Impresiones
y alusiones de
Luis
Palacios Kaim
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| La
abstracción avanza en los territorios de Luis Palacios Kaim, y lo
hace resistiendo la tentación de reconocer la figura —y sus volúmenes—
como protagonista de eso que denominamos la representación. Las
manchas, en la fortaleza del plural, se entronizan en las geografías
de papel que las acogen con suavidad hasta disolverlas, anunciando así
el triunfo de un cromatismo sutil. Como si la realidad se evaporase y tan
sólo sus huellas sobrevivientes indicaran que algo —si acaso— moró
en tal superficie: suerte de materia en movimiento perenne, energía
pura podría aducirse para calificar lo evanescente de esa sustancia.
Sacando el mayor provecho de una paleta por lo general baja, de tan
suave discretísima, y trabajando de manera serial, Palacios Kaim
pareciera apelar a su formación filosófica para mostrar las
impresiones y esbozar las alusiones que la realidad en su constante reproducción
y multiplicación ofrece a sus lectores, intérpretes, observadores,
al modo de percepciones imperfectas incapaces de aprehender lo objetivo,
lo cósico, de la materialidad pura. |
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Presenciamos, entonces, un tránsito: el del mundo que nos da
la espalda, permitiendo únicamente atisbarlo, quizás intuirlo,
a través de las ideas que de él nos forjamos. Y este carácter
evocativo de su fenomenología sígnica nos remite a ciertas
afecciones del alma como la nostalgia o la melancolía: la avidez
que devora un presente que a cada instante deja de serlo para afanarse
en recuperar, mediante la imaginación y la memoria, un pasado entendido
en disfraz de conjetura. Y este prodigio acontece cumpliendo la sentencia
de Schopenhauer:
El mundo es mi representación: esta verdad es aplicable a todo
ser que vive y conoce, aunque sólo al hombre le sea dado tener conciencia
de ella; llegar a conocerla es poseer el sentido filosófico. Cuando
el hombre conoce esta verdad estará para él claramente demostrado
que no conoce ni un sol ni una tierra, y sí únicamente un
ojo que ve el sol y una mano que siente el contacto con la tierra; que
el mundo que le rodea no existe más que como representación,
esto es, en relación con otro ser: aquel que le percibe, o sea él
mismo. Si hay alguna verdad a priori es ésta, pues expresa
la forma general de la experiencia, la más general de todas, incluidas
las de espacio, tiempo y causalidad, puesto que la suponen. |
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| Así, en alguna de sus secuencias, logra
eludir la densidad de una intención empeñada en hacerse de
su continente, de informarse, queriéndose objeto tridimensional:
escultura en ciernes; apetito no saciado. Y tal vez gracias a que la pieza
todavía no ha sido fabricada apreciamos la solvencia de quien se
encuentra a sus anchas en el aliento poético. De algún modo
misterioso las concentraciones de color y los mínimos trazos prefiguran
palabras, bosquejan una gramática, y están allí en
espera de su tiempo oportuno o, mejor aún, irrumpen para establecer
su propia condición salvífica. A punto de transformarse en
sonidos, que tal es su apetito expresivo, se desplazan por los formatos
incapaces de contenerlos, de orientarlos; pero esos límites de la
composición tampoco ofrecen condiciones para "la escucha" y el intercambio
dialógico. Con resolución inusitada aparece una paradoja,
me atrevería a considerar consustancial al quehacer del artista:
el ansia de comunicar y la resolución de callar.
Motilidad del misterio, pasmo creativo, fuerza atávica que anuda
y desata el espacio, que define y extingue la forma. Reminiscencias y vahos
de un sueño poderoso que anula las pretensiones de la vigilia. Despliegue
incontenible, el de Luis Palacios Kaim, que conquista la rara aptitud de
convidar el aire, la atmósfera, el flujo onírico. Hacer de
la nada (ex nihilo) se diría, pero no; más bien se
trata de una delicia estética: crear desde el vacío fundamental:
la orfandad del sujeto, lo inasible de lo real. |
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| Para los griegos como Plutarco y Luciano esta
disposición del sujeto que, en el despliegue de su pronunciamiento
creativo, habita el mundo y lo predica desde sí, a partir de sus
obsesiones pero también de sus convicciones, se denominaba parrhesia:
la libertad verdadera, esa que dona el sentido mediante el habla o, lo
mismo da, la fábrica del mundo, sus formas de representación
y sus significaciones. Y esta ansia constructiva resulta ser la naturaleza
primigenia de Luis Palacios Kaim.• |
| *Luis
Ignacio Sáinz es maestro en ciencia política por la Facultad
de Ciencias Políticas y Sociales de la unam. Ensayista dedicado
a temas de filosofía y teoría política y estética.
Ha publicado diversos títulos. Sus libros más recientes son
Irma Palacios: poesía de la tierra (CNCA, Círculo de
Arte, 2003) y La cárcel de la metáfora: ensayos sobre
América Latina (CNCA, Sello Bermejo, 2003). |
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