El mestizaje permanente
*Miriam Mabel Martínez 
Iberoamérica mestiza es la primera exposición temporal que se presenta en el renovado Museo Nacional de Historia (MNH, después de una larga reestructuración: los resultados son un espacio que ofrece una visión sin tantos adjetivos sobre la historia de México, un relato que presenta los hechos e invita al espectador a reflexionar sobre los procesos históricos que han forjado la identidad de nuestro país. En este contexto, esta exposición es una ventana y una oportunidad para repensar la idea de mestizaje.

La curaduría de este proyecto, encabezado por el doctor Miguel León-Portilla, estuvo a cargo de Víctor M. Mínguez y la doctora Elisa García-Barragán. Esta exhibición reúne 138 piezas provenientes de distintos museos de México, Perú, España, Bolivia, Chile, Ecuador, Puerto Rico, Argentina y Colombia. El Castillo de Chapultepec es la última sede de esta muestra itinerante, que durante 2003 se presentó en la Sala de Exposiciones de la Fundación Santillana en Cantabria y en el Centro Cultural de la Villa de Madrid.

A través de la exhibición de objetos de ambos mundos: Europa y América, se pretende demostrar que si bien la colonización (aunque en el nuevo discurso de la colección permanente del mnh excluyen la palabra colonia y sus derivados, supongo que con la intención de reivindicar la visión de los vencidos, y la sustituyen por virreinato o simplemente Nueva España) implica una lucha, ya que la confrontación de cosmovisiones y las formas distintas de entender y abordar la realidad buscan imponer una verdad; si bien este encuentro puede ser devastador (como lo es hasta la fecha), existe un intercambio mutuo, en la que nadie se salva del mestizaje: resultado de esta colonización, conquista y migración.

Siempre (nos guste o no) habrá un vencedor y un vencido, y cada uno tendrá su versión. Sin embargo, más allá de la imposición de un orden social y de ciertas formas, es inevitable la fusión de ambas culturas, es la única posibilidad de comunicarse, así se asimilan y crean un híbrido. Pero esta confrontación-asimilación nunca acaba, es constante aunque no nos percatemos de ello. El mestizaje es un proceso continuo que produce nuevas expresiones artísticas y nos recuerda que no existe un sentido único ni último de verdad.

Iberoamérica mestiza ofrece el testimonio mestizo de ambos mundos, sus diferencias y coincidencias. La transformación en el entendimiento de distintos órdenes después de la asimilación del otro. Los que llegaron, los habitantes de la península ibérica, ya eran mestizos: provenían de iberos, celtas, griegos, fenicios y cartagineses. Los romanos dominaron dicho territorio, luego llegaron algunos grupos germánicos y después durante siglos se impuso la cultura islámica, además de la presencia de grupos gitanos, africanos y judíos. Ellos ya eran mestizos desde antes de llegar al Nuevo Mundo, donde se toparon con dos grandes focos civilizadores: Mesoamérica y el imperio inca. Entonces empezó el largo proceso de acercamientos y confrontaciones. No se pude negar la violencia, como tampoco se puede negar la asimilación ni los productos y efectos del mestizaje. A partir de 1492 nadie fue el mismo de antes. 

A lo largo de la exposición se presentan distintos objetos y piezas que dialogan entre sí, con la intención de que el espectador descubra que no sólo hubo asimilación por parte de las culturas americanas, sino que sucedió lo mismo en Europa. La integración y la transformación fueron mutuas. Ambas partes escribieron crónicas: ambos deseaban conservar en la memoria los hechos. Las lenguas de los conquistadores se vieron enriquecidas por vocablos de los pueblos indígenas (tabaco, tiburón, aguacate, caco, tiza, coyote, puma...), simplemente porque desconocían el significante. Los libros y los códices se modificaron, porque la forma de narrar y lo visto los obligó a integrarlo.

El intercambio se dio en distintos rubros, expuestos en esta muestra, como en el urbanismo y en la cartografía: después del encuentro, se reedificaron ciudades siguiendo modelos híbridos como Cuzco y la ciudad de México; también sobresalen los mapas en los que los europeos representan elementos de las culturas indígenas. La cartografía hispano-indígena es resultado de dos formas de concebir el espacio.

Asimismo, en esta exposición se podrán encontrar referentes de asimilación religiosa, del sincretismo y de la mano indígena en la decoración y construcción de los edificios religiosos. Este mestizaje también es visible en la pintura, escultura, platería, cerámica y otras artes aplicadas, por ejemplo el surgimiento de la talavera poblana. Por otra parte, no se pueden olvidar los intercambios de flora y fauna que cambiaron los hábitos alimenticios. Como las papas, los jitomates y el cacao ya completamente integrados en el resto del mundo, o la llegada del trigo y el arroz. El pavo emigró a Europa, como en América se introdujo la ganadería. Surgió una tradición culinaria mestiza (mole poblano y tortilla de patatas). Y también se asimilaron conocimientos científicos y tecnológicos de ambas partes.

 
 
 
 
   
Aquel mestizaje iniciado después de 1492 no ha acabado. Ahora existen otras formas y otros territorios, como los mexicanos que marchan a Estados Unidos. Vivimos la era de las migraciones: hombres y mujeres que cruzan fronteras, que se reinventan en otro lugar asimilan lo ajeno, lo hacen propio, añoran su universo, conservan sus tradiciones y se transforman en un proceso creativo infinito. 

Esta muestra es una invitación a repensar el concepto de mestizaje, a repensar nuestra identidad mestiza, sobre todo es un buen pretexto para recorrer el Museo Nacional de Historia en su nueva época. 

*Miriam Mabel Martínez ha sido becaria en dos ocasiones del Centro Mexicano de Escritores. Recientemente lo fue del Fonca en la categoría de Jóvenes Creadores, en el género de cuento. Está por aparecer su primera novela.