MÁS ALLÁ DEL MITO EL SENTIDO DE 
EQUIDAD EN LAS ACCIONES DE EVA PERÓN
*Ana María Peppino Barale
El estudio histórico tradicional ha puesto el énfasis en que el ejercicio del poder público —hasta hace muy poco tiempo— se trataba de una actividad masculina por excelencia, ya que las actividades de las mujeres se desarrollaban en gran medida en el ámbito privado. María Eva Duarte de Perón ha sido una de las pocas mujeres de su época que rompió con el esquema y su imagen se sobrepone a la de los hombres públicos que la rodearon. Por eso, no me refiero al estudio de la vida privada, cotidiana, íntima de la segunda esposa del presidente argentino Juan Domingo Perón (1946-1955), sino a sus acciones públicas dirigidas a dignificar la vida de las mujeres, especialmente de aquellas de origen humilde, como la propia Evita. Esta orientación adquiere mayor sentido desde una perspectiva de género porque permite catalogar sus acciones, desarrolladas en el programa de justicia social del peronismo, como un aporte significativo en el proceso de cimentación de lo que hoy se denomina equidad de género. Desde esta perspectiva, los actos de Evita se pueden entender como una declaración de rebeldía y de sublevación contra la injusticia que ella conocía bien. 

El 26 de julio de 2004 se cumplen cincuenta y dos años de su muerte y el tiempo transcurrido permite reconsiderar su figura y su actuación, como parte ineludible de la historia argentina y como capítulo notable de la historia de las mujeres. 

Intento ir más allá del mito para colaborar, modestamente, en el proceso de reconstrucción que debe hacerse primero en el plano del individuo que se torna más tarde en sujeto,1 histórico en este caso. Situar a las mujeres como sujetos históricos promueve la evaluación de su presencia, su importancia y significado en una sociedad y en un momento determinado. En este caso, pretendo llamar la atención sobre acciones puntuales que, según mi entender, van más allá del cumplimiento fiel de los planes de la política social iniciada por Juan Domingo Perón —primero en la Secretaría de Trabajo y Previsión y que después caracterizó su gestión presidencial—, con la intención de un régimen populista2 de pasar de la beneficencia a la justicia social 

En el primer apartado explico el significado de equidad desde la perspectiva de género que, como categoría de análisis, permite una lectura particular no tanto de los alcances de la acción social llevada a cabo, sino de la manera con que Eva Perón atendía detalles que no tenían que ver con la magnitud de las obras o el número de beneficiados, sino con un sentido innato para atender las necesidades de los pobres con esplendidez, más allá de la justicia social; es decir, con sentido de equidad.

Sigue un breve contexto histórico para dar pie a las acciones dirigidas a las mujeres trabajadoras y a la formación política de las mismas. Si bien estas medidas correspondían al plan oficial del peronismo, que comprendió tempranamente que con la organización de las mujeres duplicaría su fuerza, es necesaria otra perspectiva para comprender la dedicación obsesiva de Eva Perón, quien se consideraba "una humilde mujer... un gorrión en una inmensa bandada de gorriones...", pero que pronto aprendió a volar más alto que el "cóndor gigante que vuela alto y seguro entre las cumbres y cerca de Dios",3 como ella se refería a Perón.

En el tercer apartado puntualizo las acciones que ilustran el sentido que Eva Perón dio a su trabajo de apoyo a las políticas de justicia social del gobierno que encabezaba su esposo. 

Por último, cierro con más preguntas que respuestas, porque en definitiva toda mirada inquisitiva no concluye necesariamente con el tema, más bien abre el camino para nuevas explicaciones o para tratamientos desde perspectivas diferentes. La posdata agrega sentido a la determinación de tratar este tema.

Contexto teórico

La subordinación de las mujeres es una característica de la estructura familiar patriarcal, reforzada por los órganos estructurales de la vida en sociedad (familia, escuela, religión, medios de comunicación), los cuales en lugar de impulsar la superación de esas manifestaciones de sujeción las presentan como patrón de conducta para toda la sociedad. Así, la generalización de la propuesta de una sociedad dividida en ámbitos específicos (público para los hombres, privados para las mujeres), se presenta como resultado de un orden universal perenne. 

Por el contrario, la perspectiva de género se fundamenta en la consideración de que el papel de las mujeres y los hombres en la sociedad no es un destino natural, sino que se trata de una construcción cultural impuesta por una socialización que les adjudica funciones diferenciadas. En este sentido el género es una herramienta analítica para comprender cómo la organización patriarcal del mundo marca, por el dominio y la opresión, a las relaciones entre los géneros; también, para entender en qué medida facilita o impide a las mujeres y a los hombres la satisfacción de sus necesidades vitales y la realización de sus aspiraciones de acuerdo con su sentido personal de la vida. Cuando se valora positivamente a un género y negativamente al otro, se habla de discriminación de género. En la sociedad patriarcal el género femenino ha sido sometido a las normas y leyes masculinas porque responde a una visión androcéntrica del mundo: un punto de vista centrado en lo masculino, que considera a la mujer como parte de la naturaleza y a ambas una posesión del hombre.

Distintos foros mundiales han generado documentos con recomendaciones para eliminar la discriminación de género. En 1997, en las Conclusiones del Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, se precisa que:

La incorporación de la perspectiva de género (mainstrea-ming ) es el proceso de evaluación de las consecuencias para las mujeres y los hombres de cualquier actividad planificada, inclusive las leyes, políticas o programas, en todos los sectores y a todos los niveles […] El objetivo final es lograr la igualdad entre los sexos.
Dicha determinación permite evaluar si las consecuencias de una política, programa o legislación afectan de la misma manera a hombres y mujeres. El camino para construir la igualdad es la equidad, porque constituye un proceso para superar la disparidad legitimada por un complejo sistema de relaciones y de distribución de los poderes, avalados por la tradición y repetidos, respetados e impuestos por las estructuras familiares, la organización de los grupos y las instituciones públicas. La equidad forma parte del prontuario ético del feminismo y "sería el conjunto de procesos para lograr el empoderamiento y el poderío de las mujeres, pero como la equidad es una relación, decimos que busca eliminar brechas de desigualdad".

Los mecanismos de equidad trabajan para suprimir las disparidades, para establecer mecanismos que permitan dignificar la condición de ser mujer y de ser hombre, para desmontar el andamiaje normativo impuesto por los grupos hegemónicos como privilegios de clase. De ahí la importancia de ir rescatando de la historia de las mujeres del siglo xx aquellas prácticas encaminadas a construir una sociedad más equitativa. Reconocer ese pasado refuerza la identidad genérica, pero también provoca un sacudimiento de conciencia respeto al valor que las propias mujeres asignamos a otras. 

Si bien la movilización de mujeres fue impulsada por el peronismo desde los aparatos del Estado, no significaba que recibían todo el apoyo y aceptación por parte de los hombres en el poder. También debieron luchar contra la resistencia de mujeres acostumbradas a callar cuando hablaban los hombres y a considerar la participación pública como exclusivamente masculina. 

Contexto histórico

En este último medio siglo la historia de Argentina parece una broma de mal gusto. Esta nación que llegó a figurar entre los países más ricos —y "bien comidos"— del mundo, con altos índices de escolaridad, ahora parece haber perdido el rumbo, entre "paradojas, malentendidos y alucinaciones [que] nunca faltaron, desde la alborada misma de nuestra nacionalidad".5 Para apoyar esa apreciación es conveniente retroceder a la formación del Estado nacional, revisar las luchas intestinas que se libraron en el siglo xix, recordar la política de exterminio de los dueños originales de la tierra, tener presente que la apología construida alrededor de la riqueza cerealera y ganadera del joven país no toma en cuenta la desequilibrada distribución de la riqueza generada y considerar, entre otros puntos, que la nación argentina se configuró preferentemente por y para su puerto principal: Buenos Aires. 

Las oportunidades que ofrecieron las ricas tierras de la pampa húmeda atrajeron a millones de inmigrantes a fines del siglo XIX, quienes junto con los criollos trabajaron infatigablemente para generar la riqueza legendaria que parecía asegurar una prosperidad ilimitada. Pero una cauda de abusos, ineficiencias, excesos, irresponsabilidades, derroches, injusticias, corrupción, fraudes y, sobre todo, una falta absoluta de cordura para atender los asuntos públicos y la "alucinante descomposición de las instituciones más respetadas",6 generaron crisis cíclicas acompañadas de momentos de estabilidad y crecimiento. Esta situación pendular ha impedido cimentar procesos continuos y progresivos. Pero en ese tobogán que parece no tener fin el imaginario colectivo toma medidas para asirse a creencias y símbolos que, por compartidas y arraigadas, van conformando los mitos que fueron y son "el instrumento idóneo para manifestar las aspiraciones colectivas más recónditas", porque se constituyen en el conducto "por el que corren las pulsiones que demandan un mundo mejor"; por tanto, de esta manera, "cuando se concentra en las personas o sus actos, el mito es el constructor de mesías, genios, villanos, redentores y otros personajes rodeados por el halo del carisma".

Y si ese personaje muere en la plenitud de la vida y del poder, entonces se congela la imagen que permanece intocable, sempiterna y, especialmente, atemporal (característica típica de todo mito). Así que es tarea compleja establecer el límite entre lo que fue y lo que se cree que fue, porque no se trata sólo de deslindar lo comprobable de lo imaginario, ya que la apreciación colectiva funda su validez en la certeza compartida sobre un hecho o un personaje. Así la figura de Eva Perón —también, por supuesto, la de Domingo Perón y del peronismo en general— toma dimensiones positivas o negativas según el sector que la juzga, porque aunque se parta de hechos y circunstancias verificables, se difiere drásticamente en el valor que le otorgan unos y otros. Amada con fervor por sus descamisados,8 odiada y despreciada por la oligarquía, fue un personaje irrepetible. Su biografía parece más un guión cinematográfico o un best-seller literario, de ahí la dificultad para comprenderla como una mujer que logró transitar por toda la escala social durante sus escasos treinta y tres años de vida, y que resolvió con gran singularidad las responsabilidades que asumió. Para ello, es necesario realizar un esfuerzo de reinterpretación de los datos en un intento de desmitificación, en el sentido de superar el cociente de irracionalidad que es "una de las condiciones sine qua non para la aparición y constitución del elemento mítico",9 y dar valor a la presencia de los hechos significativos que ayuden a comprender la dimensión de los actos que, como todo acontecer humano, pueden situarse y redefinirse desde perspectivas varias. 

La historia personal de Eva Perón constituye un cabal ejemplo de que lo imposible puede conquistarse o, como dijo El Che, Ernesto Guevara, que "sólo lo imposible vale la pena". El momento, el lugar y las circunstancias del nacimiento de María Eva no predestinaban nada diferente a lo usual para una hija ilegítima, pobre y nacida en un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires (Los Toldos, 7 de mayo de 1919). Sin embargo, el origen deshonroso, las humillaciones y los desprecios recibidos no lograron empañar su decisión de emular a Norma Shearer, la actriz que saltó de la pobreza a estrella de la Metro Goldwing Mayer y que desplegaba su imagen de triunfadora en la pantalla del cine pueblerino; por el contrario, en la penumbra de la sala la jovencita de catorce años reafirmaba su idea de querer ser actriz. Para cumplir su sueño tomó la decisión de ir a la capital (la meca de todo provinciano), y con ello dio el primer paso para ocupar un lugar en la historia predominantemente masculina. 

Llegó a Buenos Aires y un día conoció a Juan Domingo Perón. Se casaron el 22 de octubre de 1945, cinco días después de un acto significativo para el peronismo y que se conmemoraría como el Día de la Lealtad. El 17 de octubre de ese año se fue reuniendo en Plaza de Mayo —frente a la Casa Rosada, sede del gobierno— una multitud inesperada por su composición: trabajadores industriales sin sus líderes y desplazados rurales producto de la crisis agrícola. Los descamisados, como los llamó el diario conservador La Prensa, hicieron acto de presencia en el centro simbólico del poder para demostrar su simpatía por Perón, que había sido obligado a renunciar a la Secretaría del Trabajo.

Acciones

Perón ganó las elecciones del 24 de febrero de 1946 y su esposa, que lo había acompañado en las giras proselitistas, asume un papel desacostumbrado. La motivación de tal actitud puede explicarse con sus propias palabras cuando reconoce asombrada que la mayor prueba de amor de Perón hacia ella fue encargarle a sus trabajadores. Y así, la política que Perón había iniciado desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, con medidas que proponían mejoras en los salarios de los trabajadores y su participación en la ganancia de las empresas,10 tuvo en Evita su impulsora más ferviente. 

Una medida coherente con los nuevos principios que dejaban atrás los actos de caridad para transitar hacia la "justicia social" fue la disolución de la Sociedad de Beneficencia11  para dar paso a la Fundación Eva Perón (19 de junio de 1948), con el fin de realizar obras "de interés general y que tiendan a satisfacer las necesidades esenciales para una vida digna de las clases sociales menos favorecidas". Bajo esta bandera se llevan a cabo obras para atender a los ancianos y a los niños; se levantan policlínicos y centros especializados para llevar la asistencia médica de calidad y "humanizada" a todos los trabajadores; se inicia la experiencia del Tren Sanitario que recorre todo el país; se construyen centros vacacionales para que el descanso y la recreación se incorporara al derecho laboral, etcétera.

Me interesa resaltar la labor dedicada especialmente a la mujer porque constituyen ejemplos de equidad, en el sentido de que reparar la injusticia significa aplicar medidas extremas ya que "Durante un siglo los privilegiados fueron los explotadores de la clase obrera. ¡Hace falta que eso sea equilibrado con otro siglo en que los privilegiados sean los trabajadores!"12 La actitud inédita para solucionar problemas y la magnitud de las reparaciones pueden entenderse como el afán de Eva para subsanar en un momento tantos años de olvido de la Argentina oculta, invisible, de la que ella misma emergía para romper con el destino que debió corresponderle. Por eso tanto odio hacia ella: una "transgresora nata". La misma que en junio de 1947 viajó a Europa como representante del gobierno peronista y del país que había encarnado la esperanza de una vida mejor para tantos hijos de ese viejo continente. Llegó con las manos llenas de trigo y carne vacuna para paliar los estragos de la segunda guerra mundial —viejos países, larga historia, pero memoria muy corta—, con sus 28 años, bella, regiamente vestida para presentarse ante la alta sociedad europea, pero cambiando diamantes, escotes provocativos y peinados elaboradísimos por atuendos más sencillos cuando su contacto era con la gente común. 

En esos tres meses destaca su encuentro con monseñor Angelo Roncalli (1881-1963), nuncio apostólico de la ciudad de París y futuro Juan XXIII (1958-1963), de origen humilde como Eva, hijo de campesinos, considerado en su medio como "un rústico prelado" pero que ascendió a la altura máxima —como la niña ilegítima en la Argentina peronista— de la Iglesia católica y desde ahí convocó al Segundo Concilio Vaticano (1962), con el cual se abrió la puerta de la vetusta institución para renovar sus procedimientos retomando el camino hacia los pobres. Eva y Roncalli hablaron. Él, de obras de caridad; ella, de ayuda social y justicia. El prelado le aconsejó que suprimiera "el papelerío oficial para conservar la flexibilidad de una organización antiburocrática", y que se entregara "sin límites a su tarea".13 

A su regreso a Buenos Aires comenzó a poner en práctica las sugerencias del italiano. En 1948 fueron inauguradas en Buenos Aires las primeras obras dedicadas especialmente a las mujeres: tres Hogares de Tránsito;14 al año siguiente, el Hogar de la Empleada "General San Martín". Ambas expresiones concretas de la Fundación Eva Perón que llegó a funcionar como "un seguro social informal", que cubría amplios campos de acción y que no sólo atendía a los trabajadores sindicalizados sino también a los marginales.15 

Los Hogares de Tránsito representan una solución temporal para atender a mujeres sin trabajo ni vivienda, mientras se satisfacían esas necesidades. No sólo se les proporcionaban techo y alimentos —a ellas y a sus hijos—, también se impartían clases de costura y dactilografía, entre otras, con objeto de que "les sea provechoso para el día de mañana". Por su parte, el Hogar de la Empleada atendía a las trabajadoras que recibían bajos salarios y no tenían familiares directos en Buenos Aires. Pero no son en sí las obras edilicias lo que me interesa resaltar sino hacer hincapié en los pormenores, porque como la misma Evita señaló en La razón de mi vida: "Son detalles tal vez sin importancia aparente. Se necesita haber sufrido el problema de los pobres para darles importancia. En mis hogares ningún descamisado debe sentirse pobre".

Con ese espíritu cuidó cada mínimo detalle y exigió que estuvieran decorados con lujo; por ejemplo, destinó al Hogar de la Empleada muchos de los objetos de arte que le habían regalado durante su gira por Europa. Una mantilla bordada exquisitamente que le regalaron en España cubría el piano de cola del salón adornado también por jarrones de Sèvres, candiles de cristal y sillas Luis XV tapizadas con delicados brocados. Era su forma de imprimir "el sello de [su] indignación ante la injusticia de un siglo amargo para los pobres". 

Quería dejar atrás las obras sociales frías, impersonales, mezquinas e ingratas, porque "han sido construidas con criterio de ricos... y el rico, cuando piensa para el pobre, piensa en pobre". Cuando le preguntaban si no tenía miedo de que los descamisados se convirtieran en resentidos sociales, o de que se acostumbraran a vivir como ricos, ella les contestaba:

No, no tengo miedo. Por el contrario; yo deseo que se acostumbren a vivir como ricos... que se sientan dignos de vivir en la mayor riqueza... al fin de cuentas todos tienen derecho a ser ricos en esta tierra argentina... y en cualquier parte del mundo. El mundo tiene riqueza disponible como para que todos los hombres sean ricos.16 


Antes del peronismo el modelo cultural imperante restringía el espacio posible de las mujeres al hogar y les asignaba el papel de madres y amas de casa. Los hombres de la familia eran quienes se apropiaban de las palabras, los que discuten de política, los que trabajan fuera del hogar y, cuando se puede, los que realizan estudios técnicos o profesionales. Situación más o menos generalizada —siempre hay excepciones— que dejaba a las mujeres en situación de dependencia y subordinación. La obtención del sufragio y la creación del Partido Peronista Femenino les abre el espacio para ejercer sus derechos políticos y para participar activamente en los espacios públicos. 

Eva Perón queda al frente del partido y dirige la movilización política de las mujeres partidarias, especialmente las de sectores populares. En La razón de mi vida expresa su creencia de que "el movimiento femenino organizado como fuerza en cada país y en todo el mundo debe hacerle y le haría un gran bien a toda la humanidad". Señala también la necesidad de "elevar la cultura general de las mujeres", para que aprovechen la "independencia económica y progreso técnico del país en beneficio de sus derechos y libertad". Paralelamente, no deja de insistir en la importancia de la mujer como puntal del hogar y la familia. 

En 1950 la Escuela de Enfermeras se integra a la Fundación y eleva la categoría de la profesión de enfermería a "ejemplo de servicio y dedicación social". Las maestras de educación básica reciben un reconocimiento similar, pues ambas eran consideradas antes profesiones desvalorizadas. Es decir se cambia la imagen social del trabajo femenino. Para muchas mujeres el peronismo se presentó como una salida para superar la doble marginación: por su condición social y por su género. 

Cierre 

El desinterés institucionalizado por considerar a las mujeres como sujetos históricos se vio sacudido, en la medida que el movimiento de mujeres no sólo cuestionó la invisibilidad y subordinación de las mujeres en la sociedad contemporánea sino también en el registro del quehacer humano. Investigadoras de distintas disciplinas acrecientan sustancialmente las investigaciones encaminadas a volver visible a las mujeres. Con ello, no sólo colocan al género femenino como sujeto histórico importante sino que impulsan un punto de vista innovador, una perspectiva original de la historia y una interpretación novedosa de los hechos. 

Así, el pensamiento feminista propone un saber crítico a partir de seres humanos concretos en condiciones reales de dominación y de subordinación. Esta práctica, que implica una ética idónea, se refiere a las experiencias de las mujeres, no como abstracción sino como práctica individual y social. De ahí que referirse a Eva Perón en términos de excepcionalidad, o suponer que los cambios históricos sólo pueden ser ejecutados por seres predestinados, sería negar el valor de la existencia de la multitud de mujeres cuyas vidas transcurren cotidianamente por caminos comunes. Por el contrario, destacar las acciones de las mujeres en el ámbito político es la confirmación de la reivindicación del movimiento feminista contemporáneo del libre albedrío, por el cual las mujeres tienen la posibilidad de incorporarse al mundo público por derecho propio. 

Como señala el destacado historiador argentino Félix Luna, "existe una natural tendencia a enjuiciar a los personajes [y a una etapa] históricos según una valoración única, inmodificable", y se dejan de lado los cambios que se dan en el transcurso del tiempo y las circunstancias. El poder absoluto corrompe absolutamente, y el peronismo de 1945 no puede juzgarse del mismo modo que diez años después, al ser derrocado. Al paso del tiempo los hechos y sus autores toman otro valor si se los compara con las circunstancias siguientes. Desde este punto de vista, entiendo a la actuación pública de Evita como una experiencia histórica renovadora por la valoración del papel de la mujer en la sociedad, con lo cual se apuntala la posibilidad de adquirir una identidad genérica desde la cual enfrentar el ejercicio del poder masculino. 

El discurso histórico que niega visibilidad a las mujeres perpetúa también su subordinación y su imagen de receptoras pasivas de las acciones de los demás. La historia, según esta interpretación, es parte de la política del sistema de género. Por ello, al escribir la historia de las mujeres se asume el estatus como estrategia política.17 

Igualmente, la delimitación de un tema de investigación no significa desconocer o ignorar los acontecimientos que rodearon al asunto en cuestión, como el culto a la personalidad de ambos dirigentes, el fanatismo de sus seguidores, la represión a toda disidencia, el autoritarismo y los excesos del régimen. Sin embargo, quién puede olvidar la contra-ofensiva siniestra de los regímenes militares que intentaron borrar de la historia argentina todo recuerdo del peronismo y de su obra, dando lugar a una de las etapas más negras y vergonzosas de la historia argentina.18 

Por supuesto que para superar la limitación de este acercamiento es preciso hurgar en la vida privada de esta mujer que irrumpió en el espacio público con tanta osadía y tesón. Porque es ahí, en el ámbito de lo privado, en esos espacios íntimos, en esa sociabilidad no pública, donde se pueden encontrar las claves que expliquen las razones de su comportamiento, de su resistencia a comportarse según el papel que su historia personal le tenía asignada. Y así este acercamiento a la figura pública en lugar de resolver dudas genera más preguntas, ya que la relación público-privado no se define únicamente como dos campos de indagación ni como dos ámbitos autónomos, sino que debe entenderse más bien como dos espacios de interacción donde los sucesos de uno alimentan al otro. 

Posdata

Lo antes expuesto es una forma de explicar la atracción personal hacia una mujer que rompió los cánones de una época y que despertó con su conducta sentimientos encontrados entre sus contemporáneos y los posteriores. Ahora, distanciada en el tiempo y en el espacio, su figura adquiere otra proporción si se considera que en el medio siglo posterior a su muerte no ha aparecido en la escena latinoamericana otro caso similar.

También, porque es mi forma de acudir al encuentro que propone María Elena Walsh19 en las estrofas de su poema "Eva": 

No sé quién fuiste, pero te jugaste. 
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia 
de prepo,20 arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Las que ahora en el mundo fraternizan 
sublevándose contra la aniquilación. 
Bruta como un diamante en un chiquero
¿quién va a tirarte la última piedra?

Quizás un día nos juntemos 
para invocar tu insólito coraje.21 
Todas, las contreras,22 las idólatras, 
las madres incesantes, las rameras, 
las que te amaron, las que te maldijeron, 
las que obedientes tiran hijos 
a la basura de la guerra, todas.

 
 
 
 
 
 
 
 
   
En efecto, hasta sus detractores coinciden en que el valor y la pasión guiaron sus pasos en una sociedad patriarcal (machista y conservadora), que dejaba muy poco espacio para la participación de las mujeres en la vida pública. 

El régimen peronista rompió con el formalismo de los actos oficiales en el que sólo participaban hombres —militares, civiles y sacerdotes—, igualmente serios y formales, para dar paso a una mujer: a Eva Perón. Y ella, sin admitir negativas, empujó a otras mujeres argentinas a tomar un lugar en la vida pública de su país.23• 

*Ana María Peppino Barale es doctora en estudios latinoamericanos. Profesora-investigadora en el Departamento de Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco.
 Notas

 1Alain Touraine y Farhad Khosrokhavar, A la búsqueda de sí mismo. Diálogo sobre el sujeto, Buenos Aires, Paidós, 2002, p. 87.

 2En el sentido precisado por Ernesto Laclau en la defensa de la razón populista: "El populismo supone cuestionar el orden institucional mediante la construcción de `los de abajo´ como agente histórico, vale decir, un agente que es un otro en relación a la forma en que las cosas están instituidas".

 3Eva Perón, La razón de mi vida, Buenos Aires, Fundación de Investigaciones Históricas Evita Perón, 1999, p. 17.

 4Marcela Lagarde, Claves feministas para liderazgos entrañables, Managua, Puntos de Encuentro de la Universidad de las Mujeres, 2000, p. 109.

 5Marcos Aguinis, El atroz encanto de ser argentino, Buenos Aires, Planeta, 2001, p. 12.

 6Félix Luna, El 45, Madrid, Hispamérica, 1984, p. 25.

 7Enrique Florescano (coord.), Mitos mexicanos, México, Aguilar, 1995, p. 10.

 8"En vano se trató de ponerle un mote [a las masas trabajadoras] que revelara su pobreza económica, su mal vestir, [pero] se transformó en sinónimo de lucha, de anhelos de reivindicaciones, de justicia, de verdad", Eva Perón, Mensajes y discursos, Buenos Aires, Fundación de Investigaciones Históricas Evita Perón, 1999, p. 452.

 9Gillo Dorfles, Nuevos ritos nuevos mitos, Barcelona, Lumen, 1969, p. 17.

 10A consecuencia de su destitución y la posterior renuncia del gabinete, sólo tuvo aplicación el decreto que fijaba un sueldo anual complementario: el aguinaldo. 

 11Creada el 2 de enero de 1823 para atender "la dirección e inspección de las escuelas de niñas, de la casa de expósitos, de la casa de partos públicos y ocultos, hospitales de mujeres, colegio de huérfanas y de todo establecimiento público dirigido al bien de los individuos de este sexo", y confiada esta labor a las "damas de la sociedad porteña". El decreto 9414/46 la declaró intervenida. Noemí Castiñeiras, Fundación Eva Perón. Desde sus inicios hasta la muerte de Evita, Buenos Aires, Fundación de Investigaciones Históricas Evita Perón, 2000, p. 4. 

 12Eva Perón, op. cit., p. 94.

 13Alicia Dujovne Ortiz, Eva Perón. La biografía, Buenos Aires, Aguilar, 1995, p. 200.

 14El segundo de ellos, abierto el 19 de junio de 1948, ubicado en Lafinur 2988, es la actual sede del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Evita Perón, presidida por la arquitecta Cristina Álvarez Rodríguez, sobrina nieta de Evita. 

 15Fernando Diego García et al. (comps.), Evita. Imágenes de una pasión, México, s/e, 1997, p. 107. 

 16Eva Perón, op. cit., p. 158.

 17Joan Wallach Scott, "El problema de la invisibilidad", en Carmen Ramos Escandón (comp.), Género e historia, México, uam/Instituto Mora, 1992, p. 50.

 18Llegaron al extremo absurdo de destruir el palacio Unzué, regia mansión de estilo francés construida a fines del siglo xix por la familia de la que tomó el nombre —representantes de la aristocracia ganadera—, y que la vende al Estado en 1930. Desde ese momento fue residencia presidencial y por lo tanto Juan Domingo Perón y Eva Duarte la habitaron. 

 19Escritora, compositora y cantante argentina (especializada en cuentos y canciones para niños), nació en 1930. Por las dificultades que el régimen peronista significó para los disidentes, cambió su residencia a París. Ciudad emblemática donde primero se refugiaron los adversarios de Perón y luego muchos peronistas perseguidos por los militares que lo derrocaron. 

 20Sin permiso, a la fuerza.

 21Valentía, audacia. 

 22Opositoras políticas.

 23Selecciona personalmente a sus colaboradoras. Las prefiere sin experiencia, pero "honradas", peronistas fervientes y dispuestas a dedicarse plenamente a la labor encomendada. No aceptaba excusas. Cuando Rosa Calviño —maestra sin ejercicio que ayudaba a su esposo en la panadería de su propiedad— le expresó que le gustaría ayudar pero que tenía un niño de tres años y no podía dejarlo solo, Eva le asignó una casa en un barrio construido para los trabajadores, con objeto de que sin descuidar la atención de su hijo se encargara de la primera unidad básica del Partido Peronista Femenino (enero de 1950). Un año más tarde Rosa se convirtió en senadora de la nación. Véase Dujovne, op. cit., p. 247.