Astrid 
*Julius Evola 
La carrera de Evola (1898-1974) como escritor cubre más de medio siglo. Es posible distinguir tres periodos en su desarrollo intelectual. El primero es artístico (1916-1922), durante el cual se adhirió al dadaísmo y escribió poesía y pintó en un estilo abstracto. Después, Evola se volcó al estudio de la filosofía (1923-1927), desarrollando una aguda perspectiva que podría denominarse transidealista, que es un desarrollo solipsista dentro de la corriente principal del idealismo. En la tercera fase, o final, Evola se involucró en el estudio del esoterismo y el ocultismo (1927-1929). Este poema corresponde a su primera etapa, y es elocuente de su preocupación por recuperar la dimensión trascendente del erotismo y la carnalidad, algo que posteriormente sistematizaría a partir de las disciplinas tántricas tradicionales en su libro La metafísica del sexo (1958). Este poema, así como todos los de su etapa dadaísta, lo escribió en francés, lengua utilizada por numerosos grupos de vanguardia. Fue tomado de Julius Evola, Râaga Blanda, Milán, All´insegna del Pesce d´Oro, s/f. 
 

Étiez-vous Astrid?

Vous aviez arrêté votre voiture
que à l'intérieur l´ovate
étouffante du santal grisait
dans une banlieue morne sous une pluie lente
les chariots de charbon passaient
le brouillard confondait les distances
et les solitudes et
les mélancolies en un rythme jaunâtre.
Et vous aviez brisé le sortilège
Votre regard ambigu
tourbillon
la transparence vertigineuse de vos bas
l´écume des dentelles
vos jambes qui s´écartaient
lumineusement
l´idole renversé et ouvert
mon être abîmé en vous
englué dans une obscurité ardente
sans fin
votre cri bref
dilatation vert
dissolution.
Étiez-vous Astrid?
Astrid au front haut blanc
sceau de domination qui se découpe
sur l´énorme ville
noire et basse
sur la grande plaque du zinc du ciel. 



¿Es usted Astrid?

Había detenido su automóvil 
que, en el interior, sofocante, 
con sándalo embriagador le ovaciona. 
En un lóbrego suburbio
bajo una lenta lluvia
pasan los vagones de carbón; 
la niebla confundía las distancias,
las soledades 
y las melancolías con un ritmo amarillento.
Y había roto el sortilegio.
Su mirada ambigua, 
torbellino, 
la vertiginosa transparencia de sus medias,
la espuma de los encajes,
sus piernas que, 
luminosamente,
se separan;
el ídolo invertido y abierto, 
mi ser en usted abismado 
hundido en una oscuridad ardiente
sin fin,
su breve grito 
dilatación verde
disolución.
¿Es usted Astrid?
Astrid con la alta frente blanca 
sello de dominación que se corta
con la enorme ciudad 
negra y baja 
en la gran plancha de zinc del cielo. 



 
   
*Traducción de José Antonio Hernández