POETAS Y CERVANTES
* César Vallejo,  Jorge Luis Borges,  Rubén Darío
César Vallejo

Himno a los voluntarios de la república

(fragmento)

El mundo exclama: "¡Cosas de españoles!" Y es verdad. Consideremos,
durante una balanza, a quema ropa,
a Calderón, dormido sobre la cola de un anfibio muerto
o a Cervantes, diciendo: "Mi reino es de este mundo, pero
también del otro": ¡punta y filo en dos papeles!
Contemplemos a Goya, de hinojos y rezando ante un espejo,
a Coll, el paladín en cuyo asalto cartesiano
tuvo un sudor de nube el paso llano,
o a Quevedo, ese abuelo instantáneo de los dinamiteros
o a Cajal, devorado por su pequeño infinito, o todavía
a Teresa, mujer, que muere porque no muere
o a Lina Odena, en pugna en más de un punto con Teresa...
(Todo acto o voz genial viene del pueblo
y va hacia él, de frente o transmitidos
por incesantes briznas, por el humo rosado
de amargas contraseñas sin fortuna). 
 

César Vallejo, Poemas en prosa. Poemas humanos. España, aparta de mí este cáliz, Madrid, Cátedra (Letras Hispánicas, 278), 1993, pp. 248-249.

 
 
 
   
Jorge Luis Borges
Sueña Alonso Quijano

El hombre se despierta de un incierto
Sueño de alfanjes y de campo llano
Y se toca la barba con la mano
Y se pregunta si está herido o muerto.
¿No lo perseguirán los hechiceros
que han jurado su mal bajo la luna?
Nada. Apenas el frío. Apenas una
Dolencia de sus años postrimeros.
El hidalgo fue un sueño de Cervantes
Y don Quijote un sueño del hidalgo.
El doble sueño los confunde y algo
está pasnado que pasó mucho antes.
Quijano duerme y sueña. Una batalla:
Los mares de Lepanto y la metralla.
 
 

Jorge Luis Borges, Obra poética, Buenos Aires, Emecé, 1989, p. 435.
 
 


Rubén Darío
Un soneto a Cervantes

Horas de pesadumbre y de tristeza
paso en mi soledad. Pero Cervantes
es buen amigo. Endulza mis instantes
ásperos, y reposa mi cabeza.

Él es la vida y la naturaleza,
regala un yelmo de oros y diamantes
a mis sueños errantes.
Es para mí: suspira, ríe y reza.

Cristiano y amoroso caballero,
parla como un arroyo cristalino.
Así le admiro y le quiero

viendo cómo el destino
hace que regocije al mundo entero
la tristeza inmoral de ser divino.
 
 

Rubén Darío, Azul... El salmo de la pluma. Cantos de vida y esperanza. Otros poemas, México, Porrúa, 1997,pp. 151-152.