Música para camaleones 
*Rodolfo Bucio
Blues


A Nora y Arturo
 
He vuelto a cumplir los mismos años
que una sibila de cabello largo
me predijo en un camión de segunda.
En este blues lento de mi vida
con letra equivocada, en lengua extranjera,
todo se confunde y me pierde.
Alguien ha robado mi sombra.
Navego por los pasillos
de este talón de Aquiles
que es la vida. 
 

Blues, segunda parte


Tinieblas caminan rozándome
con su infinita tristeza demencial.
Salpican mi corazón con sus zapatos,
cruzan la habitación,
huyen dejándome en esta encrucijada.

Suena la armónica de mis dedos,
sacude la artritis del alma;
avanza la penumbra que nunca me ha dejado.
"El blues es una mujer que se fue",
repiten a mil por hora mis neuronas.

¿Haré el pacto con el diablo?
 

Morrisoneana


Los autos pasan bajo mi ventana
mientras las mariposas metálicas circundan mi cabeza.
Este blues lento sin sentido
asalta chamanes por la noche.
El asesino se esconde en un recodo
a esperar saludar a sus padres.
Esta nube en pantalones me pregunta:
¿de verdad la vida está en otra parte?
 

Ajuste de cuentas

"Una lluvia dura caerá",
afirmó el profeta de mis tiempos.
Lo escuché ávido, anhelando sus respuestas.
Pero él sólo respondía con paradojas.
Y acumulaba preguntas en mis huesos.

Alguna vez pensé en ti con sus palabras:
"ella hace el amor como una mujer,
pero se rompe exactamente como una niñita".

¿Se puede encontrar el camino a casa?,
le pregunté a distancia.
"Los tiempos están cambiando", respondió.

El profeta mudó de religión; envejeció;
se colgó un arete con una cruz en la oreja
para tratar de ser moderno.

Sé que nunca hubo un camino a casa.
 
 

Preguntas

 
 Caminé. Salí del aire enrarecido con palabras.
Una tras otra, volaron (pegadas a los muros) mariposas enfangadas.
Un hombre salió de un sótano apenas perceptible.
Le pregunté qué hacía y dónde dormitaba.
"Siembro en el pantano de mis pupilas", dijo riendo.
"Sí, siembro flores clandestinas".
¿Tendré que esperar este minuto para siempre? 
 

Homenaje al Lagarto



 Salimos a comernos la soledad a pedazos
porque los niños necesitaban pañales nuevos.
Comimos hamburguesas rellenas de basura
viendo antiguas películas de Hollywood;
las aristas nos molestaron los labios
secos después de tanta yerba succionada.
Tomamos el camión hacia la eternidad suspendida
con la intención de ir hacia algún lado,
pero nuestros enemigos saludaron al Sol
y fuimos derritiéndonos como helados de chocolate.
Intentamos atrapar el arco iris de tu bolsillo
y sólo logramos pescar falos de ballena.
Volvimos sobre nuestros pasos anteriores
pero nuestras sombras habían desaparecido;
alguien lloraba en un cuarto cercano
en medio de un trinar de escorpiones hembras.
Tiramos el anzuelo a las estrellas ignoradas
y ahí estabas tú, resplandeciente:
Hada Madrina de las noches en conflicto,
Hada Lumina de los clítoris en conserva,
Almo-Hada Lumina refractaria de ecos,
Hada Madrina de ti, de mí, del nunca vuelvas.
Musa perfecta del alcohol chorreando sangre
busca tus entrañas en mi floreciente boca,
dame la fuerza para terminar cantándote,
déjame ver tus senos coronados de espinas
y permite a mi mano explorarte henchida.
Vamos subiendo las colinas rosas,
vamos bajando a tu sexo-averno.
Detengámonos, sudemos, apestemos,
Hada Lumina del despertar violento.
Habla, demonio, nunca olvides
dime despacio quién volvió de lejos. 
Salgamos a buscar sombras en los muros
postrémonos en los monumentos al pecado.
Salgamos y digamos: lo queremos ahora;
sí, ahora, es nuestro, lo queremos,
y arrebatémoslo a las gárgolas menopáusicas,
porque después de todo es nuestro.
Sólo recuerda, Hada Lumina, recuerda,
que esto lo hacemos por nuestro padre.
Sí, todo porque un día nuestro padre gritó:
¡Queremos el mundo y lo queremos ahora!

 
 
 
 
 
 
   
El dedo de Burroughs


 Cuando joven, el eterno abuelo
cortó la falange de un dedo ¿inservible?
Reeditó el homenaje vangoghiano
sin piedad con las tijeras
con que cercenó un dedo metafísico.
Falange/meñique/mano derecha,
san William S. Burroughs.
Sólo por el perfume de la sangre.•

*Rodolfo Bucio (ciudad de México, 1955) estudió filosofía en la UNAM. Fue becario INBA-Fonapas (1982-83) y del Centro Mexicano de Escritores (1985-86) en narrativa. Ha publicado los libros de cuentos Las últimas aventuras de Platón, Diógenes y Freud (SEP, 1982) y Escalera al cielo (Cuadernos de Estraza, 1982), y el de prosa poética Geoda (UAM Xochimilco, 2000).