Agua 
*Rodolfo Bucio
Carabela

I

Tu risa
media luna
cuelga
de mi bolsillo.

Tu sexo
carabela
naufraga
entre mis dedos.

II

La carabela es el viaje, por los pliegues de tus manos. Es hundir los labios en la mar salada y desde ahí contemplar la comba de las velas anchas: tu velamen de peces ambarinos, tu risa vertical que nunca (en)calla, tu rizo tropical que me acompaña. 


Puerto

Tu puerta de los placeres
ha anidado en mi camisa
y este botón que aluniza
es un menguante de risa.

Hay un vigía que no avisa
de los sargazos del puerto
hay un lágrima en celo
que nunca se volatiza.

Escalera al cielo

Esta escalera de pasos
de sueños que nunca cierran;
este silencio que ahora
va dejando un rastro de arena.

Este viaje de botella
por dentro de tu escalera;
esta mar con sus beduinos
(tu velamen, barco, carabela)
que anida suave y ajena.

Es tu cuerpo la escalera
del laberinto que encierra
mis manos que a ciegas hablan
para armar este dilema. 
 


Luna llena





La Luna llena es el registro de tu ausencia
fecha exacta que cercena lenta;
umbral del tiempo-infierno
mapa de mi nueva soledad.
Para ti es sólo la Luna.
Para mí es una llaga en el alma.
 
 

Desierto interno

Nudo de lágrimas
perdida en esas llagas del desierto
te extraño en cada respiración.
Esta cruel separación dura y dura.
No me reconozco en los espejos
porque tus ojos se ausentan de los míos.
Caminamos dormidos, sordos, sin hambre
añorando nuestras ventanas, nuestra Luna.
El olor del abismo
nos mantendrá siempre juntos. 
 


Tarde lluviosa

Volver a casa
y sólo encontrar
el eco de tus pasos en la escalera.
Mirar la ventana
que comunica
al crucigrama (sin resolver) de tu ausencia.
Hallarme desarmado
sin paraguas que me resguarde
de las lágrimas que anegan mi corazón.
 
 

Entropía

La soledad cae a pedazos.
Me deja atónito. Me obliga a preguntar:
¿dónde encontrar la cartografía de tu corazón?,
¿dónde el desorden de tu nombre?
 
 

Puntos

Suspensivos contra el cielo,
las nubes.
¿Son tus ojos,
tu risa,
o sólo una paradoja? 

 
 
 
 
 
 
   
 

Tú eres

El canto del agua, la hoja del aire.
El agua que mira los ojos, la ola en las hojas. 
Las hojas del aire, los ojos del agua. Nada.
La lluvia que mira los ojos, las hojas que silban, el aire que danza. 
Mis ojos que andan, las hojas que nadan, el silbo 
que pasa. 
El aire que asciende, el agua que cansa, las olas 
que danzan. Y nada.
Los pasos del agua, la mira del aire, el ojo que pasa.
El ojo en las hojas, el aire en el agua, el agua que lava.
La ola que baja, el silbo del agua. Nada.
El silbo que sube a los ojos, la ola que sabe.
La hoja que ola, el ojo que agua.
El ojo en la ola, el agua que hoja, el aire que agua. 
Y nada. 

*Rodolfo Bucio (ciudad de México, 1955) estudió filosofía en la UNAM. Fue becario INBA-Fonapas (1982-83) y del Centro Mexicano de Escritores (1985-86) en narrativa. Ha publicado los libros de cuentos: Las últimas aventuras de Platón, Diógenes y Freud (sep, 1982) y Escalera al cielo (Cuadernos de Estraza, 1982), y el de prosa poética Geoda (UAM Xochimilco, 2000).