Ya en 1891 en la exposición de Bellas
Artes, se presentó la obra de José María Velazco,
Alfredo Ramos Martínez y José Jara, entre otros, y después
de 30 años de un concurso --se realizó hasta 1965-- que aun
cuando se decía nacional, era más bien local --casi casero--
con algunos participantes de la región, en 1966 se crea el Concurso
Nacional para Estudiantes de Artes Plásticas, que en 1981 toma el
nombre Encuentro Nacional de Arte Joven, todo dentro del marco de la Feria
Nacional de San Marcos.
Con este nombre es como ahora se conoce y reconoce el prestigio del
concurso cuya primera virtud es su continuidad.
En los años en que surge la llamada generación de ruptura,
casi no existen los concursos, y el conflicto generación entre estos
y los seguidores de la Escuela Mexicana de Pintura impide un pleno desarrollo
de una nueva forma de pintar.
Los jóvenes no tienen foros donde libremente, a partir de una
convocatoria, puedan mostrar sus inquietudes.

En 1965, en el recién inaugurado Museo de Arte Moderno, precisamente
en un concurso convocado por la Organización de Estados Americanos
y patrocinado por la ESSO, se da un enfrentamiento entre seguidores de
dos corrientes: la figurativa y la abstracta, aunque más que nada
el enfrentamiento se dio por la inconformidad de Benito Messeguer, por
el premio otorgado. Esto provoco la realización de Confrontación
66, muestra donde se dio cabida, en el Palacio de Bellas Artes, a todas
las corrientes imperantes en el momento.
De hecho, fue la aceptación oficial de esta nueva generación
de creadores, que deja atrás el folclorismo y el supuesto contenido
social de la Escuela Mexicana de Pintura, aquel "no hay más ruta
que la nuestra", se convirtió en cada quien su ruta, su obra se
difunde y se promueve en los museos y galerías, dentro y fuera del
país; se acepta la posibilidad de formas y conceptos diferentes
en el arte mexicano.
Confrontación coincide con el nacimiento de los concursos de
Aguascalientes. El maestro Víctor Sandoval los propone y Sergio
Galindo, entonces funcionario del INBA, encargado de la promoción
cultural en los estados, los apoya.
Al cabo de algunos años se ven los buenos resultados, los jóvenes
encuentran un espacio donde manifestar con toda libertad y con el pleno
derecho el uso de su imaginación, sus inquietudes estéticas,
tal vez todavía endebles e incipientes, pero ya aceptadas como formas
de expresión plástica. Los premiados empiezan a destacar
y a llamar la atención con su obra, el concurso empieza a tener
prestigio, lo obtiene del buen desarrollo creativo posterior de los triunfadores,
que a su vez lo obtienen de ganar en el mismo: se prestigian mutuamente.
El Encuentro Nacional de Arte Joven se mantiene con la característica
de participación sólo de jóvenes de hasta de 30 años
cumplidos.
Desde siempre se ha comentado el término "Arte Joven", y se
cuestiona el por qué sólo pueden participar menores de 30
años, se dice que hay viejos que siguen haciendo arte joven y se
pone como ejemplo a Picasso, que a los 90 años de edad, su obra
seguía teniendo la frescura y el ímpetu juvenil; la obra
de él y de los grandes maestros es "joven" por su permanente vigencia,
la cual les permite ser aceptados en forma e idea, en el presente de cualquier
época de la historia; es cierto, también lo es el que los
jóvenes hagan un tipo de manifestación artística ya
caduca y vieja, que no corresponda a la juventud psíquica y biológica
de su autor o que sólo sea una inmediatez no trascendente, pero
la idea del encuentro no es determinar edades del arte, sino impulsar al
joven que por su condición cronológica y por ende a veces
en formación profesional, no tiene otros espacios donde mostrar
sus propuestas.
El Encuentro Nacional de Arte Joven cumple con ofrecer la posibilidad
de demostrar sus potencialidades, la calidad de la obra --imagen e idea--
es responsabilidad de los participantes, y esa calidad es la que ha permitido
que el espíritu del encuentro permanezca vigente y sigan surgiendo
jóvenes con una sólida presencia en el arte actual mexicano.
La pregunta en este momento sería, ¿y después
de jóvenes, qué? De hecho la respuestas está implícita
en el resultado. La plástica nacional de este momento está
representada en gran parte por creadores que en su momento obtuvieron un
reconocimiento en Aguascalientes, incluyendo algunos que no lograron ser
ganadores, pero sí destacar con su obra. Ellos son artistas que
tienen hasta 55 años de edad, y que supieron triunfar --como Raquel
Tibol, lo definió muy acertadamente-- no sólo ganando un
premio, sino también triunfando en un quehacer que exige dedicación,
triunfaron en una sociedad y en la familia, que de común se opone
a que el joven se dedique al arte, en un medio que está sobredemandado
y por supuesto en un medio de coleccionismo que le permite un pleno desarrollo.
Ganaron cuando jóvenes, triunfaron como adultos.
La lista es larga y las tendencias variadas, cada uno encontró
su estilo, a veces totalmente alejado del trabajo que fue premiado, la
evolución natural de una etapa formativa como en la que normalmente
se encuentran cuando participan en el encuentro, provoca lo anterior.
De los autores participantes en el concurso que no obtuvieron premio
y que han destacado notablemente, los más conocidos son: Alberto
Castro Leñero, Ray Smith, Julio Galán, Raymundo Sesma, Alberto
--el mayor de los Castro Leñero-- que después de iniciarse
con una evidente influencia de Bacon, su inquietud lo llevó a una
obra muy personal donde manifiesta una fuerza emocional, a base de amplios
brochazos y chorreadas sobre un soporte que a veces no es más que
tela para tapicería, en la que en ocasiones le agrega una gruesa
estructura metálica.

Ray Smith ahora está adentrado en un trabajo sobre grandes superficies,
donde desarrolla fascinantes temas a partir de animales; Galán,
siguiendo su misma línea a partir de su figura, y que lo mismo da
que se use para la autocomplacencia o para el sarcasmo; y Sesma que además
de su obra pictórica y gráfica, incursiona en la instalación.
Como ellos, un gran número de artistas que a partir del Encuentro
de Arte Joven, y sin haber obtenido un reconocimiento --las personalidades
surgen de todas maneras-- son ahora ya no jóvenes que tienen una
importancia en el panorama artístico nacional e internacional como
los antes mencionados; Luis Argudín, Ofelia Márquez Huitzil,
Mario Torres Peña, Adrián Bodek, Noé Katz, Manuela
Generali y Manuel Marín; también Pablo Ortiz Monasterio,
Mariza Lara, Agustín Castro López, Roberto Turnbull, Óscar
Ratto, Mónica Castillo, Rocío Maldonado y Laura Anderson.
Buen número de autores que no tuvieron un impulso en su etapa de
participación en el concurso, pero sí un fuerte espíritu
para crear y llegar a ser lo que ahora son.
Dentro del grupo de quienes ganaron premios en Aguascalientes, hay
que destacar en primer término a Enrique Guzmán, el primer
gran fruto de arte joven y que algunos consideran como el enlace entre
la generación de ruptura y la llamada, en algún momento,
la generación de la década emergente, que es precisamente
la que surgió entre los años setenta y ochenta, como consecuencia
de los concursos.
Enrique Guzmán le dio otra posibilidad a la pintura al hacer
un realismo diferente, introduciendo elementos que no corresponden en una
temática ausente de anécdota: barcos, WC, sombrillas, personajes
solucionados cada uno de ellos con una perspectiva propia, etc., soluciones
que ahora son comunes en los nuevos pintores.
Hay quien dice que Guzmán es el iniciador del posmodernismo
en México. Después de Enrique Guzmán, son muchos los
que, en mayor o menor grado han destacado, algunos asumiendo los pequeños
riesgos que supone una búsqueda de novedad, a veces cargada de una
gran dosis de arrojo y audacia, otros sin pretender hacer algo nuevo, usando
otro de los recursos característicos de la juventud, el eclecticismo,
que les permitió en su etapa formativa ir consolidando su estilo
y personalidad. Se puede ser creador sin ser innovador.
Sería casi imposible mencionar a todos los artistas que son
producto del encuentro, pero sí a varios de ellos: Aarón
Cruz, Rosa Luz Marroquín y José Zúñiga de los
primeros ganadores, se destacan cada uno de sus intereses estéticos:
Cruz con una obra de refinada calidad técnica y formal, temáticamente
centrada en la figuración; Marroquín con una inquieta tendencia
al textil que no sólo es tejido, sino también en el rescate
de prendas en desuso que transforma en una especie de huella personal de
sus vivencias; y Zúñiga con una figuración con caracteres
surrealistas.
Irma Palacios después de tres reconocimientos en el mismo concurso
-- 1979, 2º premio de pintura, 3º de dibujo y mención
en gráfica-- evolucionó extraordinariamente en su obra de
una abstracción informalista, donde lo importante en la imagen es
la materia --gruesa o diluida-- y la riqueza del color, que alcanza un
grado de sutiliza que no se puede aceptar sea producto de la espontaneidad
e inmediatez de la acción en el manejo de los pigmentos, sino la
consecuencia del proceso razonado fundamentado en el conocimiento de los
efectos del matiz. Su idea es clara y directa, no necesita de argumentos
conceptualizados, es sólo el fluir automatista de la emoción
previa determinación personal de que así sea. Se le ha reconocido
con los premios nacionales más importantes, además de la
Beca Guggenhein, por la solidez de su obra.
Los hermanos Castro Leñero, José, Francisco y Miguel
--junto al ya mencionado Alberto-- son un raro fenómeno pictórico,
por la calidad creativa de todos --poco frecuente en familiares--. José
con un largo hacer en una corriente cercana al Pop, realizada con una minuciosa
técnica a base de bloqueos y desbloqueos de áreas de color,
ahora incursionando en una fascinante fragmentación de partes "regadas"
en el espacio; Francisco, no ha variado en cuanto a la práctica
del abstraccionismo con una plena conciencia de la precisión de
la forma y del espacio, sabe que ahora el artista plástico no es
quien más produce imágenes, éstas están como
bombardeo en todos lugares, y el busca la creación pura, sin necesidad
de tantas imágenes pero sí de una mayor profundidad en el
planteamiento de la idea.
Miguel, después del recorrido por un abstraccionismo pastoso
y de una serie de interesantes consecuencias formales de ello, ahora realiza
una obra igualmente rica en materia, con elementos reconocibles --animales,
muebles, personajes-- de carácter infantil.
Eloy Tarsicio, otro de los triunfadores que se ha desarrollado más
en el terreno del conceptualismo, utilizando elementos ajenos a la pintura:
Rosas, Nopales, Magueyes, Sangre de res, etc., proponiendo inquietantes
obras de poca temporalidad física, y de permanente conceptualidad.
Gabriel Macotela trascendió la influencia que Gilberto Aceves
Navarro deja en todos sus alumnos, logrando muy pronto una obra personal.
Miguel Ángel Alamilla y Alfonso Mena Pacheco en la abstracción,
Arturo Elizondo y Esteban Azamar en un neomexicanismo relacionado con Enrique
Guzmán, Julio Galán y otros que siguen esta corriente; Sergio
Hernández de la rica escuela oaxaqueña, Rubén Ortiz
en el posmodernismo, todos con gran presencia plástica.
En escultura, Jesús Mayagoitia, Jorge Yazpik, Kiyoto Oota son
excelentes representantes, así como lo son dentro de corrientes
conceptualistas, Gabriel Orozco, Mónica Mayer, Adolfo Patiño
y César Martínez, en especial el primero, que sólo
obtuvo una mención en el tercer encuentro, y ahora es reconocido
internacionalmente, participando en 1997 en la "documenta" de Kassel, en
la Bienal de Venecia y en el Proyecto Munster.
De los artistas que producen en los estados sobresalen, además
de los oaxaqueños que trabajan tanto en su estado como en el D.F.,
Sergio Hernández, ya mencionado, y Jesús Urrieta; Moisés
Díaz de Aguascalientes; Azamar que trabaja en Jalapa, donde también
lo hace Rafael Villar y Martha Pacheco de Guadalajara, con una obra de
importante realismo.
Germán Venegas es otro de los artistas ganadores dentro del
arte joven, así como Luciano Spano y Gustavo Aceves.
Los triunfadores sobresalen con su participación; Patricia Soriano,
Carmen Arvizu, Víctor Rodríguez y Franco Aceves.