
Jesús Escobedo, uno de los dibujantes
más representativos de la plástica mexicana del siglo XX,
ha sido una memoria olvidada por mucho tiempo y merece reconocimiento en
el presente. Pintor y grabador, nació un día en que Dios
estaba enfermo... El día 18 de junio de 1918.
Hijo de un trabajador minero y de madre de extracción campesina,
a los tres años es enviado del mineral El Oro, Estado de México,
al Distrito Federal a vivir con "la abuela", ya que su madre falleció
poco después de haber nacido él.
A los 12 años ingresa al universo artístico y recibe
las enseñanzas de sus maestros Gabriel Fernández Ledesma
y Francisco Díaz de León, al asistir a la Escuela de Pintura
al aire libre de San Antonio Abad. Sus maestros , junto con otros muchos
artistas que integran el Grupo 30-30, dan a conocer en 1928 un manifiesto
sobre la definición y los compromisos de un artista revolucionario.
A partir de entonces, la manera de pensar de Jesús Escobedo se ve
reflejada en su expresión artística, siempre comprometido
con las causas más sublimes del pueblo. Su vocación temprana
le permite desarrollar con avidez su disciplina en el dibujo llegando a
realizar en esa época cientos de dibujos hechos a líneas
de niños de la calle y resalta el trazo seguro y definido que va
a caracterizar su estilo en su obra posterior.
En 1933, Jesús Escobedo realizó su primera exposición
individual de dibujos en el Palacio de Bellas Artes. Su maestro Gabriel
Fernández Ledesma dice sobre su trabajo:
Característica de estos dibujos es la gran unidad que liga el tiempo de su producción: desde los primeros estudios del chiquillo se muestra claramente una sensibilidad fina, que no decae, hasta los últimos dibujos del adolescente que ha adquirido plena conciencia en la investigación [...] Sus obras últimas son realmente importantes. Una serie de paisajes al lápiz, traducen luz, calidades, color. Las cabezas -- retratos-- están bien dibujadas para el juicio más riguroso y animadas interiormente.
La artista Angelina Beloff escribió al respecto:
Jesús Escobedo se encontraba estudiando en la Escuela
Central de Artes Plásticas y delante de Gabriel y yo, hizo con una
habilidad sorprendente en unos 20 minutos, un retrato y luego con la misma
rapidez un dibujo de toda la figura de uno de sus compañeros [...]
Este muchacho parece tener una conciencia de las dificultades que confortan
el camino del arte y carece de la vanidad juvenil, por la cual perecen
tantos niños prodigios.

Los dibujos que hizo en el Museo de Arte Popular [escribe
Angelina Beloff] se nota la sinceridad de tratar su trabajo y así
se escapa de la sequedad de un documento, siempre el dibujo tiene un sello
de arte. Vi un paisaje dibujado por él. La plombagina del lápiz
de todos los matices; el color sería casi inútil, los valores
del lápiz dan color al dibujo.
En 1945 le otorgan la prestigiada Beca Guggenheim y viaja a Nueva York por un año. Ahí realiza varias litografías que reflejan las grandes contradicciones de pobreza y marginación de una ciudad cosmopolita. En ese entonces expone en el Museo de Arte de Philadelphia, en el Museo de Arte de New York, en el New York World's Fair; este apreciable reconocimiento le permite una gran aceptación de su trabajo a todos los niveles. Destaca su trazo limpio y suave del lápiz litográfico, estilo que va a caracterizar la gran mayoría de sus obras.
A su regreso a México, un año después, colabora
con una de las obras culminantes del Taller de la Gráfica Popular
"Las Estampas de la Revolución Mexicana", con varios grabados hecha
en linóleum, donde con pocos trazos decididos lograba recrear escenas
vivas de ambientes revolucionarios. También como miembro activo
de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) elabora carteles,
volantes, periódicos e impresos de sindicatos, partidos y organizaciones
de carácter antifascista.

Conoce a María Asúnsulo, una de las mujeres más
interesantes y hermosas de este siglo, a la cual le hace varias pinturas
al óleo como muchos otros artistas importantes de la época
(Diego Rivera, Siqueiros, Anguiano, Soriano). Su reconocida trayectoria
le permite conocer al encumbrado político mexiquense, el licenciado
Mario Colín, para el cual realiza cientos de dibujos y paisajes
del Estado de México, los cuales forman la colección particular
de la afamada Biblioteca "Mario Colín", que resguarda la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM), y que es considerada
la biblioteca más importante del Estado de México.
Vagabundo eterno de las calles de la Ciudad, con un cigarrillo en la
mano, y con papel y lápiz en su petaca, captaba todo lo que acontecía
en su entorno social para plasmarlos en sus dibujos. Su carácter
introvertido no le impidió su gran sensibilidad para el arte y su
gran empeño en aplicarse hasta llegar a ser uno de los más
grandes dibujantes incomprendidos de su generación. Su inclinación
por el retrato también se vio reflejada en varias pinturas murales
y en cientos de retratos con fiel apego psicológico realizados a
su familia y a sus amigos queridos.

Su espíritu siempre libre y colectivo le llevó a realizar múltiples trabajos sin firmarlos, con gran cariño y con gran entrega a su vocación de artista revolucionario. Su manera de pensar lo llevó hasta el final de sus días a expresar en su obra los sentimientos de un pueblo libre de la explotación y la marginación. Sus trabajos dejan sentir esos sueños luminosos que a veces son contados como cuentos de niños, llenos de serenidad y transparencia que imprimen un romanticismo de un mundo de paz y ensoñación, de una libertad y una justicia simbolizada con palomas y con emblemas patrios. Durante toda su vida luchó con la esperanza de llegar a vivir en un mundo libre donde se respetaran los derechos de los hombres y se defendieran las causas más nobles de los valores humanos. Al respecto, el famoso fotógrafo Manuel Álvarez Bravo escribió en una ocasión:
En el momento en que se debaten los temas sobre el arte y la revolución, "Chuy" escucha y adquiere oficio; felizmente para él, puede, desde el margen, robustecerse, y así en el momento de ser llamado, su sensibilidad y su orientación, ya firmes, tendrán los valores completos que puede prestar el arte y la cooperación consciente.
Al cumplir sus 60 años de edad muere un 15 de octubre de 1978.
Su imagen quedó grabada en mi razón de ser, querido padre,
así es como forjaste mis sentimientos con principios humanos a través
de tu arte eterno; rescatar tu obra en la actualidad que vivimos es un
legado cultural para las nuevas generaciones, ya que somos parte de un
mundo convulso lleno de
contradicciones que nos hacen recordar la memoria de aquellos años
olvidados.

