nuevo puede ser desarmado de nuevo y colocado en Internet; para esto, según Vandendorpe, "el productor del texto deberá dedicar un tiempo considerable a la organización de la materia textual, segmentándola y estableciendo enlaces de un fragmento a otro" (ibid., p. 200). 

 
 
 
 
 
 
 
 
   
La idea de Vandendorpe parte de la tradición: primero se crea un texto lineal (extenso) y luego se adapta a las estructuras no lineales. En realidad, es mucho más provechoso componer los discursos virtuales componiéndolos directamente en el medio hipertextual. Para realizarlo es preciso considerar las características particulares del espacio hipertextual. Éstas pueden ser comparadas en parte con el formato de los textos de periódicos. Asimismo el modo de leer se asemeja con el de la prensa que, en su totalidad, es desigual a la lectura de libros; esto, a su vez, no provoca ninguna inconveniencia ni disgusto por la cantidad de información que se maneja en la misma hoja o, en su caso, en la pantalla: "Estamos acostumbrados a leer la portada de un periódico sin que la cantidad de información nos apabulle, porque hemos aprendido a asimilar informaciones múltiples con una sola mirada rápida" (Murray, 1999, p. 169).

En Internet la información aumenta considerablemente, y es lo que provoca ciertos temores. Sin embargo, la permeabilidad de la información29 tiene varias limitaciones. Algunas son de carácter natural (la fisiología del hombre), otros se establecen por el usuario mismo al delimitar su búsqueda a los temas concretos. Como consecuencia, se prescinde del problema de saturación informativa del cual se ha dicho tanto y se ha expresado en términos de desasosiego.

Para finalizar, en la estructura hipertextual electrónica aparecen varios tipos de discursos. Unos se construyen bajo los preceptos de la tradicional práctica libresca. Su creación está bajo el control del autor, una imagen imprescindible de la modernidad. El lector, a su vez, se considera un personaje subordinado a la obra y a la figura de autor. El proceso de la lectura culmina en el discernimiento y la interpretación del texto publicado: no se puede modificarlo ni continuarlo en la misma superficie (incluso el autor se distancia de su obra después de la publicación). Este tipo de discurso, exclusivamente verbal, todavía predomina en el espacio cibernético.

Por otro lado, la estructura hipertextual incluye los discursos creados en y para el medio computacional. Esto implica ciertos cambios en el proceso de leer y escribir. En primer lugar, el e-lector (o el usuario) debe saber hacer lo siguiente:

• enfrentar las grandes cantidades de información de distinta índole, auxiliado por el servicio de buscadores
• subordinarla a las metas concretas, previamente conjeturadas 
• considerar el factor tiempo, en términos aproximados, convirtiendo así una navegación caótica, que absorbe mucho tiempo, en una navegación coordinada 
La disciplina en mayor parte depende de los usuarios, pero también de los educadores, quienes tienen que ayudar a los jóvenes inexpertos en el ambiente tecnológico nuevo.30 

El usuario tiene que desarrollar las habilidades de apreciación semiótica del discurso hipertextual, ya que éste no sólo maneja la palabra (con todos tipos de significados que existen), sino también la imagen y el sonido. Lo mismo se refiere al e-autor que aspira colocar su texto pre-elaborado en Internet: la proporción entre los signos de distinta naturaleza depende no sólo del contenido, también de la configuración del espacio electrónico. Referente a lo verbal, el texto debe ser corto y, tal vez, ajustarse a un párrafo suficientemente desarrollado para su comprensión.31 

Es importante formar en el usuario la conciencia de autoría y creatividad, sin que se limite al rol de recepcionista de la riqueza informativa. En realidad, esto se refiere a cualquier medio, pero es más factible y urgente enfatizarlo en el medio cibernético: casi no quedan actividades que no se realicen mediante la computadora. La educación contemporánea (posmodernista) tiene que considerar y respetar estas exigencias del adiestramiento formativo.• 

*Tatiana Sorókina es profesora-investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, adscrita al Departamento de Política y Cultura.
Notas

 1La posmodernidad se puede contraponer a la modernidad, entendida ésta como la época del libro impreso.

 2Las citas están tomadas de El mito Internet, Le Monde Diplomatique, Santiago, Aún Creemos en los Sueños, 2002.

 3Ibid

 4Vandendorpe, 2003.

 5Sorókina, 2002.

 6No vamos a discutir el concepto ni término del libro electrónico, sólo opinamos que no es adecuado y coincide con la idea de hipertexto en su primera acepción. Además, el término libro es una metáfora —tal vez no la más adecuada— para el medio electrónico.

 7Es importante subrayarlo, para que cambie la inoportuna práctica de componer las páginas electrónicas al estilo de las páginas librescas.

 8Todo indica que Vandendorpe interpreta el concepto de hipertexto como parte. En este artículo la prioridad se concede a otra acepción (el hipertexto como todo) y se utilizan los términos sitios y páginas en vez de hipertextos.

 9Incluida también la ciencia.

 10No se trata de una sustitución completa, sólo del peso y la importancia que ha obtenido la cibernética.

 11Es importante precisar el papel del formalismo, el estructuralismo, la glosemática, entre otras teorías originadas a partir de los estudios de lenguaje.

 12Derrida, 1971.

 13El término es de Derrida.

 14Sobre un nuevo tipo de escritura se puede leer en Sorókina, 2001.

 15Si se trata de ilustraciones, son únicamente elementos subordinados al texto, no tienen el mismo valor que el texto verbal. Los diferentes tipos de álbumes son excepciones en este sentido.

 16Son impropios para la ciencia lingüística tradicional que los consideraba fuera de los fenómenos escriturales (Cardona, 1998).

 17Utilizamos el término en el mismo sentido que le dio Bajtín vinculándolo con la palabra idea (y no con la ideología).

 18El lector tradicional tiene que subordinarse al autor, a su palabra, aparte de su opinión sobre lo relatado.

 19No se quiere decir con esto que es fácil comprender e interpretar lo escrito.

 20Tal vez tenga sus razones, pero nuestra postura se basa en la observación de que en la cultura posmoderna se elaboren paulatinamente métodos nuevos para la lectura electrónica. Incluimos las reflexiones teóricas del autor citado como elementos de cambio paradigmático.

 21Acerca del tema se puede leer en Sorókina, 1999.

 22De nuevo invito a la lectura del libro de Vandendorpe, por lo que me permito no entrar en detalles al discutir con el autor.

 23No nos referimos a las obras impresas completas guardadas en la red electrónica.

 24¡Qué alegres estarán los adultos al presenciar todos estos elementos en las generaciones jóvenes!

 25Sobre la diferencia entre la intertextualidad e hipertextualidad se puede leer en Sorókina, 2002.

 26Ya se ha escrito suficiente sobre la muerte del autor mataforizado por Roland Barthes para que aquí vuelva al asunto.

 27En su libro didáctico Cómo se hace una tesis.

 28Existe un programa experimental de Martín Subbotin que además de reallizar la búsqueda por temas presenta sus resultados en forma de textos coherentes (www.insight.com.ru).

 29Dicho sea de paso, la democratización del medio computacional se revela en esta facilidad de adquirir información deseada.

 30Por supuesto, el mismo educador tiene que ser versado en la materia.

 31Vandendorpe limita este texto al tamaño de un artículo, lo que no es preciso, no está cuantificado.

Bibliografía

Giorgio R. Cardona, Antropología de la escritura, Barcelona, Gedisa, 1998.

Jacques Derrida, De la gramatología, Buenos Aires, Siglo XXI, 1971.

Janet H. Murray, Hamlet en la holocubierta. El futuro de la narrativa en el ciberespacio, Barcelona, Paidós, 1999.

Tatiana Sorókina, "El hipertexto: una escritura plurisemiótica", en Un año de diseñarte MM1, núm. 3, México, uam a, 2001, pp. 63-74.

———, "La estilística desde un punto de vista hipertextual", en Cuadernos de literatura, vol. V, núm. 10, Medellín, Pontificia Universidad Javeriana, 1999, pp. 53-62.

———, La tecnología del saber escrito: el hipertexto en el ambiente cibernético, México, uam, 2002.

Christian Vandendorpe, Del papiro al hipertexto. Ensayo sobre las mutaciones del texto y la lectura, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2003.