El arte y la plegaria en  el saber antiguo
*Elisa Buch
A partir de las plegarias los antiguos mexicanos daban cuenta de cada uno de sus actos: la vida y la muerte, la salud y las enfermedades, el llamado al trabajo de las cosechas y el soporte para la guerra florida. La plegaria era eminentemente ritual, acompañada de cantos relacionados con el nacimiento del Sol (nacimiento entendido como un devenir en el tiempo cosmogónico) y el deceso de la Luna (muerte, miedo y olvido del renacimiento). Sin esas manifestaciones los indígenas no podían explicar ni los más mínimos detalles de la creación ni de su estadía en esta tierra.

En realidad, la plegaria ha existido en todas las culturas y se relaciona con la espiritualidad de un pueblo, está ligada a los conjuros y a la forma de rezos que son cantos derivados de los valores rituales del ser humano. Si definimos el término tenemos necesariamente que acudir al significado de ritual y la utilización de la religiosidad en la poesía. La plegaria se expresaba de forma oral entre las generaciones por medio de relatores, sacerdotes o tlacuilos que no escribían pero memorizaban las expresiones tradicionales para no olvidar su arte.

En otra acepción, la plegaria relacionaba el rito religioso dirigido a obtener el control de las fuerzas naturales que las técnicas racionales no podían ofrecer. Era la práctica relativa a las cosas sagradas, según el sociólogo Durkheim. Buena parte de la poesía transmitida, enseñada y renovada oralmente en las lenguas indígenas: la plegaria de sacerdotes en ceremonias agrícolas o en curaciones y las exhortaciones en ceremonias de cambio de autoridad comunales, son enseñadas por un maestro que escoge a su discípulo para que mantenga viva esa tradición que requiere de memoria y creatividad del nuevo rezandero.

Las explicaciones las podemos encontrar en el libro de Carlos Montemayor Arte y plegaria en las lenguas indígenas de México. En este estudio encontramos las diferentes formas de acercamiento al arte, poesía y prosa que distingue repeticiones tonales y silábicas características de las lenguas indígenas. Criterios que no pueden ser aplicados de igual manera en las culturas de Occidente, que utilizan el ritmo, acento y musicalidad como criterios definitorios de la poesía homérica.
 

 
 

En este proceso, Montemayor da cuenta de la religiosidad que subyace en el origen de la poesía, de la música y la danza en la lírica griega, pero además, esto ocurre en muchos pueblos indígenas de México, donde las ceremonias y eventos sociales están impregnados de cantos y plegarias repetidas un sin número de veces. La simbolización del maíz como un dios niño entre los mayas puede ser comparable al Pan y Vino en el cristianismo.

En el Popol Vuh y el Chilam Balam, o en los cantos a Huitzilopochtli, las plegarias forman parte fundamental de la comunicación del hombre que se dirige a los dioses y pretende obtener respuestas de ellos. Cuando los guerreros iban a la guerra pedían a sus dioses que los regresaran triunfantes y a salvo. Antes de iniciar la siembra cantaban para una buena cosecha. No distinguimos todas las palabras antiguas, debido a los acertijos, a la comunicación que se tenía con los dioses.

Las repeticiones tan socorridas en cantos y poemas antiguos, dice el autor, no necesariamente suponen una invocación. Los sabios indígenas las utilizaban en la preparación de atmósferas y estados de ánimo. Es necesario distinguir entre canto como acercamiento entre los hombres y plegaria dirigida a los dioses y a la comunicación espiritual del hombre con el ser divino.

En la lírica la comunicación es directamente entre humanos. También el ritmo y el estilo están en función del papel activo que desempeña el lenguaje al lado de los movimientos del curandero.
 

 
 
En el lenguaje se apoya el conocimiento y la fuerza, es utilizado para ser escuchado por el otro, en este caso la divinidad. El verso era el medio de transmisión oral, de protección y registro de los conocimientos, evitando así la pérdida del saber antiguo. Las raíces de la narrativa de tradición oral son religiosas en el amplio sentido.

El curandero dirá entonces:
 

¡Yutzil ke tana
yutzil jti' tana
yutzil jk'ob tana!

¡Con la fuerza de mi boca ahora
con la fuerza de mis labios ahora
con la fuerza de mis manos ahora!


Supone el saneamiento del enfermo, son composiciones que no todos conocen y necesariamente requieren de un ritmo, el tono, la unidad de expresión hasta concretar una idea esencial. Estas formas repetidas se siguen utilizando, a partir de una premisa o más. Los escritores en lenguas indígenas eslabonan gradualmente diversos aspectos que resuelven con una frase o verso distinto y sorpresivo al final del poema o canto. Además, el curandero o el tlacuilo repite y, al hacerlo, cae en su lugar una idea verdadera y el hombre percibe su grandeza. Es una manera de acomodar tiempo, lugar y acontecimiento en función de la curación o del alumbramiento de un texto.

Las mujeres mayas, por ejemplo, están conscientes del valor de las plegarias y conjuros envueltos en flores, en hierbas santas, porque a partir de las palabras hay la posibilidad de sanar.
 

Una conjuradora soba al paciente con su canto. Las palabras se vuelven bola de fuego para ganarle al hechizo del enemigo; la ilol puede apoderarse de las palabras de un brujo y volver en su contra el mal que conjuró para otro.1
 
 
   
En el conjuro de María Tzu "Ta X'ok' ta ak'obaltik tz'unun/ Contra el Colibrí que canta de noche", podemos distinguir un canto de vida:
 
Ta ora ta xkalbetik, Kajval,
ta jk'opontik, ta jkejan jbatik,
sventa mu xk'ot ta jbek'taltik,
sventa ma'uk x'tab ta jnup, ta jchi'il.

Rápido voy a platicar, Kajval.
Hincados vamos a decir las palabras. 
Para que no se lleve nuestra carne.
Para que no mate al compañero.


En Occidente estos encantamientos se han perdido, nuestros pueblos los recuerdan como se recuerda un sueño. Las personas encargadas de hacer las plegarias nacen con ese don y lo perfeccionan en el transcurso de la vida. Curan con las palabras. Ahí radica la importancia de este libro, caer en cuenta de cada uno de los símbolos que el ser humano utilizó para vivir en comunicación espiritual.

*Elisa Buch (ciudad de México, 1949) se dedica al periodismo cultural desde hace 20 años. A lo largo de una década dirigió la sección cultural de Ovaciones. Fue subdirectora de la revista Karma, de El Financiero. Durante tres años coordinó el Encuentro de Poetas en el País de las Nubes, en Huajuapan de León, Oaxaca. Publicó el poemario Voces alzadas (Instituto Mexiquense de Cultura, 1996).
1Ambar Past, Xun Okotz y Petra Hernández, Conjuros y ebriedades, Chiapas, Taller de Leñateros, pp. 73 y 151.