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*Luis
de la Peña Martínez
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El trazo negro de la escritura
y la blanca superficie de la página se reúnen en un solo
cuerpo: inauguración del sentido, razón de ser de quien escribe.
O como lo anota Edmond Jabes en El pequeño libro de la subversión
fuera de sospecha:
La alianza del papel con el vocablo —del blanco con el negro— es el acoplamiento de dos subversiones alzadas una contra otra en el corazón mismo de su unión...
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Así, Negro marfil ("alianza de palabras contrarias", como también define Jakobson a la figura ya mencionada), título de este texto poético de Myriam Moscona, que lo mismo puede leerse como un poema largo compuesto por dos partes o como los fragmentos de una experiencia escritural heterogénea y dispersa. Trayectoria verbal que intenta decir lo indecible, como en la poesía mística de San Juan de la Cruz. Mirada interior y, simultáneamente, observación externa que nos hace conocer y ver al mundo (cosmovisión) de otra manera. Todo se funde y se confunde
en ese estado donde los sentidos se encuentran a la deriva:
NEGRO soplando
La oscura luz que enciela en blancos.
melancólicos los tonos son deliberadamente en platas oigo
De derecha a izquierda
Y el comienzo coincide con el (casi) final del texto: las primeras dos páginas reaparecen posteriormente invertidas (de derecha a izquierda y de abajo hacia arriba). Y el poema completo se guarda entre dos páginas negras. Dos ventanas negras para poder ver "El negro en tornasoles". Es la escritura poética como caligrafía (bella escritura), que se realiza en diversas superficies y con distintos materiales plásticos, como un lenguaje secreto que hay que aprender a descifrar. En Negro marfil, las ilustraciones creadas por Myriam Moscona (que a su vez son oscuras iluminaciones) también se leen (de derecha a izquierda), son parte del texto. Es este un libro para mirar y admirar. Los versos se agrupan a veces
en (dos y hasta tres) columnas, lo que marca el ritmo de la lectura:
Tinta escurrida en ida y vuelta la cosa y su contrario en dos rediles
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Rupturas que nos hacen leer los blancos silencios de la página e interpretar lo no dicho o lo sólo sugerido con un giro, con un trazo. Como ocurre en Vísperas, su anterior poemario, Moscona otorga a la poesía un carácter ritual, litúrgico. La escritura se asemeja aquí a la palabra sagrada. Es un "hablar en lenguas" del ojo y la mirada: El ojo vuelva al norte
Sólo el ojo y la conquista
Todos estos recursos hacen de este poema-libro una obra singular. Uno de esos libros que uno quiere ojear y hojear a cada instante, gracias no sólo a su texto sino también a su buen diseño y propuesta editorial.• |
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