Huesos en el desierto de Sergio González Rodríguez
 
*Manuel Guillén
La trama del mundo radica en la penumbra. Al igual que el narrador neoyorquino Don DeLillo, maestro de ello,1 Sergio González Rodríguez establece el fundamento conspirativista como núcleo hermenéutico de una realidad que no se deja ver; elusiva y espectral, sus fenómenos no serán comprendidos a menos que nos deslicemos debajo de la apariencia de las cosas y los sucesos.

Como en la geometría fractal, no se verá la configuración del todo y su equimorfismo con las partes sino hasta que las iteraciones sean lo suficientemente numerosas para arrojarnos de súbito la estructura completa de la ecuación.

De manera similar a una novela neonoir de James Ellroy o a una magistral historia de paranoia posmodernista de Don DeLillo, Huesos en el desierto presenta la filigrana perversa de la conspiración; el otro lado del mundo, la dimensión paralela en la que todo sucumbe a su torbellino de crueldad, impunidad y eficacia: el ejercicio del poder en su máxima expresión.

Con una diferencia: la obra del mexicano no es ficticia, sino real. Una especie de novela de no ficción del México de verdad: magnánimo con la criminalidad, desbocado en su proceso anticivilizatorio, atado y orgulloso de su barbarie, carente de Estado de derecho y del más mínimo respeto por la vida humana, atroz al fin. Un pedazo de Sierra Leona en Norteamérica.

El libro de González Rodríguez es deslumbrante, valiente y preciso. Hay en él una especial capacidad para transmitir, hacer sentir en la piel y en la retina, esa cualidad anómala del ambiente juarense; la peligrosidad extrema, la volatilidad terrenal, la nitidez de la conjura. Por igual, a pesar de insistir una y otra vez en el cariz de género ("crímenes misóginos", los llama el periodista) del torrente asesino fronterizo, jamás llega a una postura panfletaria feministoide. Por el contrario, dicho dato es tomado en su acepción más fría y científica "es decir, la más importante y relevante": como parte de un entorno psicosocial que amortigua el impacto público y aun la comisión de otros crímenes paralelos a los acotados por la investigación del escritor. No obstante, como establece la obra, más importante e imperioso que este dato clínico y estadístico, es sacar a luz la conspiración, desentrañar al monstruo de mil cabezas, liberarnos del dragón, hacerla de San Jorge.

Entonces, el carrusel de los acontecimientos, la paciencia de la mirada penetrante y la vocación temeraria arrojan sus tesis centrales. 

El sistema general de interacciones que configuran los asesinatos de Juárez refleja una trama compleja, intencionada y planeada. No será sorprendente descubrir en el futuro que todo aquello que parecía lo más inverosímil, extravagante y fantasioso, sea lo verdadero. La conspiración expande su velada fenomenología en esta ya casi década de muertes fronterizas. Todas aquellas especulaciones que suenan novelescas o cinematográficas tienen su oportunidad aquí y ahora; la probabilidad de que sean ciertas es, lo verifiquemos o no, infinitamente más alta que su contraria. 

Boyante industria del snuff film (niñerías para Robert K. Ressler); placeres macabros de top-juniors mexicanos; orgías frenéticas orquestadas por narcotraficantes tras las que se desecha a las mujeres obligadas a participar en ellas; involucramiento, participación activa y pasiva de la policía local, y un largo etcétera. La acracia de los implicados como reflejo de la afacia de la justicia y la ley en estas tierras yermas.

El diagnóstico del investigador evidencia las coordenadas de un submundo vivo y rutilante; aquél donde los paradigmas del México negro se erigen como las verdaderas pautas de acción y emoción, es decir, como estilos de vida.

Ofreciendo nombres y apellidos, utilizando la probabilidad justificada y extrayendo conclusiones audaces pero a todas luces válidas, el libro se torna tesis criminalística, utensilio indispensable y motivo para matar, todo junto. 

En efecto, cuando la crónica (recuento de hechos) se vuelve ensayo (propuesta de hipótesis), y éste conjetura (tesis), tenemos la inteligencia periodística al servicio de la investigación policiaca. Entonces, mal harían los encargados serios de ello (nacionales o internacionales) en pasar por alto la especulación documentada del analista público. 

Finalmente, como para no salir de la espiral de lo oculto y lo fatídico, la propuesta se valida de un modo anómalo: el autor ha recibido diferentes atentados y numerosas amenazas de muerte; nada más para que no olvidemos nuestro destacado lugar mundial de alta mortandad periodística.

Hacia el final de la lectura, cuando el receptor guiado por la mano diestra del escritor ha juntado las piezas, la verdad posible que se revela es espantosa. Como en el grito neurótico de un personaje de la irónica película de meta-cine, Scream (Craven, 1997), descubrimos que todos son sospechosos. Que en un orden posible de los acontecimientos tendríamos el siguiente sistema de relaciones viciosas: 

El político Z ha decidido negociar (como muchos otros de su especie), digamos paz pública, con la mafia X. Para probar la buena voluntad del pacto, X invita a Z a una fiestecita. En ella, o bien Z goza de una adolescente puesta ahí para ello, o bien presencia una snuff movie de una violación y asesinato (manufacturada por X, se entiende), o bien observa dicho acto allí mismo, en vivo. ¿Cómo podría nunca este hombre de mando denunciar ello? Su nombre ha quedado soldado con el de la mafia. Y un detalle más: multiplíquese esta ecuación por un enorme número de mandos altos y medios de la justicia, la ley y el gobierno, lo mismo local que estatal y federal. 

 
 
 
 
 
 
   
Por desgracia "y esto es algo que los habitantes de esta nación sabemos de antiguo", después de la adrenalina viene la desesperanza. La certeza de que el crimen quedará impune. De que el horror se convertirá en cotidianeidad, la ciencia en enemiga, el análisis independiente en afrenta, la política en conjura, la mafia en política, y la mentira en verdad. 

Sabremos entonces "como siempre lo hemos hecho, como lo venimos haciendo durante siglos" que este país podrido no es ya esa zona crepuscular que menciona Ressler y retoma con acierto Sergio, sino algo aún más allá: la última puerta del Purgatorio, la antesala del Infierno.

Sergio González Rodríguez, Huesos en el desierto, Barcelona, Anagrama, 2002, 334 pp.

*Manuel Guillén (ciudad de México, 1972) estudió la licenciatura en filosofía en la UNAM. Fue becario del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la misma casa de estudios. Ha sido profesor de lógica y reseñista literario. En la actualidad se dedica a la investigación y desarrollo de sistemas organizacionales.

Nota

 1 Por ejemplo, en un momento revelador de la novela Fascinación (en realidad Running Dog, Circe, 1997, traducción de Gian Castelli), quintaesencial pieza de su literatura virtuosamente paranoica y conspirativista, uno de los personajes centrales, el agente Selvy, comprende de manera diáfana las coordenadas de la conspiración que lo avasalla: 

"Comenzaba a resultar evidente. Empezaba a comprender qué significaba todo. Todas aquellas pruebas. Los polígrafos. El riguroso adiestramiento físico. La semi-clandestinidad. Todas aquellas semanas en Mines. Electrónica. Desciframiento de claves. Monedas extranjeras. Armas. Supervivencia.

"Todas aquellas sesiones paramilitares. Las pequeñas dosis de geopolítica. La psicología del terrorismo. Los fundamentos contrarrevolucionarios.

"Lo que significaban. El absoluto secreto. Las lecturas. La rutina. La doble vida. Sus normas privadas. Sus pistolas. Su observancia de la cautela. El modo en que trabaja la mente. La reducción de opciones. Lo que es uno. Finalmente, estaba claro. Todo su sentido. Todo.

"Todo aquel tiempo, había estado preparándose para morir" (p. 230).

Al mismo tiempo, el lector se ha percatado ya de manera inequívoca de la lógica funcional de la trama conspiratoria; la claridad de lo equívoco, la verdad de las mentiras, la contundencia de lo ambiguo, la pesadez de lo etéreo, la volatilidad de las certezas obvias, nada es obvio, excepto lo más sorprendente:

"Selvy viajó por Norteamérica, y luego por Europa y algunas zonas de Asia. Reunió información sobre los competidores de Matriz Radial. Pagó comisiones secretas a agentes de gobiernos extranjeros. Organizó la desaparición de un agregado comercial que pasaba sus vacaciones en Grecia. Financió un atentado terrorista con explosivos que destruyó una planta de fabricación de maquinaria. Gastos comerciales legítimos.

"Todo ello verificable. Nada de ello cierto" (p. 196).