Abandono es novedad. 
La obra plástica de Beatriz Ezban 
*Gabriel Ríos
En la palabra de Paul Valéry se destaca la pertinencia del poeta francés en el juego del dar y el recibir, en un intento por transmitir lo paradójico que semeja el mar que "todo lo que toca es ruina, lo que abandona es novedad".

De una manera semejante podríamos calificar la pintura de Beatriz Ezban, lienzos que "relatan" la ruina, la fragilidad del crédito, la inestabilidad del papel en sus principales funciones, la precariedad y el mal uso de las palabras e imágenes.

Ese fracaso se percibe en la propia composición, en su arquitectura, en las menudencias-contrastantes que quedan de la guerra emprendida: monumentales cuadros que aprendemos a mirar en su diversidad, hacia cierto posible.

En el texto "Alabanzas del agua" menciona Valéry que es bien sabido que la verdadera sed no se sacia más que con agua pura. Habla del agua multiforme; cabe recordar el mar tan presente en Valéry con diversos motivos y según la célebre expresión de El cementerio marino siempre recomenzado. Como respuesta a la obra se encuentra la maniobra, palabra que vincula con la metáfora de la acción con las cuerdas para regular el movimiento de un barco, el ejercicio en una intervención quirúrgica y, finalmente, el manejo que permite el funcionamiento de una máquina. 

Así como Valéry el cirujano del lenguaje nos hace recordar las manos de Abisine cuando escribe del destino del papel, del milagro que es acordarse en el momento preciso de algo completamente ajeno al presente, que con su sola aparición transforma todo el problema, Beatriz Ezban con su pintura nos provoca y nos hace sentir lo excitante como lo más cercano a los deseos. 

Dicen que nunca hay que sacar conclusiones sobre un artista a partir de la obra, sino de la obra hacia una máscara y de la máscara a la máquina.

La obra de Beatriz Ezban se reconoce en la anécdota paralela a la de Freud, quien concluyó ser el autor del psicoanálisis, por el efecto de la excitación que le produce un regalo, la Biblia que recibe de su padre por segunda vez en su vida.

 
 
   
Es la interpretación que nunca permite regresar al verdadero autor sino al ficticio, a la Beatriz Ezban que nadie sabe de ella, algo de lo anotado se asimila al libro de Yosef Hayim Yerushalmi: Le Moise de Freud, Judaisme terminable e interminable
*Gabriel Ríos es escritor. Sus colaboraciones han aparecido en los suplementos La Jornada Semanal (La Jornada) y El Ángel (Reforma), así como en la extinta revista Equis