Meditación del rumbo
*Ricardo Venegas
I

Ora mis pasos lanzan 
espuelas de sentido,
¿cuántas veces me vi 
en otros ojos, 
en la ceguera tibia de movimientos turbios, 
en rincones de sueño en que se hunde 
la oración más nómada?
¿cuántos vocablos hablaré 
para decir "te amo, 
también soy nube 
que regresó a la carne"?

II

En el cielo encontraba 
señales de ese rumbo. 

Cantó la sed,
la voz en el desierto, 
espiga de la tarde 
en su racimo de ilusión,
cuánto descubre lo que hay dentro, 
hallar el hueco, 
la fosa y el sepulcro 
del corazón más muerto. 

III

Apenas lloverá.

La belleza viajó mientras dormía. 

Apenas lloverá 
nuestra tarde de rosas, 
no hay punto de partida. 

El cielo es nuestro rostro 
que vigila.

IV

Quiero decir a media calle 
que todo es una farsa de conjuros, 
que debemos hablarnos 
como si siempre, 
siempre, 
siempre
nos hubiéramos amado.

VI

Tengo el destino en la palabra errante, 
en la primera línea, 
en el cantado sueño de los vivos. 

Hay conjuros más prófugos que el aire, 
pero duerman en paz, 
en los escombros del insomnio,
yo vigilo.

VIII

Piedra, 
piedra que fue rodada por la tarde, 
llegaba al mineral donde se curvan 
velocidad y astucia, cuerpos de niños 
cayendo hacia las calles 
donde nada se anuncia, 
corren los años 
en el baldío del parque; 
quedó la ruina y el amor
que se abrazaron en cenizas.

X

Vocablos entreabiertos,
la espuma y el encuentro 
merodean las voces en su lengua celeste.

Nadie. 
También soy nube 
que regresó a la carne.
 

 
 
 
 
   
*Ricardo Venegas (San Luis Potosí, 1973) estudió letras hispánicas en la UNAM. Es autor de El silencio está solo (1994), Destierros de la voz (1995), Signos celestes (1995) y Escribir para seguir viviendo (2000), este último de entrevistas con Ricardo Garibay. Fue becario del Instituto de Cultura de Morelos (1997-1998). En la actualidad dirige la revista Mala Vida, Mester de Junglaría (Beca Nacional "Edmundo Valadés" para la Edición de Revistas Independientes 1996-1997 y 1997-1998).