Hacia el concepto de
creador emergente
Ramón Almeda
 
 
 
 

Una primera cuestión que se suscita al encontrarnos con el concepto de Arte Joven es cómo se concreta y limita su entorno. ¿Cuáles son los componentes que definen su esencia? ¿Dónde están los límites de la edad? ¿Es en el periodo de la escuela y etapa formativa básica? ¿Cuándo deja de caracterizarse un arte como Arte Joven? ¿Simplemente por la edad el artista? ¿Por criterios de calidad?
Todos aquellos envueltos en la creación hemos pasado por esa etapa del comienzo. ¿Qué es lo que la aracteriza? ¿Entusiasmo? ¿Inexperiencia? ¿Aventura y ensayo? ¿Ausencia de calidad? ¿Es que todos esos componentes están ausentes de un arte maduro?
Realmente las respuestas no están en el orden de la edad. En el ámbito español, que es donde se instalan los comienzos de mi experiencia de artista joven (sin que ello implique que no lo siga siendo) es muy frustrante el acotamiento realizado a través de concursos, premios y becas donde los límites de la edad marcan un estrecho pasaje, en el cual, si las circunstancias personales no permiten el inicio y el aparecer como tal en esos concretos años, predeterminados por las fuerzas estético-políticas, ya no es considerado como un artista joven; quedando entonces apartado de una gran cantidad de oportunidades. Todo, acorde al ensalzamiento de la edad como parámetro y paradigma de ser joven.

Los criterios de ser joven no pueden ser adscritos a la edad, aunque suceda que sí: un artista suele funcionar en los años de juventud cronológica, pero su juventud plástica no queda detenida ahí. Lo que suele ocurrir, dada la realidad del mercado artístico y la función social del artista, es que el periodo de esfuerzos por reconocimiento y valoración de la obra se extiende durante toda la vida y en múltiples ocasiones. La necesitada atención que es ofrecida al artista joven por los recursos puestos a su disposición por la sociedad, le es negada al personaje concreto que está en la misma situación, pero en una cronología vital más avanzada. Esto en cuanto al hecho social de la búsqueda de apoyo al arte en la sociedad actual. Claro que no podemos deducir de esto que todo arte en busca de apoyo es arte joven.
En la cultura artística de Estados Unidos manejan un término según mi planteamiento más acertado: el llamado emerging artist (artista emergente). Se aplica a todos estos creadores que en una etapa inicial o más desarrollada aún se encuentran sumidos en el anonimato, mayormente, y sin un vínculo sólido para la comercialización y exhibición de su obra artística. La edad, no representa una definición del estado de la obra, puede estar situada en sus albores, con todo lo que representan los titubeos en la definición del lenguaje artístico, o estar instalada en una consolidada madurez, sin que ello suponga el haber accedido al estado de bienaventuranza artística comercial.
 


 

Una reflexión sobre la evolución artística y la comunidad artística e intelectual creo que aporta una iluminación al tema. En la creación plástica no se alcanza una madurez rápidamente; un autor plástico en sus treinta es considerado por la crítica como joven. Ocurre lo contrario en la creación musical donde autores con una edad joven contribuyen con lenguajes individualizados y estilos desarrollados. En el mundo de la creación intelectual no se llega a esa estado fácilmente hasta la década de los cincuenta. Sin embargo, ¿cuántos concursos para arte joven limitan la edad a los treinta? Nada puede rechazarse si beneficia y apoya la creación. Sin embargo existe una visión distorsionada sobre la realidad de la creación plástica cuando se deja de lado al artista comprometido que sobrepasa esa edad, aunque esté anclado en las mismas inquietudes que otros que se inician en la carrera.
Puede argumentarse que se trata de descubrir talentos importantes que están por florecer, postura procedente de las corrientes estéticas posmodernas que se expandieron paralelas a ese impulso alocado del mercado artístico de los años ochenta en su euforia de precios y descubrimientos que dieron al traste, sin embargo, con la reputación y credibilidad del propio mercado; el valor de los artistas y las obras ensalzadas artificialmente se derrumbaron estrepitosamente y con ello la confianza de los coleccionistas.
Considero que la denominación de Arte Joven habrá de ser relativa y más atenta a los creadores cuya personalidad aún está en proceso de consolidación, aunque esto es un concepto muy flexible ya que un auténtico creador siempre está en evolución. Pero lo que hay que resaltar es la insistencia en que el término de joven no sea excluyente de edad, sino revelador del creador emergente, que por sí mismo se contrapondrá al de artista consagrado, fácil de reconocer e identificar.

Ser original. La lucha de descubrirse a uno mismo
En mi comienzo como creador plástico latían entremezclados el entusiasmo y el camino incierto que enfrentaba cuando concluía la época de estudios. Ya no iba a estar impulsado por tareas encomendadas por las clases. Ahora era dejado a mi libre albedrío.Ésta fue la fase definitiva donde comencé a enfrentarme a la dura prueba de mis propias intenciones. Fase que no sólo la experimentan aquellos que provienen de una formación escolar. El hecho artístico brota al margen de las estructuras escolares, que a veces retardan y desvian la verdadera esencia artística. Recuerdo a un amigo artista en Galicia, sirviendo su año militar, que al comentar acerca del arte moderno y la figuración clásica me confesaba que ese tipo de arte que la gente calificaba de "raro", él lo veía natural, y eso que los demás tildaban de "moral", él lo veía raro. Lo confesaba en su mentalidad de 18 años sin previa educación formalista; en él estaban imprimidos de algún modo inclinaciones y registros artísticos muy potentes.
La formación de las imágenes proviene de la experiencia perceptiva y de los modos de percepción que la humanidad ha desarrollado. La experiencia pasada contribuye a plasmar la percepción presente: esa es la imagen. La imaginación es esa actividad creadora extraperceptiva que empuja más allá; interna en las dimensiones que definen la individualidad y la autenticidad.
La autenticidad es el problema más decisivo al que se enfrenta el artista en sus comienzos. Sobrecargado de información, tendra que despojarse de lo que no coincide consigo mismo y encontrar la veta de su propio y genérico modo de expresarse. Aquí se ve avocado a la tarea de buscar la originalidad, que dirigida erróneamente desemboca en modos negativos, es decir, esa voluntad de originalidad que se centra en hacer "algo distinto" al buscar algo rigorosamente "nuevo", se convierte en una sutil alineación. En vez de perseguir la verdad, niegan lo que los demás han creado y construido. No logran edificar un obra de verdadera originalidad porque ésta se escapa de entre las manos del que quiere alcanzarla a cualquier precio, pues renuncia a la verdad en favor de la novedad. Como consecuencia inesperada, esa búsqueda conduce a una paradójica homogeneidad que engloba a todos los que sólo intentan crear desde la negación.
 

 

Producir una obra apartándose de la continuidad histórica hace imposible la prosperación de la verdad. Esto es, si el artista se aleja y pierde de vista el hilo de los planteamientos anteriores que han llevado al presente --donde uno se encuentra instalado-- se desconecta de la fuente de originalidad. La ruptura de esta continuidad lo incapacita para adentrarse en su identidad que se forma por todos los elementos que se entrelazan en ese yo-artista. Para hallar la coincidencia consigo mismo el artista debe concretarse en el momento que vive. No puede desconectarse y permanecer ausente de la realidad. Su verdad a de encontrarla identificándose como sujeto circunstancial. Reconocerse como "lugar" donde se deposita la subjetividad. El yo como ente donde interaccionan la interioridad del sujeto y los estímulos del entorno. El yo como lugar estético-sensible.
La verdad de uno mismo, entonces, se convierte en tarea de descubrir. Nace de un impulso interior consecuencia del reconocimiento de la circunstancialidad de la propia existencia. Se hace connatural al pensar. El actuar se encamina, cimentándose, hacia el encuentro de la identidad, en el creador toma el camino de los medios con los cuales explora su existencia: ese esfuerzo de rastreo hacia dentro, esa búsqueda de lo que lo hace ser, y ser responsablemente auténtico. Lo contrario, se convierte en falsedad.
Al asumir la soledad, el individuo encuentra el campo para que la verdad se revele. Nadie puede pensar por él, y se ha de reconocer en su independencia: el verdadero pensamiento es el que se resuelve desde el personal e insustituible punto de vista. Esto requiere de un metódico desprendimiento de las "visiones" ajenas o interpretaciones que encubren la realidad, para que a solas con ella, se le revele esa verdad.
Esas interpretaciones ajenas desde las que se forma lo sujetan como férreos grilletes, de los cuales debe liberarse, pero es una liberación que debe hacer hacia sí mismo. Debe percatarse que está aprisionado hacia fuera y que ha de entrar en sí mismo. Mearluy Ponty se refería así al "en soi" que es el alumbramiento entre el que siente y lo sensible: el artista al adentrarse en búsqueda de la coincidencia de su producción artística con sí mismos halla la verdad. Cuando esta coincidencia consigo mismo se ha logrado, se está en la verdad, porque entonces y sólo entonces hay coincidencia entre lo que de verdad cree (y no sólo entre lo que cree creer) y lo que de verdad piensa (y no sólo lo que cree pensar).
 

Lograr este sí mismo permite la coincidencia entre pensamiento, palabra y vida, alcanzando el ensimismamiento; ese adentrarse en la verdad de uno, que es fuente de la verdadera originalidad. Sin pretensión de ser originales habrá dado con la raíz de la creación que se encuentra en el "origen" ("Original" viene de "origen"). Funcionando desde la verdad como coincidencia con nosotros mismos aportamos nuestra visión e interpretación única del mundo en que nos encontramos.

Elementos de progreso y supervivencia como creador emergente
¿Cómo definirse como artistas creadores bajo la actitud de buscar la verdad mencionada? ¿De qué manera asumir esos presupuestos teóricos donde se identifican palabra, pensamiento y vida? Aunque las respuestas se encuentran al andar el camino --y son, un tanto, parte misma de la aportación e idiosincrasia de l vivencia personal-- planteo unas reflexiones orientativas esbozadas desde mis experiencias compartidas con otros artistas emergentes; sin intentar construir una exhaustiva correlación de ideas de lo que supone encarar con autenticidad la tarea de la creación.
Para empezar, hay que desarrollar un endurecimiento interno para aprender a vivir con el desaliento que tantas veces invade. Todo llegará a complicarse con problemas de otra índole, pero esta existencia no está reservada para los personajes blandos. Es preciso armarse de una férrea voluntad de hierro para perseverar. Hay que asumir y prepararse mentalmente para la tarea que se va a acometer.
Se tiene que enraizar la voluntad en la tarea de cumplir la meta propuesta.
En el proceso de construcción del lenguaje habrá que encarar distintos problemas de modo aislado y simplificado. Enfocar el proceso de la investigación plástica imponiendo restricciones formales que redundarán en un beneficio de recursos plásticos. Aunque resulte contradictorio, elegir una limitación llega a ser una decisión positiva.
El artista trabaja fundamentalmente con el intelecto; el oficio es la base para su lenguaje. El artista que tiene algo claro que decir, lo llega a decir, pero aquel cuyo concepto no es preciso, balbucea en su enrevesamiento y duda en su lenguaje. Por lo tanto una tarea primaria en la que hay que involucrarse es encontrar ese concepto conciso y concreto.
Ser honesto consigo mismo y no engañarse. Colocarse frente a la obra despojándose de inhibiciones y controles culturales para se sinceros y dejar la verdad interior aparecer.
Al entregarse a la tarea de la construcción de la obra, debe olvidarse de los problemas ajenos y enfocarse en conectar el "yo" con la obra que se ejecuta. Habrá de hallarse la identificación del sentir con la producción artística.
Hay que desconfiar de los virtuosos... precisamente aquellos más torpes, pero con un ánimo más decidido y perseverantes, logran llegar más lejos.
Hay que leer, ver, y acaparar toda la información que se pueda para ir educando la percepción y desde ahí aclarar las ideas. No hay que tratar de perseguir la realización de esa obra "genial", ni preocuparse en un establecido estilo, que m bien deberá ser el resultado y resumen de una vida de lucha con la obra.
El tiempo y la experiencia artística aportarán esas soluciones originales a los problemas que el propio instinto creativo ha ido planteando. Los nuevos estilos no han nacido de una coyuntura técnica, sino de una intención.
Ante el desánimo en el proceso de la investigación, en esos momentos de duda y deseos de abandono; frustración y cansancio... una única respuesta y terapia: trabajar en la obra.
Concluyendo, elijo unos cuantos párrafos entresacados de un poema del anciano de una tribu americana, Oriah, Mountain Dreamer. Creo que evocan muy bien, correspondiendo dentro de un espíritu de profundo humanismo, el carácter determinado y sincero que cualquier artista ha de mantener para llegar a esa creación original.
 

No me interesa la edad que tienes. Quiero saber si te arriesgarías a aparecer un loco por el amor, por tu sueño, por la aventura de estar vivo.
No me interesa si la historia que me están diciendo es verdad. Quiero saber si eres capaz de desilusionar a alguien por permanecer fiel a ti mismo; si puedes soportar la acusación de engaño y no traicionar tu propia alma. Quiero saber si puedes encontrar la belleza incluso cuando no es bello cada día, y si puedes empujar tu vida al borde del lago y gritarle al reflejo plateado de la luna llena.

No me interesa dónde, o qué, o con quién has estudiado. Quiero saber qué sostiene tu vida desde dentro cuando todo lo demás se derrumba. Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo, y si realmente te gusta la compañía que mantienes en los momentos vacíos. 
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