Avatares femeninos en pos 
de la equidad genérica 
* Blanca Estela Gayosso Sánchez 
el cambio radical en las relaciones entre géneros lo que deseamos todas las mujeres? ¿Es el cambio con ciertas reservas? ¿Qué factores influyen para que las mujeres, tanto en lo individual cuanto en lo colectivo, seleccionemos el significado, los tipos y el sentido del cambio?  

Más allá del apego a una vertiente de la investigación social como simple adhesión a una práctica pocas veces ejecutada con precisión científica, Mujeres, revolución y cambio cultural. Transformaciones sociales versus modelos culturales persistentes, de Anna M. Fernández Poncela, corresponde a los estudios de género que adquieren su justa trascendencia al ser sustentados acuciosamente con base en categorías antropológicas bien definidas y encauzados desde el inicio hacia el objetivo específico de sistematizar la experiencia y el aprendizaje de un álgido periodo histórico.  

En este ensayo, uno de los más recientes títulos de la Colección Biblioteca A de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, coeditado con Anthropos, encontramos un análisis de la participación social de las mujeres en la construcción social de las relaciones entre los géneros y la posibilidad de cambio en un contexto concreto: la sociedad latinoamericana, en particular la nicaragüense, durante una época de crisis social y bajo un régimen político autodenominado "revolucionario". 

Es más fácil ganar un combate 
que combatir la mentalidad 
de la gente. 
Mujer nicaragüense, 1991 
En memoria activa de 
Mercedes Durand Flores
 
 
Anna M. Fernández Poncela, Mujeres, revolución y cambio cultural. Transformaciones sociales versus modelos culturales persistentes, Barcelona, Anthropos/UAM Xochimilco, 2000 (Biblioteca A. Sociedad, 37), 92 pp.
 
A partir del estudio de caso que Fernández Poncela realizó durante once años (1979-1991) en la Nicaragua sandinista, la autora hace una reflexión teórica general sobre la necesidad, las posibilidades y las dificultades materiales (imperativos de subsistencia) e inmateriales (condiciones culturales y psicológico-emocionales) que el cambio en las relaciones intergenéricas implica.  

Además de la referencia teórica puntual para el lector interesado en la investigación social en general o en la perspectiva de género en particular, el estudio constituye un documento conciso para las lectoras y lectores con intereses más inmediatos, representados para los mexicanos en su participación en la pasada jornada electoral.  

En relación con el primer punto de vista la autora detalla, tanto para el avezado cuanto para el que no lo es, las categorías que sustentan su análisis, definiendo términos tales como cultura, revolución, cambio y cambio cultural -al cual dedica un apartado en que distingue tipología y clasificación- y abunda en referencias ampliamente documentadas sin menoscabo de la sencillez de su prosa. Tal cualidad, aunada a la claridad de su exposición, hace del texto una opción atractiva como material de consulta para alumnos y profesores de educación media superior y superior.  

Mujeres, revolución y cambio cultural aparece, aludiendo al segundo punto, en un momento sumamente oportuno en el contexto mexicano, sin ser una casualidad. Al desarrollar a través de los cuatro apartados que forman la obra sus observaciones sobre la correspondencia entre el discurso revolucionario sandinista y los hechos en que se concretó años después, Fernández Poncela da seguimiento a su interés en la estimulación, la participación y los logros de la incursión femenina en la política en diversos contextos.  

No es fortuito que la autora propicie una reflexión crítica sobre el entorno, la posibilidad y condiciones del cambio de las relaciones intergenéricas de cada lector y, acaso más todavía, de cada lectora. Con esa intención da cuenta de la evolución que observó del discurso sandinista durante una década, desde la mera exaltación idealizante hasta la obtención de modificaciones fehacientes en beneficio de las mujeres -promulgación de leyes y creación de institutos de atención específica-, pasando en orden progresivo por el planteamiento de propuestas y la ejecución de acciones políticas propicias, y desde el establecimiento de metas de manera vertical o externa -provenientes de un partido u organización política o desde la perspectiva masculina- hasta su revisión y replanteamiento más participativo y comprometido.  

Pese a la sencillez, que no simplismo de la exposición, es imprescindible considerar cuán complejo es el proceso de cambio descrito por Fernández Poncela. No obstante la conciencia que cada mujer tiene de la necesidad de modificar su presente individual y colectivo, la autora enfatiza la relevancia de los factores psicológico-emocionales, de adaptación y aceptación social, así como de sobrevivencia, con base en la observación minuciosa y en el vasto trabajo de campo realizado con mujeres nicaragüenses de diferentes características económicas, culturales y políticas.  

Respecto de tales factores el estudio concluye que si bien puede existir un conjunto de condiciones favorables en términos materiales y sociales, las mujeres recurren a un estricto "cálculo lógico-intuitivo" de sus acciones, por lo cual optan por la negociación y la resistencia indirecta en vez del enfrentamiento abierto con la parte masculina, sea en el ámbito individual o privado, colectivo o público.  

La táctica elegida no da como resultado transformaciones drásticas en algunas ocasiones mas no por descartarlos de sus objetivos. Si prefiere los cambios sutiles y a largo o mediano plazo, concluye el análisis, es porque prioriza y asegura la esfera de acción sobre la que tiene mayor control con base en el rol social que aprende, primero, y construye a lo largo de su vida: el hogar y los hijos. 

 
 
 
Otra de las conclusiones sobresalientes se refiere a la eficacia de la revolución respecto del cambio en las relaciones de subordinación entre hombres y mujeres. El discurso utilizado y su evolución a hechos palpables durante una década no fue completo, pero sí suficiente como para sensibilizar, difundir y establecer como tema de discusión entre la opinión pública la inaceptabilidad de la subordinación femenina, así como la deslegitimación de las situaciones más apremiantes de violencia, violación, maltrato, aborto, irresponsabilidad paterna y la multiplicación de las facetas en que se desenvuelven las mujeres: el hogar, el trabajo, la comunidad, el grupo de acción política y el campo de batalla.  

A guisa de conclusión personal, lo que Anna M. Fernández Poncela pone a nuestra consideración es un recurso para entender y formarse una idea propia del momento histórico del cual el electorado femenino es testigo y sobre todo actor. Mujeres, revolución y cambio cultural bien podría ser considerado una guía para las votantes que deseamos analizar nuestra situación actual desde el contexto individual y local hasta el de carácter nacional, a fin de evaluar con bases científicas y empíricas nuestras necesidades, así como la factibilidad de las diversas ofertas electorales vigentes. El objetivo no es únicamente contribuir con nuestro voto, sino con nuestra participación activa y la constante evaluación y análisis que hagamos de los logros y metas por plantear, obtener y mejorar. Se trata, en suma, de darnos la oportunidad de cambiar, con todos los riesgos que esto conlleva. 

*Blanca Estela Gayosso Sánchez (ciudad de México, 1976) es pasante de ciencias de la comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue becaria de la Fundación Telmex. En la actualidad trabaja en el Departamento de Comunicación Social del Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo.