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el alquimista en Abaddón, el exterminador *Queli
Pariente
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El movimiento psicoanalítico ha llegado al cenit de su apogeo en nuestra cultura a comienzos del siglo XX. El proceso creativo, al ser una actividad psicológica, está íntimamente relacionado con la psicología profunda, ya que, según C. G. Jung, la psique "es la madre de todas las artes y ciencias" y como tal "puede ser enfocada desde un ángulo psicológico".2 La obra creativa, el opus en términos alquimistas, es algo innato que se le impone al artista como "una carga mayor que al mortal común". Es una "pulsión" que lo aprisiona y lo transforma en instrumento de su facultad visionaria, sumergiéndolo en el mundo inconsciente de símbolos y arquetipos, esa esfera creativa que Jung ha dado en llamar el inconsciente colectivo.3 Coincidiendo con el pensamiento junguiano, sobre el artista como "supra persona", Ernesto Sabato4 reconoce la función del escritor como "testigo" o "mártir":
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El propósito de este ensayo es dar una sucinta visión sobre el contenido de mi texto titulado La alquimia en Abaddón, el exterminador.6 El enfoque analítico que utilizo es la alquimia según los postulados de C. G. Jung y sus discípulos. La teoría del psicólogo zuriqués relacionada con el pensamiento hermético se encuentra expuesta principalmente en los siguientes textos: Alchemical studies, Mysterium coniunctionis, Psychology and alchemy, The integration of the personality y The practice of psychotherapy. La segunda parte de este último texto contiene The psychology of the transference, magistral interpretación de las ilustraciones del simbolismo alquimista que constituyen el meollo del Rosarium philosophorum de autor anónimo y el cual Jung cita con mayor frecuencia. Asimismo, son de gran utilidad los estudios sobre Jung realizados por sus discípulos, entre ellos: Marie-Louise von Franz, Jolande Jacobi, Aniela Jaffé, Frieda Fordham, Esther Harding, Erich Newman. También la interpretación por el mismo Jung, a través de toda su obra, de "la última y magnífica obra alquimista, el Fausto de Goethe"7 y el acertado estudio basado en la alquimia de Finnegans wake, obra de James Joyce universalmente reconocida como una de las más herméticas de la literatura contemporánea, por Barbara DiBernard. Abaddón, el exterminador (1973) es la tercera novela de Ernesto Sabato, la cual en 1976 se hizo acreedora del premio a la mejor novela extranjera publicada en Francia y forma parte de la trilogía encabezada por El túnel (1948) y seguida por Sobre héroes y tumbas (1961). Escogí concentrarme en Abaddón, el exterminador al ser no sólo un compendio de las dos novelas anteriores sino de toda su obra. Llevo a cabo su interpretación como un fenómeno psicológico, como un ente totalizador y complejo que sustenta la visión y los fantasmas del autor. Realizo una exégesis alquimista de los personajes como representantes de los distintos elementos de la sociedad, en un enfoque solipsístico centrado en el autor como símbolo del inconsciente colectivo de la humanidad. Señalo que todos los personajes, aun aquellos cuya actuación el autor decidió eliminar o modificar en su edición definitiva, son proyecciones de la facultad visionaria del autor, de sus obsesiones, de su ética, de su tremenda erudición, de su lado apolíneo y dionisiaco, de su propio inconsciente personal y colectivo. Interpreto Abaddón, el exterminador desde una perspectiva alquimista debido a que en la obra, el opus, el artista Sabato escritor-personaje es un artifex y la escritura del texto un proceso de transformación alquimista. En el curso de su opus, el adeptus, aquel que ha obtenido la gracia, experimenta, al igual que en el proceso de individualización junguiano, su propia transformación. Jung encontró en la simbología alquimista un puente entre las ideas gnósticas que databan de miles de años y la simbología de la alquimia. Aniela Jaffé lo atestigua:
La alquimia se remonta a la antigüedad egipcia, donde era practicada por los sacerdotes. Es probable que esta palabra derive de la voz árabe Al-Kimiya, procedente del egipcio keme o "tierra negra", expresión con la que se designaba a Egipto y la cual probablemente fuese un símbolo de la prima materia de los alquimistas.9 Algunos estudios sobre la alquimia acentúan sólo el aspecto espiritual y místico del opus, otros recalcan su lado empírico y precursor de la química. Ambas actitudes, apunta Stanislas Klossowski de Rola, son equívocas, ya que la base del pensamiento hermético reside en la correspondencia entre lo visible e invisible, la materia y el espíritu, los planetas y los metales, el hombre y el cosmos. El proceso de transmutación, sin ser el único fin del opus, es un aspecto indispensable del mismo, ya que constituye la realización de una experiencia a la vez real y espiritual.10 El postulado principal de los alquimistas era la unidad del cosmos basado en la idea griega de los cuatro elementos. Esta unidad se encontraba expresada tanto en la cuaternidad del fuego (Sol), el agua (Luna), el aire (Viento) y la tierra como en el uruborus (ilustración 1), símbolo del opus como proceso circular contenido en sí mismo y el cual en la Tabla de Hermes se manifestaba en la forma que sigue:
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Para el adepto la materia constituía un misterio. Según Jung lo que el alquimista experimentaba y atribuía a la prima materia era en realidad su propio inconsciente. Es por esta razón que el alquimista creía en la verdad de la materia, al igualarla a su propia vida psíquica. El objeto era liberarla, ya que ella contenía una parte de la divinidad, del anima mundi, pero la cual se hallaba cautiva dentro de esa materia. Aun más, recalca Jung, para el alquimista toda fragmentación, lo dividido y lo diferente, pertenece a un mundo único, "el mundo psíquico, tan increíblemente distinto del mundo físico, no tiene su raíz fuera de este mundo único".12 Prueba fehaciente de ello son "las conexiones causales que existen entre la psique y el cuerpo que subrayan su naturaleza unitaria".13 Además, al considerarse buen cristiano, el adepto se encontraba en la difícil tarea de unir el lado físico con el espiritual del hombre. Lo consigue cuando determina que el cuerpo en su oscuridad, al haber caído en el pecado, tenía que ser "preparado", a fin de extraer lo que ellos llamaban la quinta esencia, el caelum, o sea la parte divina e incorrupta del mundo.14 Este concepto tenía su equivalente en el mito de Osiris,15 de acuerdo al cual el oro, o sea la incorruptible piedra, el lapis de los filósofos, yacía enterrado en el plomo. La alquimia fue actividad de sabios, de diletantes y de farsantes, por ello ha sido juzgada de diversas y opuestas maneras, a veces en forma superficial y con frecuencia tan sólo por la actividad de los impostores. En Abaddón, el exterminador figuran tanto "los macaneadores y charlatanes, individuos que hacían el cuento del tío al rey o al duque fulano" (p. 328) como los adeptos, entre ellos: Paracelso, Blake, Goethe, Saint Germain, Swedenborg, Newton, Santo Tomás de Aquino, Jung. Todos se mencionan en la obra. La base del proceso era el opus, el cual contaba con una parte práctica, la operatio, que consistía en la experimentación con los metales, en especial con el mercurio y el azufre. No se puede seguir un orden estricto debido a la oscuridad de los textos y es muy probable que hasta entre los mismos adeptos no haya habido un entendimiento. El alquimista árabe Geber era a menudo acusado por lo oscuro de sus textos y de ahí viene la palabra inglesa "gibberish". La razón de esta ambigüedad, nos dice Jung, residía en la naturaleza secreta de la obra y en el hecho de que para el místico el mayor interés consistía en el diseño de "una nomenclatura para la transformación psíquica que era lo que realmente les fascinaba".16 La mejor manera de entender estos textos, aconseja Klossowski de Rola, es el examen de las imágenes pictóricas que nos han legado los alquimistas, ya que las mismas expresan de un modo "ingenioso y bello algo sobre lo que nunca escribieron".17 Aniela Jaffé relata el gran interés que la posesión del Mutus Liber suscitó en Jung:
En este estudio se hace amplio uso de las imágenes pictóricas de la alquimia para elucidar la simbología que se presenta y une como un hilo de Ariadna todos los episodios en esta increíblemente ordenada obra de arte que es Abaddón, el exterminador. El proceso del opus consta de cuatro fases que se caracterizan por cuatro colores. La primera, que por lo general marcaba el comienzo de la obra, es la mencionada nigredo o melanosis. Esta etapa se caracteriza por el color negro y se identifica con el estado de caos de la prima materia, en términos psicológicos se equipara con el estado de depresión y confusión. Un paralelo sería el estado de melancolía del personaje Sabato, la "caída en un pozo" (ilustración 2), y como se puede apreciar en las palabras de Jung sobre la conexión de este estado y las palabras de Hermes en el Rosarium philosophorum: "La oscuridad o el anochecer es al mismo tiempo un estado psíquico llamado melancolía".19 En una nota de pie de página el psicólogo agrega citando un texto del Aurelia Oculta que los animales que se identifican con esta etapa son el dragón y el cuervo. En Abaddón, el exterminador, Sabato hace uso de los animales como símbolos de los estados psicológicos de sus personajes a través de toda la obra, desde los gusanos, batracios, ratas y ratas "aladas" hasta el "popótamo" de Carlucho (ilustración 3), el cual constituye la personificación de Seth, hermano de Osiris. Se podía llegar a la etapa de la nigredo por dos caminos, uno el llamado seco o calcinatio, que encajaría con el caso del personaje absoluto Marcelo, cuyos restos, se nos anuncia al comienzo de la novela, formarían "parte de algún bloque de cemento o eran simple ceniza en algún horno eléctrico" (p. 15). El otro método era
el llamado húmedo, o sea la putrefactio (ilustración
4), el cual estaba estrechamente relacionado con Osiris, quien al igual
que el grano de trigo tiene que morir para renacer.
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Asimismo, es la etapa de Saturno en su conexión con el plomo. Los animales que se asocian con la etapa de la nigredo, como ya los mencionó Jung, son el ave negra como el cuervo con la calcinatio y el sapo o el dragón con la putrefactio, porque como apunta Adam McLean:
Cabe señalar que el dragón (ilustración 5) también aparece en Abaddón, el exterminador tanto al comienzo como al final de la obra, en la visión del loco Barragán, lo que contribuiría a acentuar la circularidad de la novela en su asociación con el uruborus:
Es interesante destacar la conexión con el sapo y el día del nacimiento del personaje Sabato en Abaddón, el exterminador. El protagonista no sabe "con exactitud" si su "nacimiento se había producido el 23 o 24 de junio" (p. 22), es decir, la víspera o el día de San Juan. Gollan nos dice que los alquimistas buscaban la piedra filosofal en los materiales más diversos, incluso "en el vientre de los sapos apresados en ayunas la víspera de San Juan".22 Además, en el folclor europeo este batracio se supone que posee una joya escondida en la cabeza, la cual, una vez extraída, se convierte en sortilegio protector de la persona que lo lleva debido a su poder de cambiar de color en presencia de algo tóxico.23 El mismo Shakespeare alude a ella: "Dulce son los senderos de la adversidad,/ los cuales como el sapo, feo y venenoso,/ sin embargo luce una joya preciosa en su cabeza".24 La integración de todos los colores en el blanco de la albedo era representada por la figura del cauda pavonis. El pavo real, nos dice Jung, simboliza el grado más alto de la integración "de las polaridades masculino-femenino del hermafrodita y del Rebis"22 (ilustración 8). El cauda pavonis (ilustración 7) exhibe sus colores en Abaddón, el exterminador, desde el verde de la yerba mate, el verde en los ojos de Nacho y aun en los dientes de Schnitzler, hasta el rojo y negro de la etiqueta del whiskey y el oro de la hepatitis o el blanco de la carpeta "monstruo", que nuestro personaje se ve obligado a comprar y que tiene que esconder "entre un calzoncillo a rayas amarillas y el florero con brillantes aplicaciones cromadas" (p. 411). Su antinomia también se da en "el desfile de pavos asados", "inmundos reptiles", calcinados por la bomba de napalm que exhiben sus colores en la piel quemada. La torturada imagen que precede la procesión prefigura el "abrazo" de María de la Soledad en su identificación con Beya en el episodio de la coniunctio, la conjunción suprema reconciliadora de opuestos:
La tercera etapa es la rubedo simbolizada en el color rojo, color del sacrificio, de la sangre y del fuego. Es a través de las llamas del fuego que se manifiesta la cuarta etapa en el color amarillo, el citrinitas, el deseado aurum, propiedad de la piedra filosofal. Es en términos junguianos el sí mismo, la unión de los opuestos en ese ser hermafrodita que los alquimistas representaban en la imagen del Rebis (ilustración 8). En Abaddón, el exterminador sería "la rata alada" en que se transforma el personaje Sabato después de la coniunctio con María de la Soledad. |
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Las valencias alquimistas tienen sus raíces en El túnel y en Sobre héroes y tumbas. Además de los grandes temas sobre el incesto, la muerte, la numerología, la conciliación de los contrarios, el paso del día a la noche, apunto dos episodios. El primero es el intento de transformación de Pablo Castel en el Aeón alquimista (ilustración 9), el cual Castel cree que es obra de un mago:
Castel no realiza su transformación en este episodio ni lo hace en esta novela, ya que mata a María, su soror mystica, y al perpetrar este crimen no logra incluir el elemento femenino señalado en la cita anterior en el símbolo del agua y el estanque o sea el vas hermeticum, la retorta de los alquimistas. Esta descripción encontraría un evidente apoyo visual en el motivo de la ilustración 9 (p. 64). En ella se exhibe un uruborus como símbolo de eón. Esta figura tiene cabeza, cresta, pico, espolones y patas de un gallo con cola de serpiente. Es interesante destacar que el símbolo de la serpiente urobórica por lo general se la exhibe con la cola dentro de sus fauces, es la serpiente que se alimenta a sí misma, no necesita de nadie sino de ella misma. En términos psicológicos correspondería al sí mismo, a la totalidad psíquica. Cabe destacar que en esta ilustración la cola de la serpiente se enrosca al cuerpo del gallo, parece aprisionarlo pero no alimentarlo. Incluso, los símbolos del Sol y de la Luna que acompañan este cuadro están separados cada uno en la esquina del cuadro, lo que constituiría una clara instancia de que la coniunctio o conjunción alquimista no se concreta. Además es el mago el que la lleva a cabo, para que la transformación se realice, el alquimista nos previene, tenía que ser llevada por el propio adepto. El mismo Castel lo reconoce al confesarnos que temía al mago:
Pablo Castel sabe conservar el secreto como buen alquimista, aunque "al revés", como Fernando Vidal Olmos y su alter ego Sabato en Abaddón, el exterminador, donde reaparece, a través, de los ojos de Bruno, en el espacio de un restaurante cargando su soledad. Nos imaginamos que ha cumplido con el castigo impuesto por la sociedad y a primera vista no parece haber logrado su redención. Sin embargo, de acuerdo a esta interpretación alquimista, su creador-autor-pintor Sabato en la vida real, rescata a su alter ego, a través de la pintura. La clave yace en las últimas palabras de la confesión: "Al menos puedo pintar", en el penúltimo párrafo de El túnel y en la última palabra de la novela, en una sutil alusión al proceso hermético: "Y los muros de este infierno serán, así, cada día más herméticos". Castel permanecerá atrapado, al igual que una paciente de Jung, en su "más bruñido racionalismo cartesiano con una idea de la realidad impecablemente geométrica" hasta que su creador lo rescate de su "re-torta intelectual"25 a través del arte de la pintura y de la escritura de sus Opus magnum, Abaddón, el exterminador. El otro episodio alquimístico que presento como ejemplo, también en El túnel, surge unas páginas más adelante en el diálogo trivial de "la flaca" en la alusión al "moine", el gran alquimista y visionario gnóstico Zózimo que vivió alrededor del tercer siglo a. c. y a quien Jung cita con frecuencia y le dedica un temenos, un espacio especial en Psychology and alchemy: —Quelle horreur! —exclamó Mimí, dirigiendo los ojitos hacia el cielo. Después completó su pensamiento—: Todos parecen noveauxriches de la conciencia, incluso ese moine ¿cómo se llama?... Zozime. En la segunda novela Sobre héroes y tumbas, que en Abaddón, el exterminador será "HÉROES Y TUMBAS", también encontramos numerosas fuentes alquimistas. Baste mencionar el principal personaje femenino, Alejandra, que hace su aparición "envuelta en llamas", en su identificación con Mercurio (ilustración 10). Esta figura representa la transformación de Mercurio en el fuego. Es una clara ilustración, nos dice Jung, del lado femenino de Hermes Trismegistus. De acuerdo a mi interpretación, basada en los postulados del arte hermético, sería el símbolo de Alejandra que retorna de su calcinatio para perturbar a su creador, ya que sólo su alma encontrará el descanso con la conclusión de la novela, ese "potinage" que de acuerdo a Quique es Abaddón, el exterminador, y el cual Sabato viene escribiendo desde hace "120 años" (p. 51). Sabato ha retomado el arte de la pintura. Sus cuadros exhiben la simbología alquimista que se detecta en las novelas. (Véase Casa del Tiempo, septiembre de 2001). Señalamos el cuadro que el autor ha titulado Alquimista III y que interpretamos como expresiones arquetípicas de su inconsciente personal y colectivo. El cuadro que exhibe la ventanita titulado ¿Por qué gritará? nos remonta al cuadro de Castel. Esta obra también tiene una escalera. La escalera es un símbolo muy importante tanto en la alquimia como en la psicología junguiana. Es el símbolo del ascenso y descenso al inconsciente. En el ritual egipcio se acostumbraba poner una escalera entre los efectos personales del muerto que lo ayudarían en el viaje al otro mundo. Finalmente, en la pintura titulada Dostoievski se puede apreciar la etapa del ablutio, en el detalle de la ropa tendida en la soga, la cual, en la novela, podemos equiparar con la ropa tendida en una soga similar en el "conventillo" donde vive R. En este mismo cuadro figura el rostro del escritor ruso, el cual también se menciona en la novela en su asociación con la serpiente urubórica y el acto creativo:
Ana María Peppino Barale alude a los tonos "metálicos" que detecta en los retratos, los cuales asociamos con la alquimia: "Allí, me sorprende la mirada alucinada de Virginia Wolf... al lado de un Dostoievski ensimismado. Sus rostros trazados de manera esquemática destacan sus tonos metálicos sobre un fondo oscuro".26 Abaddón, el exterminador es la más compleja de las novelas de Ernesto Sabato, de una profundidad totalizadora que sólo podía ser escrita por un experimentado autor como él. La obra, en su circularidad, es el uruborus del pensamiento hermético. Sabato no trasciende su arte, lo vive. Une los elementos del arte hermético expresado en la tabla de Hermes, "lo que está abajo es como lo que está arriba". Por este motivo nos hunde en un collage de géneros, temas, sueños, visiones, todos los aspectos del hombre en su totalidad como un microcosmos dentro de ese espejo alquimista, el macro-cosmos. |
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Todo en Abaddón, el exterminador está interconectado. Sábato ofrece un sinnúmero de claves para el lector avisado. Sus personajes comparten gestos, tics nerviosos, actos escatológicos, impedimentos físicos. En el caso del personaje Aronoff hasta comparte su discapacitación tanto con el perro café con leche, Milord, en el lenguaje oculto de Quique, "feca con chele", en la primera sesión de espiritismo, como con todos los participantes de la segunda sesión, donde todos son no sólo rengos con pierna de palo como él, sino también zurdos y con un ojo de cristal. En la alquimia el jardinero de la obra era Saturno y tenía pierna de palo (ilustración 12). En la sesión iniciática hasta se prefiguran los nombres de Silvia y Esther. Daniel, el puer de los alquimistas, personaje que sólo aparece una vez, comparte un acto escatológico con otro "chico", el adolescente Nacho en "el feroz y recoroso vómito" sobre su hermana, causado por el descubrimiento de la relación ilícita entre ella y el amante de su madre (p. 15). Todos los personajes, al igual que los protagonistas en Finnegans Wake, como lo atestigua DiBernard, se unen, cambian identidades, toman las características de los otros constituyendo un sí mismo junguiano.27 Carlucho es Schnitzler en el movimiento acusatorio de su dedo índice. Pampita se identifica con Coco Bemberg en el tic de la mejilla. M. es R. y en una ocasión es Matilde Kirilovsky "pero la de antes" (p. 447). Schneider es también R. y Schnitzler. Y Sabato es Bruno, S., Ernesto y Ernesto Sabato. S., Seth en sus dos aspectos, los cuales al unirse en el Rebis alquimista constituyen la unión más elevada de los contrarios. El personaje absoluto, Norma Morello, cuya actuación se elimina en la edición definitiva, comparte el sacrificio en la rubedo de Marcelo, Guevara, Palito y Esther. Su contrario Pampita vuelve como el fénix al mundo de la televisión para "perseguir" al personaje Sabato aun después de su calcinatio. Abaddón, el exterminador es el tesoro que yace en las entrañas de la montaña de los adeptos (ilustración 13). La misión de su autor es desenterrarlo, aunque sea a tientas y con los ojos vendados o a
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Y como "lachrymist" es el Sabato que "llora" tanto el ultraje del "manoseo" al ser hombre público, como la albedo que constituye el balsam vitae en la reintegración de su doble, el otro "vos". Abaddón, el exterminador es el don que se le fue impartido a nuestro personaje Sabato. Su misión es revelárnosla a pesar de las dificultades de la longissima via. Una y otra vez, Sabato lucha, al igual que los adeptos, en contra de los obstáculos que se le imponen, desde los desperfectos de la máquina de escribir hasta la contestación de correspondencia. Jung atestigua la equiparación con el alquimista:
De esta continua lucha surge su gran obra en ese renacimiento que representa la lápida vista por su alter ego Bruno con la inscripción de la palabra "Paz" en el temenos sagrado del cementerio. Jung, al respecto, nos dice, citando a Albertus Magnus: "Alejandro encontró la tumba de Hermes cuando descubrió el secreto del arte" y agrega citando a Waite: "La tumba en la que descansa nuestro rey se llama Saturno" y en las palabras de Firmicus Maternus "En sus santuarios tienen enterrado un ídolo de Osiris",30 una obvia analogía recalca el psicólogo al sepulcro de Osiris. Erich Neumann apunta el significado etimológico de la palabra "paz" en su acepción originaria del alemán "frei", del verbo "freien", con el significado de "contraer matrimonio".31 Jung alude también a este significado citando las palabras del alquimista Ruska: "El Turba dice que hay que cavar una fosa para el dragón y la mujer".32 Por un lado tenemos la alusión al simbólico acto de la coniunctio y por otro la aceptación de la muerte como renacimiento, esa paz que le llega a nuestro alquimista al haber rendido su máximo y al habernos legado su inmortalidad en su Opus magnum: Abaddón, el exterminador.• 1Ernesto Sabato, Abaddón, el exterminador, 7a ed., Buenos Aires, Sudamericana, 1977; El túnel, México, Planeta, 1984; Sobre héroes y tumbas, Barcelona, Seix Barral, 1988. 2C. G. Jung, The spirit in man, art and literature, vol. 15, The collected worksof C. G. Jung, traduccion de R. F. C. Hull, Sir Herbert Read et al. (eds.), Londres, Routledge & Kegan Paul, 1971, pp. 65-86. (Las traducciones del inglés al español son mías). 3C. G. Jung, Formaciones de lo inconsciente, traducción de Roberto Pope, Buenos Aires, Paidós, 1990, p. 21. 4Se adopta la ortografía italiana, Sabato sin acento, acatando la voluntad del autor. Después de escribir esta novela Sabato decidió usar la escritura italiana. Véase Salvador Bacarisse, "La cosmología gnóstica de Sábato: Una interpretación de Abaddón, el exterminador. Épica dadora de eternidad", A. M. Vázquez Bigi (ed.), Buenos Aires, Planeta, 1985, pp. 193-219. 5Ernesto Sabato, Ensayos, Buenos Aires, Losada, 1970, pp. 906-907. 6Este texto, el cual se basa en mi disertación doctoral: "Abaddón, el exterminador y la alquimia", University of New Mexico, 1994, está en vías de publicación por la editorial Trafford Publishing, Victoria, Canadá, junio de 2002. 7C. G. Jung, The practice of psychotherapy: essays on the psychology of the transference and other subjects, vol. 16, The collected works of C.G. Jung, traducción de R. F. C. Hull, Sir Herbert Read et al. (eds.), Bollingen Series xx. 2a, ed., Princeton, Princeton University Press, 1966, p. 209. 8Aniela Jaffé, De la vida y obra de C.G. Jung, traducción de Servanda de Hagen, Madrid, Mirach, 1992, p. 55. 9Titus Burckhardt, La alquimia: significado e imagen del mundo, traducción de Ana M. de la Fuente, Barcelona, Plaza & Janes, 1972, p. 16. 10Stanislas Klossowski de Rola, Alchemy: The secret art, Londres, Thames and Hudson, 1973, p. 8. 11Siete textos de alquimia, traducción de Mario Martínez de Arroyo, Buenos Aires, Kier, 1982, p. 15. 12C. G. Jung, Mysterium coniunctionis, vol. 14, The collected works of C. G. Jung, traducción de R. F. C. Hull, 1989, Sir Herbert Read et al. (eds.), Bollingen Series xx, 2a ed., Princeton, Princeton University Press, 1989, p. 537. 13Ibid., p. 538. 14Ibid., pp. 542-543. 15En el mito de Osiris el plomo se identifica con este dios. Seth mata a su hermano Osiris, lo hace entrar en un ataúd de plomo y lo arroja al mar. Osiris yace en el fondo del mar como una momia amortajada, prisionero del plomo o sea del mal. El dolor de Isis es tal que con sus lágrimas inunda el río Nilo. El dios Thot, el dios lunar, se compadece de ella y lo resucita. De aquí viene el hecho de que para los alquimistas la meta de su opus sea la extracción del oro o la piedra filosofal que se encuentra escondida en el plomo, en el cuerpo de Osiris en el fondo del mar. Jung también lo atestigua citando las palabras del alquimista Olympiodorus sobre la identificación de Osiris con la sustancia arcana. Además, nos dice Jung, los alquimistas lo identificaban también con Hermes. Osiris/Hermes o sea Mercurio para los romanos, Tifón para los griegos y Thot para los egipcios. 16C. G. Jung, The integration of the personality, traducción de Stanley Dell, Nueva York, Farrar & Rinehart, 1939, pp. 202 y 206. 17Klossowski de Rola, Alchemy, op. cit., p. 9. 18Aniela Jaffé, De la vida y obra de C. G. Jung, op. cit., p. 60. 19C. G. Jung, Mysterium, op. cit., p. 515. 20Adam McLean, "Animal symbolism in the alchemical tradition" (http:www.levity.com/alchemy/animal.html). 21Jung, Mysterium, op. cit., p. 288. 22Josué Gollan, La alquimia, Santa Fe, Castellví, 1956, p. 31. 23The penguin dictionary of symbols, Jean Chevalier y Alain Gheerbrant, traducción de John Buchanan-Brown, Londres, Penguin Books, 1996, pp. 1010-12. 24William Shakespeare, As you like it, Nueva York, Doubleday, acto II, escena I, p. 528. 25Jung, The structure and dynamics of the psyche, vol. 8, The collected works of C. G. Jung, traducción de R. F. C. Hull, Sir Herbert Read et al. (eds), Bollingen Series, 2a ed., Princeton, Princeton University Press, 1969, p. 526. 26Ana María Peppino Barale, "Ernesto Sabato: también pintor", en Casa del Tiempo, México, Universidad Autónoma Metropolitana, septiembre de 2001. Véase también un cuadro del maestro que exhibe una correspondencia con el estado del caos de la materia prima alquimista y del cual no se pudo conseguir una ilustración. Asimismo, su autorretrato muestra el color amarillento/oro, el cual conformando con el binomio de opuestos propios de la piedra filosofal sería causado por el mal de hepatitis del que el personaje Sabato, de acuerdo a Quique, "sufre" constantemente. 27Barbara DiBernard, Alchemy and Finnegans Wake, Albany, State University of New York Press, 1980, p. 21. 28Rosarium, Edinburgh, Magnum opus hermetic source works, 1980, Huelga señalar que esta ilustración, cuando empecé este estudio en 1992, fue el primer indicio que me motivó la interpretación alquimista de esta extraordinaria obra. 29Jung, Mysterium,op. cit., p. 533. 30Ibid., p. 64. 31Erich Neumann, The place of creation, traducción de Hildegard Nagel et al., Bollingen Series lXI .3, Princeton, Princeton University Press, 1989, p. 269. 32Jung, Mysterium,op. cit., p. 64.0 |
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