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I
Ora mis pasos lanzan
espuelas de sentido,
¿cuántas veces me vi
en otros ojos,
en la ceguera tibia de movimientos turbios,
en rincones de sueño en que se hunde
la oración más nómada?
¿cuántos vocablos hablaré
para decir "te amo,
también soy nube
que regresó a la carne"?
II
En el cielo encontraba
señales de ese rumbo.
Cantó la sed,
la voz en el desierto,
espiga de la tarde
en su racimo de ilusión,
cuánto descubre lo que hay dentro,
hallar el hueco,
la fosa y el sepulcro
del corazón más muerto.
III
Apenas lloverá.
La belleza viajó mientras dormía.
Apenas lloverá
nuestra tarde de rosas,
no hay punto de partida.
El cielo es nuestro rostro
que vigila.
IV
Quiero decir a media calle
que todo es una farsa de conjuros,
que debemos hablarnos
como si siempre,
siempre,
siempre
nos hubiéramos amado.
VI
Tengo el destino en la palabra errante,
en la primera línea,
en el cantado sueño de los vivos.
Hay conjuros más prófugos que el aire,
pero duerman en paz,
en los escombros del insomnio,
yo vigilo.
VIII
Piedra,
piedra que fue rodada por la tarde,
llegaba al mineral donde se curvan
velocidad y astucia, cuerpos de niños
cayendo hacia las calles
donde nada se anuncia,
corren los años
en el baldío del parque;
quedó la ruina y el amor
que se abrazaron en cenizas.
X
Vocablos entreabiertos,
la espuma y el encuentro
merodean las voces en su lengua celeste.
Nadie.
También soy nube
que regresó a la carne.•
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