REFLEXIONES SOBRE EL DESARROLLO SUSTENTABLE DE LAS CIUDADES PARADIGMAS PARA EL SIGLO XXI
*José Luis Cortés Delgado 
A lo largo del tiempo las ciudades han desempeñado un papel importante en la historia de la humanidad y en la actualidad son piezas clave en el desarrollo del mundo globalizado, tanto en lo económico, como en lo tecnológico, lo financiero, lo comercial, lo político y lo cultural.

A principios de los años sesenta del siglo pasado Lewis Mumford escribió que las polis se convertían rápidamente en la forma universal, que la economía dominante era la metropolitana y que ninguna empresa importante podría subsistir sin una relación estrecha con la ciudad, sin importar si éstas debían llamarse zonas metropolitanas o metrópolis. Ello se debe a que su lugar a escala nacional e internacional está asociado al crecimiento de su capacidad económica.

El futuro del hombre en el siglo XXI está alrededor de los conglomerados urbanos, cuyo mayor desafío es cómo responder a este fenómeno tan trascendente de crecimiento urbano en el futuro, que en parte ya estamos viviendo. El reto del ser humano es cómo va a administrar de manera inteligente los asentamientos urbanos.

A principios del siglo XX había en el mundo 10 ciudades con aproximadamente un millón de habitantes, actualmente hay varios cientos de ciudades con este tamaño. 

La experiencia de los múltiples problemas de administración es muy limitada en las ciudades, ya que éste es un fenómeno de las últimas décadas que requiere de mucha investigación sistematizada. Se observa que se han cometido graves errores en la administración de las mismas, en especial en el manejo de los recursos naturales y en los cuidados del medio ambiente que las rodea. Al respecto, uno de los nuevos retos consiste en cómo salvar los recursos de la naturaleza.

He aquí el desafío de la sustentabilidad: ¿cómo heredar a las futuras generaciones un mundo mejor? En ese sentido la sustentabilidad significa cómo aprovechar de manera óptima los recursos que tenemos a nuestro alcance, pero reponiéndolos y ampliándolos. No se justifica usar un recurso y transformarlo y en ese proceso generar un daño mayor, perdiendo todo recurso disponible con riesgo de su exterminio.

El recurso puede llamarse agua, bosque, aire, energía, flora, fauna, el del espacio, el del territorio, el tiempo, en síntesis, el recurso humano, la naturaleza humana.

Estos recursos nos pertenecen a todos, son recursos de la humanidad y en el grado en que hacemos mal uso de ellos le hacemos daño a la humanidad y, por lo tanto, a las futuras generaciones. 

Hemos pasado de una sociedad frugal a una de consumo, y de una de consumo a otra de desperdicio vamos en un camino equivocado. Después de la Segunda Guerra Mundial la población en general vivió con serias limitaciones, el impacto de haber observado tantos desastres hizo que la gente reflexionara sobre el valor de las cosas; en particular los alimentos y las materias primas. En la actualidad muchas de las sociedades contemporáneas no tienen idea de lo que es perder todo en una guerra y volver a empezar a construir una ciudad, lo difícil que es organizar a la población en el proceso de obtención de bienes y servicios, y es por ello que se le da poco valor a los recursos disponibles. 

Para el siglo XXI la mayor parte de las ciudades estarán integradas a la era de la telemática y la información tecnológica, ¿cómo adoptar los paradigmas de la nueva era tecnológica? ¿Será posible formar parte del estatus de la comercialización y de muchas más innovaciones basadas en estos nuevos paradigmas tecno-económicos, con las formas tradicionales de administración de las ciudades?

Cada zona metropolitana tiene enormes ventajas potenciales en relación con otras muchas ciudades del mundo. Para entender sus perspectivas y no dejarse llevar por escenarios sesgados, nos preguntamos: ¿quién va a pensar en el futuro de las ciudades? 

¿Quién les va a dar un sentido de dirección? ¿Quién va a definir las estrategias? ¿Quién va a poner en marcha las ideas que se propongan? ¿Cuál es el mecanismo o el sistema de gobierno que logrará que las ciudades realmente se desarrollen?

Otro de los aspectos importantes es cómo promover las iniciativas locales para que los principales problemas de la ciudad se puedan manejar, ya que uno de los síndromes actuales es depender demasiado de los gobiernos establecidos. Sin embargo, todas las tendencias de la globalización van en dirección diferente. ¿Qué puede hacer la población al respecto? ¿Cómo se puede organizar mejor para tener mayores satisfactores? Esta es otra de las interrogantes del siglo XXI: ¿cuál será el papel de la población en las ciudades?

¿Cuál es el papel de los arquitectos en la sustentabilidad de las ciudades? ¿Cuál es el rol de los ingenieros? ¿Cuál el de los diferentes profesionales? ¿Cuál el de la sociedad civil?

Los administradores públicos están absortos en el dilema entre la planeación y la operación, aunque de ordinario este segundo aspecto los rebasa y les deja poco tiempo para atender al primero. Asimismo, en muchos casos se habla de grandes proyectos de infraestructura, pues se entiende que ésta hace a una ciudad más sólida, pero se descuida el mantenimiento y funcionamiento de la ya existente.

Los arquitectos e ingenieros diseñamos espacios y sistemas de infraestructura, equipamientos y servicios, pero de manera frecuente nos olvidamos de su durabilidad, del deterioro rápido, de sus altos consumos de energía y del impacto que esto causa a la sociedad en general.

En el marco de la economía global, muchos de los gobiernos de las ciudades no tienen clara cuál es la función en la administración de la ciudad y en la vida nacional. Ello se debe a que sólo administran un fragmento pequeño de la estructura económica, y en este sentido por lo regular hay una contradicción entre el desarrollo económico que se desea y las facilidades normativas existentes en las ciudades para poder ponerlo en marcha.

Hoy en día, y más en el futuro, las ciudades cumplen y cumplirán una función de extraordinaria importancia en la economía nacional, pues son los centros más dinámicos de las innovaciones contemporáneas y se considera que los ajustes estructurales en la economía internacional y su relación con la nación podrían tener efectos radicales en las economías urbanas.

En un orden global tan opaco, la capacidad de los mercados y de las instituciones para adaptarse con velocidad razonable al medio ambiente económico internacional depende de que las ciudades sean flexibles y sustentables. Es preciso entender que aunque las ciudades tienen diferentes orígenes, herencia histórica, recursos, localización, marco político, normas y, por lo tanto, distinto potencial, en su mayoría ya pasaron de ser centros de manufacturas a centros de servicio, centros de cultura y confluencia de sistemas de transporte.

La investigación sobre la ciudad es básica para la toma de decisiones y para poder aprovechar oportunidades que quizá sean únicas. Así se contribuye a lograr la flexibilidad necesaria para las futuras circunstancias. La ciudad debe ofrecer eficiencia con el mayor número de opciones posibles para todos los sectores, en materia de empleo, vivienda, transporte, tierra, instituciones de enseñanza, recreación y cultura.

La organización de la actividad económica ha entrado en una etapa de múltiples transformaciones, que han tenido un efecto diferente en cada una de las ciudades y han alterado la relación con la economía internacional, debido a múltiples factores, como la rápida industrialización del ámbito financiero, dentro de una red de transacciones sumamente amplias.

La combinación de la dispersión espacial y la integración global ha creado una nueva función estratégica para las principales ciudades, las cuales ahora funcionan como centros de control de grandes fuentes de recursos. Además, ha cambiado su estructura económica y social a través de diferentes vertientes, ya que son la sede de las principales organizaciones que guían la economía, y de los poderes políticos, así como lugares clave para el establecimiento de servicios especializados que han remplazado las manufacturas como guía del desarrollo económico, lugares de producción de innovaciones, centros de diversas actividades culturales y lugares de alto consumo de los avances tecnológicos. Todos estos aspectos han influido en la forma de las ciudades y demuestran que un nuevo tipo de ciudad está apareciendo: la ciudad sin fronteras, que trae consigo otro nuevo paradigma: la ciudad invisible.

¿Qué significa la ciudad sin fronteras? La ciudad está en venta a las libres fuerzas del mercado a escala nacional e internacional; acciones de valores de bancos, industrias, comercios, hoteles o bienes inmobiliarios que vuelan como las golondrinas de un lugar a otro.

¿Qué significa la ciudad invisible? La red de la ingeniería financiera en el nivel internacional pareciera una imagen virtual que no podemos ver, que no podemos dibujar, es un fantasma que se mueve en segundos de un país a otro a través de la internet, que toma las decisiones de lo que se hace en las ciudades y que es invisible.

Las ciudades desempeñaron papeles muy diferentes a lo largo de la historia, pero los fenómenos contemporáneos, con cambios drásticos e impresionantes, nos hacen pensar que dichas ciudades, con sus diferencias en cuanto a historia, manifestaciones culturales, características geográficas y economía, experimentan transformaciones similares. En un corto lapso ha cambiado su función en la economía municipal, estatal, federal e internacional, en relación con la posición que ocuparon a lo largo de muchos años.

La dispersión territorial de la actividad económica está creando la necesidad de desconcentrar el poder y la administración de grandes empresas o cadenas comerciales, y transferirlos a otras ciudades y países. Sin embargo, y contrario a lo que podría pensarse, también se está concentrando el capital en muy pocas de esas empresas financieras y comerciales, y no se genera una mayor distribución de los beneficios y de la propiedad. 

En relación con las manifestaciones físico-espaciales de las empresas comerciales, se observa que sus sedes están en diferentes ciudades del mundo; muchos de los diseños arquitectónicos de los edificios que las representan se deciden en lugares muy lejanos a las ciudades en donde se construyen y se repiten de manera indefinida, lo que provoca una alteración de los contextos urbanos y la pérdida de identidad de muchas urbes. Ejemplos representativos de ello son los McDonalds, Woollworth, Walmart, Kentucky Fried Chicken, Holyday Inn, Marriot, etcétera. ¿Qué hacemos ante ello? Mostrar con mayor bravura, con mayor fuerza, nuestra buena arquitectura, y ésta por sí misma y por su calidad, prevalecerá. "Hacer buena arquitectura es hacer ciudad".

Otro efecto físico-espacial en las grandes zonas metropolitanas es la alta densidad de construcción en lugares específicos, entre los que resaltan sobremanera los centros comerciales y de negocios en puntos estratégicos, como nuevos desarrollos en las periferias, que alteran zonas agrícolas e inducen el crecimiento de la mancha urbana, o en centros o sub-centros históricos ya establecidos, donde se modifica la estructura existente y se propicia el desplazamiento de la población hacia áreas más lejanas. Todo este fenómeno provoca que la mayoría de los habitantes viva lejos de su fuente de empleo y tenga que pagar altos costos monetarios para transportarse y altos costos sociales por el tiempo que pierde en sus desplazamientos. Es importante reflexionar sobre el paradigma de la forma que se desea para la ciudad, y la que está resultando por las fuerzas del mercado.

Para entender la estructura físico-espacial del futuro en las ciudades, es necesario comprender que es ahí donde podrán llevarse a cabo ciertos tipos de trabajos muy especializados y que las zonas metropolitanas que tendrán éxito serán aquellas que puedan encontrar de manera rápida su vocación en el nuevo juego de las fuerzas del mercado y de la cultura. En muchas ocasiones el talento y la creatividad en la administración de dichas zonas metropolitanas pueden ayudar a elevar sus posibilidades de convertirse en puntos de atracción.

Conocer el nuevo orden urbano y la composición de la estructura social debería ser más importante para la administración de la ciudad que la administración misma de las infraestructuras, los equipamientos y los servicios; es decir, la incorporación de la población y de las diferentes organizaciones y empresas en el proceso de administración de la ciudad es de suma relevancia. Los administradores cada vez saben menos de lo que ocurre dentro de los edificios, de la ciudad oculta, manejada por la telemática y los medios de comunicación contemporáneos del mundo globalizado. En muchas ocasiones hay pequeños espacios que pueden tener un valor estratégico mucho mayor del que puede imaginarse.

Son lugares donde se toman decisiones trascendentales en la vida de la ciudad, y si abrimos una zanja para arreglar tubería o un sistema eléctrico puede provocar una caída del sistema de cómputo y traer graves consecuencias.

Llegar a captar la estructura de una ciudad requiere que se tome en cuenta que es el lugar donde ciertos tipos de trabajos se pueden realizar. Esto va mucho más allá de la dicotomía entre manufacturas y servicios. Además de tener servicios muy especializados que necesitan las grandes organizaciones para coordinar y administrar múltiples negocios dispersos en el país o en el extranjero, también ahí se da la mayoría de las innovaciones creativas en los campos de la ciencia, la tecnología, el comercio, las finanzas, la política y la cultura, y ahí se concentran los grandes mercados de consumo.

Otro punto clave de las metrópolis es entender su capacidad para competir con otras ciudades en el control de diversas actividades comerciales, financieras, económicas y culturales. En este sentido es importante reconocer el poder de las grandes organizaciones privadas nacionales e internacionales sobre los gobiernos de las ciudades y el desarrollo económico. También se debe analizar hasta qué punto el Estado puede contribuir a definir el rumbo del crecimiento económico y a capitalizar el potencial existente en cada ciudad, para ayudar a conformar el perfil físico-espacial requerido para responder a las necesidades de sus habitantes en un futuro próximo. Debe estudiarse cómo administrar la ciudad con una visión estratégica que permita consolidar la estructura existente y evitar inversiones efímeras, que genere confianza en la población y en las organizaciones privadas y públicas para colaborar en el diseño de una mejor ciudad y cómo establecer normas e incentivos adecuados para el desarrollo social y económico, con la finalidad de competir con otras ciudades en diferentes mercados.

En el mundo actual la ciudad que no es competitiva perderá posibilidades de desarrollo. La competitividad se da en función del perfil de la propia ciudad y sus habitantes, y esa competitividad se dará no únicamente por proporcionar las mismas facilidades de otras miles de ciudades, sino por su riqueza físico-espacial y la calidad de vida que ahí se ofrezca.

Los gobiernos de las ciudades se enfrentan a la necesidad de contar con una administración mucho más compleja, acorde con los avances tecnológicos que requieren mayor calidad en la información y el control de la misma. Por otra parte, tienen el problema de seleccionar y financiar asesorías nacionales e internacionales en campos muy especializados que desconocen, lo que hace más difícil la administración.

Los gobiernos deben poner gran énfasis en ayudar a las pequeñas industrias y a los comercios menores a desarrollarse, pues ahí es donde se generan la mayoría de las innovaciones; junto con el sector informal de la economía, dichas áreas merecen especial atención, ya que su impacto económico, social, político y físico-espacial en las ciudades es muy grande. Asimismo, la multiplicidad de los mercados que se han incorporado al sistema global de la economía ocasiona que muchos de los negocios estén fuera del control de las grandes organizaciones financieras que dominan a nivel internacional, aunque es cierto que existen por la transnacionalización de la economía y la proliferación de bancos e instituciones financieras de diversa índole.

Los efectos de la economía han originado una nueva estructura en el sistema de las ciudades a escala nacional, y en dicha estructura hay algunas que desempeñan un papel muy relevante y otras cuya participación en el desarrollo económico ha disminuido. El reto consiste en cómo incrementar la calidad de vida en aquellas urbes que no tienen recursos para su administración pública, porque no tienen presencia en el desarrollo económico y están estancadas.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
   
Es importante prepararse para enfrentar los desafíos de la siguiente era tecnológica.

Nuestra reflexión profunda está en relación con el modelo filosófico al que aspiramos acorde a nuestro estilo de vida, y del cual resulta el modelo de arquitectura y ciudad que deseamos. 

La sociedad es sensible a lo que ve, a lo que oye, a lo que huele, a lo que siente y actúa en consecuencia. 

Lo que requerimos actualmente es ser sensibles al sentido común y actuar de acuerdo con nuestras circunstancias, sin copiar modelos que sentimos que estén equivocados, para lograr la calidad de vida que deseamos, reforzar nuestra autoestima y ofrecer con creatividad al mundo nuestro talento; ciudades competitivas con arquitectura que permita una alta calidad de vida.

Se requiere de un enfoque holístico con definición de rumbo acompañado de objetivos, acciones, políticas, estrategias y metas que permitan la sustentabilidad en el manejo del espacio, y que además de fomentar la cultura del proyecto ayudemos a consolidar el Proyecto de la Cultura, cultura sustentable en lo arquitectónico, en lo urbano, en lo social, en lo económico y en lo humano en general. 

*José Luis Cortés Delgado es profesor-investigador de la carrera de planeación territorial, adscrito a la División de Ciencias y Artes para el Diseño de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco. Es maestro por la Universidad de Copenhage, así como del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Es vicepresidente de la Unión Internacional de Arquitectos (2002-2005) para el continente americano. Es codirector de la colección y acervo del Corpus Urbanístico de México.