Los VR 
de Barbarroja 
*Guillermo Samperio 
No es que Barbarroja tenga roja la barba abundante, sino que es el nombre que eligió para sus actividades lícitas e ilícitas. Se había quedado en la época hacker de la vida. El mismo Barbarroja decía que ser hacker era una actitud y no una etapa. No usaba automóvil, sino que traía una moto de tres llantas como las de la Segunda Guerra Mundial; en el lado del copiloto iba un cajón metálico equipado para cualquier emergencia electrónica. Si la misión era más apasionada que conveniente viajaba a cualquier parte del mundo Su amigo José Luis Roma, inventor del modelo de muñeca autónoma XR-25, le había ayudado a perfeccionar siete muñecas. Se sentía todo un pashá, rodeado de rubias, morenas, pelirrojas y de Kati-Koto, una asiática, la preferida de este hacker tardío. Cuando estaba de buenas, las pocas veces, se autocalificaba como tránsfuga del país hacker. Le encantaban acciones como la del chico que fundó el intercambio de música por internet, considerado héroe hoy en día y perseguido en el comienzo. Y debido a estas inclinaciones hacia lo clandestino, estaba a punto venírsele abajo un negocio que iba muy bien.

Un par de años atrás, Barbarroja organizó un fiesta con varios amigos, gente como Krasny, Roma, Medellín y Murder; cuando se dio cuenta de que nada más él estaba acompañado por mujer, es decir por Kati-Koto; con unos buenos tragos de por medio, decidió activar a sus muñecas para que sus amigos se divirtieran. El festejo los llevó hasta el amanecer, en parejas desperdigadas por las habitaciones. La única que se inquietó con el festín, donde hubo hasta virus alucinógenos, fue la asiática, pues su marido la había programado para que fuera esposa conservadora, como la mamá de él. En medio de la cruda y disgustado porque sí, tomó con fuerza a Kati-Koto y, sin apagarla, le puso dos ultra-microchips en el cerebelo, los cuales le desatarían la liberalidad. Kati-Koto hasta comentó que la pelirroja hacía buena pareja con Krasny, los dos de cabello rojizo; se veían incestuosamente armónicos. Roma eligió una morenita, lo opuesto a su muñeca Wendy; en un punto de la noche, Roma tuvo la fantasía de poner un departamento con varias amantes, como Barbarroja, y se extravió en la elecrorobótica vagina de su trigueña.

Cuando, por la mañana, la asiática repartía tazas de café, en un ataque de liberalidad comentó que, según lo que había visto la noche anterior, ya sabía la razón por la que Wendy adoraba a Roma. Todos rieron, menos Roma, hombre orgulloso de su habilidad técnica legal, aunque estuviera en contacto con esta banda tan marrullera. Roma tenía una oscura debilidad por lo turbio; pensó en crear el modelo XR-27 andrógino, especie de ángel demoniaco con ambos sexos.

Luego de esa reunión vinieron otras con diversas personas. Al ver que sus reventones tuvieron tanto éxito, Barbarroja rentó una casa en una zona de moda y allí se llevó a las siete muñecas; Roma le vendió cinco más para completar la docena. La primera fiesta en aquella casa fue gratuita, pero las siguientes los parroquianos tenían que comprar tickets. Pidió apoyo al viejo grupo de marrulleros para ampliarse. Pronto instalaron otras casas más, pero con aspecto de bar, pues las organizaciones conservadoras seguían viendo la desintegración de la familia. Un día, dejaron de ser clandestinos y registraron la empresa de juegos de relajación Vanidades Robóticas. A sus casas se les empezó a conocer por las siglas de la organización; la gente dice vamos a un vr. Los virus alucinógenos llegaban en un círculo muy reducido de los vr; hay científicos que no están seguros de si resultan malignos para el hombre. 

 
 
 
 
   
Barbarroja formó un equipo que trabajaba en la coordinación electrónica y telecomunicativa de las casas. El equipo de motos de tres ruedas, al mando de jóvenes propensos al peligro, rondaba los vr para acallar cualquier problema; vestían overol negro; en la espalda de los motociclistas se dibujaba la silueta de una mujer con el aspecto de las viejas actrices. Hay personas que los ven con gusto y otras con enojo. En una de las rondas encontraron que en una casa se había dado una balacera con metralletas y que habían muerto varios tipos; algunas muñecas quedaron inservibles. Un juez está por dictaminar si se cancela la autorización de Vanidades Robóticas para operar. Kati-Koto le reza a la virgen para que el negocio del marido no se derrumbe.
*Guillermo Samperio (ciudad de México, 1948) obtuvo el Premio Casa de las Américas con Lenin en el futbol. En 1999 recopiló su obra cuentística en Cuando el tacto toma la palabra (FCE). También ha publicado novela, ensayo y textos de varia invención. Desde 2000 dirige la fundación cultural que lleva su nombre.