DIARIO DE MIHAIL SEBASTIAN
*Gheorghe Glodeanu 
El destino adverso quiso que el libro más profundo y estremecedor del escritor Mihail Sebastian (1907-1945), su diario, viese la luz de la imprenta con mucho retraso, varios decenios después de la desaparición, en circunstancias misteriosas, de su autor. El libro apareció en 1996, publicado por la editorial Humanitas, de Bucarest, lo cual constituyó un auténtico acontecimiento literario. Documentos auténticos de un destino y una época de encrucijada en la historia de Rumania, los nueve cuadernos que durante cincuenta años habían permanecido en forma de manuscrito reconstruyen un periodo extremadamente angustioso de la vida del escritor. Se trata del intervalo comprendido entre el 12 de febrero de 1935 y el 31 de diciembre de 1944, lapso de tiempo vivido con la máxima intensidad por un hombre de cultura excepcional sobre el que se abatió "el terror de la historia". 

En el prólogo a la edición rumana, Leon Volovici identifica varios niveles en el diario de Sebastian. Por una parte, hay un diario íntimo. Segundo, un diario de creación, donde el autor publica su ensayo de la correspondencia de Proust (el gran modelo de la época), las dificultades de recomposición de la novela Accidente (tras la pérdida del manuscrito) y escribe y se representan una serie de piezas teatrales que lo consagran como dramaturgo. A ello habrá que agregar numerosas traducciones y muchos proyectos que quedaron inconclusos. Extraordinariamente interesante es también el diario "judío" del escritor. Continúa sus observaciones de la novela Desde hace 2000 años y de Cómo me convertí en revoltoso. En esas páginas recoge las persecuciones a que fueron sometidos los judíos en la época. 

El autor tiene el mérito de sacar a la luz la verdad sobre un tema tabú en Rumania durante los años del totalitarismo comunista, razón por la cual el diario del escritor sólo pudo publicarse después de 1989, es decir, tras la caída del régimen comunista. Mihail Sebastian vive la experiencia de afirmarse como escritor pero también el drama de la marginación debido a su origen étnico. Volovici habla también de un diario intelectual, con anotaciones relativas a los medios literarios e intelectuales que frecuentaba el autor. 

Prolongación del diario de creación, el intelectual consigna, entre otras cosas, las relaciones del escritor con su mentor espiritual de antaño, el célebre profesor de metafísica Nae Ionescu, al igual que una serie de amigos más o menos próximos, como serían Mircea Eliade, Camil Petrescu, Antoine Bibescu o Eugène Ionesco. Estos se convierten en verdaderos personajes de una novela subjetiva escrita en función de todas las reglas de la autenticidad. Mihail Sebastian resulta ser un destacado retratista que sabe descubrir la esencia de una persona con sólo unos trazos de pluma. Las anotaciones resultan a menudo trágicas porque el escritor vive en toda su plenitud el drama de la inseguridad, el alejamiento de los amigos de antaño del diario Cuvântul, en el que trabajó. 

Como era de esperar, junto a la de Nae Ionescu, la semblanza más amplia es la dedicada a Mircea Eliade, "el primero y último de mis amigos". El memorialista recoge la evolución espiritual de su amigo pero observa con tristeza su deslizamiento, cada vez más pronunciado, hacia la derecha política. Cuando ambos están solos, se llevan bastante bien; sin embargo, en público la posición derechista de Eliade se torna cada vez más contundente. De ahí la necesidad del autor del diario de analizar los términos de su amistad, la cual trata de salvar en nombre de los valores espirituales que le sirven de base. Sebastian sabe distinguir entre el hombre de cultura excepcional que es Mircea Eliade y las opciones políticas de éste.

Aunque la tipología propuesta en el prólogo a la edición rumana resulta incompleta (podemos hablar, por ejemplo, también de un interesante diario del seductor que anota las aventuras eróticas vividas por el autor), deja traslucir el perfil espiritual extremadamente complejo del escritor. Llevando un diario, Mihail Sebastian sigue una dirección significativa de la literatura de su tiempo, cuando casi todos los escritores rumanos importantes llevaban un diario en el que consignaban, por regla general, sus vivencias como escritores para así facilitar la recepción correcta de su obra. La principal influencia del novelista no es André Gide (uno de los grandes modelos de la época), sino principalmente el diario de Jules Renard, escritor que traslada el centro de sus investigaciones hacia las zonas abisales del ser. Hablando de forma elogiosa del escritor francés, Mihail Sebastian expresa una serie de palabras que pueden aplicársele en igual medida a él mismo. Y ello mucho más por tratarse de circunscribir una poética de la autenticidad plena. 

Por otro lado, como se desprende del libro Ensayos, crónicas y memorialística, publicado en 1972, libro que remarca el valor de una parte de la rica actividad periodística del escritor, Mihail Sebastian no es sólo un destacado crítico de novela, sino también un buen lector de diarios. Gide memorialista, Diario de Katherine Mansfield o Notas sobre el diario de Jules Renard son estudios que hablan de la preferencia de Sebastian por la literatura subjetiva y las anotaciones diarias. El exegeta no entiende por qué el diario de los hermanos Goncourt goza de más celebridad que el de Jules Renard, sobre todo porque el de aquellos le parece con frecuencia artificial, que continuamente busca efectos, está falto de naturalidad y es de una afectación total. En cambio, 

Jules Renard es la sinceridad misma. Su diario recoge, sin hipocresía, todo lo que la conciencia de un hombre puede conocer a lo largo de una vida que no siempre está hecha de heroísmos. Él nos desarma por el valor de la confesión. Pocos hombres han tomado la pluma para ser tan implacables consigo mismos.
Mihail Sebastian está presente en las páginas del diario bajo muchas hipóstasis: de crítico literario, novelista y dramaturgo; y sus notas dejan al descubierto de forma alternativa cada uno de estos sectores de actividad. Las anotaciones de Sebastian se proyectan de forma paralela en varios planos: el social se completa con el artístico y sentimental, y lo real se mezcla con lo imaginario. La consecuencia es que Mihail Sebastian nos ofrece "la novela" vivida de una época trágica, una novela en la que se incluye él mismo en calidad de personaje.

El escritor se convierte en testigo de excepción de una época maldita que registra la rinocerización cada vez más acusada de la sociedad rumana entre las dos guerras mundiales. Sebastian anota la locura antisemita institucionalizada de la época y tiene como mérito la reconstrucción de la verdad. Las notas demuestran que la realidad resulta ser mucho más dramática que la imaginación y, a menudo, rebasa todos los límites. De ahí la tentativa de definir la literatura en su relación con la historia, pues el arte demuestra ser un narcótico demasiado débil para todo lo que sucede en el plano social. 

Mihail Sebastian realiza un fresco auténtico y minucioso de la época. Reproduce muy bien la psicosis de la guerra, pues sus anotaciones son las de una víctima potencial cuyo estado de ánimo oscila entre la esperanza y la desesperación. La angustia cotidiana sólo puede superarla acudiendo a la lectura que, de esta forma, cobra una importante función soteriológica. El escritor nos ofrece un fresco del Bucarest asolado por la guerra y deja constancia de las discriminaciones a las que estaban sometidos los judíos, cuya sola culpa era la de pertenecer a esa etnia: eran expulsados de su trabajo, se les asignaba un racionamiento alimentario la mitad que a los otros, se les forzaba a hacer donaciones para el frente, trabajos obligatorios, campos de trabajo, deportaciones, pogromos, etcétera. Pero lo más terrible era vivir bajo permanente amenaza, resistir a la inseguridad y a la angustia de que en cualquier momento podía uno morir o ser deportado.

Si las observaciones de la segunda parte del diario se destinan principalmente a la guerra y a la condición del judío en un mundo desnorteado, en la primera nos encontramos con un diario erótico extremadamente interesante para perfilar la personalidad del escritor. Mihail Sebastian se destapa como personaje de una novela de Anton Holban, que anota con descorazonadora sinceridad sus experiencias eróticas, muy especialmente su amor por la actriz Leni Caler. Infiel y buscando siempre sus propios intereses, esta mujer no representa la encarnación del ideal femenino. De ahí las crisis de Sebastian que, no obstante, se consuela rápidamente en los brazos de otras mujeres. Sus consideraciones sobre la música son muy notables pues proceden de un auténtico melómano. Además, la música representará otra posibilidad de evadirse de "el terror de la historia". Pero el libro representa también un importante diario de lecturas. El lector Mihail Sebastian es igualmente un crítico de talento que anota sin tapujos sus opiniones sobre los libros que lee. 

 
 
 
 
   
Haciendo un auténtico pacto autobiográfico, el diario de Mihail Sebastian es una novela que tiene como personajes principales a los escritores rumanos de los años de entre-guerras. Se trata de una novela vivida, que respeta en su totalidad la estética de la autenticidad y cuyo autor es el personaje-testigo implicado trágicamente en el desarrollo de los acontecimientos.

Mihail Sebastian, Diario 1935-1944, traducción de Joaquín Garrigós, Destino, Barcelona, 2003.

*Gheorghe Glodeanu es profesor de literatura rumana en la Universidad de Baia Mare, en Rumania. 
 Traducción de Joaquín Garrigós