Mujeres jóvenes, ¿nuevas perspectivas políticas?

* Anna María Fernández Poncela

Llega el año 2000 y el milenio traerá un mundo feliz o un lugar de terror..., como dice la canción del rockero Miguel Ríos. Quién sabe qué, pero en todo caso, en la imaginación colectiva se abren paso nuevas perspectivas, quizá cambios positivos, tal vez una bocanada de aire fresco, seguro que nuevos y mejores ánimos, o así lo queremos ver.

En el tema de mujer y política, y concretamente de mujeres jóvenes y política formal, se observan en el ámbito internacional dos claras tendencias; en primer lugar, hay un estrechamiento de las diferencias en cuanto a las tendencias de género en cuestiones tales como las actitudes políticas, el comportamiento y las preferencias electorales, en segundo, en varios países se presenta la decantación del voto femenino hacia fuerzas políticas progresistas o de izquierda, lo cual tiene que ver, al igual que lo anterior, con la elevación del nivel educativo y la inserción en el mercado laboral de la población femenina, pero también hay un vínculo claro con la juventud de las mujeres, o la llamada tendencia de género generacional, entre otras cosas. Un pronóstico, presagio o profecía es que el estudio de la juventud y la política va a cobrar auge al calor, y en paralelo, de los cambios demográficos, políticos y educativos que acontecen en el México de nuestros días.

Me explico, por un lado, en la pirámide demográfica tienen un peso creciente las franjas de edad consideradas jóvenes, y en el caso de la política que nos ocupa, los grupos etarios menores de 30 años, y con derecho al voto, presentan un incremento importante en el padrón electoral. Tanto es así que en 1997 fueron 37.4% del mismo y se calcula que en el año 2000 representarán 40%, según el Registro Federal Electoral. Por otro lado, a raíz de las reformas en la arena política, la competitividad electoral y el pluralismo se han abierto paso. El respeto al voto, más allá de las anquilosadas creencias insertas en los discursos, existe, y la ciudadanía puede participar libremente, expresando su opción política, más allá también de las viejas prácticas clientelares que se reproducen todavía en ciertos sectores.

Por último, el grado de instrucción ha aumentado entre las nuevas generaciones, y es sabido que la educación es un parteaguas que define posicionamientos político-electorales, y se trata de la variable demográfica y el factor social que más peso tiene en los análisis de opinión pública, hoy por hoy, sobre la esfera donde se dirimen los asuntos públicos. Es por ello que está dada una serie de condiciones para reflexionar en torno al papel de las y los jóvenes en la política, y la posibilidad del cambio en el marco brevemente descrito con anterioridad.

Pero dentro de este panorama general, y contextualizado en el mismo ¿qué piensan las mujeres jóvenes?, ¿qué actitudes tienen frente a la política?, ¿qué comportamientos desarrollan en el plano electoral? Tal es el objetivo de este texto que pretende recoger algunos resultados de una investigación realizada sobre juventud y cultura política en México hoy,1 pero que en esta oportunidad tomará datos centrados exclusivamente en la comparación de algunos puntos entre hombres y mujeres jóvenes y estudiantes universitarios según sexos.

La adolescencia, una visión política general

Para comenzar, diremos que en una valoración de la política desde la adolescencia, realizada en 1997 mediante redactados cualitativos en torno al tema de la política entre jóvenes de 14 a 15 años,2 se observaron algunas disparidades según el sexo. Más mujeres que hombres, concretamente el doble, dicen de primera intención que no saben de política, y sólo son mujeres las que consideran que no sirve, o las que la reducen explícitamente a los partidos y al gobierno, así como las que piensan que es un problema, y no es muy agradable. Mientras que, en la descalificación de la política, algo más de hombres que de mujeres presentan esa postura, considerándola negativa y sucia en general, y son más las mujeres que señalan a los políticos como mentirosos y rateros. También en cuanto a relacionar la política con asesinatos, casi todos los testimonios son de muchachos. El prejuicio que supuestamente causa al pueblo es valorado por el doble de hombres que de mujeres, y cuando se hace la loa oficial la mayoría son chicas. En cuanto a la necesidad de información, ambos sexos opinan igual, esto es, se puede decir que las jóvenes presentan mayor alejamiento al afirmar no saber sobre política, pero en las críticas aunque son menos numéricamente que las de los chicos, parecen más duras que éstos. Así, si los hombres tienen mayor conciencia y son más críticos, las mujeres parecen más alejadas y disgustadas con la política, poseen menos conciencia y son menos críticas, pero cuando lo son, lo son en extremo.

Preferencias electorales de la juventud capitalina en las elecciones de 1997

Una revisión por sexo de las preferencias electorales de los jóvenes, basada en encuestas preelectorales, o a la salida de casilla en la elección de 1997 en el Distrito Federal también arroja ciertas diferencias según sexo, edad y preferencia electoral.3 Por ejemplo, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) tiene su clientela electoral más firme anclada en los hombres y las mujeres jóvenes. La juventud predomina por encima del sexo, si bien es cierto que los hombres parecen más identificados y predispuestos a sufragar por este partido en general, pero es en el grupo etario joven cuando éstos y las mujeres igualan más su selección por el partido del sol azteca, mientras en otros tramos de edad hay cierta diferencia. Por otro lado, por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se inclinan de manera clara e indistintamente hombres y mujeres mayores. Ahí también el factor etario, en este caso mayor edad, es más significativo que las diferencias que entre los sexos pudieran apreciarse, y son apenas perceptibles y por supuesto nada significativas. En cuanto al Partido Acción Nacional (PAN) recoge votos de mujeres y hombres jóvenes, y en ocasiones también adultos de ambos sexos, pero destacan más los primeros que los segundos en cuanto a grupos generacionales se refiere. Finalmente, es la juventud masculina y femenina la que se decanta por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en forma mayoritaria de entre los otros sectores, más las jóvenes que los jóvenes, siguiendo, eso sí, una tendencia general de más votos por parte de la población femenina hacia este instituto político.

La opinión de la política y de los políticos

En una entrevista realizada entre 1997 y 1998 a jóvenes acerca del conocimiento y la opinión que merecían los políticos,4 en comparación con otros profesionales, también las muchachas, como en las redacciones de adolescentes anteriormente comentadas, expresan con mayor rotundidad su desconfianza abierta hacia las personas que desarrollan dicho quehacer, emiten la opinión más negativa sobre los políticos, y no muestran en estos aspectos, además, ni duda ni desconocimiento, como algunos muchachos hicieron.

Los universitarios, las universitarias y la política

En encuestas y entrevistas realizadas a jóvenes de la Universidad Iberoamericana, Santa Fe (UIA) y de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco (UAM) sobre el tema, entre 1995 y 1997, se obtuvieron las siguientes conclusiones en relación con las diferencias o semejanzas entre los sexos de los y las jóvenes consultadas.5 Por una parte, y según la información de las entrevistas parece que el desinterés de las mujeres hacia la política es algo mayor que el mostrado por los muchachos; sin embargo, a la hora de calificar negativamente a ésta son mucho más duras que aquéllos. Según las encuestas, en el mismo sentido que lo antes mencionado para los testimonios, al parecer las mujeres conversan, se informan y se interesan algo menos que los jóvenes, pero las diferencias entre los sexos no son grandes ni significativas. También, de las pocas personas afiliadas, hay más hombres que mujeres, según esta misma fuente y como en la opinión sostenida en la entrevista, las mujeres parecen más desconfiadas que los hombres respecto a la política. Por otra parte, votan algo menos, pero en todo caso lo que diferencia en este rubro a los sexos es que de las pocas personas que afirmaron no votar, las mujeres en general se excusan por no tener la edad o por problemas técnicos, mientras que los hombres lo hacen por alejamiento explícito del ámbito político. Los hombres votan más por el cambio que las mujeres, y las influencias del voto también muestran algunas diferencias, pues en tanto que los universitarios tienen presente el partido y el candidato, las universitarias hablan de la familia, sobre todo en la universidad privada, y más hombres negaron recibir influencia alguna que mujeres. La tendencia confesada por las jóvenes estudiantes se decanta por la izquierda y el centro en especial en la UAM, mientras que en la Ibero más jóvenes universitarias dijeron ser de centro y derecha, si bien las muchachas de ambos centros fueron las que más aseguraron no tener tendencia política alguna.

Sobre las diferencias o semejanzas entre el centro público y el privado que se observa por medio del análisis de los datos de los sondeos realizados, son las y los estudiantes de la universidad pública quienes más conversan sobre política, los más críticos y desconfiados a la vez, los que dicen que más les importa el voto y lo ejercen en mayor porcentaje por el cambio que los de la universidad privada. A la hora de la influencia, los universitarios del centro privado señalan al candidato y los del público al partido; si bien, las mujeres del primero y como ya señalamos, manifiestan la importancia del papel de la familia en su decisión. Sobre la tendencia, los de la UIA se declaran de centro y de derecha, mientras que los uameros dicen ser de centro e izquierda.

Una cosa es coincidente entre los sexos y los centros, su predilección por el partido opositor. Pero si bien la simpatía política entre las mujeres se inclina en primera instancia a no manifestar simpatía alguna, o en segunda hacia el PAN, para los hombres, destaca el PRD. A la hora de confesar el voto ejercido en 1994, las mujeres subrayaron al PAN en el centro público y los hombres al PRD, y a la inversa en el privado. En la UIA el PAN fue el partido con más votos en las presidenciales de 1994 y en segundo lugar aparece el PRD; esto mismo, pero al revés, se observa en la UAM, donde el PRD aparece en primer lugar seguido por el PAN. La oposición gana entre la juventud, pero no se trata de la misma fuerza política considerada opositora por no haber llegado al gobierno federal, ya que según sea la universidad pública o privada, o se trate de preferencias masculinas o femeninas, el partido opositor en cuestión cambia.

Reflexiones finales

El objetivo de este breve repaso en torno a la juventud y la política ha sido subrayar algunas diferencias, o en su caso semejanzas, entre hombres y mujeres jóvenes, y entre jóvenes estudiantes universitarios masculinos y femeninos. Se ha partido del enfoque revisionista que considera que hay más similitudes que discrepancias a la hora de analizar opiniones y conductas políticas y compararlas entre ambos sexos. Sin embargo, no por ello el sexo deja de ser una variable explicativa, máxime si se cruza, como hemos hecho en estas páginas, con la edad y en un contexto como es el mexicano en la actualidad.

Se han dado unas pinceladas sobre el asunto, basándose en los datos obtenidos de varias fuentes, fundamentalmente redactados cualitativos, encuestas y entrevistas en profundidad, realizadas en fecha reciente. A partir de esto podemos afirmar que las mujeres jóvenes parecen un poco más alejadas de la política formal que los hombres jóvenes, dicen en más ocasiones no saber y conversan, se informan y se interesan algo menos que sus homólogos masculinos, lo mismo que presentan un índice algo más bajo de afiliación y participación electoral que los jóvenes. Sin embargo, las diferencias son mínimas y poco o nada significativas. Son también en ocasiones menos críticas hacia la esfera política en general que los hombres, pero cuando ejercen dicha acción son mucho más duras que éstos; un ejemplo de ello es la descalificación de los políticos profesionales. Las mujeres también parecen menos motivadas por el cambio a la hora de ejercer su derecho al sufragio y confiesan recibir mayor influencia que los hombres en este punto.

En cuanto a las opciones electorales, tanto las mujeres jóvenes como los hombres muestran tendencias hacia la hasta hace poco oposición -PRD y PAN-, pero más por el hecho de pertenecer a las nuevas generaciones que se incorporan a la ciudadanía política que por ser mujeres, eso debe quedar claro.

En este sentido, en México puede hablarse de la posibilidad de seguir algunas de las tendencias internacionales, ya expuestas, no sólo porque si hacemos un estudio diacrónico de la opinión pública sobre política en los últimos años veremos que los sesgos o la brecha de género se va reduciendo y disminuye, sino también porque las mujeres jóvenes parecen apostar en ocasiones por posiciones opositoras y hacia la izquierda del espectro ideológico electoral, y colaborar con ello al cambio político, por lo menos en lo que al espacio de las urnas se refiere. Nótese que estas mujeres presentan niveles superiores de enseñanza y piensan acceder o lo han hecho ya al mundo del trabajo extradoméstico, a diferencia de las cohortes femeninas de mayor edad, pero además y a diferencia de sus homólogas europeas o norteamericanas, conforman un porcentaje poblacional muy importante, incluso decisivo a la hora de sufragar.

El interés del acercamiento al tema de la juventud y la política radica en que ha sido poco abordado hasta la fecha, y en concreto ya sobre la comparación intergenérica, en que no existe investigación específica. En el caso de nuestro país reviste gran importancia, pues sabemos del peso demográfico en el padrón electoral, de la pluralidad y competencia política, y del factor del nivel educacional como un indicador sobresaliente en los estudios electorales, sin mencionar la posibilidad del cambio político por intermedio de la juventud o lo que se ha dado en llamar el reemplazo generacional, tema que por su extensión y profundidad dejamos pendiente para otra reflexión.

* Anna María Fernández Poncela (Barcelona, España, 1963). Doctora en antropología social e integrante del Sistema Nacional de Investigadores es profesora-investigadora adscrita al Departamento de Política y Cultural de la Universidad Autónoma Metropolitana -Xochimilco donde se desempeña como jefa del Área de investigación Mujer, Identidad y Poder. Entre sus libros destaca Hombres, mujeres y política. Una mirada desde la opinión pública y sus protagonistas.
Notas

1 Se agradece a todas aquellas personas del servicio social su colaboración en algún momento, y en alguna parte de las entrevistas que se utilizan como información de fondo para este redactado: Citlali Romero, Alejandra Giménez, Ricardo Amador, Maribel Ramírez, Vanessa Joachin, Liliana Ramírez, Guadalupe Luis, Rebeca Valdés, Lucía Sánchez, Elizabeth Romero, Elizabeth Cerón, Guadalupe López, Carmen González, Ma. Elena Castillo, Claudia Cuevas, Xóchitl Reyes, Natalia Barranco, Fabiana Medina. En su ordenamiento participaron Francisco Olvera, Fernando Olvera, Sandra Villanueva y Ma. Eugenia Buendía, Amalia Mijares, Ulises Álvarez, Elizabeth Cerón, Magda Báez, Daniel Orta, Guillermo Cravioto, Arabella Jiménez y Lucía P. Sánchez.

2 Se solicitaron redacciones a 28 hombres y 39 mujeres entre 14 y 15 años en las escuelas preparatorias oficiales 18 y 95 de Nezahualcóyotl, Estado de México; el trabajo tuvo lugar en las aulas durante enero de 1997.

3 Se analizaron una encuesta preelectoral de GEO y El Economista, y otra preelectoral de la UAM-Xochimilco, una encuesta preelectoral de la UAM-Iztapalapa, y la de salida de casilla de Wilson Jones Company para TV Azteca (1997).

4 Se aplicó a 24 mujeres y 27 hombres, de 18 a 29 años de edad, con residencia en el DF (1997-1998).

5 Las encuestas contaron con 500 casos cada una en la UIA y la UAM, sumando la opinión de mil estudiantes de un centro privado (1996) y otro público (1995). En la UAM, 45.6% de los participantes fueron hombres y 54.4% mujeres, 73.5% contaban entre 20 y 25 años de edad. En la UIA 49.4% eran hombres y 50.6% mujeres, y 75.4% iba de 20 a 25 años. En cuanto a las entrevistas (1997-1998), fueron 21 hombres y 39 mujeres en la UIA, cuya media de edad era de 22 años. En la UAM se contó con el testimonio de 21 hombres y 34 mujeres, y su media de edad era 24 años.