Noruega viene a México 
*Isabel Cárdenas Cortés 
Noruega viajó a México a través del cine y de la mirada de diferentes realizadoras noruegas. Del 30 de octubre al 9 de noviembre del 2003 se proyectó en la Sala José Revueltas un ciclo formado por nueve largometrajes, diez cortometrajes de ficción de la última mitad del siglo pasado y la primera película del cine silente noruego, La bendición de la tierra (Markens Grode, 1921). Fue una rica muestra organizada por la Filmoteca de la unam y el Instituto Noruego de Cine.

Noruega es un país muy "pequeño", cuya población es de cuatro millones de habitantes. La región nórdica conformada por Suecia, Dinamarca, Finlandia y Noruega, cuenta aproximadamente con treinta millones de habitantes. Con frecuencia se habla de la región nórdica como un todo, como un organismo, y aunque las diferencias son bastante marcadas, existe una cooperación cultural importante entre los países escandinavos.

Noruega tiene un sistema social democrático, en el que la cultura tiene un papel fundamental y por ende el cine. Produce alrededor de 18 películas por año. La vida cultural llega a todos los rincones del país, incluso a los más aislados. La gente que vive en lugares remotos también tiene acceso a todos los servicios. Es tan importante que los noruegos puedan acceder a cualquier nivel de la cultura que han desarrollado un sistema de exhibidores móviles de cine, teatro y música, para los poblados pequeños que no cuentan con un teatro o un cine. 

Los cines municipales no exhiben sólo las películas provenientes de Hollywood, como ocurre en muchos países europeos y de otros continentes, ya que el cine regional tiene igual o más impacto que el norteamericano. "Tarantino es un director muy popular en Noruega, pero este año fue derrotado por un filme noruego... Cada semana hay una película noruega en cartelera... No puedes ir a una fiesta sin haber visto la última película del país porque no tendrás de qué hablar...", le comentó un joven de 24 años a Vigdis Lian, presidenta del Instituto Noruego de Cine. 

En las naciones nórdicas la producción cinematográfica está fuertemente subsidiada por el gobierno. Este es un modelo muy común en toda Europa. Es una forma de promover la cultura y el lenguaje propios. El dinero viene de un fondo fílmico noruego y la decisión de qué proyectos producir la toma el Instituto Noruego de Cine a través de un consejo de selección formado por tres comisionados.

Escogimos estas películas porque la mayoría de las realizadoras de los filmes siguen dirigiendo y son muy buenas narradoras de historias. Creí que era importante que las vieran en México, porque normalmente no se ven las obras de estas mujeres. La directora más conocida es Anja Breien, quien todavía el año pasado, a sus noventa y tres años, hizo alguna película; es una viajera. Anja hizo todo tipo de filmes, buenos, malos y mediocres, pero nunca dejó de dirigir...
Mientras hacíamos la selección discutimos sobre la posibilidad de escoger otras películas, pero eran más bien filmes de mujeres que sólo son para mujeres... Entonces reflexioné: esto no siempre es así, las mujeres no somos tan diferentes de los hombres. Tal vez somos diferentes por el género y en la forma de pensar, pero podemos hacer películas que no hablen sólo de nuestro universo. Sé que muchas mujeres quieren contar historias diferentes. Al ver las películas de esta muestra no sabemos si fueron hechas por hombres o mujeres; podría decirse que interesan a todos y que tratan todo tipo de temas. (Vigdis Lian)


El cine, punto de encuentro 
entre Noruega y México

Desde los años setenta emergió el cine noruego de la sombra que le hacían sus vecinos del norte. Fenómeno tan maravilloso y bienvenido como el sol de media noche; y tal vez esperado desde hacía mucho tiempo en un país que puede estar orgulloso de ser la cuna de creadores como Ibsen, Munch, Grieg y Hamsun. En Noruega ha existido una industria cinematográfica (aunque modesta) desde la época del cine silente, con actores tan carismáticos como Alfred Maurstad, y directores de la talla de Tancred Ibsen, Arne Skouen y Edith Carlmar, quienes continuaron haciendo películas contra viento y marea a lo largo de los años. Hasta la década de los setenta los cineastas noruegos habían mantenido sus tesoros cinematográficos en su territorio. 

La bendición de la tierra (Markens Grode, 1921), primera película del cine silente noruego, basada en la novela de Knut Hamsun, abrió el ciclo proyectado en la Sala José Revueltas el 30 de octubre de 2003; acompañada de la música original de Leif Halvorsen, interpretada al piano por Deborah Silberer. Vigdis Lian, presidenta del Instituto Noruego de Cine, presentó la película. Fue el principio de un maravilloso viaje a través de Noruega, sus lagos, bosques, ciudades y campo. Durante nueve días se proyectaron películas de casi todos los géneros y de varias épocas. 

El segundo día del ciclo se exhibió el trabajo de la primera directora mujer de Noruega. La muerte es una caricia (Doden Er Et Kjaertegn, 1949), de Edith Carlmar, fue un gran éxito cuando se estrenó, tal vez por su temática. El filme presenta la historia de una mujer agresiva y sensual, con un final fatal. Edith Carlmar declaró alguna vez que nunca fue feminista, que sólo quería hacer lo que hacía mejor: contar historias. Carlmar, quien dirigió la primera película en la que actuó Liv Ullman, murió este año. Hizo también algunos cortometrajes y participó como actriz. 

El siguiente platillo fue el más sabroso: Esposas (Hustruer, 1975), una divertida comedia de tres amigas que se reencuentran, después de años de no verse, en una reunión escolar y deciden huir de sus casas y sus obligaciones de esposas por un día. "Anja Breien, directora de Esposas, se formó en París. Es la única directora del boom de los setentas que sigue activa. Se dijo: Si Cassavets puede hacer Maridos, yo puedo hacer Esposas", señaló Vigdis Lian.

El cuarto día se proyectó La pequeña Ida (Liten Ida, 1981), de Laila Mikkelsen. Liten Ida cuenta la historia de una niña que sin entender muy bien lo que sucede a su alrededor es testigo de la traición de su madre. Ésta trabaja para los alemanes durante la segunda guerra mundial y tiene una relación con un oficial del servicio secreto alemán. La pequeña Ida vive los problemas que implica tener una madre que es amigable con el enemigo, sin tener la edad suficiente para poder enfrentarlos.

Después vino La traición (Loperjenten, 1981), de Vibeke Lokkerberg. Un filme realista de la época de la posguerra en Noruega, visto a través de una niña que presencia la desintegración de su familia, de su barrio y de su país. Lokkerberg ya no está trabajando en la producción cinematográfica. "Sin embargo es una excelente narradora de historias; hizo magníficas películas, aunque se le consideraba una directora difícil, por lo que cada vez le costaba más trabajo conseguir dinero para sus películas... Es una persona muy tenaz, y, al igual que Unni Straume, viene del teatro...", dice Vigdis Lian.

"Un sueño (Dromspel, 1994), de Unni Straume, tal vez sea el más hermoso de este ciclo...", señaló Vigdis Lian. Dromspel, obra del dramaturgo August Strindberg, es un clásico del teatro moderno europeo desde su primera puesta en escena en 1902. En esta adaptación para la pantalla el imaginario del sueño ha sido capturado en un poderoso diálogo poético. Un sueño es una película que plantea entre líneas muchos de los dilemas de la existencia humana. La narración tiene muchos paralelismos con la vida de Cristo, pero en este caso es la hija del dios hindú Indra quien visita la tierra para observar a la humanidad y discernir si las quejas y el dolor del hombre tienen un origen verdadero.

Frida con el corazón en la mano (Frida Med Hjerte I Haden, 1991), de la realizadora Berit Nesheim, es un filme entretenido que aparenta ser para niños, pero es para todo público. "Esta película tuvo una audiencia masiva en Noruega y no se trata de Frida Khalo, sino de un personaje que está leyendo...", añadió Vigdis Lian.

A Frida le siguió ¡Que viene la cigüeña! (Over Stork Og Stein, 1994), de Eva Isaksen. Es la historia absurda y desesperada de una pareja que quiere tener un hijo por cualquier medio y no puede. Termina convirtiéndose en una especie de comedia de enredos, encuentros y desencuentros inverosímiles pero muy cómicos. 
 

Eva Isaksen —dice Vigdis Lian— ha realizado muchas buenas películas, pero una vez falló, cosa que les sucede a todos los directores, hasta a los maestros. Me dijo en alguna ocasión que si no hubiera sido porque le ofrecieron trabajo en la televisión, hubiera sido muy difícil para ella mantenerse a flote... Para las mujeres, en Noruega, es más duro; si una de tus películas falla, regresar y volver a conseguir financiamiento para filmar es más difícil que para los hombres. 


La penúltima proyección fue la del thriller policiaco Ángeles sangrientos (Hotten- Marerttet Har Et Postummer, 1998), de Karin Juslrud. La película cuenta la historia del terrible asesinato de una adolescente con síndrome de Down. Este hecho tiene como consecuencia que un pueblo entero tome la justicia en sus manos y forme una cofradía secreta de "ángeles" vengadores. Un investigador es enviado desde Oslo a resolver el crimen, pero en el camino se da cuenta de que todos y cada uno de los habitantes del pueblo, hasta el cura, están implicados y que los asesinatos que se sucedieron tal vez constituyeron la mejor manera de castigar a los culpables... "Escogí Ángeles sangrientos para demostrar que las mujeres pueden hacer, y con muy buenos resultados, todo tipo de historias, y no sólo películas para niños y documentales...", asegura Lian.

Para terminar el ciclo se proyectó de nuevo en México el cuarto largometraje dirigido por Liv Ullman: Infiel (Trolösa, 2000). En Trolösa la infidelidad adquiere un nuevo significado. Ullman trasciende cualquier lugar común hasta llegar a un sutil reclamo abierto. Dice la directora: "Hemos descuidado la relación en pareja; tanto que la dejamos morir en el olvido. Hemos descuidado lo que más debiera importarnos, la amistad esencial tras cualquier escarceo amoroso..." 

En febrero del 2001 le hicieron un homenaje a la actriz y directora noruega en la Cineteca Nacional. Trolösa, basada en una historia real, tiene el sello de Bergman, quien escribió el guión. El filme está cargado de sentimientos, expresados a través de numerosos planos de detalle en los que percibimos el dolor reflejado en los rostros de los personajes. El sonido es directo la mayoría del tiempo, sin efectos de ningún tipo que nos alejen de la humanidad de los protagonistas. Sólo ocasionalmente se escucha el sonido de la lluvia. El espectador ve y se siente la grandeza del mar, la melancolía de París y la nostalgia que nos transmite la melodía de una caja de música. Los monólogos de Marianne, lejos de cansarnos, nos introducen cada vez más en su historia y, por medio de sus palabras, casi podemos recrearla.

Este ciclo de cine noruego hecho por mujeres fue pródigo en emociones, risas, llanto, horror y dolor. También disfrutamos un poco de cine clásico y la historia de un país que aunque nos parezca lejano se asemeja al nuestro en muchos aspectos, sobre todo en lo que se refieren al ser humano y a su forma de actuar, a veces mezquina, otras piadosa y amorosa. Vimos representados un amplio espectro de personajes femeninos: algunos nos proponen visiones simpáticas, otros, críticas. Personajes que se alejan de los que estamos acostumbrados y que son los que quisiéramos ver más en las pantallas. "La mayoría de los directores varones —no todos— de Noruega presentan a la mujer en sus películas como personajes extremadamente estereotipados, como clichés...", afirma Lian. 

 
 
 
 
 
 
 
 
   
Hacer películas es una lucha constante para las mujeres, añade:
Las mujeres realizadoras en Noruega tienen que luchar más que los hombres en la industria cinematográfica. Las cineastas noruegas debe enfrentarse al prejuicio de que las películas realizadas por mujeres pertenecen a un nicho, en el que sólo se habla de temas muy femeninos con un enfoque intimista. Mi teoría es que el género está en nuestras cabezas; depende de cómo vemos las cosas y las aceptamos. Esto es un reto. Muy a menudo las mujeres se sienten atrapadas entre la espada y la pared...


Este ciclo abrió el apetito de los cinéfilos mexicanos. Es de desear que conozcamos periódicamente más el cine de los países escandinavos, en especial el de las cineastas que —como en México— tienen que sortear muchos obstáculos para lograr realizar sus proyectos.• 

*Isabel Cárdenas Cortés estudió ciencias de la comunicación en la Universidad Iberoamericana y el curso de cine y video científico de la Universidad de San Antonio de los Baños, Cuba. Se ha especializado en la realización de documentales y en la crítica cinematográfica. Desde que tiene uso de memoria ha sido cinéfila empedernida, por lo que pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia en las salas cinematográficas. 
 Por un lamentable error, en el número anterior equivocamos el segundo apellido de Isabel Cárdenas Cortés. Hoy lo subsanamos, pidiendo una disculpa a nuestra colaboradora.