Lewis Carroll en el país de las maravillas
*Miguel Pacheco
Charles Lutwidge Dodgson nació el 27 de enero de 1832, en Daresbury, Chesire. Lo que significa que hace un año se conmemoró el 170 aniversario de su nacimiento. Era el tercer hijo de una prolífica familia victoriana, pues tuvo ocho hermanos y dos hermanas. Una característica peculiar de los hijos de los Dodgson es que todos eran zurdos. Además, Charles era tartamudo, lo que le acarreó muchos problemas en la escuela y, en general, con quienes no estaban en su núcleo familiar.

En 1843 la familia se muda a Croft, aldea de Yorkshire. Al año siguiente, cuando tiene doce, Charles ingresa al Colegio de Richmond. Allí se interesa por las matemáticas y la teología. Su brillantez en tales áreas era reconocida por profesores y compañeros, pero su timidez, su aspecto escuálido, la tartamudez, su propensión a enfermarse con facilidad, además de ser zurdo, lo hacían ver como un ser vulnerable y ensimismado. Durante las vacaciones escolares del año siguiente comenzó a elaborar su primera revista familiar, llamada La poesía instructiva y útil (tambiéntraducida como Poesía útil e instructiva). En 1846, a los catorce, ingresa al Colegio de Rugby.

Su infancia no se transformó en madurez; se alojó inmutable en su interior, y así le fue dado hacer lo que a nadie: podía volver a ese mundo infantil, podría recrearlo, de modo que nosotros nos sintiéramos nuevamente niños... Sus obras no son libros para niños: son las únicas que nos convierten en niños.

Virginia Woolf


Entre 1846 y 1849 edita La revista del Presbiterio (o La revista de la Rectoría), La cometa (o El cometa), El botón de rosa (traducida también como El pimpollo), La estrella y El fuego fatuo.1 El contenido de estas revistas familiares es, en general, humorístico. Están manuscritas, con dibujos del propio Charles, terreno en el que era aficionado, muy al estilo de Edward Lear; además contienen parodias de poemas famosos en la época, rimas infantiles, reportajes de lo insólito, entre otras cosas.

A fines de 1849 o principios de 1850, el propio Dodgson no lo recuerda, comienza a publicar El paraguas de la Rectoría (o Paraguas del Presbiterio), quizá la más famosa de las revistas familiares.2 En 1855, ya con más de veinte años, edita Mischmach (también conocida como Cajón de sastre), la última de la serie. La importancia de ambas es su carácter casi profesional. Aunque seguían hechas para entretener a la familia, en ellas encontramos en buena medida las características de la literatura carrolleana.

Las dos primeras revistas siguen, hasta el día de hoy, en poder de la familia Dodgson. Las dos últimas fueron adquiridas por la Universidad de Harvard, y posteriormente publicadas.3 Las demás no se conservan.

En mayo de 1850 Dodgson se inscribe en Christ Church, departamento de la Universidad de Oxford, para seguir estudios eclesiásticos. Ingresa a Oxford formalmente en enero de 1851. En este mismo año muere su madre. A partir de esta fecha y hasta su muerte, Charles vive de manera permanente en esa universidad.

Obtuvo el título de Bachelor of Arts en diciembre de 1854. En febrero siguiente es nombrado subbibliotecario. Ese año, 1855, será muy importante para él. Aparte del anterior nombramiento y ser Lecturer de matemáticas, comienza a colaborar en la revista The Comic Times. En las vacaciones, uno de sus tíos visitó Croft, la residencia familiar. Ese tío llevaba un aparato que fascinó a Charles: la cámara fotográfica. Tan interesado estaba, que comenzó a averiguar todo acerca de aquella máquina.

En el primer número de Mischmasch, Charles escribió un interesante artículo llamado "Las maravillas de la fotografía". En él el joven Dodgson supone que cierta cámara fotográfica puede ser conectada al cerebro de alguien y que en el papel fotográfico —en una especie de encefalograma— se revelará aquello que piensa el sujeto. Sin duda, un antecedente mecánico del psicoanálisis.4

En octubre, al volver a Oxford, el nuevo decano, el doctor Liddell, lo nombra Master of the House. El 22 de enero de 1856 Charles le pide a su tío que le compre una cámara fotográfica. El tío accede. Le informa a Charles que en marzo puede pasar a cierta tienda de Londres a recoger su cámara. Una fiebre por la fotografía se había adueñado del mundo, y de Inglaterra en especial.

El sistema fotográfico no tenía entonces ni siquiera veinte años desde que Nicefore Niepce había tomado la primera fotografía de la historia, en una placa de peltre. Pero ya los progresos eran gigantescos. El proceso del colodión, que daba mayor nitidez a las fotos reveladas, tenía menos de cinco años, pero los objetivos eran cada vez más adecuados para la exposición, evitando, por ejemplo, que una persona tuviera que posar para un retrato durante varios minutos.

En marzo, Charles pasó a la tienda por su cámara. Con algún dinero que había ahorrado, pudo llevarse un equipo completo. Dodgson era uno de tantos fotógrafos aficionados en Inglaterra, pero pronto se convirtió en un maestro. De ello dan prueba los retratos que realizó, en especial de una decena de niñas.

Al escribir para The Train, en ese 1856, Charles pensó en la conveniencia de utilizar un seudónimo. La primera propuesta que hizo al editor de la revista, Edmund Yates, fue Dares, las primera letras de Daresbury, su lugar de nacimiento. A Yates no le gustó. Unos días más tarde le envió cuatro propuestas: Edgar Cuthweills, Edgar U. C. Westhall, Louis Carroll y Lewis Carroll. Los dos primeros eran anagramas de Charles Lutwidge; los segundos eran variantes de ambos nombres: Charles-Carolus-Carroll, Lutwidge-Ludovicus-Lewis. A partir de entonces Charles Dodgson se convirtió en Lewis Carroll.

La biblioteca en que trabajaba Carroll comunicaba al jardín al que acudían a jugar las tres pequeñas hijas del decano Liddell: Lorina, Alicia y Edith. Al parecer conoció a Alicia el 25 de abril de 1856. Ese día anotó en su Diario: "Marco esta fecha con una piedra blanca", quizás en señal de la importancia del encuentro. Ella tenía tres años, él 24. A partir de entonces Carroll pasó a ser un asiduo invitado a la casa del decano Liddell. Llevaba de paseo a las tres niñas y les contaba cuentos de su invención.

En 1861 fue ordenado diácono en el rito anglicano, aunque nunca ejerció como tal. Su sobrino y biógrafo, Stuart Dodgson Collingwood, supone que esto se debió a la tartamudez. En cambio, dedicó su vida a la docencia, a la literatura y a la escritura de libros de lógica y matemáticas.5 Incluso el haberse ordenado diácono es posible que lo haya aceptado por la presión de perder su posición en la Universidad de Oxford.

Y llegó 1862. Otro año decisivo en la vida de Carroll. La tarde del 4 de julio paseaba, acompañado por el profesor Duckworth, con las tres niñas Liddell. Iban en un bote por el río Godstow. Durante el recorrido, y ante la insistencia de las pequeñas, comenzó a narrar las aventuras de Alicia en un subterráneo. Desde el principio el relato entusiasmó a las hermanas. Cuando volvieron a tierra, Alicia pidió a Carroll que escribiera la historia para leerla después y recordarla.

Ese día escribió en su Diario: "Seguido el río Godstow con las tres pequeñas Liddell; hemos tomado el té al borde del agua y no hemos regresado a Christ Church hasta las ocho y media... En esta ocasión les he contado una historia fantástica titulada Las aventuras subterráneas de Alicia, que me he propuesto escribir para Alicia".

Y en efecto, Carroll no durmió esa noche por dedicarse a escribir e ilustrar los pasajes. En los meses siguientes amplió y corrigió el manuscrito. Pasó luego a titularse Alicia pasa una hora en el país de los Elfos. No sería sino hasta junio de 1864, casi dos años después, que pasaría a tener el título definitivo. Por lo pronto, en la navidad de 1862 entregó a la pequeña Liddell Las aventuras de Alicia en el subterráneo, ilustrado por él mismo.

No sólo las niñas quedaron encantadas por el libro manuscrito. Los padres también. Colocaron el volumen en la mesa de la sala, esperando que todos los invitados lo leyeran o por lo menos lo hojearan, orgullosos de que una de sus hijas fuera la protagonista y quien lo hubiera inspirado.

Henry Kingley, uno de tantos que habían leído el libro manuscrito, le envió a Carroll una misiva diciéndole que debía publicarlo. Ante las dudas del autor, el escultor Macdonald —cuya hija, Mary, había sido amiga del diácono desde 1859, cuando ella tenía siete años— lo convenció de ir con un editor.

La editorial elegida fue Macmillan. Al poco tiempo la casa editora comunicó a Carroll que había aceptado el original. Pero el autor puso como condición pagar él la edición, ante el temor de que la editorial perdiera dinero. Macmillan aceptó el trato y sugirió que el libro debía ir ilustrado, pero no con las viñetas que ya lo acompañaban. Carroll pensó volver a hacer los dibujos, pero pronto desechó la idea al ver que eso le tomaría mucho tiempo. Alguien le recomendó a John Tenniel, un dibujante con cierta fama en la época. Ambos hablaron y en abril de 1864 acordaron que Tenniel ilustrara el volumen.

La primera edición de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas apareció en 1865. El tiro fue de dos mil ejemplares. Sólo que al autor, que no tuvo tiempo de supervisar todos los dibujos, no le gustó la forma en la que aparecieron las ilustraciones. Esa edición se fue a la basura. Nada más unos cuantos ejemplares se salvaron de la destrucción. Ahora son libros valiosísimos y caros.

En 4 de julio de 1865, tres años exactos después de aquella travesía en bote, Alicia recibió un ejemplar del volumen, ahora sí autorizado por su autor. La novela tuvo un éxito inmediato de ventas. La crítica casi lo ignoró. Pasó mucho tiempo, hasta después de la Primera Guerra Mundial, con la aparición, reconocimiento y asimilación de los movimientos artísticos de vanguardia (dadaísmo, futurismo, etcétera), que la obra de Carroll comenzó a ser reconocida por la crítica. El autor ayudó, de alguna manera, a ese vacío: cuando alguien aludía a su obra narrativa, él prefería remitirlo a la parte "seria", o sea los tratados sobre geometría y lógica.

Pero ¿qué era Alicia? Un libro que sólo un hombre que fuera a la vez matemático, poeta y lógico podía haber escrito. Porque la "lógica" y la relación de las cosas en la obra aparece trastocada, extraña. Por ejemplo, veamos el siguiente pasaje:
 

"¡Ay, ay, ay!", exclamó la Reina sacudiendo la mano como si quisiera separarla del brazo. "¡Mi dedo sangra! ¡Ay, ay, ay!"

Sus gritos se parecían tanto al silbido de una locomotora que Alicia tuvo que taparse los oídos.

"¿Pero, qué le ocurre?", preguntó tan pronto como encontró ocasión de hacerse oír. "¿Se ha pinchado el dedo?"

"Todavía no me lo he pinchado", respondió la Reina, "pero me lo pincharé pronto... ¡Ay, ay, ay!"

"¿Cuándo ocurrirá esto?", preguntó Alicia, que tenía muchas ganas de reír.

"Cuando me abroche de nuevo el chal", gimió la pobre Reina. "El broche se abrirá inmediatamente. ¡Ay, ay, ay!"

Mientras decía estas palabras, el broche se abrió bruscamente, y la Reina lo cogió con un gesto frenético para intentar cerrarlo.

"¡Cuidado!", exclamó Alicia. "¡Lo ha cogido al revés!" Y le arrebató el broche; pero ya era demasiado tarde: el alfiler se había soltado, y la Reina se había pinchado el dedo. 

"Ya ves, eso explica por qué sangraba hace un momento", dijo sonriendo a Alicia. "Ahora comprenderás cómo ocurren las cosas aquí".

¿Un dedo que sangra antes de pincharse? En efecto. En la obra de Carroll muchas de las cosas ocurren al revés. Esa inversión o lógica del revés parece estar íntimamente ligada al hecho de que Carroll fuera zurdo y estuviera tan interesado en absurdos juegos de palabras. Por ejemplo, la primera estrofa del "Jabberwocky" que Alicia lee sólo es posible entenderla si la ponemos frente a un espejo.

Otro rasgo distintivo de la obra carroleana es la creación de las palabras-maletín o palabras-valija (ejemplificadas también en "Jabberwocky"). Éstas surgen de otras dos que de alguna manera pueden formar una nueva, creando así neologismos inusuales. Es posible que la tartamudez de Carroll o su deseo de hacer chistes con sus hermanos hayan influido en la creación de estos términos. El absurdo, el sinsentido, o el nonsense (como lo bautizara Edward Lear, años antes) permean la obra carroleana.

En el verano de 1867 Carroll viajó por casi toda Europa, hasta llegar a Rusia. Entregó a Aunt Judy's Magazine el cuento "El desquite de Bruno", que será el antecedente e inicio de Silvia y Bruno. Al poco tiempo de volver de su viaje, al caminar por un parque, observa jugar a unos niños. Al oír que una de las pequeñas se llama Alicia, los invita a jugar. Le dice a la niña: "Así que tú eres otra Alicia. A mí me gustan mucho las Alicias".

Los niños siguen a Carroll. Le da a Alicia una naranja y le pregunta en qué mano la tiene. Ella responde que en la derecha. Coloca a la pequeña frente a un espejo y le repite la pregunta. Ella se da cuenta que ahora la tiene en la izquierda. Al preguntarle cómo era posible tal hecho, la niña responde: "Suponiendo que me colocara al otro lado del espejo, ¿no seguiría estando la naranja en mi mano derecha?" Carroll le dice: "Bien dicho, pequeña Alicia, es la mejor respuesta que me han dado en mi vida". Se supone que a partir de ese incidente Carroll tuvo la idea para escribir Al otro lado del espejo.

Haya sido o no por este suceso, los cierto es que Carroll se da a la tarea de escribir una especie de continuación de Alicia. Al hacérselo saber al editor, éste insiste en que es necesario contar de nuevo con la plumilla de John Tenniel para ilustrar las nuevas aventuras. Ni al autor ni al dibujante les agradó la idea, pero ambos cedieron. El doctor Liddon, que había acompañado a Carroll en el viaje a Europa, sugiere el título definitivo del libro: Al otro lado del espejo y lo que Alicia encontró allí, que verá la luz en 1872.

En noviembre de 1868, año en que muere su padre, Carroll se instala en un nuevo departamento en Oxford, el cual ocupará hasta su deceso. Con cuatro recámaras, cuatro salones, más cuartos accesorios, el diácono decide instalar un laboratorio fotográfico. Tuvieron que pasar tres años para que las autoridades universitarias le otorgaran el permiso para montarlo.

En 1869 publica, vía Macmillan, Fantasmagoría, libro de poemas ilustrado por Florence Montgomery. El mismo año se editan las traducciones de Alicia al alemán y al francés. A fines del año aparece "Rompecabezas del país de las maravillas" en Aunt Judy's Magazine.

Hasta 1876 vuelve a publicar literatura: La caza del Snark, ilustrado por Henry Holiday. Snark es otra palabra-maletín, formada por snake (serpiente) y shark (tiburón). En ese año se lleva a cabo la primera representación teatral de Alicia.

En 1882 renuncia a la docencia en la universidad. Al siguiente año aparece ¿Rima? y ¿razón? Se publica el facsímil manuscrito de Alicia. En 1888 Carroll inventa una caja de sellos cuyas tapas estaban ilustradas por el gato de Chesire, que también desaparecía hasta sólo quedar su sonrisa; además se podía ver al bebé transformándose en cerdo en brazos de Alicia. 

En 1889 se edita Silvia y Bruno, ilustrada por H. Furniss, que le había tomado casi cuatro lustros escribir. Al año siguiente aparece una versión de Alicia "para niños", hecha por el propio Carroll. El 14 de noviembre de 1898, aquejado por una gripe complicada por una congestión pulmonar, fallece Lewis Carroll en casa de sus hermanas.

¿Cómo fue posible que Carroll hiciera tanto en la literatura, la fotografía, en la geometría y la lógica, en su Diario, además de pasear, contar cuentos, jugar, divertir a cientos de niñas? Quizá la respuesta la podamos encontrar en el insomnio que lo persiguió durante muchos años. Según versión de su sobrino biógrafo, Carroll sólo dormía de dos a tres horas al día.

Una muestra de su febril actividad eran las cartas que escribía y recibía. Entre el 1° de enero de 1862 y el 8 de enero de 1898 encontramos en su Diario resúmenes de su correspondencia. Asignaba un número a cada carta. Hasta la última fecha llevaba 98,721. Si pensamos que a Alicia Liddell le escribía tres o cuatro misivas al día, el número no parece descabellado.

 
 
 
 
 
 
 
 
   
El talento que poseía lo mostró desde pequeño. Y en esa etapa parece haber querido permanecer. Quizá por eso sus libros poseen esa lógica del absurdo, porque muestran a un niño descubriendo las cosas, apropiándoselas a su manera, inventando o reinventando el mundo a través de la ilusión, de las ganas de creer en las maravillas, de suponer que la magia puede ser aprehendida.

Tal vez por eso Martín Gardner escribió: "El último nivel en los libros de Alicia es éste: que la vida, vista racionalmente y sin ilusión, aparece como un cuento carente de sentido relatado por un matemático idiota".• 

*Miguel Pacheco (San Pedro Jacuaro, Michoacán, 1958) es autodidacta. Sus colaboraciones han aparecido en las revistas Medicina y Cultura y Atonal y en El Búho, extinto suplemento cultural de Excélsior. Prepara su primer libro de ensayos. 

Notas

1 De ellas dice Carroll: La poesía instructiva y útil: "Obra salida de nuestra pluma por el año 1845 y cuyo primer poema nos vino sugerido por una pieza publicada en el `Etonian'. Vivió medio año aproximadamente y fue luego encuadernada de forma muy modesta. Con todo, las guardas eran cabalmente dignas del contenido. Todavía se conserva" (pp. 87-88). La revista del Presbiterio:"Fue ésta la primera destinada a acoger aportaciones de todos, que, la verdad sea dicha, las hicieron llegar en caudalosa corriente. La aparición de cada número era esperado en casa con gran excitación, y la mayoría de los miembros de la familia contribuyeron con uno o dos artículos; los números publicados fueron encuadernados hacia el año 1848 en un volumen único que todavía existe" (p. 88). El cometa: "La iniciamos en 1848. De formato semejante a la anterior pero, para mayor variedad, no se abría lateral sino axialmente. Poco fue el interés concedido a esta publicación, y su contenido tan pobre, que al cabo de seis números decidimos conservar tan sólo el postrero y cesar en el empeño. Este último número, según creo, todavía se conserva" (idem). El botón de rosa: "Fue iniciada a imagen y semejanza de El cometa, pero maduró tan sólo hasta su segundo número. La cubierta iba delicadamente ornada con la imagen de un capullo de rosa. Ninguno de los dos números contienen nada digno de particular mención, pero todavía existen" (p. 89). La estrella: "Obra a imitación de El cometa, pero menos ambiciosa aun que la precedente: texto e ilustraciones decididamente mediocres; más o menos, se conservan media docena de ejemplares"(idem).El fuego fatuo: "Inferior incluso a la anterior. De formato triangular. Creemos que aún queda alguno que otro número" (idem). Todas esta citas fueron tomadas de Lewis Carroll, El paraguas de la Rectoría. Cajón de sastre, con ilustraciones del autor, edición a cargo de Carlos Miguel Sánchez-Rodrigo, Barcelona, Ediciones del Cotal, segunda ed., 1980, 198 pp.

2 Sobre El paraguas de la Rectoría dice Carroll: "Creo recordar que la iniciamos hacia 1849 o 1850 como volumen de guardas cuadradas. Fue admirada en su tiempo pero, totalmente desasistida, nos llevó un año o más el llenar el tomo con nuestro solo esfuerzo. El volumen existe, bien conservado además, de modo que huelgan más detalles al respecto" (ibid., p. 89).

3Ambas pueden ser consultadas en Lewis Carroll, El paraguas..., op. cit.

4 La versión completa del artículo se puede leer en ibid., pp. 110-114.

5 1860: A Syllabus of Plain Algebraical Geometry; 1861: The Formulae of Plane Trigonometry; 1864: A Guide to the Mathematical Student; 1866: Condensation of Determinants, entre otros títulos alusivos a estas disciplinas.