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(1955-1994) |
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*Rodolfo Bucio
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Socio. Cuñado. Compadre. Lo conocí en 1984, en la época de los interminables díasperdidos. Junto a un grupo de amigos entrañables el Centro de laciudad fue nuestro. Invertimos buena parte de nuestra vida en aquellastardes y noches y dejamos la piel en esas viejas calles y sus alcantarillas. A veces tuvimos que refugiarnos en el bar del hotel Majéstic,sólo
para admirar la Catedral ("Mira qué mujer", decíaMapes).
O entramos a sórdidos "hoteles" para hombre solos —cuandobuscábamos
al otro Carlos—, que al recordarlos me dejan un saboramargo.
Y así será, Quijano (reminiscencia de aquel célebreapellido, que bien pudo ser Quijada o Quejana). Ahora —para nuestra desgracia—tendrás todo el tiempo para planear tu estrategia y luchar en uncombate, tan inútil como apasionante, con el ángel que llevasdentro. Noviembre de 94
La lucha con el ángel
Bosquejo mítico del alma, guía entrópica de tuvida. La lucha signando el camino de innumerables hoteles y bares de buenamuerte. Absorto oyendo las historias de El Llanero Solitario, deEl Sordo, de Durán curando de almorranas a Raquel Welch. Y larisa. Tu risa partiendo plaza entre tantos bueyes. Hasta pronto, Álvaro Quijano. Adiós, poeta. Guárdameun lugar confortable en el infierno. Noviembre de 94
Un año sin Quijano
A Carlos Mapes
Si alguien me hubiera preguntado quién era Álvaro Quijano,sin
duda hubiera respondido con las viejas palabras de Maiakovski: "Unanube
en pantalones".
Aunque, debo confesarlo, era eso y más. Un fantasma del que aveces tenía noticias lejanas, y a los pocos minutos lo veíaaparecer con su eterna sonrisa, sus ganas de platicar de todo, de tomarun buen café y fumarse la noche para expelerla en pocas bocanadas. Un año. Un año en que ya no hay manera de combatir elfrío del corazón. Noviembre de 95
Quién es Quijano
La noche del 7 de febrero de 1996 el escritor Carlos Mapes describiócon exactitud al poeta Álvaro Quijano, su compadre, quien reunióa muchos de sus amigos —y a otros que ni siquiera lo conocieron— con sóloel embrujo de su nombre. No hay definición más exacta paraese viejo vikingo: "Ginecólogo autodidacta". Febrero de 96
Diez que parecen cien
Hace diez años partió el primero de Los uruguayos.Colectivo desmadroso, inexistente, ubicuo, utópico. Con el pelocuidadosamente despeinado, Álvaro Quijano pasó como una exhalaciónentre nosotros. Sentados en una de tantas mesas de La Valenciana, en laesquina de Brasil y González Obregón, con decenas de envasesvacíos y unos cuantos llenos, vimos a lo lejos una robusta figuraangélica. Pasó, parece que tomó asiento, fumócon elegancia, desapareció. |
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| Ahora son diez años desde que Álvaro
Quijano quiso irse. El mal cardiaco fue un pretexto. El soplo de Dios fue
suspendido sobre su nariz y boca. La vida, la muerte; parece dar lo mismo.
Una sola letra separa a emet de met. Igual que Adam y
adamá. Polvo y vida, soplo y muerte.
Un uruguayo emérito fue arrancado de nuestro corazón. Somos la misma vida, semejante edad, igual desgracia. Sin saberlo nosotros, sin saberlo él —pues ese conocimiento nos está vedado en toda circunstancia—, Álvaro Quijano fue un saddic: silencioso, parco, bello. Hoy está dormido. El mundo sigue descansando sobre su ancha espalda. Septiembre de 04• |
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