Para ella, que
en el setenta y cinco lo era todo:
"sé que tú no quieres que yo a ti te quiera,
siempre tu me esquivas de alguna manera,
si te buscó por aquí me sales por allá [ ...] "
Óscar de León
En el amor como en el deporte, todo se vale. El triunfador
siempre es el de mayor experiencia, el que sabe utilizar
mejor las armas que están a su alcance, recordabas a las 8:28
de la noche de octubre de un año sin memoria.a Lucía, el Prieto Gonzalo y a ti.
Compañeros de la Facultad te miraron, sonrieron y les sonreíste disimulando tu enojo, tu enfado; empezaban a caerte mal, te molestaba sobre todo el comportamiento de Constanza; pensaste que ése podría haber sido el día en que tendrías la oportunidad de platicar en serio con ella, pero presentiste que Salvador conocía tus sentimientos y por eso te pidió que los acompañaras a festejar el fin del séptimo semestre y eso te lastimaba. Lucía y el Prieto Gonzalo, sentados a tu extremo izquierdo, no te interesaban; conversaban trivialidades, intrascendencias de fin de cursos, del clima, del frío. El bullicio en las otras mesas por momentos te distraía delcampo de juego.
De pronto te diste cuenta de cómo Salvador se mostraba bastante ofensivo y contraatacaba con pases en profundidad, aunque hasta ese instante no había puesto en peligro la meta contraria; Constanza utilizó una defensa por zonas y eso te entusiasmó porque comprendías que no iba a ser fácil presa de la persistencia con que Salvador la atacaba. Encendiste un cigarro y aspiraste el humo complacido; luego lo pusiste en el cenicero y con la mano derecha en alto llamaste al mesero para pedir otra cerveza. Preguntaste a Lucía y al Prieto Gonzalo que si no deseaban algo más, lo mismo que aConstanza y Salvador;
éste se molestó porque lo habías distraído y enojado pidió un tequila doble. La bola estaba fuera del campo de juego, tiempo valioso que los contendientes aprovecharon para acomodarse bien en la cancha. Posteriormente, Salvador iniciaría una nueva ofensiva que Constanza repelería. Te levantaste y caminaste entre sillas y mesas rodeadas de gente, entraste al excusado que se encontraba al extremo derecho de donde estabas sentado, al fondo de un estrecho pasillo contiguo a la barra. La expulsión del líquido te provocó una sensación de agrado y pensaste en ellos, ¿cómo sustituir en el campo de juego a Salvador, cómo? Te preguntaste una y mil veces; formaba parte del equipo de la Facultad de Derecho y practicaba también con las reservas de la Universidad de Nuevo León; volante ofensivo era su posición; tú en la media, en cualquier situación, pero en la media; posición que te era difícil jugar no porque no supieras, sino porque había titulares y tú debías permanecer en la banca. Te lavaste las manos, te alisaste el cabello. Mejor te hubieras ido a tu casa, pero no; mientras te mirabas en el espejo pensaste en Lucía, amiga íntima de Constanza y te molestaba,Constanza era un latido lacerante en la memoria, eso era.
Te convenciste porque ella estaba allí, ella era la causa; siempre te había gustado, desde el día que la conociste en la Facultad, cuando para tu asombro fue asignada al mismo grupo al que pertenecías. Las primeras pláticas fueron sobre las clases; su trato amable, su sonrisa cordial, el cutis terso, la delgadísima línea de la ternura en su rostro. Su compañerismo te hizo abrigar esperanzas en un campo donde tú deseabas apuntarte una buena victoria. Sin embargo, no contaste con el irresponsable, el impuntual, con el volante ofensivo que sentado al fondo del salón aprovechaba algún comentario entre las clase de los maestros para hacerse el gracioso y llamar la atención, y vaya que llamó la atención deConstanza la chica seria y deseada del grupo.
Regresaste a la mesa y diste un trago a tu cerveza.
Lucía te preguntó por qué estabas tan callado, y le
replicaste que no era así. Ella dijo que había una buena
película en el cine Elizondo, que podrían ir el sábado y el
Prieto Gonzalo le preguntó cuál era y le contestó que El
último tango en París, con Marlon Brando y la Schneider, y
asentiste con la cabeza en señal de que estabas de acuerdo, y
Constanza y Salvador no se dieron por aludidos. Los miraste y
te empezaron a sudar las manos; por instantes sentiste rabia
y nervios a la vez. Observaste cómo Salvador jugueteaba con
el tirante derecho del vestido negro escotado con vivos rojos
que traía Constanza, lo que significó el inicio de una nueva
ofensiva. Tiempo, tiempo.
Salvador esbozó una sonrisa en señal de que su táctica le redituaría un buen resultado en la segunda parte. "Compañeros, los veo muy apachurrados", al momento que te palmeó la espalda; apuraste otro trago de cerveza, indiferente, pero irritado por el comentario. El Prieto Gonzalo atinó a decirle que estaba yendo muy rápido enlos terrenos del amor.
Salvador pareció no escucharlo y volteó hacia la barra para llamar al mesero y pedirle una botana; "un queso flameado y un guacamole", dijo con voz altiva y ceremoniosa, sintiéndose dueño y señor de la situación. La llegada de las muchachas reconfortó el ambiente. "¡Qué te pasa!", te dijo Constanza, tratando de ser amable contigo; "¡te veo muy cabizbajo!", y te preguntó por las materias que llevarían en el octavo semestre. Contestaste que Derecho Laboral e Internacional Público, entre otras. Lucía comentó que le interesaba el Derecho Internacional; "por favor, por favor", comentó Salvador, "hablemos de otras cosas, acabamos de pasar el séptimo semestre y ya están pensando en el octavo; hay cosas más agradables", al momento que volteó a mirar a Constanza fijamente y le chuleaba un prendedor de oro con forma de lechuza que traía puesto arriba del seno izquierdo. La intervención de Salvador significó el inicio de la segunda parte. El brazo colocado nuevamente en la espalda de Constanza, apretujándola; y la mano izquierda jugando con los dedos de la mano izquierda de ella eran la evidencia de que el ataque iba en serio; el toque en la media cancha había quedado atrás, no estaba dispuesto a perder el tiempo, atacaba de frente, y Constanza se mantenía a la expectativa. La formación de 4-3-3 no estaba dando resultados,el principio de la seducción
comenzaba a cobrar dividendos, la defensa empezó a hacer agua. La llegada del mesero con la botana no distrajo a Salvador: la ofensiva partió de media cancha, una pelota entregada equivocadamente sirvió para que el medio ofensivo se fuera por la banda derecha en una actitud personalista, fintó hacia adentro y se dio el autopase; el defensa que se le había enfrentado permaneció estático. Entró al área grande y quebró a otro defensa que se le enfrentó, avanzó dos metros y a la altura del manchón de penalty sacó, antes de que llegara el portero, un tiro con la pierna izquierda a media altura que besó las mallasy el grito de GOOOOOOOL

mientras la noche te tragaba como cualquier criatura de este mundo.