Una primera cuestión que se suscita
al encontrarnos con el concepto de Arte Joven es cómo se concreta
y limita su entorno. ¿Cuáles son los componentes que definen
su esencia? ¿Dónde están los límites de la
edad? ¿Es en el periodo de la escuela y etapa formativa básica?
¿Cuándo deja de caracterizarse un arte como Arte Joven? ¿Simplemente
por la edad el artista? ¿Por criterios de calidad?
Todos aquellos envueltos en la creación hemos pasado por esa
etapa del comienzo. ¿Qué es lo que la aracteriza? ¿Entusiasmo?
¿Inexperiencia? ¿Aventura y ensayo? ¿Ausencia de calidad?
¿Es que todos esos componentes están ausentes de un arte
maduro?
Realmente las respuestas no están en el orden de la edad. En
el ámbito español, que es donde se instalan los comienzos
de mi experiencia de artista joven (sin que ello implique que no lo siga
siendo) es muy frustrante el acotamiento realizado a través de concursos,
premios y becas donde los límites de la edad marcan un estrecho
pasaje, en el cual, si las circunstancias personales no permiten el inicio
y el aparecer como tal en esos concretos años, predeterminados por
las fuerzas estético-políticas, ya no es considerado como
un artista joven; quedando entonces apartado de una gran cantidad de oportunidades.
Todo, acorde al ensalzamiento de la edad como parámetro y paradigma
de ser joven.

Los criterios de ser joven no pueden ser adscritos a la edad, aunque
suceda que sí: un artista suele funcionar en los años de
juventud cronológica, pero su juventud plástica no queda
detenida ahí. Lo que suele ocurrir, dada la realidad del mercado
artístico y la función social del artista, es que el periodo
de esfuerzos por reconocimiento y valoración de la obra se extiende
durante toda la vida y en múltiples ocasiones. La necesitada atención
que es ofrecida al artista joven por los recursos puestos a su disposición
por la sociedad, le es negada al personaje concreto que está en
la misma situación, pero en una cronología vital más
avanzada. Esto en cuanto al hecho social de la búsqueda de apoyo
al arte en la sociedad actual. Claro que no podemos deducir de esto que
todo arte en busca de apoyo es arte joven.
En la cultura artística de Estados Unidos manejan un término
según mi planteamiento más acertado: el llamado emerging
artist (artista emergente). Se aplica a todos estos creadores que en una
etapa inicial o más desarrollada aún se encuentran sumidos
en el anonimato, mayormente, y sin un vínculo sólido para
la comercialización y exhibición de su obra artística.
La edad, no representa una definición del estado de la obra, puede
estar situada en sus albores, con todo lo que representan los titubeos
en la definición del lenguaje artístico, o estar instalada
en una consolidada madurez, sin que ello suponga el haber accedido al estado
de bienaventuranza artística comercial.
Una reflexión sobre la evolución artística y la
comunidad artística e intelectual creo que aporta una iluminación
al tema. En la creación plástica no se alcanza una madurez
rápidamente; un autor plástico en sus treinta es considerado
por la crítica como joven. Ocurre lo contrario en la creación
musical donde autores con una edad joven contribuyen con lenguajes individualizados
y estilos desarrollados. En el mundo de la creación intelectual
no se llega a esa estado fácilmente hasta la década de los
cincuenta. Sin embargo, ¿cuántos concursos para arte joven
limitan la edad a los treinta? Nada puede rechazarse si beneficia y apoya
la creación. Sin embargo existe una visión distorsionada
sobre la realidad de la creación plástica cuando se deja
de lado al artista comprometido que sobrepasa esa edad, aunque esté
anclado en las mismas inquietudes que otros que se inician en la carrera.
Puede argumentarse que se trata de descubrir talentos importantes que
están por florecer, postura procedente de las corrientes estéticas
posmodernas que se expandieron paralelas a ese impulso alocado del mercado
artístico de los años ochenta en su euforia de precios y
descubrimientos que dieron al traste, sin embargo, con la reputación
y credibilidad del propio mercado; el valor de los artistas y las obras
ensalzadas artificialmente se derrumbaron estrepitosamente y con ello la
confianza de los coleccionistas.
Considero que la denominación de Arte Joven habrá de
ser relativa y más atenta a los creadores cuya personalidad aún
está en proceso de consolidación, aunque esto es un concepto
muy flexible ya que un auténtico creador siempre está en
evolución. Pero lo que hay que resaltar es la insistencia en que
el término de joven no sea excluyente de edad, sino revelador del
creador emergente, que por sí mismo se contrapondrá al de
artista consagrado, fácil de reconocer e identificar.
Ser original. La lucha de descubrirse a uno mismo
En mi comienzo como creador plástico latían entremezclados
el entusiasmo y el camino incierto que enfrentaba cuando concluía
la época de estudios. Ya no iba a estar impulsado por tareas encomendadas
por las clases. Ahora era dejado a mi libre albedrío.Ésta
fue la fase definitiva donde comencé a enfrentarme a la dura prueba
de mis propias intenciones. Fase que no sólo la experimentan aquellos
que provienen de una formación escolar. El hecho artístico
brota al margen de las estructuras escolares, que a veces retardan y desvian
la verdadera esencia artística. Recuerdo a un amigo artista en Galicia,
sirviendo su año militar, que al comentar acerca del arte moderno
y la figuración clásica me confesaba que ese tipo de arte
que la gente calificaba de "raro", él lo veía natural, y
eso que los demás tildaban de "moral", él lo veía
raro. Lo confesaba en su mentalidad de 18 años sin previa educación
formalista; en él estaban imprimidos de algún modo inclinaciones
y registros artísticos muy potentes.
La formación de las imágenes proviene de la experiencia
perceptiva y de los modos de percepción que la humanidad ha desarrollado.
La experiencia pasada contribuye a plasmar la percepción presente:
esa es la imagen. La imaginación es esa actividad creadora extraperceptiva
que empuja más allá; interna en las dimensiones que definen
la individualidad y la autenticidad.
La autenticidad es el problema más decisivo al que se enfrenta
el artista en sus comienzos. Sobrecargado de información, tendra
que despojarse de lo que no coincide consigo mismo y encontrar la veta
de su propio y genérico modo de expresarse. Aquí se ve avocado
a la tarea de buscar la originalidad, que dirigida erróneamente
desemboca en modos negativos, es decir, esa voluntad de originalidad que
se centra en hacer "algo distinto" al buscar algo rigorosamente "nuevo",
se convierte en una sutil alineación. En vez de perseguir la verdad,
niegan lo que los demás han creado y construido. No logran edificar
un obra de verdadera originalidad porque ésta se escapa de entre
las manos del que quiere alcanzarla a cualquier precio, pues renuncia a
la verdad en favor de la novedad. Como consecuencia inesperada, esa búsqueda
conduce a una paradójica homogeneidad que engloba a todos los que
sólo intentan crear desde la negación.

Producir una obra apartándose de la continuidad histórica
hace imposible la prosperación de la verdad. Esto es, si el artista
se aleja y pierde de vista el hilo de los planteamientos anteriores que
han llevado al presente --donde uno se encuentra instalado-- se desconecta
de la fuente de originalidad. La ruptura de esta continuidad lo incapacita
para adentrarse en su identidad que se forma por todos los elementos que
se entrelazan en ese yo-artista. Para hallar la coincidencia consigo mismo
el artista debe concretarse en el momento que vive. No puede desconectarse
y permanecer ausente de la realidad. Su verdad a de encontrarla identificándose
como sujeto circunstancial. Reconocerse como "lugar" donde se deposita
la subjetividad. El yo como ente donde interaccionan la interioridad del
sujeto y los estímulos del entorno. El yo como lugar estético-sensible.
La verdad de uno mismo, entonces, se convierte en tarea de descubrir.
Nace de un impulso interior consecuencia del reconocimiento de la circunstancialidad
de la propia existencia. Se hace connatural al pensar. El actuar se encamina,
cimentándose, hacia el encuentro de la identidad, en el creador
toma el camino de los medios con los cuales explora su existencia: ese
esfuerzo de rastreo hacia dentro, esa búsqueda de lo que lo hace
ser, y ser responsablemente auténtico. Lo contrario, se convierte
en falsedad.
Al asumir la soledad, el individuo encuentra el campo para que la verdad
se revele. Nadie puede pensar por él, y se ha de reconocer en su
independencia: el verdadero pensamiento es el que se resuelve desde el
personal e insustituible punto de vista. Esto requiere de un metódico
desprendimiento de las "visiones" ajenas o interpretaciones que encubren
la realidad, para que a solas con ella, se le revele esa verdad.
Esas interpretaciones ajenas desde las que se forma lo sujetan como
férreos grilletes, de los cuales debe liberarse, pero es una liberación
que debe hacer hacia sí mismo. Debe percatarse que está aprisionado
hacia fuera y que ha de entrar en sí mismo. Mearluy Ponty se refería
así al "en soi" que es el alumbramiento entre el que siente y lo
sensible: el artista al adentrarse en búsqueda de la coincidencia
de su producción artística con sí mismos halla la
verdad. Cuando esta coincidencia consigo mismo se ha logrado, se está
en la verdad, porque entonces y sólo entonces hay coincidencia entre
lo que de verdad cree (y no sólo entre lo que cree creer) y lo que
de verdad piensa (y no sólo lo que cree pensar).
Lograr este sí mismo permite la coincidencia entre pensamiento, palabra y vida, alcanzando el ensimismamiento; ese adentrarse en la verdad de uno, que es fuente de la verdadera originalidad. Sin pretensión de ser originales habrá dado con la raíz de la creación que se encuentra en el "origen" ("Original" viene de "origen"). Funcionando desde la verdad como coincidencia con nosotros mismos aportamos nuestra visión e interpretación única del mundo en que nos encontramos.
Elementos de progreso y supervivencia como creador emergente
¿Cómo definirse como artistas creadores bajo la actitud
de buscar la verdad mencionada? ¿De qué manera asumir esos
presupuestos teóricos donde se identifican palabra, pensamiento
y vida? Aunque las respuestas se encuentran al andar el camino --y son,
un tanto, parte misma de la aportación e idiosincrasia de l vivencia
personal-- planteo unas reflexiones orientativas esbozadas desde mis experiencias
compartidas con otros artistas emergentes; sin intentar construir una exhaustiva
correlación de ideas de lo que supone encarar con autenticidad la
tarea de la creación.
Para empezar, hay que desarrollar un endurecimiento interno para aprender
a vivir con el desaliento que tantas veces invade. Todo llegará
a complicarse con problemas de otra índole, pero esta existencia
no está reservada para los personajes blandos. Es preciso armarse
de una férrea voluntad de hierro para perseverar. Hay que asumir
y prepararse mentalmente para la tarea que se va a acometer.
Se tiene que enraizar la voluntad en la tarea de cumplir la meta propuesta.
En el proceso de construcción del lenguaje habrá que
encarar distintos problemas de modo aislado y simplificado. Enfocar el
proceso de la investigación plástica imponiendo restricciones
formales que redundarán en un beneficio de recursos plásticos.
Aunque resulte contradictorio, elegir una limitación llega a ser
una decisión positiva.
El artista trabaja fundamentalmente con el intelecto; el oficio es
la base para su lenguaje. El artista que tiene algo claro que decir, lo
llega a decir, pero aquel cuyo concepto no es preciso, balbucea en su enrevesamiento
y duda en su lenguaje. Por lo tanto una tarea primaria en la que hay que
involucrarse es encontrar ese concepto conciso y concreto.
Ser honesto consigo mismo y no engañarse. Colocarse frente a
la obra despojándose de inhibiciones y controles culturales para
se sinceros y dejar la verdad interior aparecer.
Al entregarse a la tarea de la construcción de la obra, debe
olvidarse de los problemas ajenos y enfocarse en conectar el "yo" con la
obra que se ejecuta. Habrá de hallarse la identificación
del sentir con la producción artística.
Hay que desconfiar de los virtuosos... precisamente aquellos más
torpes, pero con un ánimo más decidido y perseverantes, logran
llegar más lejos.
Hay que leer, ver, y acaparar toda la información que se pueda
para ir educando la percepción y desde ahí aclarar las ideas.
No hay que tratar de perseguir la realización de esa obra "genial",
ni preocuparse en un establecido estilo, que m bien deberá ser el
resultado y resumen de una vida de lucha con la obra.
El tiempo y la experiencia artística aportarán esas soluciones
originales a los problemas que el propio instinto creativo ha ido planteando.
Los nuevos estilos no han nacido de una coyuntura técnica, sino
de una intención.
Ante el desánimo en el proceso de la investigación, en
esos momentos de duda y deseos de abandono; frustración y cansancio...
una única respuesta y terapia: trabajar en la obra.
Concluyendo, elijo unos cuantos párrafos entresacados de un
poema del anciano de una tribu americana, Oriah, Mountain Dreamer. Creo
que evocan muy bien, correspondiendo dentro de un espíritu de profundo
humanismo, el carácter determinado y sincero que cualquier artista
ha de mantener para llegar a esa creación original.
No me interesa la edad que tienes. Quiero saber si te arriesgarías
a aparecer un loco por el amor, por tu sueño, por la aventura de
estar vivo.
No me interesa si la historia que me están diciendo es verdad.
Quiero saber si eres capaz de desilusionar a alguien por permanecer fiel
a ti mismo; si puedes soportar la acusación de engaño y no
traicionar tu propia alma. Quiero saber si puedes encontrar la belleza
incluso cuando no es bello cada día, y si puedes empujar tu vida
al borde del lago y gritarle al reflejo plateado de la luna llena.